Hacia una nueva cultura ambental sudamericana

HABITATUM

Un diagnóstico ambiental de la región y como podríamos hacer en el futuro si incorporásemos políticas adecuadas a nuestro medioambiente nativo.     

 

  
H  A   B   I  T  A   T  U  M 

APUNTES PARA UNA NUEVA CULTURA AMBIENTAL SUDAMERICANA  

Introducción
  

HACIA  UNA  CIVILIZACIÓN  INTEGRAMENTE  SUDAMERICANA
  

1.  1. Los límites físicos del progresismo rioplatense
1.  2. Lo silvestre, de la orilla al epicentro
1.  3. Las tres culturas basales de Sudamérica
1.  4. Dos civilizaciones Tabularia y Calendaria
1.  5. La consolidación de la habitabilidad europea
1.  6. Hacia las nuevas metas colectivas 

 
EL  TERCER  ESCENARIO 

2.  1. Allí donde la vida prospera naturalmente
2.  2. El precedente jurídico
2.  3. El factor social
2.  4. El momento económico
2.  5. El contexto histórico
2.  6. El antecedente cultural
2.  7. La restauración de nuestro hábitat silvestre

LA  NUEVA  CULTURA  AMBIENTAL     

3.  1. Desde el enfoque actual
3.  2. Hacia un nuevo modelo ambiental sudamericano
3.  3. Los nuevos desafíos de la cultura ambiental
3.  4. La batalla por el destino común ha comenzado
3.  5. La reforma agropecuaria
3.  6. La revolución hidráulica en Sudamérica
3.  7. La autonomía energética del tercer milenio
3.  8. Tecnología y cultura popular 

LA  RECONQUISTA  DE  NUESTRA  TIERRA  PATRIA  

4.  1. Detrás de la conquista
4.  2. Los verdaderos constructores de utopías
4.  3. El ocaso del paradigma
4.  4. La ineludible continuidad de la cultura americana
4.  5. Las conquistas modernas
4.  6. La reconquista  

COMUNIDAD,   PATRIA  Y   TRABAJO  EN  LA  NUEVA  UTOPÍA
  

5.  1. La Nación continental
5.  2. La Comuna sudamericana
5.  3. La vida como norma institucional
5.  4. La naturalidad como meta social
5.  5. La iniciativa individual con sentido colectivo
5.  6. Tras los pasos de la comunidad perfecta  

ACCIONES  DE  CULTURA  AMBIENTAL 

6.  1. La agenda de la cultura ambiental
6.  2. El nuevo orden de prioridades
6.  3. La consolidación del modelo sostenible
6.  4. Comenzar de nuevo
6.  5. La plataforma ambiental para el nuevo milenio   

Epílogo
 

Bibliografía
   

Introducción: 

 
   Que la búsqueda de metas sociales ha cambiado de rumbo en América Latina, no es ya un misterio para nadie. A ningún observador de nuestros sucesos políticos toma por sorpresa la nueva situación regional luego del 19 de diciembre del 2001 en Buenos Aires. Permitir que el aluvión decante, sin duda hará que transparente su cauce y podamos valorar todos los componentes de su histórico y crucial sentido.
 
      Hoy una saga de nuevos emergentes enarbola distintas formas de interpretar el curso del nuevo milenio en la región. Un arrastre cinco veces centenario dilata la resolución de un proceso de eclipsamiento inducido por la conquista. La ciencia, la religión, la cultura y toda disciplina encadenada de alguna forma al sistema de creencias de nuestro lugar y tiempo actual, está dramáticamente afectada por la evidencia. Atónitos, los intelectuales del mundo entero nos observan ahora sin entender que su único remedio será esperar a que nosotros nos expresemos. Y simplemente con esta gran incógnita, se estará anunciando la aparición de una nueva iniciativa política, social y económica para el nuevo milenio en Sudamérica.      

       La recurrente obscenidad de la horda de banqueros, las temerarias mentiras del sistema mundial de seguridad y la flagrante complicidad de los medios monopólicos de comunicación social, dejan que la gente interprete los sucesos con una nueva e inesperada transparencia. Es así como una pacífica y ordenada democracia va paulatinamente ocupando los espacios de decisión. Un fértil revisionismo histórico, sopesa nuevamente nuestras más revolucionarias metas del pasado, en tanto que los recursos naturales y el trabajo, recobran su merecido peso frente a los instrumentos tecnológicos y financieros en los que se concentra aún el poder del viejo mundo.  En consonancia con este cambio de paradigma, este texto contradice muchas de las reglas científicas con las que el pensamiento occidental se ha consagrado por encima del hombre americano. En cambio, opta por partir desde la realidad geográfica y desde la continuidad de sus irremplazables componentes ambientales para proponer un curso de acción sustentado por el espontáneo ciclo de la vida en estado silvestre. Así, sin abstracciones innecesarias o metas inmateriales, la tarea del intérprete de las necesidades populares, se hace también más transparente.
 
      La reivindicación de la cultura como resultante de un proceso biológico de adaptación semejante a cualquier otro fenómeno natural. Lejos de encasillar nuestro destino en un simple determinismo, nos ilumina con toda la energía con la que deberemos sintonizarnos nuevamente con el planeta y su mágico concierto de presencias biológicas. El peligroso estado en que en el resto de los continentes enfrentan hoy su chance de encontrar sustento, invoca además un factor de urgencia en el tratamiento de estos contenidos. Sin medioambiente natural, sin fauna y flora nativas, el final de nuestra especie estará pronto al alcance de nuestra vista. Este escrito sobre “cultura ambiental”, repasa los senderos con los que podríamos volver a ser optimistas en este terreno. Y hasta quizás sirva para inspirar en el campo del pensamiento popular, un nuevo fundamento telúrico sin el cual, también las metas de la causa nacional sudamericana quedarían parcialmente invalidadas. Hay una nueva utopía por construir en este continente, que no merece ser postergada más ni un solo día. Hay un camino que definir para la forma social de vida de la especie en un medio ambiente dado. Acaso han nuestras instituciones actuales trasgredido los límites viables de habitabilidad practicable en sus conglomerados urbanos. Será la corrupción y la decadencia general el síntoma de estas nuevas y desconocidas formas colectivas de deterioro que produce el mundo civilizado.
 
    
    Mientras los bosques zumben y los ríos canten, la inalcanzable lógica de la vida sabrá como abrirse paso a pesar de todos los ingeniosos procesos que el ser humano conciba para eludir su verdadero destino. Un incesante influjo regenera la continuidad biológica de todas las especies vivientes del orbe. De una idéntica y misteriosa forma el impulso reaparece una y otra vez, aunque insistamos con clasificar su resultado como población, cosecha o vida salvaje. Pero aún por debajo de toda la estridente cubierta, la esencial naturaleza de la especie humana continúa inalterable junto a todas las demás formas de vida. Del descubrimiento de cómo esta nueva percepción de lo ambiental interviene en la cultura, tratan estas páginas, que en algún sentido, pretenden también por ello, ser intérpretes de un tiempo y lugar que sin duda marcará la continuidad de nuestra historia por generaciones.
 

HACIA  UNA  CIVILIZACIÓN  INTEGRAMENTE  SUDAMERICANA 

Jamás se tuvo tanta conciencia como hoy acerca de la dependencia
del hombre respecto de la sociedad. Dependencia que él no experimenta positivamente, como un lazo orgánico, o una fuerza protectora, sino como una amenaza a sus derechos naturales…
 
Albert Einstein


1. 1. Los límites físicos y sociales del progresismo rioplatense 

     
Con la creciente convergencia de disciplinas científicas, se han integrado aportes cada vez más exactos a las ciencias sociales, tan exactos incluso como para resultar insensibles a las variaciones propias de una entidad compleja conformada por muchos más elementos que los que conforman la opinión pública. La humanidad no es la suma de lo que los individuos perciben de ella, ni la unidad biológica de la especie, es la persona humana en su carácter individual.
 
       La humanidad es un proceso dinámico. Una presencia biológica que depende en primer término de un entorno material compuesto por el aire, la tierra y el agua. Luego en segundo término, depende de un entorno biológico, caracterizado por el conjunto de seres vivientes con los que interactúa, plantas, peces y animales. Y por último, su entorno social, el clan familiar como la unidad biológica y psicológica de la especie humana. Sin estos tres ámbitos, no habrá personas como resultado.
 
          No siempre el sujeto tácito de una investigación social, es un “cartabón” de personaje civilizado, tan cuadriculado  como la planilla del encuestador, ni tan típicamente civilizado como el señor de piloto y bombín de los retratos de Magrite. Inclusive ocurre, que los conceptos masivamente sostenidos por una población dada, son incongruentes hasta con sus propias metas sociales. Mucho influyen los medios de masas, la educación y el modelo de gobierno que cada población posea.       Desde la integración de estas disciplinas, que en la práctica han contribuido a silenciar apreciaciones propias de grupos remotos, de escaso número o de diferente composición; se generan los datos técnicos con los que el poder político toma sus decisiones. Una “mayorización” de la demografía de la opinión, más sorda que las antiguas monarquías que bien sabían pagar por lo remoto, lo escaso y lo diverso mayores precios que por lo accesible y cotidiano. Una nueva meta en el siglo de la comunicación instantánea, será aprender a escuchar sin excepción a todos los grupos sociales y atender a sus demandas por excéntricas que estas parezcan.
 
    Simplemente, si pedimos a la psicología que confeccione un listado con las cinco aflicciones más graves, a la sociología que estime su magnitud y a la antropología que señale el tiempo y lugar donde menor incidencia han tenido estos flagelos, estaremos nuevamente frente a la necesidad de generar el camino hacia una sociedad distinta. Una línea de trabajo hacia una nueva utopía.

  
    Una furia laboratorista se ha apoderado de las ciencias naturales; toda la universidad alienta a sus aliados a patentar sus leviatanes y a soltarlos por el mundo como si debiera este ser a partir de ahora, un invento de alguien. Centenares de “soluciones” ya interactúan con el medio ambiente real, sustituyendo el ciclo evolutivo del que hubieran podido seguir emergiendo ejemplares auténticos. Clones, transgénicos, híbridos e inseminados; se suman a los fertilizantes, insecticidas, herbicidas, fungicidas y toda otra clase de plaguicidas que no tienen como fin, otro que no sea mandar a mudar la flora y la fauna silvestre al mismísimo infierno. Si quienes han de interpretar los nuevos caminos por los que la humanidad deba desarrollarse, van a partir de este terreno, mejor preparémonos para lo peor.  Quizás mejor sea entonces, volver a repasar minuciosamente nuestro pasado histórico, como parte también de un proceso natural de desarrollo único y particular al tiempo y lugar en el que nuestra vida ha tenido a bien manifestarse.

     
 
   Cuando esta alianza atlántica reinante en nuestro Río de la Plata, rompió con el monopolio español a principios del siglo XIX, asignó funciones y privilegios a cada uno de sus socios.  Se confiaron entonces, al puerto de Buenos Aires, tareas funcionales a un nuevo dispositivo naval presidido por Inglaterra, pero conformado también, por numerosos intereses fundamentalmente regidos por la nobleza europea y sus instrumentos bancarios. Este aparato comercial consistió en obtener la mayor cantidad de recursos comercializables por dentro de este nuevo orden imperante. Nacía el neocolonialismo. Una forma políticamente tolerante, pero que ejercía una dominación económica específica a la obtención de excedentes comerciales. Simplemente se reemplazó el antiguo sistema absolutista español, extractor de metales preciosos, y se recondujo el esfuerzo hacia un nuevo modelo adecuado a las crecientes capacidades de carga de la navegación oceánica. Sobre todo alimentos y materias primas para las manufacturas, fueron sus objetivos. Hoy, la consolidación de las monedas universales, la comunicación instantánea y la aparición de la empresa multinacional, han conformado también, un nuevo modelo de extracción capaz de abarcar todos los rubros de actividad imaginables, la tierra, la industria los servicios públicos y hasta las reservas naturales, son esferas susceptibles de  quedar dentro del alcance de las economías trasnacionales. Bajo este imperio de circunstancias, las contradicciones del pasado, pasan a ser arcaicas. Reinan el autoritarismo y la inducción mediática, los intelectuales pasan a ser vistos como desertores o lo que es peor, terroristas. Una desconfianza viseral va ganando el corazón de cada individuo perteneciente a un sector social desfavorecido o conciente del engaño, mientras una formidable concentración del poder mundial selecciona negativamente la viabilidad de las regiones, en tanto impone un único criterio de lo que es ser o no civilizado.      La  exclusión social, no es más que un resultado congruente con la aceptación del modelo ajeno. Un nuevo dirigismo monetario personificado por los organismos multilaterales de crédito como el FMI, inducen a nuestros cuadros directivos a ofrecer las áreas rentables del estado, los recursos no renovables y los resortes financieros, a los intereses que menos expresarán nuestras aspiraciones colectivas. Con una flagrante ilegitimidad democrática imponen políticas regionales.

   
    Numerosos reclamos han tomado entonces, la forma de violentos en los últimos sucesos políticos sudamericanos, procesos que hasta incluyen la toma y quema de palacios públicos, como en Ecuador, Bolivia y Argentina. Pero ni aún gritando, alcanzamos a oír lo antiguo que es el modelo económico imperante, ni lo incorporado que está en nuestras prácticas mercantiles, ni lo lejos que estamos de definir un esquema alternativo de crecimiento social más armónico, justo e independiente.

