Compitiendo estrategias geopolíticas

CHINA Y LOS EE.UU.

Por Immanuel Wallerstein (Traducido por Julio Fernández Baraibar) 15 de diciembre de 2004 Centro Fernand Braudel, Binghamton University   

Desde que Richard Nixon viajó a China el 21 de febrero de 1972 para visitar a Mao Zedong, los alineamientos geopolíticos mundiales nunca han vuelto a ser los mismos. La reunión significó un cambio espectacular en las hostilidades geopolíticas del período posterior a 1945.   

La mayor consecuencia fue que China y los EE.UU. dejaron de actuar como si cada uno fuera el principal enemigo, y comenzaron a actuar como si cada uno fuera el potencial colaborador del otro en el escenario mundial 

-colaborador, lo cual es menos que aliado-. Cada uno ha sido cuidadoso en no hacer nada que permitiera un retorno al período previo a 1972 el cual había sido de abierto enfrentamiento bélico en Corea e ilimitado sermoneo retórico cruzando el planeta.
Esta cuidadosa, aunque desconfiada relación ha continuado imperturbable hasta hoy y ha sobrevivido intacta aún durante la era de la agresiva exterior neoconservadora de George W. Bush.   
Inicialmente lo que llevó a ambos países a acercarse fue el deseo de cada uno de ellos de constreñir, e incluso disminuir, el poder de la Unión Soviética. 
Pero rápidamente descubrieron que cada uno de ellos podía tener importantes beneficios económicos de una relación menos antagónica. Y cada uno tuvo visiones a largo plazo que consideraron podían ser beneficiadas por este curioso arreglo bilateral.   
Los EE.UU. buscaban domesticar a China, sacarla de su aislamiento maoísta e introducirla en vértigo mercantil de la economía capitalista mundial. China buscaba comprar tecnología, comercio y sobre todo tiempo para fortalecer su economía y su poder militar, y permitirle convertirse en una superpotencia. 
De alguna manera, cada uno ha sido ampliamente satisfecho en los términos de lo que buscaban alcanzar.   
Pero a medida que nos adentramos en el siglo XXI, se hace claro que cada uno está persiguiendo una estrategia geopolítica bastante diferente en su semi amistosa pero intensa competencia con el otro.   
Ninguna potencia importante en el sistema interestatal tiene cuatro cartas diferentes para jugar en su búsqueda de poder y preeminencia: la económica, la política, la militar y la ideológico cultural. 
Pero, por supuesto, las cartas que cada uno tiene para jugar no son igualmente fuertes, y la elección en política internacional es siempre en cual o cual hace hincapié.   
Los EE.UU. son una potencia hegemónica declinante. Su carta económica ha estado en declinación durante casi cuarenta años. La increíble expansión de la deuda externa de Bush ha convertido la situación económica norteamericana mucho peor que lo que era hace cinco años. 
La exportación de la producción estadounidense está parcialmente condenada al fracaso y ahora tomamos conciencia de que Brasil puede desplazar a los EE.UU. como exportador agrícola -una de las últimas ventajas comparativas de la producción norteamericana en la escena económica mundial-.   
La declinante fuerza económica de los EE.UU. ha disminuido su fortaleza política, particularmente, pero no sólo, en Europa, y el fiasco de Bush en Iraq ha intensificado considerablemente los sentimientos negativos. En cuanto a la fortaleza ideológico cultural de los EE.UU., el colapso de la Unión Soviética arruinó el mayor argumento que había sido usado para concentrar apoyo por el mundo.
 Y los esfuerzos de los EE.UU. para usar la "guerra contra el terrorismo" como un sustituto ideológico ha resultado muy pobre. De modo que los EE.UU. han debido acudir a la única carta fuerte que les quedaba: la carta militar. Sin embargo, aún aquí los EE.UU. les está yendo mucho peor de lo que uno se podría haber esperado.   
Se ha demostrado en Iraq, una vez más, que son básicamente incapaces de enfrentarse a una insurgencia nacionalista. Todavía los EE.UU. mantienen una increíble capacidad en su equipamiento bélico, y se está volcando una inmensa proporción de su riqueza nacional en mantener y expandir esta capacidad.   
