Ana María Caruso de Carri y su esposo, Roberto Eugenio Carri fueron detenidos en Hurlingham.

1977 SECUESTRO DE ROBERTO CARRI

El periodista, profesor universitario y sociólogo peronista Roberto Carri es secuestrado por la dictadura de Videla y continúa desaparecido.(1977).

Ana María Caruso de Carri y su esposo, Roberto Eugenio Carri fueron detenidos en su domicilio en Hurlingham.

ROBERTO CARRI

«La única manera de no caer en el formalismo teórico es poner en el primer plano la acción política» «El error de los formalistas no es que planteen la organización frente a la protesta individual, sino que crean que la unión es el resultado de la discusión de objetivos. La unión no significa sumar hombres y organizarlos, sino luchar y vencer; la unión surge de la victoria, no de la discusión».
Roberto Carri.

Sheraton (o Embudo)

Se trata de un centro clandestino de detención que funcionó en la Comisaría de Villa Insuperable, ubicada en la esquina de las calles Tapalqué y Quintana, partido de La Matanza.  

En el organigrama de la represión dependía del I Cuerpo de Ejército a través del Grupo de Artillería de Ciudadela.

Un grupo de detenidos que estuvieron ahí tomaron contacto, ya sea a través de cartas o personalmente, con sus familiares.  Ana María Caruso de Carri y su esposo, Roberto Eugenio Carri (Legajo N° 1761 y 1771) fueron detenidos en su domicilio en Hurlingham.  

Sus tres hijas fueron retiradas por familiares de la Comisaría de Villa Tesei.  Esto ocurrió el 24 de febrero de 1977 y a los diez días Ana María llamó por primera vez a casa de sus padres.  Hubo otras llamadas y, en una ocasión los dos pudieron entrevistarse con sus hijas en la plaza de San Justo.  

A partir del mes de julio del mismo año se establece un intercambio de correspondencia entre los secuestrados y la familia.  Tanto en ocasión de la entrevista como para el acercamiento de las cartas, quien actuó como intermediario fue un hombre que era llamado «Negro» o «Raúl».

Este mismo personaje aparece ante la familia de Adela Esther Candela de Lanzillotti (Legajo 5003), intermediando para que ésta, que había sido detenida en Ramos Mejía el 24 de enero de 1977, pudiera visitar la casa de su hermana o llamarla por teléfono.  

Tal como en el caso del matrimonio Carri, el último contacto se produce en los últimos días del mes de diciembre de 1977. A Pablo Bernardo Szir (Legajo 3420) lo detuvieron el 30 de octubre de 1976 también en Ramos Mejía.  En noviembre de ese mismo año llama por primera vez a su familia y desde entonces llamó y escribió hasta que se entrevistó con sus hijas en junio de 1977.  

Quien arregló el encuentro fue un hombre que se hacía llamar «Raúl» y debía pertenecer a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. «Me encontré con papá en una confitería de Ramos Mejía. Tenía marcas de torturas, las manos quemadas de cigarrillos; le faltaban dientes y estaba mucho más flaco».

En agosto y noviembre vuelve a encontrarse Pablo Szir con sus hijas y le cuenta que primero había estado en la Comisaría de Ramos Mejía y en ese momento en la de Villa Insuperable donde también estaban Roberto Carri y la esposa, Adela Candela y Héctor Germán Oestergheld.  

Además agrega que cada tanto eran todos trasladados al cuartel de Ciudadela donde les hacían escribir un trabajo. Ana María Caruso de Carri, en una carta, cuenta a sus hijas: «Ahora está con nosotros «el Viejo» que es el autor de «El Eternauta» y el «Sargento Kird» ¿Se acuerdan? El pobre viejo se pasa el día escribiendo historietas que hasta ahora nadie tiene intenciones de publicarle».

Juan Marcelo Soler y Graciela Moreno de Rial (Legajo 3522 y 1756) habían sido detenidos el 29 de abril de 1977 en su domicilio en Témperley. Vivían en pareja con dos hijos del primer matrimonio de Graciela y otro que era de ambos.  

Sus familias también recibieron correspondencia y llamados telefónicos de Graciela hasta diciembre del mismo año. 

Una vez más aparece mencionado en las cartas él llamado «Negro» o «Raúl». Ana Marla Caruso de Carri dice refiriéndose a la pareja:  «Aquí con nosotros, hace unos días, está un pibe que fue cura durante diez años y abandonó porque tuvo problemas con el obispo.  Después se casó y tiene una nena de tres años.  La mujer también está aquí».