 
   Nuestras democracias actuales, han estado tan avocadas a su propia continuidad, que han postergado la discusión de modelos políticos de largo plazo. Han pasado tanto tiempo suscriptas a un modelo prestado de “progresismo” que nos han impuesto nada menos que una posibilidad alienada de desarrollo. Es tiempo ya, que en toda la región nos propongamos una política popular, capaz de saldar nuestras falencias comunes. Ápta para reponer nuestra presencia como una cultura, más democrática, más independiente y más soberana de la que hasta el presente hemos tenido. Y que por sobre todo perciba, desde este tiempo y lugar tan promisorio que nada ni nadie resolverán nuestras metas históricas, sino nosotros mismos. Es hora de volver a mirar hacia nuestra tierra, la patria de todos.  Desde estas reivindicaciones deberemos proyectar entonces, nuestras siguientes jornadas militantes. La totalidad de las expresiones culturales aguardan por la claridad y el liderazgo para alinear sus metas, el temperamento de los pueblos manda entonces definir el nuevo recorrido.

1.  2. Lo silvestre, de la orilla al epicentro 

     
Cuando los pioneros del May Flower desembarcaron en tierras americanas, asustados por la supervivencia de sus familias en una tierra ignota, tuvieron que enfrentar en sus mentes el fantasma de la muerte por la falta de alimentos. Sin embargo, cuenta la historia, que al igual que durante el éxodo israelita, sucedió que de la misma tierra manaron los alimentos necesarios. Así nació una de las más antiguas costumbres de estas nuevas tierras americanas. En una peculiar combinación de ceremonia india de la caza con la comunión cristiana, los pilgrim, celebraron su suerte cenando pavos, una suculenta especie del en aquel entonces silvestre bosque costero del atlántico. A ese día de encuentro y generosidad se lo llama “día de acción de gracias” y todavía es considerado como la fiesta familiar más importante del calendario en América del Norte.

 
   Sin embargo, para los nativos, el evento no tenía nada de raro, para ellos el fenómeno era tan cotidiano y natural, como cualquier otro. La distorsión venía de occidente y de la forma de ver la subsistencia intermediada. Los unos eran súbditos y los otros, simplemente humanos. Unos tenían vida y los visitantes hicieran lo que fuera, se sentirían parte de una economía cuyo mandato imposibilitaba la obtención de recursos alimenticios sin intervención de moneda y diversos sacrificios a nombre del reinado. La liberación de esta verdadera castración biológica, es fundacional de la naciente relación del hombre moderno con el nuevo mundo.
 
    Este primer trauma fundante y su ritual de liberación, son tan constituyentes de la cultura americana actual como sin duda lo son nuestras creencias religiosas. Pero; ¿Cuál es el recuerdo que evocamos cuando nos alimentamos hoy en Sudamérica?       Retomar el tema de la lucha por la supervivencia y la continuidad de la presencia humana sobre el planeta, no es ya una incógnita personal o familiar, como lo fue siempre. Sino que por el contrario, es a través de la civilización moderna, que todos los seres humanos compartimos la chance de seguir sustentando nuestra presencia en la tierra. Dependemos artificialmente de una civilización única y de su único criterio de lo que es economía. Un enfoque, que carece de la facultad de percibir sus propios límites materiales. Una cultura que se presenta como la única posibilidad de desarrollo, frente a una población mundial que se multiplica, en tanto que los recursos naturales son cada vez más escasos. El reconocimiento de la intervención desnaturalizada sobre las culturas originarias y del tracto degenerativo al que se ha sometido a las tierras de labranza, han cambiado la expectativa de subsistencia colectiva. Una inexplicable ceguera a los límites reales con los que siempre había sobrevivido nuestra especie, pone al hombre en contra del hombre, de tal modo que la civilización, se ha vuelto otra vez, algo salvaje. 

 
   El origen de los actuales derechos sobre frutos de la tierra, se remonta al criterio con que el conquistador español desembarcó en el nuevo continente. Sencillamente la tierra no era objeto de apropiación individual en tiempos prehispánicos. La res nullíus de la bula papal o “tierra de nadie”, es por exclusión una categoría, no por definición. Así empezamos el camino de la identidad cultural de Sudamérica, siendo descalificados como personas capaces de ejercer derechos.
 
    El antecedente del dominus, que en tiempos del descubrimiento estaba vigente en la cristiandad, era delegación directa del derecho divino de los reyes sobre la tierra y los vasallos. Potestades que solamente el pontífice romano podía delegar a sus fieles. Tal era el carácter religioso de la empresa constituida por tierras, recursos y vasallos; que la excomunión del señor feudal, exoneraba a sus pares y sirvientes de la obligatoriedad de respeto. Una verdadera “muerte civil” que arrojaba al sancionado por fuera de la nobleza y de la causa cristiana. No era entonces la colonización, ni una migración racial, ni un intercambio entre culturas diversas. Era el ejercicio de un poder ajeno. La extensión de la capacidad de apropiación de la vieja Europa por sobre una tierra que jamás merecería ser tratada igual a la natal. La repetición de un modo de enriquecerse, que bien los hijos segundones de la aristocracia apreciaron como una santificación de la avaricia y el pillaje. Este será entonces el régimen de percepción de recursos que dominará en la cultura hispanoamericana. La opresión del nativo y la transferencia de recursos hacia el otro continente, serán los estigmas que condicionarán toda la relación colonial con Sudamérica, y que fatalmente dejarán sus instituciones grabadas en nuestra cultura.
 
  
    El segundo período hispanoamericano, es heredero de la maduración de estas primeras opresiones. La insurrección de la aristocracia incaica, las guerras jesuítico guaraníes, las batallas de la emancipación americana, proponen todas una ruptura con el orden oscurantista del dominio extranjero. Una propuesta que partió de nuestras elites burguesas, herederas del abundante tráfico de mercaderías que nació en el océano Atlántico, fue la que finalmente logró sustituir al irrestricto dominio colonial de estas tierras. Pero esta no fue una nueva estructura resuelta y perfecta, sino el comienzo de un andar relativamente independiente, que aún no hemos completado.

   
  La traza de los caminos, la procedencia de las haciendas y cultivos y la convergencia poblacional sobre los puertos, expresan la prevalencia de la nueva cultura americana que aprovechó el comercio del Atlántico. Pero que fue de la cultura de la selva. Donde guardamos el saber de las culturas andinas. Apenas un tercio del trabajo de emancipación ha tenido lugar en Sudamérica. La encomienda, la misión, el cabildo o el mismísimo adelantado; cada institución colonial ha respondido a una problemática particular de la corona española. Sin embargo cuando hoy se pergeña una política, se simplifican las soluciones homologándolas a las formas de resolver las mismas necesidades en las mismas tierras extranjeras que disfrutan de la desproporción y el latrocinio. Así funcionan los vasos comunicantes de la globalización inconsciente. Alcanzar un estatus independiente, significa ser conciente de cada uno de estos procesos políticos, sociales y económicos, y ahora también de una nueva cultura ambiental que suponga además de la supervivencia de todas nuestras costumbres regionales, la custodia de todos nuestros recursos naturales renovables o no.

   
   En Sudamérica hay tres condicionantes geográficas determinantes de cultura. La cultura del litoral atlántico, la cultura de la selva interior y la cultura andina. En países como Colombia y Argentina coexisten las tres. Pero sólo la atlántica, es la única que ha intentado una emancipación y no lo ha logrado aún completamente.    Quizás esta globalización del tercer milenio, entre los muchos efectos que genere a lo largo de todo el planeta, no tenga sobre nosotros una consecuencia mayor que la de ponernos en contacto con nuestras mismas particularidades geográficas y sociales. Al traumático subdesarrollo que se nos impone como criterio rector de nuestra actual condición cultural, sería más fácil contraponer el concepto, que una nación accede a la condición de desarrollada, cuando la forma de adaptación natural de su gente a su tierra, alcanza a cubrir con dignidad, todas las necesidades que se demandan para la vida cotidiana.

  
    Mientras tanto, los síntomas de deterioro ambiental son ya nítidamente visibles desde los satélites. La deforestación, la desertificación la expoliación indiscriminada de la capa fértil, la contaminación de todos los cursos de agua dulce, la alteración del clima. Todos diagnósticos que ponen al dirigismo monetario en un carril sin retorno. El sostenimiento de una fábula claramente consistente en llamar a lo silvestre, tierra inculta. Y no inculto, al animal que esteriliza su medioambiente.
 
     Un extenuante esfuerzo por formar parte del primer mundo que ni siquiera nos devuelve un alivio económico minimamente proporcional al sacrificio realizado. Debemos empezar cuanto antes a experimentar otros modelos alternativos de desarrollo, que partan exclusivamente de nosotros mismos y del conocimiento práctico que representa compartir en paz el uso sustentable de la tierra.
 
1. 3. Las tres culturas basales de Sudamérica 

    
 
Según los tres mayores condicionantes geográficos, nuestro territorio ha sido poblado por tres culturas bien definidas. La cultura andina, la cultura de la selva y la cultura atlántica. Repasemos brevemente sus orígenes.

   
   La civilización Inca como exponente de mayor relevancia entre las culturas andinas, resume en su lengua, el quechua, el aprendizaje de formas de sabiduría, que hoy son consideradas científicas. Una insuperable ingeniería, el manejo avanzado de la medicina y el conocimiento profundo de los ciclos astronómicos, los colocan visiblemente por encima de sus conquistadores, fatalmente más avezados en el arte de la guerra.

 
    El Cuzco como asiento de la educación y el poder de esta civilización, es aún hoy el epicentro estratégico de toda la región sudamericana. Accesos a tres mares, a las dos mayores cuencas hídricas y al epicentro de la altura. Todo desde un solo punto, explican el peso de la estructura allí instalada. Sin embargo a las regiones que ocupara este imperio se las ha menospreciado históricamente. Desde que el proceso emancipador tomó el poder, el interior andino quedó relegado, el aislamiento de Bolivia, las sucesivas guerras por el salitre y el guano. Un verdadero bloqueo afecta el crecimiento de esta región geográfica sudamericana que espera desde hace muchos años por su chance de crecimiento. Oportunidad que no le fue reconocida hasta ahora en el concierto de naciones capitalistas, luego de haber sido la que con su aporte metálico, financió nada menos que el nacimiento del capitalismo en España y el viejo mundo.

 
    Por otra parte, la cultura selvática, es sin duda un ejemplo de que el sojuzgamiento es el propósito permanente de la relación con el hemisferio norte. Sencillamente este medio geográfico, resultó refractario de los hábitos de vida europeos. Habitada por pueblos nómades, la oscuridad selvática y su lujuriosa frondosidad, se asemejaba al mismísimo infierno a los ojos del conquistador español. Pero con paciencia se tejieron contactos permanentes entre distintos miembros de la raza guaraní y bajo la dirección de la congregación jesuita, nació una verdadera civilización selvática. La primera forma civilizada que diera esta difícil formación geográfica. Gradualmente las semillas silvestres conocieron la agricultura y las presas más frecuentes comenzaron a ser tratadas como hacienda, el concepto de arte y el aprecio por el saber universal, pronto conquistó mentes y corazones de esta generosa raza americana. Maravillosas fueron las estancias y misiones jesuíticas a los ojos de todos sus visitantes. Nacía una civilización en la selva. Su desarrollo fue la única razón para su exterminio.
 
    A la exploración de Sudamérica la sucedió el saqueo y los caminos de fuga hacia los puertos atlánticos, pasaron a ser prioritarios para la metrópolis. Los puertos y la hegemonía naval determinaron una simbiosis social en el atlántico. Integrada por la combinación del componente racial negro aportado por el tráfico de esclavos africanos por un lado, el linaje originario americano, aproximado a las nuevas poblaciones y por la raza blanca proveniente del viejo continente. Así se cimentaron las bases de un tejido social de tres componentes diferenciados también claramente por la participación económica de la renta. 


       La definición de un nuevo componente racial mestizo fue disolviendo, luego de la consolidación de nuestras constituciones, la estricta diferencia social impuesta por el origen étnico de nuestros primeros pobladores. La tolerancia y la cohesión se fueron abriendo paso de la mano de la educación pública y la múltiple convivencia cultural. Una sociedad que se vio enriquecida a partir de 1880 con el nutrido aporte inmigratorio que llegaba a nuestras costas desde Europa y que terminó de conformar el característico sincretismo tolerante de nuestra raza criolla. 

       Así comenzamos a andar un rumbo común dentro del concierto de las naciones civilizadas. Aportando el trigo, la carne, los cueros y recibiendo parte del saber y las costumbres del otro lado del océano atlántico.
 