La clave de la superioridad militar norteamericana permanece en las armas nucleares, lo que explica por qué los EE.UU. continúan  una casi histérica preocupación por la proliferación nuclear. 
Sin embargo se está haciendo claro, aún para la administración Bush, que los EE.UU. no serán capaces de evitar que una serie de países obtengan armas nucleares. Corea del Norte e Irán encabezan la lista, pero hay una larga lista que tranquilamente (o no tan tranquilamente) están comenzando a subirse al carro. 
Cuando los EE.UU. no puedan siquiera conseguir que Gran Bretaña se alinee en su lucha para mantener en línea a Irán, estamos en presencia de un cuadro políticamente malo.   
Esto no quiere decir que los EE.UU. están abandonando el esfuerzo para mantener un liderazgo militar incuestionable. Se están moviendo a toda velocidad para desarrollar los así llamados mini-nukes (pequeñas armas nucleares tácticas). 
Estos mini-nukes son, en realidad, razonablemente poderosos. Tienen un poder similar al de las bombas que se tiraron sobre Hiroshima y Nagasaki. 
Tienen, sin embargo, dos rasgos diferentes: pueden penetrar profundamente en el suelo (y de allí en los refugios enemigos), y causan menos daños colaterales, lo que supuestamente los hará políticamente menos objetables. 
Los EE.UU. están procesando su producción en Los Álamos y, probablemente serán probados en muy poco tiempo. Estos mini-dukes no son significativos como armas de disuasión sino para un efectivo uso preventivo.   Si los EE.UU. tienen éxito en hacer viables los mini-nukes, es de esperar una nueva carrera armamentística en todo el mundo para tratar de neutralizar esta ventaja norteamericana.  
 Mientras tanto China está sobre una tachuela diferente. Ella es asegurar su intento de fortalecer su aparato militar. Pero pasará un tiempo hasta que China pueda en algún sentido emparejar a los EE.UU. en este campo. 
China mantiene también un bajo perfil en la escena mundial. Consiste principalmente en cultivar las mejores relaciones con todo el mundo. Pero China no está aún preparada para ser un gran jugador político. Aún más, la posición ideológica china es, por lo menos, confusa. 
Es un "estado socialista de mercado" -cuyo significado nadie lo tiene completamente claro-. A veces recuerda su posición en los viejos días de la Conferencia de Bandung, como un líder del Tercer Mundo, pero la mayoría de las veces está relativamente despreocupada acerca de los temas Norte-Sur.   
La principal carta de China hoy es la económica. Es una potencia económica en ascenso. Cuan poderosa puede llegar a ser es todavía incierto. Pero está expandiendo pacientemente su papel. 
Una firma china acaba de comprar la división de computadoras personales de IBM y es ahora la tercera firma de computadoras del mundo. China es el bastión del dólar estadounidense por sus inversiones en bonos del Tesoro norteamericano. 
Esto le da a China más control económico sobre los EE.UU. que viceversa, ya que un retiro de esas inversiones o incluso una rápida disminución de su extensión podría infligir un estrago económico sobre los EE.UU. China ha cultivado excelentes relaciones con Irán, lo que pone de relieve su necesidad de acceso al petróleo.   
Y lo más interesante de todo, el 29 de noviembre de 2004 China firmó un acuerdo con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSE) que ha sido caracterizado como histórico y que avanza hacia el establecimiento de un bloque comercial que rivaliza con el bloque de la Unión Europea y los Estados Unidos.   
Este acuerdo crea una zona de libre comercio de dos mil millones de personas, y será acompañada por nuevas carreteras y vías férreas entre China y el Sudeste Asiático.   Lo que China necesita hacer para completar esta sólida base es llegar a un arreglo económico con Japón. 
Este es un objetivo que se complica por cuestiones políticas y militares de larga data en ambos lados. Pero parece tan económicamente ventajoso tanto para China como para Japón en el largo plazo que es difícil ser que estas dificultades no sean salvadas.   
El énfasis norteamericano sobre la carta militar tiene el aroma de la desesperación. El énfasis chino en construir lentamente su base económica parece por contraste un acto de paciencia. Quizás esta sea la historia de la tortuga y la liebre.