Cotejando legajos, fotos, cartas y fechas, se pudo determinar que, éfectivamente, el ex cura al que se refería Ana María, era Juan Marcelo Soler y de las cartas que ambos hicieron llegar a la familia y a sus hijos surge la evidencia de que estaban en el mismo lugar. Por otro lado, Luisa Fernanda Candela, hermana de Alicia Esther (Legajo N° 5003), relata: «Cuando fui al Cuartel de Ciudadela vi estacionado en ese lugar el auto en el que venía «Raúl» con mi hermana.  Era un Citroen gris.  Pedí hablar con el Tte. Cnel. Fichero que en ese momento era autoridad en dicho organismo y me atendió una persona que se identificó como su asesor, el Capitán Caino, a quien le pedí por Adela.  Me dijo que volviera a verlo que él iba a averiguar.  Después de varias idas y venidas al Cuartel nunca más me atendió.  En una de las oportunidades en que después vi a mi hermana, me comentó que le habían dicho que mi tía y yo habíamos estado preguntando por ella en el Cuartel».

¿Qué se proponían quienes tenían detenidas ilegalmente a un grupo de personas a las que permitían ponerse en contacto con sus familiares? No podemos contestarnos esta obstinada pregunta. Transcribimos dos párrafos de cartas de Ana María Caruso de Carri: «…a esa oficina vamos a trabajar casi todos los días.  

El otro día vinieron de visita (a la oficina) seis generales, entre ellos Vaquero, Sasiain, Jáuregui y Martínez… los que estábamos allí no éramos todos sino un seleccionado de cuatro solamente, entre los que estabamos papá y yo. …de todos modos hay algunas cosas que nos preocupan.  

En primer lugar, lo nuestro no sé cómo va a terminar.  Este fin de año, antes de que se concretaran los pases, estuvieron hablando a ver qué hacían con nosotros; supongo que la discusión debe haber sido en la Brigada. 

Allí hubo tres posiciones: unos decían que ya la guerra estaba casi terminada y nosotros ya no prestábamos ninguna utilidad, por lo tanto había que matarnos; otros decían que ya no éramos útiles y que había que pasarnos a disposición del P.E.N. y otros decían que seguíamos siendo útiles y que lo íbamos a ser por un tiempo largo y por lo tanto no podíamos seguir viviendo en esta situación por tanto tiempo.  

Como no hubo acuerdo, la discusión se postergó, lo cual es favorable, creo yo, porque a medida que pase el tiempo la cosa se ablanda y es más difícil matarnos» (Legajo N° 1761 y 1771).

Ninguno de los detenidos desaparecidos citados más arriba volvió a tener contacto con la familia desde ese diciembre de 1977.

Sus captores por fin habían tomado la decisión.
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«Los Rubios», de Albertina Carri

LA BÚSQUEDA DE LA IDENTIDAD A TRAVÉS DEL CINE

Por Julio Pereiro

para el Observatorio de Medios-UTPBA

«Los Rubios», aborda la problemática de una joven, Albertina Carri, directora del film, que intenta reconstruir su identidad luego que sus padres fueran secuestrados en 1977. 

Testimonios de sobrevivientes permiten afirmar que Roberto Carri y Ana María Caruso estuvieron detenidos en el centro clandestino «El Sheraton», que funcionó en una comisaría de La Matanza. Luego de su ópera prima, «No quiero volver a casa» (2000) Albertina realiza una película que apunta a sus orígenes y su identidad. 

La trama se aborda con entrevistas, animaciones, fotos, en un relato que mezcla lo documental con la ficción. «Los Rubios» invita a la reflexión, no es una película acabada.  

En el ensayo de una de las escenas, la directora le sugiere a la actriz que la interpreta: «No digas mucho yo», frase que parece inocente pero que refleja el miedo a pronunciarse en primera persona, a exponerse. 

Un film imperdible, por lo artístico, lo complejo, lo emotivo y, sobre todo, por lo necesario.  

Ficha técnicaTítulo: Los Rubios.
Origen:
Argentina, 2003.
Dirección y guión: Albertina Carri.
Producción:
Barry Ellsworth.
Elenco:
Analía Couceyro, Albertina Carri, Santiago Giralt, Jésica Suárez y otros.
Duración:
89 minutos.