1. 4.  Dos civilizaciones tabularia y calendaria 

    
Uno de los primeros efectos de la escritura en el remoto pasado humano, ha sido ni más ni menos que el nacimiento de la historia. La ciencia clásica define como prehistóricos los sucesos anteriores al contacto con esta notable facultad de registro de nuestra especie. Ya no solamente el lenguaje caracteriza a la tribu, sino que el código con el que se acuña el registro, pasa a ser el principal factor determinante en cada cultura. El mito como “metalenguaje”, pasa a ser relato ejemplar y la tradición oral expone ante la escucha del escriba, el nacimiento de una nueva forma de inmortalidad jamás antes concebida; nace la cultura escrita como fundamento perdurable del sistema de creencias, verdadero brazo de palanca del desarrollo humano sobre el planeta.
     

     Para esta tercera forma de registro se estructura rápidamente una tercera estructura organizativa. Así como la memoria es el registro de la experiencia individual y el relato el de la relación social, la escritura por su carácter perdurable pasa pronto a condicionar modelos de conducta de magnitudes culturales.      

    Así, con posterioridad nacen las civilizaciones, como exponentes culturales capaces ya no solamente de acuñar un proceso adaptativo al entorno geográfico, sino como capacidad de transferir e imponer el conocimiento de esa particular metodología de supervivencia grupal a otros núcleos, incorporándolos a una nueva forma de estructura social fundamentada como perdurable en el tiempo; la civilización.      

     Es un factor determinante de todo proceso civilizador, la diferencial forma de incorporación individual a su complejo entramado humano. A la división de roles y a la especialización habidas en las culturas antecedentes, se suman los distintos niveles de instrucción y dominio estimados por la nueva estructura civilizadora. De esta forma, el relato ejemplar, tanto como el fundamento de autoridad, pasan a representar el verdadero corpus de un colectivo civilizado. De una forma elemental, entonces podría inferirse que las culturas representan: Formas territoriales (espaciales) de adaptación suscriptas por la presencia de núcleos raciales originarios, que tras sucesivas generaciones, concluyen por observación, experiencia y tradición en un modelo particular de vida. Mientras que la civilización representa; una desigual forma de incorporación temporal a una definitiva  manera presumiblemente superior de vida estandarizada. Sin embargo, aquí se distinguen dos direcciones diferentes del proceso civilizador, fundamentada por la preeminencia de una u otra herramienta de cohesión colectiva aludidas. Por un lado la mejor fórmula adaptativa al territorio y por el otro la autoridad para inducir conductas sociales en otras poblaciones. Ambas tendencias, caracterizan el proceso, aunque no siempre caminen de la mano.    

      Claramente en la antigua civilización griega la diferencia sustancial de ambas tendencias igualmente civilizadoras se percibe en autores de la talla de Homero por un lado y de Esíodo por el otro.  El “areté” del guerrero es la supervivencia por imposición, mientras que el del campesino es la subsistencia por adaptación. A ambos actores la cultura griega confiere mérito y honra, aunque la civilización occidental atribuya mayor mérito a lo homérico, por razones perceptibles aún para todos.    

       La expresión más claramente determinante de Roma como ejemplo de civilización occidental está representada en las XII tablas de la ley.  La creación de un orden legal coercitivo y escrito, supone la visión de un estado ideal de conducta abstracto, una verdadera virtualidad exigible a partir de un principio de autoridad fundado  en alguna de las dos vertientes calificantes, el saber o la coerción. Esta condición tabular de la “lex” romana, encuentra antecedentes en las culturas mesopotámicas, particularmente en el código Hamurabi, y en la egipcia con las tablas de la ley de Moisés. En los tres casos, el nivel de importancia de la regulación “tabular”, reviste el carácter de síntesis del conocimiento histórico sobre la naturaleza humana y por lo tanto su texto, pasa a ocupar el vértice superior de la pirámide organizativa de cada una de estas civilizaciones a las que en adelante podremos denominar como tabulares. Civilizaciones, donde inexorablemente un grupo ejerce presión sobre otro, en virtud de alguna causa de exclusión justificante.

   
     En contraposición a esta marcada tendencia civilizadora de occidente cabe distinguir que las civilizaciones americanas previas a la conquista, tanto en el hemisferio norte como en el sur, se han visto coronadas por otra meta colectiva verdaderamente opuesta y sin duda tan caracterizante como la legislación escrita. Tanto para los Mayas, como para los Aztecas, e Incas, el vértice de la pirámide civilizadora, no era un sistema de normas de conducta interpersonales, sino que por el contrario era un dispositivo de interacción con el medio geográfico sintetizado en un solo texto, el calendario.
 
     Algo en la historia de la especie, justifica esta tajante definición cultural. Sencillamente, la especie humana es originaria del viejo mundo euroasiático y africano, mientras que al  nuevo territorio americano se lo pobló ya con la conformación antropológica actual de Homo Sapiens, más precisamente en un estadio cultural ya próximo a las formas originarias que aún se pueden hallar entre nuestros pobladores americanos más aislados, y que genéricamente se definen como cazadores – recolectores o etapa superior del salvajismo.  Por este motivo el clan primigenio ha debido sin duda reaprender sus hábitos adaptativos en América por vía de alguna clase de relato, al igual que lo haría ahora nuestra civilización si aterrizara en otro planeta similar a la tierra y debiera registrar sus ciclos naturales. Por este motivo y por encontrarse deshabitado, la suprema condicionante del orden natural no habrá debido ser entre nuestros primeros americanos, la posibilidad de crear un orden interpersonal, sino que la prioridad estará entonces marcada por poder retener los nuevos ciclos biológico, no descriptos en la memoria colectiva de la especie. Esta situación ha de establecer un acervo cultural tan marcadamente determinante de la conducta colectiva como para destinar toda atribución de prestigio a la observación de la naturaleza y de los ciclos astronómicos con los que poder predecir su transcurso. Así termina en la cúspide del interés cultural el calendario, razón justificante de toda chance de vida civilizada. Nacen entonces en América, las civilizaciones calandrias. 

 
    Cuáles consecuencias han arrastrado a lo largo de los siglos las interpretaciones históricas descriptas aquí como condicionantes de otras escalas de valores diferentes a las que ahora poseemos. Sería imposible saberlo. Pero si debemos entender; qué influencia podría arrastrar hasta hoy este conocimiento, como fértil inspirador de un orden ambiental más perdurable.     

     Bastaría nuevamente imaginar el impacto cultural que representó la conquista para las civilizaciones americanas para entender que las artes de coerción traídas por los españoles tomaron por sorpresa a estas verdaderas colectividades de homeópatas y astrónomos, que representaban nuestras civilizaciones originarias. Para nosotros ya no tiene objeto regresar una y otra vez sobre este tremendo avasallamiento acaecido en nuestro pasado histórico americano, pero si es indispensable que entendamos que el conflicto ambiental que enfrentamos hoy, es consecuencia de este absoluto desprecio por la naturaleza. Ahora que el pasaje al nuevo milenio se estrecha, y que la readaptación ambiental parece una exigencia de magnitud planetaria, vamos a tener que valorar cada aporte adaptativo y reasignarle un esfuerzo y lugar que lo haga sostenible en el tiempo, de lo contrario el horizonte de la extinción masiva, pronto nos cubrirá por completo.

1.  5. La consolidación de la habitabilidad europea   

     Para la cultura rioplatense no tuvo demasiado significado que la primera expedición fundacional de Buenos Aires fracasara por hambre.   Curiosamente en el mismo año de 1515 en que Juan de Garay caía víctima de un flechazo por la espalda en un remoto pajonal uruguayo. Thomas Moore publicaba su “Utopía” inspirado en el ordenado modo de vida de las recientemente descubiertas civilizaciones americanas.
 
     No mucho tiempo después de aquella fallida expedición, navegó la cuenca del Plata, el jesuita José Jolís. Como conocedor de la flora y la fauna silvestre aprovechaba la privilegiada vista que le concedía la navegación para describir las riquezas de esta fenomenal cuenca hídrica. Cuenta este misionero, que podían verse muy numerosas colonias de focas a lo largo de las márgenes del Río de la Plata. Estos, no eran sino “lobitos de río”; que de dimensiones y fisonomía similares a las de las focas, habitaban nuestras márgenes por aquellos lejanos años de presunta incultura. Esta especie de “nutria gigante”, se alimenta con unos cuatro kilos de pescado al día y su número hace suponer la presencia de muy buena pesca en la zona. Si hoy la pesca en nuestras aguas, a pesar de todo lo que vertemos en ellas, es buena. No podríamos ni soñar la cantidad de peces que un español muñido de un anzuelo,  hubiera podido capturar una tarde cualquiera del siglo XVI con su caña de pesca. Tampoco sería posible imaginar, la cantidad de frutos silvestres, presas de caza o huevos que se podían recolectar por aquellos años. O simplemente cuanto tiempo podría tomarle obtener su propio desayuno a una persona en aquellas primitivas épocas. Temo que a los españoles los mató la ignorancia y que “la Maldonado”, hizo muy bien en abandonarlos y buscarse un Pampa por esposo. Aunque lo peor de todo no es precisamente enterarnos de lo brutos que eran nuestros supuestos educadores, sino que de esta gente aprendimos a repetir que la tierra era la inculta, hasta tanto no se la invada con las especies de granja que los extranjeros sabían manejar. José Jolís, y otros tantos misioneros jesuitas como Florean Pouke siguieron río arriba y establecieron un contacto permanente con las tribus tupíes guaraníes. Aprendieron de ellos a llamar a cada planta por su nombre y a valorar a cada especie nativa como una forma de sustento para la vida humana. Devolvieron saber a cambio de saber y de una cultura nómada y selvática nació nuestra más rica experiencia civilizadora en tiempos de la colonia. De ellos heredamos nada menos que el modelo de “la estancia”, un ejemplo de sistema productivo con el que la cultura del Atlántico consolidó más tarde nuestra más contundente ventaja comparativa ante el comercio internacional.

  
   Sin embargo, tan pronto como hoy tomemos contacto con lo silvestre, comenzarán a aparecer toda clase de eufemismos y equívocos notablemente inapropiados para definir que se trata simplemente de la naturaleza en su estado original. Tan vasta es la complejidad que se desata ante nuestra vista que nos abruma la posibilidad de entender realmente de que se trata la vida fuera del cautiverio civilizado.
 
     Muchos tienen su discurso preparado para evitar que el tema los tome por sorpresa, la reserva para el futuro, lo intangible, lo salvaje o el inculto y sucio espacio aún no colonizado por el hombre moderno, son algunas de las enmiendas a esta terrible falta de humildad con la que aludimos a la majestuosa naturaleza. Sin ninguna duda el criterio de superación frente a tales equívocos, ha sido el máximo factor caracterizante de toda cultura a lo largo de los siglos. De estos relatos nacen los mitos con los que pueblos y civilizaciones entretejen sus historias. Dioses y demonologías, santuarios y factorías; todas las actividades hasta hoyconocidas evocan directa o remotamente el contacto con una de estas formas de entender la vida. Siempre herederos del rigor impuesto por la tradición tabularia, los americanos actuales hemos resuelto mal nuestra presencia biológica en el nuevo continente.

 
    Toda la meritoria epopeya emancipatória alcanzada por nuestras jóvenes naciones, se deslucirá por completo bajo una regla de apropiación individual de los recursos biológicos tan inadecuada como lo fue la “res nullius” del derecho de conquista. Una pertenencia colectiva mal llamada por los organismos internacionales “patrimonio de la humanidad”, sustenta nuestra presencia como especie biológica en cada entorno geográfico, y a cuyo espontáneo transcurso vienen los intereses individuales sobre cada recurso a abolir el único orden posible.

  
    Hoy, una desadaptación cultural, impone argumentos sin ejemplos satisfactorios; haciendas exóticas, siembras transgénicas, agroquímicos de todas clases, un constante desplazamiento de la flora y fauna nativa sede su lugar a una invasión masiva.  Así, hemos de rehacer el sendero de otro hombre moderno. Es indispensable redefinir nuestros escenarios, para encontrar con libertad de criterio, un nuevo concepto rector cuyo poder resuma mitos y ciencias en un único y verdadero saber que encuentre en una “nueva cultura ambiental” la continuidad del destino evolutivo de nuestra especie. Nuevamente silvestre, culta y americanamente civilizada.
 
1. 6.  Hacia las nuevas metas colectivas

 
     Hilvanar la estructura del deseo humano desde su propio pasado histórico, va a ser simple, en un futuro remoto, cuando alcance con repasar los actuales medios audiovisuales, para hurgar en los capciosos contenidos de nuestra cultura mediática. Pero ahora mismo, tratar de entender cuales han sido los componentes constitutivos de todos nuestros deseos, incluyendo los más arcaicos, a través de un remoto pasado, ha de ser una tarea delicada. El nítido dispositivo de los instintos primarios, no requiere de grandes explicaciones para ser entendido. Desde los organismos unicelulares el ciclo vital se nutre bajo las mismas leyes naturales y cada especie, subsiste ajustadamente avocada al cumplimiento de sus funciones biológicas. Con estas funciones, lo más notable que ocurre, es que son dadas por el mismo medioambiente. Así se caracterizan las regiones, primero por sus determinantes geográficas y luego por la aparición de seres vivientes, algo más aleatorios, pero claramente reconocibles, por ser sólo especializados a dicho medio. No son muy discutibles las funciones ambientales asignadas a las plantas de forraje, ni a los majestuosos predadores que intervienen en la vida de las manadas. Pero, qué función caracteriza al hombre como ejemplar interactuante en un medio ambiental dado. Entender este sentido de pertenencia, nos llevará sin duda a hilvanar una funcionalidad menos conflictiva con nuestro entorno, sin obedecer a otro régimen que no fuera nuestro verdadero mandato biológico. Aquí si hay un nuevo tema mítico con el que fundar las bases de una nueva meta nacional para la naciente patria sudamericana.

