Afirmación plena

Cuando Hugo Chávez gritó ¡Viva Perón!

Lo había indicado con mirada ecuménica Winston Churchill; lo ratificó hace poco con perspicacia panamericana Condoleezza Rice: Perón es el problema. 
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Contundente, a la usanza de Love is the drug formulada por Roxy Music en el apogeo de Brian Eno y David Bowie. Más cerca de este último sentido positivo, el presidente venezolano Hugo Chávez dijo, durante el reciente encuentro con su par argentino Néstor Kirchner, -Hay que gritar Viva Perón; y como abordando una polémica de décadas, una discusión que atraviesa nuestra era, precisó: En lugar del ALBA, puede ser ALPA, Alternativa Peronista para las Américas.

 

Analizamos la cuestión en algunas radios, al día siguiente. Conversamos con amigos y escuchamos oyentes. La mayor parte hizo hincapié en la astucia del bolviariano, en la ironía de su frase y, porqué no, en la intención de ofrecer al visitante cierta humorada larvada que lo hiciera sentir -como en casa ma non troppo. No están mal esas intepretaciones, pero tienen el defecto de dejar de lado laparte sustancial, configurada por esa inteligencia profunda de quienes transgreden las normas en asuntos realmente importantes y agitan banderas irritantes en lugares clave. Porque saben que –a la larga– habrá una derivación.

 

En un texto mítico de los años 90, ¿El choque de las civilizaciones?, Samuel Huntington, titular del Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard y hombre de consulta permanente para el Estado norteamericano sobre cuestiones internacionales, sostuvo que los nuevos conflictos mundiales serían ante todo culturales. Y afirmaba que la opción de hierro para países como México se perfilaba entre el NAFTA y el MERCOSUR. Huntington, en varios diálogos con el gobierno mexicano, fundamentó sus aseveraciones y planteó que esos vecinos debían convertirse en norteamericanos.

 

Por aquél entonces la oferta resultaba tentadora: Estados Unidos, Canadá, México. Una década después no lo es tanto, aunque a veces lo aparente. Lo cierto es que el actual presidente mexicano tomó la idea sin revisión y se lanzó a provocar el quiebre. Huntignton tenía respuesta aún para los dilemas más complejos: hagan actos con los indios, reivindiquen la cultura azteca, todo eso, pero fijen grandes líneas de acción con los Estados Unidos, sugirió, que luego vendrá la asimilación. El intento le está costando al gran México un cierto aislamiento con respecto a vecinos que se han fortalecido más de lo previsto en el decenio conservador.

 

Sin embargo, la noción de quiebre cultural para hacer – por sintetizar en trazo grueso – de los mexicanos, norteamericanos, siguió su curso investigativo en Harvard aunque también (y sobre todo) en el Departamento de Estado. En esos centros cerebrales nadie creyó, realmente, en las tesis del bueno de Fukuyama sobre el fin de la historia pues desde mucho tiempo atrás sabían que la historia se construye día a día pensando en el mediano y el largo plazo. De allí nació la sabia percepción manifestada a los cuatro vientos por la Rice: para que el Sur del continente pueda ser asimilado, debe alejarse de Perón. Sí, de aquél desprestigiado demagogo seminazi argentino llamado Juan Domingo Perón.

 

La tarea no parecía sencilla pero tampoco imposible: hordas de izquierdistas latinoamericanos y especialmente argentinos estaban dispuestos a participar de actividades culturales que implicaran cuestionamientos al populismo, a las políticas estatizantes, al despliegue de empresas públicas, al impulso de elementos productivos en base a concordancias entre empresas y sindicatos (corporativismo). En tanto, las academias, hegemonizadas por el pensamiento socialdemócrata, resultaban lugares adecuados para la sofisticación de semejante aserto. El cuadro se completaba con lo obvio: los conservadores de toda la región seguirían siendo lo que siempre fueron; y el antiperonismo ha resultado su marca en el orillo.