QUIÉNES FUERON «LOS «RUBIOS»

Por Eugenia Iturralde

para el Observatorio de Medios-UTPBA

Roberto Carri, escritor, docente y periodista.  Publicó «Sindicatos y poder en la Argentina»; «Isidro Velázquez: formas pre-revolucionarias de la violencia»; «Argentina: Estado y liberación nacional» y «Las luchas del peronismo contra la dependencia».  

Ana María Caruso, profesora de Letras y Latín, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Ana María y Roberto se conocieron en 1961, compartían ideales políticos, ambos eran peronistas. 

En los ’70 se unieron a la organización Montoneros.  Tuvieron tres hijas, Andrea, Paula y Albertina.  Ana María fue secuestrada en una estación de tren el 24 de febrero de 1977, el mismo día que su marido, quien se encontraba en la casa donde vivían con sus hijas. 

Estuvieron secuestrados en un centro clandestino llamado «El Sheraton» en Quintana y Tapalqué, la Matanza.  Actualmente funciona allí una comisaría.  Su hija Albertina, es directora de cine. 

Su ópera prima fue «No quiero volver a casa». «Los Rubios» es su segunda película.

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Testimonios materiales

EL TRABAJO ARQUEOLÓGICO EN «EL ATLÉTICO»

Por Gisela González
para el Observatorio de Medios-UTPBA

El equipo de arqueólogos que participa de la recuperación de la Memoria del Centro Clandestino de detención «El Atlético» define los métodos a aplicar en las excavaciones, con el objetivo de obtener un testimonio material de lo ocurrido durante la última dictadura militar.  

El trabajo en «El Atlético», que se inició en abril de 2002 gracias a una ordenanza del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se constituyó en la primera iniciativa de arqueología urbana relacionada con la recuperación de la memoria de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado.  Las tareas no fueron sencillas, ya que ese centro clandestino fue demolido por la construcción de la Autopista.  

A raíz de esta situación se tuvieron que realizar complejas obras de ingeniería, que demandan esfuerzo, tiempo y dinero.  Además, el equipo ya sabe que habrá zonas de lo que fue «El Atlético» que no podrán explorarse.

Luciano Pafundi, uno de sus integrantes destacó como uno de los mayores logros «la reconstrucción del tabique divisorio de las celdas de aislamiento, donde se encontraron inscripciones de los detenidos».  También afirmó: «La arqueología tiene mucho que aportar en la recuperación del testimonio material, pero hay significaciones que escapan al análisis de las muestras representativas que sólo cobran sentido a partir de las entrevistas a los sobrevivientes».  _________________

Los golpes de Estado DENUNCIAR PARA CONSTRUIR

Por Lucrecia Manso
para el Observatorio de Medios-UTPBA

Entre los integrantes del equipo que trabaja en la Recuperación de la Memoria del Centro Clandestino de detención «El Atlético», Osvaldo López fue el encargado de realizar un recorrido por la historia argentina, los gobiernos de facto y sus objetivos.  

«Los golpes militares no se dan en los cuarteles», afirmó haciendo referencia al compromiso de sectores políticos y económicos que los promovieron.  «El golpe de Estado de 1976 tuvo como objetivo cortar un proceso social en desarrollo, desarticular movimientos sociales y destruir las redes orgánicas de sectores que pretendían resistir», remarcó.  

En su exposición señaló también que «las políticas del terrorismo de Estado necesitaron de la complicidad de gran parte de la sociedad, de lo contrario, no se hubieran establecido más de 400 centros clandestinos de detención y no tendríamos 30.000 desaparecidos.»  

Contar la historia, desde la perspectiva que propone López, permite entenderla como un proceso por el cual los problemas actuales son el resultado de factores que se desencadenaron en el pasado. 

«Los gobiernos militares fueron gestados por una clase política y económica con intereses sectoriales, que llamó a la puerta de los cuarteles cada vez que fue necesario para lograr sus objetivos.  Los gobiernos democráticos, por su parte, no sostuvieron una firme política de esclarecimiento y muchas veces implementaron mecanismos que favorecieron la impunidad».  

Esta reflexión apunta a demostrar que denunciar el pasado es denunciar el presente para construir otro futuro.
“El asunto es saber convertir los fracasos en victorias”.          Francisco Urondo 

PALABRAS PARA ROBERTO CARRI

Por Gonzalo Barciela.

¿Es preciso recordarlo? Roberto Carri es un cuerpo ausentado, no ausente.  

Entendemos que resulta  prioritario recomponer ese cuerpo singular sobre el que se ejerció la desaparición como tecnología de poder.  