  
   El llamado de la tierra, no es inaudible a ninguna especie. Podemos diferenciarnos por diversos motivos, pero así como todos los cuadros de la galería son distintos, tienen igualmente en común el clavo del que están colgados. En idéntico sentido, nuestra especie, ha de tener una asignación de estricto cumplimiento, a cuya realización debamos avocarnos respetuosamente bajo la atenta escucha de lo que susurran nuestros instintos primarios. No es inimaginable entonces la posibilidad de trazar un curso de acción que enhebre cuenta por cuenta la diadema de nuestras funciones naturales como especie y que por ello recibamos espontáneamente halago y satisfacción irrestrictos por parte de nuestro entorno ambiental. Sin duda la felicidad y las satisfacciones sociales desde su magnética pulsión, orientarán el norte ante cada encrucijada que nos sorprenda en el camino. La sucesiva conflictiva social ha de ser la primera voz que recoja la demanda; y reconstruir su natural destino de realización y felicidad será como parte de una joven cultura, nuestro privilegio más grande.

  
 
    Sin embargo, no son la marginación y la pobreza en su acuciante urgencia, los síntomas más preocupantes. Por el contrario, la raíz de la desigualdad es sostenida por un sistema de creencias que ha sofisticado niveles de pertenencia social en función del consumo y la elevación del “estándar” de vida de los sectores privilegiados. Este proceso también individualista, ha ido volcando prematuramente al ocio y al despilfarro justamente a quienes mayor responsabilidad debieran, tener en el arte de conducirnos a todos hacia condiciones de vida más justas. La dignísima tarea emancipadora del siglo XIX ha caído en obsolescencia. Un clasismo inexplicable lo contamina todo tornando unos contra otros en un ocaso conjunto de la dignidad humana. La bancarización abstracta de la riqueza, canjeada por el agotamiento de los recursos biológicos, es la expresión más elocuente de regresión y decadencia con la que hemos sentenciado a toda actividad civilizadora a un futuro insostenible.

 
         
El orgullo de ser parte de un tejido social sano en un medio natural bello y sustentable, probablemente no sea ya una meta posible para la corriente cultural que conocemos como “progreso”. Habrá entonces que hablar de “regreso” o algo así, que nos faculte para entender que la “vida”, ese gran misterio, sobrepasa todavía nuestra capacidad de entendimiento. Pero que si cabe a cada uno entender que ya no somos responsables solamente de nuestra libertad, ni que la observancia de la ley, es en si misma una meta de convivencia para todos los casos. Hay otro orden inmanente, por fuera de nuestras capacidades perceptivas, que nos estimula y condiciona hacia nuestra verdadera naturaleza. Todos lo percibimos cuando disfrutamos de nuestra porción de agua y alimento, de nuestro lugar de abrigo y hasta del mismísimo momento infaltable de afecto.

 
   Pues bien, estructurar apenas una ponencia ética a partir de la armónica interacción con el entorno geográfico y biológico, representa para la humanidad actual un esfuerzo de tal envergadura, que no habrá ni ciencia ni creencia que no se vea afectada por el peso de dicho testimonio. Reponer el sendero evolutivo de nuestra propia especie en su natural entorno, constituye la utopía del actual milenio. Por otra parte aguardan resolución muchos síntomas sociales que han cobrado un notable agravamiento en el colectivo urbano del siglo veinte. La desaparición de la familia, la violencia urbana, el abuso de fármacos y sustancias intoxicantes, la mutación de la sexualidad, el avance de la indiferencia y el individualismo, la gran derrota de los sistemas morales. Todos gestos de desmoronamiento que aluden invariablemente a la derrota de nuestros sistemas de creencias. Otra vez, con la misma trascendencia que la historia aplica a las conflagraciones mundiales, habrá que asir estos problemas como los deteriorados elementos a reconstruir entre nosotros. La naturaleza juega esta vez un papel ejemplar; fértil en ejemplos, gratuita en recursos e inobjetable como testimonio. Oportuno será entonces detenernos a interpretar nuevamente sus legítimos argumentos. 


EL TERCER ESCENARIO 

Si os colocáis por un momento sobre las cimas de la historia, veréis al género humano marchando, desde los tiempos más primitivos, con una admirable solidaridad, a su desarrollo, a su perfección indefinida.  Todo, hasta las catástrofes más espantosas al parecer, vienen a tomar una parte útil en este movimiento progresivo. La caída del Oriente en manos de Alejandro es el complemento del mundo griego; la caída del mundo griego es el desarrollo del mundo romano; la destrucción del mundo romano es la elevación del mundo europeo; las victorias emancipadoras de América son la creación del mundo universal, del mundo humano, del mundo definitivo.  

JUAN BAUTISTA ALBERDI


2.  1. Allí donde la vida prospera naturalmente

  
   Acostumbrados a transitar por binomios y antítesis en la esfera de lo político social, es probable que un escenario tripartito, requiera de mejores descripciones y considerandos de los que se demandan usualmente en este campo.    Al binomio urbano-rural, se incorpora hoy un tercer término. Lo silvestre. No es menester definir mejor al terreno de lo urbano, ni tampoco hace falta aclarar que por rural, entendemos a la actividad productiva humana en el campo. Lo silvestre, en cambio, es ajeno a estos dos conceptos. Es indudable que de la conjunción  del quehacer territorial en sólo dos términos, provienen severas dificultades para apreciar el todo; y  que para entender el grave daño que estamos infringiendo al planeta, mejor sería prestar algo de nuestra atención, al único escenario donde la vida tiene posibilidad real de existir. El escenario silvestre.    Lo silvestre es espontáneo e increado y por sobretodo previo a toda intervención humana. Tal su condición y en este ámbito cohabitan todas las formas y esencias ajenas a nuestra facultad constructiva. Es el reino de la vida, allí se perfeccionan todavía los hábitos adaptativos de cada especie, e interactúan entre sí como presas o predadores. Todos los excesos se equilibran, se suceden las estaciones y las criaturas encuentran actividad y amparo según las beneficie más el día o la noche, lo frío o lo cliente, lo seco o lo mojado. El hombre pertenece también a allí; aunque actúe como si no perteneciera a ninguna parte. Es silvestre el mar, el clima y el destino común de nuestro planeta; todas y cada una de las formas de vida, e incluso el mismo ser humano es asimismo silvestre.

  
    Es este, como todo territorio salvaje, un ámbito en apariencia colmado de imperfecciones. Pero de estas dificultades, emergen las cualidades naturales que hacen a unos desaparecer y a otros continuar representando un mejor papel para su especie.     Antiguamente, se creía que lo urbano estaba regido por las mismas leyes naturales que gobiernan en este primer ámbito. Eran tiempos distantes y anteriores al racionalismo, eras en las que el derecho divino por su parte y los reyes, por el suyo; justificaban sus actos con idénticos argumentos que una causa natural demanda. Las pirámides y palacios, expresaban la consagración del dominio humano, como la forma culminante de adaptación biológica en cada medio silvestre. Fue lo urbano, la primera línea demarcatoria entre lo silvestre y el medio artificial humano.

  
    A las culturas las sucedieron las civilizaciones, y con ellas, llegó la necesidad de integrar todo saber que soporte la tensión poblacional. Este fue el impulso que sistematizó la domesticación de las presas y que hizo de la recolección de frutos, la actual agricultura. Así, se dejó de confiar en la espontaneidad del ciclo silvestre y cobró peso el territorio y la planificación, como herramientas indispensables para construir la potencia de un pueblo. Nacía el estado nacional, como la expansión de un modelo de adaptación fuertemente agresivo para el medio geográfico. Se demarcó el escenario rural. 
 
     Las metrópolis modernas, avocadas a solucionar todas sus necesidades a través de la unipolar mirada de sus élites financieras, depositaron en el saber científico la responsabilidad de no dejar ningún recurso librado a su suerte, y simplemente esto ha sido equivalente a eliminar de cuajo al género de lo silvestre. Aquí se origina el conflicto global del que resultará demarcado el tercer escenario.

  
   Dentro de la visión científico positivista, cada fenómeno natural individualmente tratado, puede ser reconducido, de acuerdo a un orden ajeno a su propia esencia. Pero el resultado, ha de modificar la compleja trama del proceso biológico del que emergió. Esto, ha sido hacer ciencia en tiempos modernos. No el impulso universal de interpretar a cada eslabón en la trama biológica que lo alberga. Sino un gran acto fallido institucional consistente en no querer saber, que una conveniencia unipolar no puede seguir conviviendo con el complejo orden biológico que la albergaba. Y de hecho, el nuevo estado multinacional propone no convivir ya con otras formas de presencia biológica y apela a eufemismos tales como intangible, en peligro o patrimonio de la humanidad, para invalidar cualquier gesto de interacción del hombre con su entorno biológico propio. Un hecho que bien saben, restauraría la diversidad cultural que cada medio geográfico impone a sus habitantes haciéndolos  simplemente libres. Una verdadera versión moderna de la red con la que el esclavista capturaba a la gente, pero sujeta sólo por el monopolio del conocimiento y el dinero. Un ejercicio de negación que como siempre sucede en estos casos detonará más cerca del que más esfuerzo ponga en no ver lo que sucede. Una característica típica de la post modernidad que nos define por oposición un tercer escenario, como aquel donde hemos de aprender a sobrevivir con lo silvestre.      Ahora entonces parecerá indispensable redefinir nuestra postura frente a la vida en su estado prístino, a lo ajeno a lo racional, a lo salvaje. Porque la existencia del proceso biológico y cultural del que provenimos, dependerá entonces de nuestros siguientes pasos.

 
2. 2. El precedente jurídico

  
   Para nuestro sistema jurídico, la condición de propiedad privada es la excepción, mientras que la regla, aplica la condición de terreno público o fiscal a toda otra condición ajena al interés privado. Todos los sistemas hijos de roma, son flexibles en cuanto al origen del proceso de apropiación de un fundo dado, pero nuestro sistema en particular, ha sido claro en cuanto a la condición de inapropiables de  algunos terrenos de interés común para la población.    Son públicas todas las fuentes de agua, lagos, ríos y vertientes. De todo curso, son públicas las costas hasta cincuenta metros más allá de la línea de mayor creciente. Es público el mar y sus costas. Las islas son públicas. Y en general, conserva la condición de tierra fiscal, todo territorio ajeno a la actividad productiva; desiertos, montañas y suelos estériles. Además son públicas las zonas de frontera o adscriptas a un régimen especial de apropiación. Como también lo están las reservaciones nativas. Asimismo las reservas y parques naturales son en su mayoría bienes del dominio público del estado según jurisdicción o competencia.

 
    Esta beneficiosa situación jurídica pronto nos permitirá pensar en una condición común a todos estos terrenos públicos, al menos en cuanto a lo que hace a su capacidad de sustentar vida y crear riqueza. Condición que en nuestro sistema jurídico local está pendiente de desarrollo.


2. 3. El factor social

 
     No es necesario recordar que a lo largo de nuestro continente americano, se han desarrollado tres de las civilizaciones más avanzadas de la antigüedad, entre otras tantas múltiples culturas prehispánicas. Pero la urgencia, nos exige ahora avocar nuestro enfoque hacia otro escenario social desapercibido por los artífices del progreso; y como siempre ocurre en los procesos de negación, seguramente desde estas sombras, provengan las respuestas más deslumbrantes.

 
     Una extraña regla social envuelve a nuestros sectores de menores recursos. Mientras que en los sectores carenciados suburbanos, el ingreso triplica al de los mismos segmentos en terrenos rurales; es en estos últimos donde se comprueba menor impacto de la pobreza. Para ser sintético, con un ingreso familiar escaso, en el campo se crían más y mejor los niños, que en los bolsones de miseria de las ciudades. Mejor alimentación, redunda en menor deserción escolar, que asegura un menor índice de delincuencia y un mayor grado de incorporación laboral.

 
    Sencillamente el mayor tiempo de permanencia materna en el hogar, la presencia o cercanía de abuelos y la capacidad de proveerse espontáneamente de alimentos por fuera del circuito comercial, o bien a su real costo de producción, obran un resultado social que no es despreciable a la hora de proponer caminos nuevos a un mundo inmerso en el hambre y el desconcierto económico. El medio social y geográfico vuelve a contraponerse al made self man del sueño americano.