 

Y mientras el NAFTA devenía en ALCA, y mientras -todo el mundo parecía pedir de rodillas la asimilación al modelo de Huntington, en el segundo lustro noventista los argentinos empiezan a mover el avispero –los sondeos no develados brindan datos sobre el notable vigor de las concepciones nacional populares en el seno de grandes sectores–, los uruguayos se alegran de tomar mate con los tupamaros en las plazas, los brasileños rechazan las propuestas para desmontar parte de su parque industrial… y aparece Hugo Chávez Frías.  Si, Hugo Chávez, el que las tiene todas consigo.

 

Militar, mestizo, populista, simpático. Un tirano, como Rosas, como Perón. Y para colmo, en múltiples elecciones democráticas, las masas que siempre son antidemocráticas cuando eligen democráticamente a quienes no cuadran dentro del esquema de Huntington, o de Churchill, o de Rice, resuelven efectivamente respaldar al Gran Hablador pues en una confusión típica de quienes -siguen siendo latinoamericanoslo estiman como un Gran Hacedor. Y el hombre hace y hace, y se les va de las manos a quienes intentan licuarlo y adaptarlo a un esquema digerible al menos, digamos, para una intelectualidad francesa siempre lista para traducir Pigmalión y editar una versión corregida y aumentada.

 

Hombre del Siglo XXI que no evade antecedentes, Chávez comprende que Churchill entiende. Y sabe que el Departamento de Estado percibe que Love is the drug, es decir, que Perón y su vituperada propuesta del ABC siguen hilvanando subrepticiamente la región. Aún más: que el amor entre los pueblos latinoamericanos puede relevar el odio impuesto por la balcanización histórica y que la batalla cultural propuesta puede perderse y que la misma derivará en el emerger de un polo económico sostenido por la afectividad (¡y la producción!) en el Sur del espacio geográfico en el cual habían decidido acumular riquezas naturales para un futuro mediato.

 

Y como comprende, dice -¡Viva Perón! como han gritado durante largas décadas aquellos que se negaron a cambiar su ser en sí y por eso pudieron evolucionar desde el pié sin convertirse en otra cosa. Y como comprende indica que le parece una buena opción la Alternativa Peronista para las Américas, curiosa etapa superior de la Confederación de Estados Socialistas de América Latina convocada por León Trotsky desde México. Como ya observarán los lectores, todo demasiado irritativo: pero si nos quedamos en el sesgo provocador, devaluaremos a Chávez y forzaremos una interpretación superficial de su honda aseveración programática.

 

Porque Huntington, Chávez y Perón, y quizás también Rice, coinciden en un punto determinante: se está delineando la nueva era de la continentalización (el autor estadounidense habla de siete grandes espacios – civilizaciones). Lo cierto es que si la Unión Sudamericana, el ABC, el ALBA, el ALPA, la Confederación de Estados o como se la quiera llamar (hasta Mercosur podría ser válido si cumple los requisitos político culturales adecuados), no se constituye en los próximos años, nuestra zona será territorio de depredación, región de pugna por el control de reservas que facilitarán la supervivencia del género humano sobre este limado planeta.

 

Lejos de trivializar el comentario de Chávez sobre el peronismo como un simple gesto de humor, tomémoslo con el debido respeto que merece un mandatario que viene afrontando la más importante presión imperial de las últimas décadas en nuestra zona, y que merece un líder como Perón, cuyas concepciones en acción trazaron un rumbo que al igual que el agua, es decir, que los pueblos, ha logrado zanjar con el tiempo los más densos diques impuestos desde el Norte para impedir que la vida fluya en una zona naturalmente fértil.

 

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NOTA DE LA NAC&POP: Una vez terminada la Cumbre de las Americas y de los Pueblos, en Mar del Plata, antes de irse, Hugo Chavez mando comprar, a  sus colaboradores, todos los libros de Peron y Evita que hubiera en las librerias de Buenos Aires. Parece que el Presidente suele leer mucho y estaba especialmente interesado en leer a ambos.MG/N&P