Un planteo filosófico

Sobre la idea de virtud y su funcionaliad política

La ética se divide en tres grandes ramas: la que pone el acento en la
doctrina de los bienes y que busca responder sobre lo que todos
apetecen, la de las virtudes que estudia las actitudes o hábitos en que
se expresa la conducta  y la de los deberes que se ocupa de las
exigencias morales que el hombre debe cumplir.

Mi interés en esta brevísima meditación es mostrar como se ha
producido un cambio en las virtudes y en el concepto específico de
virtud.

La ética se divide en tres grandes ramas: la que pone el acento en la
doctrina de los bienes y que busca responder sobre lo que todos
apetecen, la de las virtudes que estudia las actitudes o hábitos en que
se expresa la conducta  y la de los deberes que se ocupa de las
exigencias morales que el hombre debe cumplir.

Aristóteles, el pensador teleológico por antonomasia, distingue entre
tres fines( bienes) aquellos que son  honestos, útiles y deleitables
que se vinculan a otras tantas formas de amistad o philía, las que a su
vez en su ejercicio muestran otros tantos tipos de virtudes.

Mi interés en esta brevísima meditación es mostrar como se ha
producido un cambio en las virtudes y en el concepto específico de
virtud.

Todo el mundo lo sabe, los abogados primero que todos, que existen desde
Platón para acá cuatro grandes virtudes cardinales a las que el mundo
cristiano le agregó tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad).

Así para los griegos las virtudes cardinales, llamadas así por los
romanos (cardinis = gozne) porque sobre ellas giran como en un gozne
todas las otras, nacen de las partes en que se divide el alma: racional
(prudencia=phrónesis) radicada en la cabeza;
irascible(fortaleza=andreia) ubicada en el pecho y la concupiscible
(templanza= sophrosyne) localizada en el vientre. Y sobre ellas,
responsable de su equilibrio, la justicia o dikaiosyne.

A su vez estas virtudes o sus vicios respectivos estaban vinculadas a
las diferentes clases sociales que constituían la sociedad:  así, los
gobernantes están vinculados a la prudencia/imprudencia, los soldados a
la fortaleza/cobardía y los comerciantes a la templanza /
voluptuosidad.

Todo esto pareciera ser que no existe más. ¿ A quién se le puede
ocurrir hablar de las virtudes en la sociedad de consumo?. O al menos de
estas virtudes. Y sin embargo, ellas están ahí, al alcance de la mano.
Se las predicamos a nuestros hijos y las enaltecemos cuando las
encontramos en nuestros amigos. ¿Quién no quiere ser prudente,
valiente, templado y , sobre todo, justo?. Pero nuestra sociedad no le
da cabida a la creación de las condiciones de posibilidad del hombre
justo. Fabrica un hombre light, legere, débole, liviano para quien todo
es relativo, todo equivalente, todo s´egual como decía Minguito
Tinguitela en la Mesa del Bar.

Ciertamente que las virtudes han ido cambiando en su preferencia y en la
disposición de los hombres respecto de ellas. Este es un hecho
incontrastable que hace ya medio siglo vio un filósofo olvidado como
Otto Bollnow (1896-1972) en un libro extra- ordinario titulado Esencia y
cambio de las virtudes(1958).

Y cual es la explicación de este cambio. Es que la comprensión de
ciertas virtudes se pierde en la medida en que declina el mundo
espiritual que las sustenta.

En este sentido existe, por ejemplo, un lenguaje cultural del mundo
griego, e inclusive, del mundo cristiano tradicional, que es, para la
gran mayoría incomprensible hoy día.

El virtuoso hoy aparece como una mosquita muerta y la honradez como
consecuencia de un carácter débil.

Tres conceptos diferentes de virtud

En la llamada época heroica, la de Homero y Hesíodo, la virtud =areté
era una cualidad que permitía al hombre desempeñar un papel social.

En la tradición clásica que va desde Sócrates hasta fin de la edad
media, la virtud es una cualidad que permite al hombre alcanzar su  fin=
telos sea natural como sobrenatural.

Y en la tradición moderna que va desde el Renacimiento para acá la
virtud es una cualidad útil para conseguir el éxito sea terrenal o
celestial. Son las llamadas virtudes burguesas.

Se ha producido una evolución de las virtudes y cambio en sus
preferencias. Así, estrictamente hablando, la areté en Homero es muy
amplia y debe traducirse por nuestro actual concepto de  -excelencia,
(ej. un corredor veloz muestra la areté de sus pies; Iliada, 20, 411)
sin que su posesión implique virtud para nosotros que nos manejamos con
el concepto de virtud clásica en donde el fin=telos fija el sentido.

Con la modernidad este telos se bastardea y es limitado a lo útil, al
éxito, al confort o bienestar. Así la pleonexía= codicia, el vicio
que designa el querer más de lo que uno necesita, se transformó en la
modernidad en una virtud conocida como “el afán de lucro”.

Consideraciones presentes

Un filósofo de la altura del escocés Alasdair MacIntayre(1929-) en un
libro liminar como es Tras la virtud (1981) luego de estudiar
detalladamente este proceso va a afirmar que. – Lo que me enseña la
educación en las virtudes clásicas es que mi bien como hombre es el
mismo que el bien de aquellos otros que constituyen conmigo la comunidad
humana (op.cit.p.281). Pero al mismo tiempo – la tradición de las
virtudes discrepa con ciertos rasgos centrales del orden económico
moderno y en especial con su individualismo, con su afán adquisitivo y
su elevación de los valores del mercado al lugar social central
(op.cit. p. 312).

Y así puede responderle tanto a J.Rawls como a R. Nozick, dos de los
más significativos teóricos del pensamiento liberal contemporáneo,
que la justicia no está dictada ni  -por el agente racional situado
tras un velo de ignorancia  ni -por el principio de igualdad respecto al
derecho  sino que es la amistad=filía aristotélica la forma
fundamental y más justa de relación humana en bienes que se comparten.

Vemos así, una vez más, que de los tres tipos de amistad: a) la que
deriva de la mutua utilidad, b) la que deriva del mutuo placer y c) la
que deriva de una preocupación común por los bienes que son de ambos
amigos. Es ésta última la que funda la ciudad =polis. Y este es el
rasgo que en definitiva distingue a los griegos de los bárbaros, que
carecen de polis, porque ignoran las relaciones políticas que se fundan
en la  antiphilía u honestas amicitia o amistad recíproca.(1)

1.- Aristóteles dice: -Hemos definido tres maneras de entender la
palabra amistad: la primera se define por la amistad recíproca
(antiphilía); la segunda por la utilidad y la tercera por el placer
(Etica Eudemia, 1236 a 31-33). Y afirma a renglón seguido que las dos
últimas existen incluso entre los animales y sólo la amistad como
antiphilía es exclusivamente humana y gracias a la cual y a partir de
ella el hombre se puede manifestar plenamente como un zoon politikon,
como un animal político.