 
    Quizás el escenario donde más recientemente se haya reinterpretado el valor del medio silvestre, sea con la reciente agresión a la selva amazónica. Allí la defensa del medioambiente recibió apoyatura local entre los seringueiros quienes habiendo sido arrojados al aislamiento durante la guerra del caucho, aprendieron a vivir entre la lujuriosa biodiversidad amazónica con mayor dignidad que nadie en una fabela del cordón industrial de San Pablo por igual ingreso. Capturaban peces, cazaban aves y presas menores, recolectaban frutos, e intercambiaban excedentes con otros pobladores dispersos en una intrincada red de caminos y vías fluviales. Se integraron con el poblador indígena, y hasta aprendieron a curarse con medicinas extraídas de la misma selva. Un modelo de integración reconocido en todo el mundo comenzaba a desarrollarse, hasta que el monocultivo de la soja y la hacienda vacuna llegaron a aplastarlo todo en pos de un excedente financiero captable sólo por individuos y corporaciones ajenas a la zona. Chico Mendes,  llegó a declarar que cada metro cuadrado de selva esta capacitado para pagar en un año por su propio precio inmobiliario en excedentes renovables. Maderas, fibras, medicinas naturales, alimentos, cueros, cupos de captura de caza y pesca sustentables, etc.
 
    Pero el peón rural siempre ha sabido vivir así. El coya del altiplano, el llanero venezolano, el isleño guaraní, todos juntos tienen muchas riquezas por proponer. Del reconocimiento de este nuevo etnos mestizo, donde el emergente social es sabio por deducción y no por inducción nacerá sin duda la diferencia entre pueblos sometidos y naciones independientes.
                     


2. 4. El momento económico

 
   Acerca del terreno económico, no hace falta explayarse mucho, dado que toda la unipolaridad actual es resultado de la consagración del sistema capitalista por sobre su contraparte el comunismo. Todo el polo financiero occidental soñó con el momento de poder determinar un encaje ilimitado por sobre una moneda global, dado que bajo ese imperio circunstancial, todo sería posible. Paradojalmente, lo económico a nivel global vuelve a regirse por un criterio de valor, inexorablemente producto de la comparación de dos términos oponibles e igualmente escasos. Por una parte el monopolio de la capacidad de castigo versus los neoficiócratas. O en términos más corrientes, la flota imperial contra los dueños de los recursos naturales. Los excedentes biológicos son vida y el resto la mismísima muerte.      En el plano nacional, el grado de endeudamiento pasa a ser anecdótico frente a los verdaderos elementos de inducción que parten de los estados imperiales hacia los pretendidos “emergentes”. El verdadero estímulo no es el crédito sino la diplomacia regional; el verdadero castigo no es la desinversión, sino la flota. Pagar o no la deuda externa, es tan indiferente al curso económico de las naciones, como devolver vasos de agua potable al mar.     Por último en el plano micro económico, nadie se explica aún como es que sobreviven personas con ingresos por debajo de los niveles mínimos de consumo. Y la respuesta, es muy simple. Se adaptan a otras formas de obtención de recursos, o simplemente, no lo logran. Hurgan en la basura como antes recolectaban frutos, delinquen con violencia como antes cazaban animales silvestres, se entretejen relaciones perversas como antes se consolidaban las relaciones familiares. Es hora de mirar lo que nos hacemos colectivamente, cuando recreamos un dispositivo inviable y lo que es peor, concientemente excluyente.     Pero a pesar de todo esto, es sin lugar a dudas la economía real, la que rige la prosperidad y la eficiencia de todo sistema. Dos son las verdaderas fuentes de valor: el trabajo y la naturaleza. El dinero, los medios de comunicación y hasta las fuentes de energía, pueden fallar. Pero mientras exista la posibilidad de poner con esfuerzo humano algo de valor agregado a cualquier fenómeno natural, seguirá habiendo cultura y por lo tanto una economía dentro de ella.
 
      

2. 5. El contexto histórico

 
   En muchos sentidos, la sobrepoblación consecuente al proceso industrial que tomara auge a fines del siglo XIX, calificó a numerosas regiones periféricas a este proceso de retrasadas. Un atraso con referencia a una mirada única de por donde pasaba el destino de la humanidad, que todavía hoy reniega de la autoría de todo lo que destruyo para sustentarse. El primer paso de esta “mundialización”, consistió en la coercitiva aplicación de su único criterio de desarrollo.  Sudamérica en particular se vio especialmente dispuesta a renegar de la potestad de desplegar una cultura propia. Y por ende, inhabilitada para reconocer sus propias ventajas ambientales. Proceso que si bien comenzó con la conquista, se transformó en doctrinario hacia 1880 en el Río de la Plata y luego de la victoria aliada de la segunda guerra mundial, invadió todos los distritos geográficos inexplorados de la región. Así, reemplazándolo todo por el progreso se abrieron vastas zonas vírgenes al arrollador paso de la explotación civilizada. La amazonia, el gran chaco, la llanura pampeana, la patagonia. Hoy, un nuevo etnos mestizo resultado del basamento racial originario y de la inmigración fugitiva del belicoso viejo mundo, concuerdan en la frustración remanente de toda aquella manera de no mirar una realidad geográfica diferente. Una intervención que hoy ni siquiera podrá disculparse reestableciendo los ambientes tratados con sus métodos coloniales a su estado original. Un salto al vacío, inspirado en la urgencia en ser como los “desarrollados”. Una demente alternativa que hasta en “ellos”, los presuntamente desarrollados, aguardo la paciente realización de su proceso propio de crecimiento, sin la intervención de nadie.     Ahora si que el cambio ambiental podría ser el verdadero fin de la historia y no el que pronostico Fukuyama. La pandemia de SIDA, revela claramente el desinterés de muchos países por sus sectores más marginados. El incipiente calentamiento y su real amenaza, el creciente nivel del mar. Las despiadadas guerras de exterminio. La descarada voracidad por el uso de los combustibles fósiles. Todas confirmaciones de que un modelo histórico, se va agotando.

 
   Toda la atmósfera es silvestre, el mar, el clima, toda forma de vida y hasta su mismísimo origen por teológico que sea. Cada ser viviente como expresión emergente de un entorno geográfico, es un misterio para la mente del hombre y lo seguirá siendo. Parte del reconocimiento de esta limitación, engendrará un nuevo criterio de valoración que reconsidere que las ciencias exactas no son la única forma de entender la naturaleza. En adelante será un saber multidisciplinario, multipolar, multitudinario, el que envuelva a los fenómenos biológicos y desde este aprendizaje conjunto, paciente y colectivo, hemos de encontrar nuevamente nuestro destino histórico como especie también silvestre.
 

2. 6. El antecedente cultural
 
     La relación con la tierra en América tiene antecedentes culturales muy profundos. En la concepción amerindia es la madre tierra la primea causa de todas las formas de vida, lo que hoy coincide absolutamente con el pensamiento científico. Todos los dispositivos de interacción natural eran materia de cuidadosa observación para los originarios americanos. Los hombres de medicina, atesoraban estos conocimientos que recibían y trasmitían desde tiempos remotos. Pero la intervención violenta de la conquista persiguió específicamente todas estas formas de conocimiento alternativo al europeo, como si la ignorancia fuera un requisito para ser sometidos por ellos, más relevante todavía que la mismísima rendición militar.     En América del Norte no fue muy distinta la conquista. Si bien inicialmente las trece colonias dependieron de trece primeros acuerdos de convivencia que la corona británica firmara con las trece naciones originarias correspondientes, la traición de los colonos a su rey determinó una ruptura de este primitivo buen trato. Tan pronto como se consolidó la independencia en aquellas tierras del norte,  comenzó un inclemente genocidio. El “farmer” fue un usurpador armado y sus fundamentos de ocupación una simple apología del crimen. No se necesita ser semiólogo para detectar en los vocablos “cow boy” y “ranger” el arrastre de esta herencia; ni tampoco ser intelectual para rastrear su funesta influencia hasta nuestros días.    En América del Sur en cambio, el modelo independentista supo recuperar lo mejor de las culturas que lo precedieron. Una fórmula mestiza que hasta en la mismísima genética revela ser siempre una síntesis de aptitudes. La estancia jesuítica, la representación de los hacendados de Mariano Moreno, la consolidación de la república bajo una única condición de ciudadano. Sólo bajo el peso de la extorsión política y de la representatividad mediatizada, fueron nuestras formas políticas insensibles a la problemática de la vida humana. Y eso habla muy bien de la cultura de un pueblo y de los valores que allí se sustentan.
 

2. 7. La restauración de nuestro hábitat silvestre

 
    De nuevo se hace evidente que es desde la naturaleza que parten las intenciones más auténticas. Solas se imponen las verdades, las realidades y las construcciones naturales por su propio impulso. Y así como en el plano individual, la voluntad se expresa más cabalmente por la concreción que por ningún otro medio. La construcción colectiva es la consecución de un proceso también natural y su resultado, debería ser tan espontáneo como la floración en la primavera. Y sin embargo no lo es.     

     Toda la capacidad de percepción que nos confiere la nueva era aeroespacial sirve para señalar lo valiosa que es el agua en estado líquido en el universo, a la vez que nos faculta para ver como sobre la superficie terrestre se extiende una infección que se está tragando toda la biomasa.    

      Toda la desinformación neo colonial adquiere un ridículo sentido en este nuevo mundo de la comunicación instantánea. Pronto, la velocidad de reacción de quienes circulan en el nuevo circuito de la comunicación instantánea, fertilizará una nueva unidad de acción de magnitud global en defensa del medio ambiente.    

     Sin intervención racional, ni propósito voluntario alguno. Las leyes naturales coexisten con la humanidad en forma benéfica, y su continuidad en el futuro influirá aún dentro de la civilización como inspiradora de nuevas tendencias y argumentos. Desde el tercer escenario, entonces habrá que desplegar el recorrido de las claves de interacción natural que devuelvan proporción a nuestra relación con la tierra, el agua, el aire y la energía;  como claves de la continuidad de nuestra presencia biológica sobre el planeta. Cada ecosistema tiene para ofrecer un cupo de extracción natural apto para sustentar la vida de la especie humana en el planeta. Todas las formas de vida coexisten bajo este orden sin que su proporción o desgaste merezca la especial atención de nadie.

     Desafortunadamente, la hegemonía global de una forma cultural autoritaria, ha impuesto formas de vida ajenas sobre ecosistemas de los que ignoraba su natural funcionamiento. Así aparecen en África y América, las especies ganaderas que otrora fueran domesticadas en Eurasia, como si la presencia de las herramientas caracterizara los oficios de una cultura y no a la inversa. Un siniestro cúmulo de simple ignorancia avasalló el único proceso cultural posible para la facultad cognoscitiva del hombre, en cada tiempo y lugar del que se trate, su proceso adaptativo. Los pumas, los guacamayos, las ballenas, estaban bien donde estaban y aprender a coexistir con lo diverso representará pronto la manifestación más refinada de una nueva cultura mundial, que ha de tener como propósito revertir nuestra involución como presencia planetaria, señalándonos por fin una trayectoria coincidente con nuestro medio ambiente natural que garantice la subsistencia de nuestra estirpe humana hasta que por fin seamos habitantes de una tierra que alguna vez ha tenido la cortesía de pedirnos que seamos la especie dominante de este planeta , y que quizás no tenga la costumbre de hacerlo dos veces.     

     Un enorme camino nos aguarda en Sudamérica, reponiéndonos primero de la brutal agresión que ha triturado todos nuestros ambientes naturales a favor de una vacía valoración del recurso biológico, solamente validado por su capacidad de ser absorbido por la patética civilización europea como excedente exportable. Un gradual retiro de la invasión de especies exóticas, incapaces de interactuar armónicamente con el resto de las presencias biológicas. Y recuperando para nuestra población la dignidad de ser la parte más sagrada de la tierra.
  
                         

LA NUEVA CULTURA AMBIENTAL
 

“Yo les diría a los escritores, a los músicos, a los pintores: vayan a la pampa, a los montes,a las sierras y recojan el inmenso caudal disperso, que aún están a tiempo para salvar el folclore nativo. Triste será que las futuras generaciones nos pidan cuenta.Triste será que no podamos decirles que fue del gaucho, y que hemos hecho para mantener la tradición nacional”. 
 
 

FLORENCIO MOLINA CAMPOS
   

3.  1. Desde el enfoque actual 
   
    Discernir cual debe ser el enfoque en un contexto social dado en rubros como urbanismo, alimentación y medio ambiente; no puede ser una tarea menor.  Simplemente, abordar la reflexión personal en terrenos en los que la vida es o no posible para los propios congéneres, ha de escapar a la mera reflexión intelectual. Siempre ha de ser moral un conflicto en el que otro ser humano está involucrado. No sólo es inmoral el tirano, también pueden llegar a ser inmorales las representatividades que eluden la delegación del poder popular o inducen la voluntad de los demás mediante engaños. Este es básicamente el argumento de la política actual y su legitimidad como norma de trato político. Cuando quienes encienden propuestas intelectuales, abordan nuestra realidad social en Sudamérica, se ven expuestos a tener que discernir entre esquemas mentales forjados por fuera de la causalidad que rige en todos nuestros actos. Muchas veces hablamos, como si en lugar de solucionar nuestra realidad cotidiana, estuviéramos obligados a dar lecciones de una pertenencia intelectual imaginaria que nos suscriba en la continuidad del pensamiento oficial del hemisferio norte. Es antes que todo moral la ventana de entendimiento que permitirá ver y reconocer cuales han de ser los rumbos de una cultura sea donde fuere que su presencia esté ubicada. Y moral es también todo compromiso político que curse acciones entre personas de cualquier condición y procedencia. Este es siempre un requisito previo mencionable a la hora de ejercer públicamente el derecho de opinión sobre temas que nos conciernen a todos. El principio de realidad es mudo, sin valores que lo hagan sustentable como evento verdadero. Por eso el quehacer cultural está por encima de la ciencia, la diferencia está en el compromiso ético.

