América del Sur

La clase obrera y los procesos de integración regional

Carlos “Chino” Fernández – CEES En los últimos años se han acelerado los procesos de integración entre un conjunto de estados nacionales. 

Estos procesos son posibles analizarlos desde diferentes aspectos y planos de la compleja realidad. Sin embargo es la dimensión financiera y el instrumento económico-comercial los que han motorizado tal aceleración. 
Tenemos así los acuerdos que llevaron al NAFTA, la reciente ampliación a 25 miembros de la Unión Europea, la formación de la Comunidad Andina y el Mercosur, también se destaca la República Popular China y su área de influencia asiática. Cada uno de estos fenómenos tienen sus tiempos, sus características y su centro de gravedad específicos.

En los últimos años se han acelerado los procesos de integración entre un conjunto de estados nacionales. 

Estos procesos son posibles analizarlos desde diferentes aspectos y planos de la compleja realidad. Sin embargo es la dimensión financiera y el instrumento económico-comercial los que han motorizado tal aceleración. 

Tenemos así los acuerdos que llevaron al NAFTA, la reciente ampliación a 25 miembros de la Unión Europea, la formación de la Comunidad Andina y el Mercosur, también se destaca la República Popular China y su área de influencia asiática. Cada uno de estos fenómenos tienen sus tiempos, sus características y su centro de gravedad específicos. 
Para explicar las razones que llevaron a los países a esta forma de vinculación, es necesario diferenciar aquellos países que impulsados por la necesidad de ampliar la escala de producción de grandes concentraciones de capital, tomaron la forma regional para valorizarse, de aquellos países que con criterio defensivo no tuvieron otro remedio que iniciar un proceso de integración para no desaparecer. 
Inclusive si se analizan estos procesos de integración solamente desde el plano económico-comercial, existen a su vez diversas modalidades de tal integración. Es decir, no es lo mismo un proceso que supone un acuerdo de libre comercio entre las partes, que un acuerdo que exprese una unión aduanera con aranceles diferenciados para terceros países. 
De una o de otra manera este fenómeno es un hecho de la realidad y se ha acelerado en los últimos años en todo el planeta. En lo que refiere a la unidad Suramericana, el día 9 de diciembre del presente año se firma en el Perú el segundo Acta de compromiso de unidad de los estados miembros en donde se formaliza la unidad entre los dos sub-bloques regionales: MERCOSUR y el CAN . 
Tanto para la clase obrera argentina representada por la CGT, como para todas aquellas centrales sindicales de los países hermanos este hecho es auspicioso, ya que se erige como estandarte de unidad y de hecho es una respuesta a la implantación del ALCA en tanto estrategia expansionista de los EEUU. 
Al mismo tiempo es un avance en la construcción de un espacio no solamente comercial, sino esencialmente geo-estratégico cuya concepción básica define un espacio auto-centrado de libre determinación y auto-abastecimiento de alimentos, energía y bio-diversidad para las 10 naciones de nuestro sur continental 
De todas maneras alertamos aquí que, de no producirse un proceso de integración de los pueblos y centralmente de sus clases trabajadoras, la unidad será una mera formalidad o beneficiará a determinados sectores sociales que bajo el ropaje del nacionalismo seguirán acumulando riquezas e influencias a costa del sacrificio de todo un pueblo. 
Esta iniciativa de los gobiernos para la unidad de América del Sur, que debe ser apoyada por los trabajadores de cada uno de los países, es para el movimiento obrero de gran importancia en la medida en que no se pierda de vista el orden estratégico de los problemas. En este orden no es primero el abordaje del regional de la organización, sino al revés. Primero es central resolver los problemas que presenta el movimiento de trabajadores argentinos en pos de recuperar la conducción de todo el movimiento nacional y popular y no permanecer como simples acompañantes del proceso. 
Es la única vía de recuperar la nación en toda su plenitud Si bien las exigencias del momento nos hablan de un alineamiento con esta iniciativa de integración, éste no debe ser en desmedro de la estrategia de recuperación nacional y de recuperación de la conducción por parte del movimiento obrero del movimiento nacional más vasto. 