Situarnos en el conjunto de representaciones que convoca el hecho mismo de nombrarlo.

Desde las primeras páginas de Isidro Velásquez.  Formas prerrevolucionarias de la violencia, Roberto Carri nos dice: “El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la más incipiente, los niega. Al resistir la opresión niega los hechos que la producen. Con esto, (…) quiero decir que la certeza es adecuación a los hechos, pero la verdad para el pueblo es aquello que perjudica al enemigo”. Inmediatamente la lectura de estas palabras evocan una sentencia de Michel Foucault que extraigo de La arqueología del saber: “(…) un enunciado es siempre un acontecimiento que ni la lengua ni el sentido pueden agotar por completo (…) es único como todo acontecimiento, pero se ofrece a la repetición, a la transformación, a la reactivación”.  

Ensayamos entonces no un retorno sobre lo dicho, instalándonos en el orden del enunciado sino sobre  el decir, a partir de la posición de enunciación que inaugura y sostiene Roberto Carri.

¿Qué verdad es aquella que Carri invoca y, haciéndola suya, daña al enemigo?  Me atrevo a decir que ésta, es una verdad espesa, sudorosa, henchida de sangre y de barro, que no puede encontrar cobijo alguno en la universalidad de un todo indiferenciado, en el que se reúnen por igual al opresor y al oprimido, a la víctima y al victimario.  

Nos encontramos ante una verdad beligerante, de combate, que sólo se sostiene por la declaración de existencia que supone su misma afirmación, cobrando inteligibilidad por el sesgo de una relación antagonista y que instituye una cesura, un corte abrupto dirigido a reestablecer las coordenadas mismas que hacen posible un decir.  

Estamos ante una verdad  desafiante, que  cobra densidad histórica bajo el sujeto que su misma emergencia induce: el militante del universalismo, que depone las diferencias no en nombre de lo común como propiedad de todos, sino en el franqueamiento de las identidades político sociales pretendidamente saturadas y compartimentadas.  Sujeto que  no reclama los fueros de la universalidad filosófica.  

Esa figura subjetiva, la del militante, se nutre, impaciente, en el fermento del colectivo, convocado al ensayo general, llamado a su hora no en un futuro siempre pospuesto, sino en el aquí y ahora, en la urgencia de la acción.  El elogio de la acción está presente en Carri, pero no bajo la forma del gesto residual, de una rebeldía que descansa bajo el acomodaticio rótulo de parte, sino para asaltar los cielos.

Una secreta certeza la alimenta: la de la aceleración de los tiempos, el saberse sumergido en un movimiento de orden mayor bajo la imagen de una eterna movilización.  Pero la emergencia misma del pueblo como actor histórico-político y su accionar disruptivo no son para Carri objeto de la contemplación y celebración, propias del izquierdismo  especulativo,  no se detiene en exaltar la ocurrencia misma de la irrupción plebeya, sino que se compromete en el ejercicio efectivo de sus consecuencias.

Ejercicio que involucra una dimensión de acto y, a la vez,  una dimensión de pensamiento.  Constatamos, entonces, que hay en la obra de Carri pensamiento, es decir, aquello que se impone a quienes no lo pensamos.  Se hace necesario convocar a un retorno sobre Carri, no como ejercicio de rememoración melancólica, sino a partir del campo de posibilidades que su pensamiento inaugura., tal como relampaguea en un instante de peligro, parafraseando a Walter Benjamin  

Siete años después de la primera edición de Las Venas Abiertas de América Latina, Eduardo Galeano, desde su exilio en Barcelona, redacta un epílogo en el que establece una suerte de balance de las luchas populares en América Latina acaecidas desde principios de los años ’60 y mediados de los ‘70, del mismo extraigo su párrafo final, que se presenta como una denuncia activa de lo ausente por venir:

“Toda memoria es subversiva, porque es diferente, y también todo proyecto de futuro. Se obliga al zombi a comer sin sal: la sal, peligrosa, podría despertarlo. El sistema encuentra su paradigma en la inmutable sociedad de las hormigas. Por eso se lleva mal con la historia de los hombres, por lo mucho que cambia. Y porque en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación”

En ese acto de creación, junto a Roberto y nuestros 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, estamos hoy comprometidos.  

Buenos Aires, 22 de marzo de 2007.

1 A Roberto Carri detenido-desaparecido el 24/2/07 junto a su compañera Ana María Carri. Para los que no están y por los que vendrán…