  
     Esta civilización moderna, enfrenta ahora mismo una crisis de viabilidad aguda. Uno de los grandes factores de los que se ha nutrido hasta ahora, es de la potestad de discriminar razas y regiones como si el mundo le perteneciera por entero a una sola genealogía sanguinaria. Muchos intelectuales, se discriminan solos cuando víctimas de sus propias afectaciones, desoyen las voces de su suelo y de su gente con tal de no verse envueltos en un debate que los aleje de los centros bancarios y sus encumbradas corrientes de pensamiento. Cada vez con mayor nitidez se puede apreciar que los conflictos que desbordan la capacidad política de gobiernos y naciones civilizados, son justamente los que dentro del presunto plan civilizador, están relegados con una justificante discriminatoria, en razón de razas, creencias, regiones, etc. Los argumentos que aprueba este “gran corrector” son para ellos, los “políticamente correctos”. 

  
   Hoy, gracias a la inmediatez de las comunicaciones globales, detectar la falsedad de los propósitos progresistas que parten de los países centrales, no es difícil para nadie. Lo grotesco es recordar cuando sus argumentos se esgrimían en nuestras tierras con la misma impunidad que se los escucha hoy mismo en alusión al Oriente medio y África. Recetas mentirosas, que concentran la capacidad de decidir en el nombre de toda la humanidad, en unos escasos iluminados. Sistemas abalados por el soborno de la dirigencia emergente y la infinita voracidad de los autócratas de siempre, son los que crean la catástrofe humanitaria en la que ya estamos todos inmersos.

  
   Pero la civilización en particular, no es un proceso cultural diferente de los demás. Por lo pronto, podríamos llamarla seudo cultura a juzgar por las muchas consecuencias que nos ha dejado. Es seguramente, que hacer ciencia no es exactamente crear saber en el plano colectivo; como no lo es tampoco imprimir moneda, el único factor para crear riqueza. Sino más bien, una de sus consecuencias de secundaria relevancia.

  
   Hoy la ciencia aplicada en todos los escenarios de actividad humana, crea una paradoja de aprovechamiento, que hace insostenibles las explotaciones simultáneas de recursos naturales diversos. Un uso sin disciplina, que compromete nada menos que la continuidad de la presencia biológica del ser humano sobre el planeta. El agua potable, la corteza fértil, el clima y los recursos energéticos, van estrechando su capacidad de absorción frente a cada cambio hasta que alguien decida dejar de mirar tanto hacia el futuro y percibamos todos, lo que se deja en el trayecto abandonado como basura. Especies, personas, razas enteras y la lista de perjudicados crece más todos los días. Algo muy científico que ya no es más moral para nosotros ni para nadie. La catástrofe ambiental, las guerras en impiadosa desigualdad, la indiferencia frente a la pandemia. Letra y música de una tiranía unipolar y genocida en la que se embarca hoy la propuesta global de la cultura anglófona.

  
     Basta recordar con algo de ironía, las creencias científicas acuñadas en la vieja Europa durante la era victoriana, para ver claramente a donde apuntaban todas las equivocaciones. Hoy, la civilización europea se ha desenmascarado sola. Carece de valores y repite significativamente la antropofagia maltusiana como conducta. Proponer un nuevo esquema de desarrollo regional, a los pueblos de todo el orbe, es seguramente lo que todos esperan en todos lados. Rearmar nuestro propio espacio y reencontrar en el surco de las pisadas del hombre sudamericano nuestro destino, será entonces nuestra particular forma de interpretar el desarrollo y eventualmente el progreso, si es que alguna vez nos hace falta.

 
    La prosecución del proceso evolutivo del ser humano no es un tema médico, ni nunca lo fue. Sobrepasar la capacidad cerebral de un homínido arbóreo y desarrollar la facultad de emplear herramientas manuales, no son actividades cómodas de desarrollar en un consultorio. Es la humanidad un complejo cúmulo de elementos materiales, biológicos y sociales, que tienen por resultado al ser humano actual y no al hombre moderno. Por eso debemos estar atentos a todas las formas de trasmitir y acumular saber y compartirlas entre quienes honestamente coincidimos en los mismos valores humanos. Entre todas sus fuerzas condicionantes, la presencia humana navega su destino gracias a la continuidad del proceso biológico que la sustenta. Dañar este proceso, no sólo es incultura. Es genocidio. E ignorar que curso de acción orientará nuestros futuros pasos; demencia pura.
 
      Así como para el oído del músico, el orden de los bemoles es una  secuencia estricta e irremplazable. La natural secuencia en que cada una de nuestras funciones biológicas se relaciona con su entorno, es también un orden estricto de actividad cuyo resultado natural, es la presencia de una cultura humana en cada región de la tierra. La conjunción de los factores materiales, biológicos y sociales apropiados, tiene naturalmente el mismo resultado. Año tras año, se ordenan los ciclos naturales sin la intervención de nadie y su efervescencia demuestra la concatenación de sucesos que tiene a la humanidad como resultado emergente. Algo impulsa tan benéficamente la vida sin que lo notemos. Pero si bien nuestros sentidos no poseen capacidad de guardar un registro directo de este fenómeno mágico, lo menos que debe hacer cada uno de nosotros es honrarlo con nuestro más honesto sentimiento de respeto. Preservando el aire, el agua y la continuidad biológica de la vida como elementos infaltables para la presencia humana sobre la tierra.

  
     Desde la perspectiva opuesta, el individuo humano describe en aplicaciones adecuadas a su dimensión personal, todos los requerimientos que la especie demanda de su medioambiente. Desde el aire puro, hasta el afecto, no hay placer en la sicología humana, que no satisfaga la directiva de un instinto primario. Cada nota en el concierto de las especies silvestres se escribe igual en una única partitura compuesta por el concierto de la vida sobre el planeta. Y como si no todos fuéramos igualmente salvajes, ahora una clase de señores hiper desarrollados, cree tener el derecho de conducir todo este complejo mecanismo por el imperio de la fuerza. La democracia, es nuevamente una estructura en el mundo de los deseos. Es nuevamente hora de incorporar a la libertad como motivación en la lucha social de nuestro pueblo y en su capacidad de proyectar para si mismo un destino más próspero.
 
      Ni las cortes reales, ni los bancos que hoy tan claramente vemos declinar en la vieja Europa, sabrán nunca de todo lo que hemos debido perder para pagar por el brillo que nos dibujan haber tenido en el pasado. Un manojo de retratos y un par de enciclopedias, no justifican la destrucción de toda otra forma de cultura, de todo medioambiente, de todos y cada uno de los idiomas acuñados en dolor y aprendizaje milenario que se van perdiendo en el olvido. Por eso, “Cultura ambiental”, como término.

3. 2. Hacia un nuevo modelo ambiental sudamericano

  
   No parece necesario hacer correr más tinta con las ventajas que Sudamérica posee, como escenario social y natural dentro de esta nueva etapa. Estados en paz, con todas las diferencias raciales imaginables. Ventajas geográficas suficientes como para sustentar al más grande de los imperios. Y sobre todo un nivel de conciencia individual abierto a la percepción de todo cambio. Todo está orientado hacia su mejor condición por imperio de la naturaleza que lo gobierna.

 
   Sin embargo, una permanente oclusión turba la mirada de nuestros cuadros directivos, condicionando toda forma de liderazgo a una única manera de interpretar al progreso. Este factor ha determinado que prefiramos introducir soluciones ajenas, en lugar de arreglar nuestros propios problemas. Que califiquemos nuestra actividad por la cotización de sus efectos externos. Que ni sondeemos la satisfacción de sus beneficiarios internos luego de  cada esfuerzo. Y que reneguemos de nuestra capacidad de futurar colectivamente como nación desde nuestra particular experiencia como pueblo.         Es multicolor el resultado natural de todo ejercicio intelectual y mucho más en un escenario mundializado, pero si disponemos de la sensibilidad para percibir como el aleteo de una mariposa en China, bien podríamos proyectar los términos de estos modestos análisis hacia los extremos de nuestros intereses más legítimos. Aún hoy se pretende ignorar la gratuidad con que los fenómenos naturales nos nutren, al igual que lo hacen las mismas energías, con todas las demás especies animales, y aún cuando este proceso no figure en la contabilidad de nadie. De aquí parte la escasez, y por lo tanto, la exclusión y el hambre. El más urgente de todos los intereses es el de repensar la presencia humana dentro de la biodiversidad natural que alguna vez nos diera sustento. El derecho supremo a una cultura propia, como resultado inmutable de un medioambiente geográfico determinado.
 
     La actual unipolaridad global, parece heredera del monopolio de la coerción y no de la adhesión. Sencillamente, es la continuidad de enmiendas acuñadas sobre aberraciones vetustas. Soluciones obsoletas, hijas de las más primitivas modalidades organizativas caracterizadas por la exclusión racial, religiosa y también intelectual. Discursos inteligentemente hilvanados por los beneficiarios de recursos forzados por la escasez de moneda y no por la fecundidad que cada región concede con sus legítimos excedentes naturales.       La nueva multipolaridad que comienza a crecer en la región, exige reinterpretar a cada marco geográfico por separado, a cada grupo social por su derecho a sostener su propia cultura y al nuevo conocimiento universal como a la múltiple deducción abierta y dinámica a la que todos nos integramos, gracias al perfeccionamiento de los medios de comunicación global, y sobre todo al derecho a la autodeterminación que cada pueblo merece y elige también colectivamente todos los días.

  
   Convivir con la biodiversidad, impone a su vez, límites naturales tan tangibles como los mares o las cordilleras. Reformar poco a poco nuestra actual manera de vincularnos con la tierra habrá de comenzar indudablemente por un hondo cambio en nuestra cultura. Reaprender el sendero hacia el respeto de todos nuestros sistemas biológicos y sus múltiples formas de vida, conforma en si mismo una manera diferente de abordarnos a nosotros mismos y a nuestro papel en el tejido social, al punto de entender que desde los procesos naturales hay vida y fuera de ellos simplemente la nada. Somos originarios de esta tierra y cada uno de la suya. Sin más distinciones sociales o económicas. La población emergente de un medio diverso generará por supuesto una cultura diversa en cada campo, el ejido urbano, el surco agropecuario, el trasporte y hasta la educación serán distintos. Un interminable registro de artes y técnicas será la cotidianeidad del hombre del mañana cuando despliegue como un deportista su día entre bosques y estepas compartiendo con sus congéneres e interpretando cada día su parte en el saber universal de una nueva era, donde el ser humano retoma su posición más legítima en un planeta nuevamente silvestre.

3. 3. Los nuevos desafíos de la cultura ambiental 

    
No es que en el “primer mundo”, no se hayan percatado de la catástrofe ambiental. La razón por la que debemos ocuparnos nosotros de este tema, es que debemos ver por nuestro destino antes de ser instrumentados por otros, que si ven convenientemente por el suyo propio. Un creciente interés en captar todo argumento ambiental, comenzó a crecer de repente en el ceno del siglo XX, hasta transformarse en una verdadera furia ecologista. Incapaz de retrotraer todos los intereses económicos involucrados en la extracción de recursos naturales, un nuevo discurso de lo intangible comenzó a ocupar terreno hasta hacerse norma de aplicación común en cualquier escenario natural del que se trate. Prohibido quedó todo lo que carezca del beneplácito expoliador y de la unipolar perspectiva legal y colonial con la que se ensañan con nuestra tierra patria. Pero prohibir una acción y financiar otra, no significa proteger el medioambiente, sino unificar la forma de su aprovechamiento. Sencillamente, La desmonetización de un recurso lleva a su destierro; del mismo modo que la marginación es consecuencia del desempleo. Es nada más la versión contable lo que nos repiten, la lisa y llana conservación de intereses bien consolidados sobre la tierra ajena y la explotación de sus recursos. El modelo sigue siendo la mismísima desvalorización de nuestras regiones geográficas y nuestros recursos naturales más legítimos, con las consiguientes secuelas sobre la cultura y la conciencia de nuestra población.
    Además de la prohibición de cría y desarrollo de especies originarias de nuestro suelo y su reclusión en reservas intangibles, también abundan diversas otras formas de exterminio de la fauna y flora, todas de contenidos abalados científicamente. Una de las más nocivas y divulgadas, es el uso de agroquímicos. Toda la rica diversidad de nuestro suelo, es objeto de maltrato por parte de esta familia de venenos. Consisten sencillamente en exterminadores selectivos de flora y fauna diversa. Para nuestros agrónomos actuales, todo le quita vigor a los nutrientes del suelo y rendimiento a las cosechas, hierbas y pasturas son malezas, insectos  e invertebrados plagas que hay que combatir. Pronto el envenenamiento llega a las aves y a las aguas adyacentes y la vida por completo desaparece de la campiña. Cultivos intensivos como los de la soja y el arroz son especialmente  perjudiciales dado que prácticamente retiran más masa viviente de la que producen. El suelo mismo deja de ser una dinámica transformación de excedentes orgánicos para quedar reducido a valores conformados por su tratamiento químico. Así muchas otras presencias benéficas pierden su ciclo, algunas pueden emigrar, otras, sólo desaparecen. Asimismo, el efluente de la arrocera es una catástrofe de muerte y esterilidad por todos los cursos de agua que transita. Antiparasitarios, antibióticos y anabólicos a granel son parte también, del tratamiento veterinario de toda hacienda, la que también es rociada con “cura bichera” y hasta algunos laboratorios recomiendan productos endovenosos para alejar insectos molestos de la hacienda, como la mosca de los cuernos, por ejemplo. Todo va a parar también a nuestros alimentos con consecuencias sanitarias imprevisibles en el largo plazo.