La clase obrera y la lucha por la verdadera independencia: Cuáles son las aspiraciones de la clase obrera? *El movimiento obrero para resolver los problemas que se le presenta desde un orden estratégico (no-cronológico) y pasar a la conducción tiene que resolver su atomización gremial que aún y a pesar de la unidad de la CGT perdura y resolver su aislamiento político. 
En el primer caso, a demás de reconocer como lo hizo la necesidad de articular la lucha de los desocupados, tiene la necesidad de fortalecer su plano de representatividad que trascienda el mero reflejo gremial que tiene en la lucha permanente por el salario su máxima expresión. El sindicalismo en esta tarea tiene que asumir el desafío de vincular el movimiento sindical con el movimiento obrero de organización barrial y dar un salto cualitativo de re-posicionamiento como referente de la representatividad social para el conjunto del pueblo. 
Para el segundo aspecto, debe darse una política de alianzas estratégicas y tácticas. Para ello es pertinente que se sacuda aquellas fracciones de pequeña burguesía progresistas, revisionistas y oportunistas que aún perduran y pululan alrededor en busca de empleo. 
El proceso de proletarización de las capas medias argentinas de los últimos años, si bien tiene un tinte dramático, es al mismo tiempo una cantera de recursos en capacitación, conocimiento y destrezas a la hora de pensar en un renovado colectivo de trabajadores dispuestos a pensar para el conjunto social. *No es preocupación del movimiento obrero crear una clase nueva burguesa que la explote decentemente. No está en sus atribuciones inventar una burguesía industrial a la usanza de la década del 50 o 60. En términos regionales no es preocupación de la clase obrera de ningún país aumentar la productividad laboral al punto tal de destruir otros puestos de trabajo en países vecinos o no tanto. 
Cuando la burguesía cualquiera sea su naturaleza habla a través de sus gobiernos de aumentar la competitividad de la economía, lo hace pensando en sus propias ganancias, o en aumentar la escala de sus procesos productivos. 
Piensa poco en sus trabajadores y menos en los de otros países que a consecuencia de sus logros y avances tecnológicos pierden nada menos que sus puestos de trabajo. Gran parte de lo que se puede considerar burguesía o empresariado planifica su propio capital y sus inversiones evaluando su rentabilidad, no el destino de la totalidad de la fuerza de trabajo que directa o indirectamente es afectada. 
Para la clase obrera debe ser un problema en una organización regional la planificación del destino del conjunto de la fuerza de trabajo involucrada y no solamente la del propio país. 
Para la clase obrera la destrucción de puestos de trabajo en otros países redundará en el largo plazo en una baja salarial en el propio país a medida que caigan las barreras arancelarias y aduaneras impulsadas por el avance del capital financiero. 
En nuestro país, ha aumentado la masa crítica de la participación deliberativa de la presencia de las organizaciones de trabajadores ocupados y desocupados en los problemas nacionales. No se ha avanzado mucho en la incorporación real de las organizaciones de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones y básicamente en la planificación económica. 
El gobierno si bien es cierto que demuestra una mayor sensibilidad a la hora de tratar los problemas sociales, se preocupa demasiado en la batalla mediática que pasa por tener la primicia en la novedad de las noticias a la hora de dar a conocer a la sociedad los aumentos de salarios y otras mejoras laborales que desde ya son bienvenidos. 
Las centrales sindicales de los países de América del Sur, deben explorar y experimentar las acciones que surjan de la integración suramericana desde las organizaciones independientes de los trabajadores. 
Para nuestro país es oportuno plantear la re-localización de la organización sindical en el marco del movimiento social general, sumando a los desocupados y a las capas medias de la sociedad en tanto reservorio de capacidades técnicas y profesionales disponibles . 
Es muy importante aprender de las experiencias de recuperación de fábricas y de empresas que han sido abandonadas por sus dueños, de los movimientos de desocupados y demás formas de lucha que se han generalizado en los últimos tiempos. 
La burguesía financiera especulativa y extranjerizante no ha sido derrotada en nuestro país, sólo se encuentra agazapada, replegada. No la dejemos recuperarse políticamente. Carlos “Chino” Fernández CEES Diciembre de 2004