 
     Un cordón perimetral de residuos, rodea los cascos urbanos de todo el orbe. Vertidos cloacales, efluentes industriales, residuos urbanos ansiosos por transferirnos su ponzoñosa carga de muerte y deterioro, son también el resultado de tanto conocimiento científico y tanta civilización alcanzada. Este sucinto panorama, explicita el umbral de aprovechamiento civilizador que nuestra tierra ha alcanzado ya en grado suficiente. Ahora harán falta las soluciones.     El actual límite que el agotamiento de los recursos naturales impone, en erosión del suelo, agotamiento del agua potable, y en el fin de los hidrocarburos de uso masivo, pasa a representar el ángulo más agudo de la crisis de la actual civilización occidental, y no la superpoblación como muchos autores proponen. Este género de agotamientos, no es otra cosa que pura desadaptación al medio natural, que se caracteriza por estar constituido de esencias que se regeneran a si mismas en complejos ciclos vitales. Los bienes a diferencia de los seres, tienden inexorablemente a su deterioro, dispersión o agotamiento. Ver nuevamente en nuestras estructuras actuales funcionar o no el ciclo regenerativo de la vida, nos dará la pauta de haber estado o no en sintonía con un destino perenne o caduco. El incremento de la agresividad entre grupos sociales diversos, esta basado, más en este principio de entropía, que en ningún otro factor. La avaricia es la madre de la violencia y no la naturaleza humana que bien dotada está de la capacidad ofensiva que requiere la vida en cualquier medio ambiental en que se perpetúe. Prueba acabada de ello es el desesperado esfuerzo bélico que las sociedades con mayores índices de consumo “entrópico”, realizan sobre las regiones ricas en recursos no renovables. Pasan con indiferencia por encima de la vida de sus congéneres para arrebatarles las riquezas que sus países tienen y con ello no consiguen más que acelerar el proceso económico que los ha llevado otra vez a la guerra y a la destrucción. La concentración del conocimiento, no resulta ya como en el siglo pasado, una justificación válida para ejercer derechos sobre otros pueblos supuestamente enrolados en etapas evolutivas de inferiores condiciones que las que comparten los países centrales. Ni la ostentación de conocimiento inmuniza contra la obsolescencia de los criterios proclamados.  La universalización del saber científico y la generosa divulgación del conocimiento que los actuales medios de comunicación permiten, invalidan la posibilidad de hacer pesar un privilegio de tal origen sobre el resto de la humanidad. Por el contrario, es el poseedor de la condición de supervivencia más sofisticad el personaje más expuesto al erosivo peso de la amortización entrópica.

  
    Pero nuestro desafío en América siempre ha sido otro. Nuestro lema de ocupación no fue jamás el exterminio del poblador originario sino su incorporación a un nuevo y sintético proceso de desarrollo compartido. El sincretismo de nuestra cultura hispanoamericana, ha sido siempre la fórmula de adaptación al nuevo  ambiente social americano. El mestizaje subsiguiente, es nada menos que el origen de la raza criolla. Ahora bien. ¿Es en si mismo el mestizaje la condición social definitiva del americano del sur? Evidentemente que no, sino que al igual que con cualquier otra presencia viviente dentro de un sistema biológico ocurre que la conclusión del arribo de un nuevo elemento al conjunto, es su asimilación.
 
     Asimilación es el término que sintetiza la incorporación de lo nuevo; y por extensión asimilado, es el poblador originario de otra cultura que se incorpora. En una primera proposición parecería que asimilar ahora nuestra población a la misma condición de ser sustentable que poseyeron los pueblos originarios, resultaría en una pérdida de tiempo. Sin embargo, resulta inexorable el proceso de asimilación al proceso biológico, dado que en cualquier otro caso, el agotamiento del sistema expulsará al excedente por su cuenta. No se puede jugar con el agua potable, la superficie fértil y hasta con la respirabilidad del aire, por un tiempo indeterminado. Recobrar el ritmo de circulación que todo animal viviente posee en su medio ambiente, no es una utopía, sino una simple imposición material.    Inmigrantes de todas las razas, mestizados con centenares de estirpes originarias poseen ya un bagaje cultural propio con que interpretar su propia presencia en Sudamérica. En la búsqueda de los pasos y procesos de reincorporación armónica al medio geográfico deberemos proyectar nuestras propias construcciones colectivas o de lo contrario, continuar con la destrucción de nuestro hábitat hasta que las consecuencias por si mismas abarque todo lo que tengamos a la vista.

      Uno de los nuevos pasos en la reposición del hábitat ha sido el concepto de corredor biológico. Este criterio tiende a establecer una continua superficie de terreno silvestre, que abarque la mayor diversidad de distritos naturales posibles. Las altas fuentes de agua, los cursos y las características regiones que irrigan sus aguas, hasta la caída al mar, representan una configuración típica de lo que este concepto demanda. De esta forma todas las especies representativas de un eco sistema, al menos podrán tener un marco natural disponible donde desarrollarse.

  
   Otro buen criterio a aplicar, es el de anexar a estos corredores las reservas naturales disponibles, de forma que el sistema instalado vierta sus frutos de cuidado y protección en el nuevo recorrido, donde agua, aire y suelo prometan seguir siendo saludables. Los primeros parques y reservas naturales, han sido pioneros en la educación ambiental y un importante límite al afán destructor del medio ambiente hasta el presente. Pero no alcanzan a restablecer por si mismos el circuito de provecho y prosperidad que la tierra en su estado natural nos ha concedido siempre.

 
   Todo esfuerzo conservacionista será invalidado si no planea sustituir explotaciones intensivas. Nuevos intereses fundados en el desarrollo de especies nativas sin que necesariamente deban tener un mercado asegurado en ningún lado, serán los mejores aliados de la tierra. Intereses simplemente legitimados por quienes esperan trabajar y alimentarse dentro de una cultura sostenible. El regreso a la vieja estancia como modelo de convivencia cultural y de interacción sustentable, será otra incorporación al sendero de salud y continuidad que ya hemos delineado. Centenares de voluntarios se sumarían municipio tras municipio, con una convocatoria que llame a restaurar el ambiente natural tanto como la dignidad personal de alimentarse trabajando.
 
    Actualmente muchas viejas estancias reciclan sus centenarios cascos y recrean para los turistas algunas de las tareas características de nuestro quehacer campero. Incorporar la escuela, la recreación urbana y el deporte al aire libre de consumo interno, no parece contraproducente a este modelo. Centros culturales de la tierra sería un buen lema para la propuesta. Cantidades de tareas secundarias podrían quedar para la semana en un programa de inclusión de la tercera edad y de gente con capacidades diferentes. Producción para jardines, recolección de leña y frutos, la preparación de abonos y el reciclaje de materiales recuperables, en fin nada que un buen promotor cultural no pueda organizar. Un ensayo a toda orquesta de lo que siempre ha sido la vida, región por región. Una reposición armónica de nuestro sendero evolutivo por la que nuestra psiquis y por el que nuestro cuerpo está clamando. Un final merecido al encierro de la trama urbana y al también deteriorante entretenimiento electrónico y los malos hábitos nocturnos, que tantas consecuencias  insalubres arrastran. Cuantas sacrificadas escenas de gimnasio pueden sustituirse con un digno recorrido agrario y solidario. Cuanto más digno es vivir en una huerta colectiva que hurgar entre la basura por las noches. Para todos los segmentos, la naturaleza tiene un buen argumento. Cuantos ejemplos se pueden acuñar en lo que apenas es la pretarea de aprender a convivir con la propia naturaleza. Que corazón sano podría ahora abstenerse de soñar con una nueva utopía naturalista o no sumar fuerzas a esta nueva lucha por el medioambiente.

3. 4. La batalla por el destino común ha comenzado

     La naturaleza social de la especie, ha sido desde el comienzo de la historia, un factor determinante en la conformación de una cultura. Tanto el lenguaje, la escritura y la autoridad tribal como actividades culturales, reconocen su origen en hábitos adaptativos humanos construidos por decenas de miles de años de interacción silvestre.     Esta actual reconversión o sublimación de los instintos, que la civilización impone; no es infinita, ni su continuidad implica directamente progreso alguno. Cuando la estructura basal de satisfacción es abandonada, comienza a distorsionarse el propósito biológico del que siempre nos informan las patologías mentales. Construcciones adaptativas primero reconvertidas en deseos y quizás mañana, cercados por la escasez,  sólo sean privilegios. Un terreno fértil para la alienación, representan cada vez más nuestros centros urbanos, donde todo tiene un precio impuesto por otro. Y simplemente, la construcción de otro, nunca es idéntica al legítimo y particular deseo.
 
     Hiperdesarrollo, no es desarrollo. Post modernidad no es un avance tampoco en la inconsulta tarea de ser modernos. Sencillamente sucede que quienes han podido acceder a una condición privilegiada, conspiran continuamente por su sostenimiento y ya esta concentración abruma el entendimiento de todos los modelos políticos y sociales de construcción colectiva.                 Humildad frente a la majestuosa naturaleza humana es lo que falta. Inmoral es desalentar la resistencia a la hambruna, a la pandemia, a la desigualdad en la guerra.
 
      El desarrollo científico, fue un aporte incesante de optimismo. Sin embargo, nadie puede disimular lo trágico que resultará el futuro de la humanidad luego de haber depositado todo el proceso de acumulación de saber, en manos de estos organismos multinacionales de la exclusión y el genocidio planificado.
 
    Un atroz siglo XXI nos aguarda, aún más cruel que el XX, si no elaboramos nosotros mismos un “saber ser”, tan aborigen como el “estar siendo” que acuñó Rodolfo Kusch al aludir a los indios del altiplano. Una modalidad propia e irrepetible de vida con un camino tan aleatorio y flexible como el de cualquier especie silvestre. La prosecución del proceso de hominización es un fenómeno biológico independiente de lo que creamos, pensemos o hagamos como individuos. Una futura construcción coherente con la condición racional de esta nueva especie ha de aportar entonces una nueva solución desconocida en el resto de la naturaleza.
 
      El saber sobre una temática social es resultado de una experiencia colectiva. No tiene por que ser científico o religioso o emanado de institución convalidante alguna. El saber es conocimiento y en una magnitud social, la experiencia colectiva genera un verdadero saber grupal, que simplemente no puede ser científico por el carácter múltiple de su observador, que es tan múltiple como el observado. Pero es saber, saber complejo. El juego limpio en este campo, tiene nombres familiares: Asamblea, confederación, plenario. En todos los niveles biológicos hay armonía en el campo de la pluralidad. Abejas, cardúmenes, hormigueros, etc. El “saber ser” de los instintos primarios, que tantas veces ha inspirado en el hombre la existencia de una inteligencia superior en algún otro lado. Pero cual será esa condición superior para el hombre que trata de sobrevivir dentro de un estado moderno. Hasta ahora nuestro mejor intento ha debido ser entonces la democracia, pero que ha hecho hasta ahora el estado nacional democrático por nosotros como realidad colectiva.
 
      La moneda que inicialmente era respaldada por un patrón metálico, luego por la existencia de reservas y más tarde por una base abstracta, pasó a ser una herramienta de dominación. Los organismos multilaterales de crédito, sirvieron para controlar que los países emergentes no respalden sus economías de forma independiente. Los recursos naturales de los países emergentes entonces pasan a ser embarcados a cambio de monedas que poseen un respaldo militar y no económico, dejando cerrado el circuito del subdesarrollo en el tercer mundo.

     Embarcados entonces todos los países del orbe, en un modelo diferencial de estado o emergente o dirigente, los prototipos individuales de felicidad pasan inmediatamente a ser retocados. Una verdadera guerra de baja intensidad invade todo medio cultural de comunicación de masas. Cine, radio, industria gráfica y sobre todo la  televisión; imponen sustitutos a todos los modelos de identificación posibles, pero su irrealizable apariencia, en lugar de cultivar una felicidad más intensa, paradójicamente distribuye frustración y desadaptación en lugares y entre gentes que no conocen y que por lo tanto tampoco pueden expresar. La nocturnidad, la subcultura de las drogas, la puja por el “status”, la desconfianza de todo valor colectivo, el desarraigo y hasta la violencia racial; son efectos secundarios de un modo de vida falso, aún en el propio terreno donde es gestado. Todo un esfuerzo por sostener preeminencias culturales, valores de marca y capacidades de ser formador de opinión incluso en terreno ajeno, son algunas de las verdaderas intenciones de este modelo tan bélico y mortal como el mismísimo bombardeo.
 
      Así alentados, los fervientes adherentes de las generaciones más jóvenes acuden como los lemings al fiordo y colman un abismo que ya está lleno de reyes de la noche, especialistas en drogas, universitarios sin escenario y de futuros directivos de empresas liquidadas. Una larga generación de posicionados ganadores y aspirantes a burócratas, que nunca habrán de trazar una estrategia colectiva para su propio pueblo. Inventores de necesidades, dictadores y marionetas políticas, financistas y especuladores, nos han ocupado la parada con toda clase de fútiles motivaciones.       Entonces cuál será el “saber ser” del que hablábamos hace un momento. Cual la magnitud natural de compañía del prójimo que determinó nuestro proceso gregario. El calpulli azteca, el ayllu incaico, o el antiguo hatta aymará.  En el juego de los arquetipos familiares hay también diluidas otras intensidades para ingresar en el inconsciente humano. Cuál sería entonces la dimensión de lo social en el inconsciente colectivo. Algunas tradiciones apelan a la deidad para enarbolar una responsabilidad superior en el quehacer cotidiano.  La gens romana, el clan iroqués, la horda indo europea. Cuantos espacios hay en la agenda telefónica de la mente humana hasta alcanzar la saturación. Y cuando este cupo desborda, que antagonismos se generan. Cuántos habitantes por metro cuadrado tolera un escenario natural intacto. Acaso proteger el entorno natural no ha sido siempre una función espontánea inscripta por algo en nuestra conducta más primitiva. Nuestro instinto de conservación no señala como un perro acaso,  al que toma los alimentos que reservamos para los nuestros.
 
      No es un misterio para los arqueólogos actuales que el tamaño de las garras describe el volumen de las presas, y que además la fortaleza de los brazos cuentan del peso necesario de la ingesta. En estas leyes votadas por unanimidad entre dinosaurios, nunca yerra la naturaleza. Por tanto que podamos colegir en las ciencias sociales que bajo determinadas condiciones geográficas una densidad poblacional humana vive en paz y bajo otro imperio circunstancial probablemente no lo haga. Hay entonces una magnitud. Hay una magnitud ambiental geográfica y social de la felicidad personal de la convivencia armónica y de la pertenencia histórica. Y esta magnitud tiene como en la literatura griega leyes que no podamos transgredir sin pagar las consecuencias. Es entonces este “saber ser” colectivamente acuñado un habito adaptativo que pronto se entrelazará con nuestra propia experiencia social. Imaginar una vida más plena de felicidad, no ha de ser una cosa tan difícil. Y finalmente confiar en que el orden del desarrollo, no sólo es ajeno a nuestra voluntad sino que hasta podría prescindir en el futuro de nuestra presencia biológica si no nos adaptamos.
 
     Enfrentar así el verdadero desarrollo cambiará no sólo la perspectiva, sino que también el resultado de un nuevo modelo de construcción colectiva. La cultura de la felicidad, accesible de forma irrestricta, respaldada por la fertilidad y la riqueza “terrenal” a la que todos tenemos espontáneamente derecho.

  
   Un verdadero desarrollo nos aguarda entonces aquí en este costado austral de América, donde aún la tierra, el aire y el agua lo permiten. Un proceso de retorno hacia las legítimas fuentes de felicidad, compuestas por valores morales, tecnología y recursos naturales, darán nuevamente a luz una cultura más sana.    Sucesivamente se alejan, del estrecho sendero de la civilización, religiosos sin liturgia, científicos sin laboratorio, entre otros muchos marginales que no habrán de ser reincorporados jamás por la civilización moderna.

 
    Un ejemplar vuelco a las organizaciones intermedias, comenzó a indicar ya en plenos años ’80 que el sistema neo monetarista no planeaba una manera de inclusión para todos. Para el principio del nuevo milenio la tela comenzó a ajarse por los cuatro costados y hoy verdaderamente podemos admitir que crece un suave movimiento hacia una forma política más incluyente, en razón de su menor tamaño. En cuestiones referidas a la escala social, la calidad está regida por el bajo número de sus miembros. Este principio, en tanto sea trasladable al estado, señalará a la comuna como el terreno más adecuado para elaborar el próximo modelo de cambio.

     Desde los municipios sobre todo, se trasparentan exitosas políticas cooperativas. Desarrollos tan populares como los clubes de fútbol, engendrados entre vecinos y con el aporte solidario de todos, se imponen al ingreso de monopolios trasnacionales sin antagonizar con ellos de una forma desleal o destructiva, simplemente por imperio de la verdad crecen las organizaciones más perfectas. Los nuevos torrentes de opinión que parten de medios populares entre los que podemos referir a las radios, blogs, y a los canales de televisión locales, demuestran cuanto más loable es lo que está cerca de uno mismo en valores e intereses, que lo que se impone como temática cultural y periodística desde las grandes metrópolis. Empresas recuperadas por la calificación de los créditos que conservan los trabajadores, alejan de rubros enteros la posibilidad de obtener márgenes leoninos por parte de los inversores errantes. El hondo desprestigio en el que han caído los bancos y en general todo el mundo de las finanzas, no merece mayores detalles. Progresivamente la experiencia colectiva confirmará un inteligente trayecto hacia un nuevo paradigma colectivo congruente con nuestras luchas sociales más legítimas. Huertas orgánicas, emprendimientos para el autoconsumo local, el desarrollo sustentable de las especies nativas, el resguardo del artesano y la plena ocupación laboral de los más jóvenes, serán los temas trascendentes en un futuro cercano.

 
     Un nuevo localismo de absorción lenta, que carece de rivales, ha tomado la arena política de Sudamérica. Con paciencia de indio, ha cobrado raíz antes que follaje en un ambiente donde todos sus rivales, bien saben emplear la guadaña. Profundamente concientes de que la verdadera felicidad no se alquila, ni se copia de nadie, parece este nuevo movimiento sudamericano, ir acaparando victorias electorales sin ominosos festejos, ni excesivos planes de reforma. “Estar siendo”, parece la consigna kuschiana*, un lema para permanecer con humildad en el trayecto evolutivo de nuestra raza mestiza. Una evolución quinientos años postergada, comienza a trazar su rumbo por si sola. Con todos los ingredientes localistas imaginables, regresa el colorido a ganar las calles, corre por los caminos y entra en todos los valles. Una nueva democracia comienza a crecer en nuestra tierra sudamericana.
 
      Tanto la conquista colonial y sus secuelas en nuestras culturas originarias, como todas las formas posteriores de sojuzgamiento e intromisión que han pesado sobre nuestra tierra; no han alcanzado para impedir que la voluntad de nuestros pueblos se exprese. Todo esfuerzo por negar la vigencia de nuestro natural movimiento de emancipación no ha hecho más que confirmar su creciente desarrollo. A pesar de todas las acciones ejercidas a lo largo de estos quinientos años de historia, nuestros adversarios, no han podido más que proveernos de la experiencia suficiente como para tener hoy lo que tenemos, un movimiento nacional de coincidente trayectoria en todos los países de la América Latina.

 
    Un transparente futuro espera a toda nuestra región. Desde el originario encuentro del hombre americano con la tierra, se fecunda el aprendizaje de una nueva historia mestiza. Ninguna característica particular de nuestra tradición reniega de la posibilidad de integrarse a una conciencia más vasta. Por el contrario, todo saber está llamado por su propia condición a tomar parte de un destino universal en la experiencia humana. Un destino orientado al reencuentro con nuestras propias metas sociales nos convoca a la vez hacia una evolución distinta a la global. Metas sin tutores nos aguardan ahora sin mayores urgencias que las que nuestros propios tiempos nos impongan.

  
   A partir del descubrimiento de América, las pujas por la hegemonía mundial se trasladaron del Mar Mediterráneo al Océano Atlántico. Constante ha sido el peso de las grandes flotas coloniales en nuestras aguas americanas. Hoy persisten en prácticas arancelarias, bloqueos y todo tipo de barreras comerciales, las secuelas de esa constante canallada. El bloqueo de Cuba, la incomunicación de Bolivia, y el aislamiento del Paraguay, han sido también metas de una economía de la exclusión que como en el México actual, emplea el vocablo “libre comercio” para aludir a la barrera con la que se niegan los derechos más elementales de tránsito a sus ciudadanos y las equitativas condiciones arancelarias a sus campesinos.
 
     Pero la naturaleza inexorablemente favorece al que mejor se adapta a la tierra y a sus circunstancias. Y las ventajas que nos concede ser de Sudamérica son realmente generosas. Una forzosa globalización de las dificultades, nos ha venido contaminando con problemáticas totalmente ajenas a nuestro medio. El final del los hidrocarburos baratos y de todo parámetro monetario, la sobre valoración del agua dulce y la escasez de escenarios naturales donde sea posible la vida en estado salvaje; son calamidades generadas por la misma incapacidad que exhiben aquí los supuestos intérpretes de nuestro subdesarrollo.

 
    El agua potable, la capa fértil, la generosidad del clima, la enorme disposición de combustibles fósiles y la generosa capacidad de trabajo de nuestros pueblos, nos auguran un destino próspero. Sin embargo, un velado racismo contenido en muchas tendencias intelectuales que han anclado por este costado del mundo, han postergado la integración armónica de nuestras muy diversas regiones en una forma común de desarrollo. Nada impedirá que en el futuro intercambiemos abiertamente ideas y criterios aplicables a nuestras artes y conocimientos con todo el mundo. Como tampoco nada ni nadie impedirá que nos reencontremos de una forma natural e independiente con nuestro propio destino histórico. El de pertenecer todos a una misma Patria Grande.

  
   Nos encontramos frente a un cambio tan profundo, que no puede ser aún mensurado desde la perspectiva individual y cotidiana del ciudadano promedio. Un trayecto irrestricto nos convoca hacia un futuro colectivo cuyo inmejorable augurio anticipa el nacimiento de una nueva y promisoria etapa. Sin ni siquiera tener que debatir nada que ya no se haya rebatido solo. La convicción plena nos abruma a todos quienes percibimos que se aproxima un verdadero cambio de paradigma. Si jamás volviéramos a recibir inversores, si dejáramos de inmediato de importar manufacturas, si abandonáramos por completo el respeto a toda moneda extranjera y a sus financistas; seríamos la región más rica de la tierra y nuestra gente viviría aún mejor que en los países más ricos de todo el orbe. Regresar más que progresar, desacelerar mejor que dilapidar, preservar más que industrializar. Tocar la puerta casa por casa para poner y no para sacar. Preguntar sin imponer. Otra utopía está naciendo en el continente Americano.

      Templar el ser nacional, renovar la pertenencia de un pueblo, amar a la patria, o como se quiera llamar a la vocación gregaria de una persona hacia su gente y su tierra; no es atributo exclusivo del estado moderno. Es parte de una sagrada tradición fundada nada menos que en nuestra propia constitución psicológica. Como seres humanos no solo poseemos una naturaleza sólo individual, sino que como bien manifiesta nuestra condición de especie gregaria, la unidad biológica es nada menos que un clan. Una característica que no es resultado de una suscripción ideológica o moda alguna, sino que se trata de una condición que compartimos con casi todos los mamíferos superiores del planeta.

  
   En cierta forma, toda presencia biológica deja un rastro de reconocimiento e identificación en el transcurso natural de la vida de los otros miembros de su propio sistema biológico. No sólo aportan arquetipos los familiares. También arman su palabra en nuestro abecedario muchas otras formas de vida con las que venimos interactuando desde hace millones de años.  Los órganos de la deglución en las aves, indicaron tempranamente a Charles Darwin, de que se trataba la vida en esta tierra, cuando descubrió claramente que se modificaban hasta las formas de los picos, con tal de alcanzar el néctar de las flores.
 
     No le ha faltado a nuestra raza americana más mérito que a ninguna otra sobre la faz de la tierra para vivir y procrear en armonía con la naturaleza. Ni más apertura para escuchar e interpretar que el saber universal es patrimonio de todos los hombres del mundo, como para que no se entienda lo que hasta ahora han descrito estas páginas. Una forma biológica definitiva no ha de tener jamás ninguna especie del reino animal. El ser humano como parte interactiva del medioambiente será quien vele por la continuidad de la biodiversidad de cada región incorporada, como forma también de preservarse a si mismo y a su peculiar manera de integrarse en la cultura universal. Nuestra “cultura ambiental” sudamericana se presentará como una conclusión diferente a la civilización hasta ahora conocida, no solamente como expresión soberana de nuestra particular forma de vida, sino que también, invitando al mundo a integrarse, de la misma forma en que nosotros lo hemos hecho, en el nacimiento de esta nueva cultura, donde la prioridad no es ya ni el individuo, ni el género humano, sino la vida en todas las formas en las que aparezca.

3.  5. La reforma agropecuaria
 
     Para el debate clásico enfrentar este tema agrario, remueve viejos antagonismos primero inspirados en los antecedentes coloniales y luego en los fundamentos del estado moderno de derecho. Sencillamente tierra y potestad eran atribuciones fundadas en la teología en tiempos del absolutismo monárquico europeo. Los nativos y la hacienda eran dominios accesorios al derecho principal, y bajo ese sistema de creencias, el modo de relacionarse con los recursos naturales, pasó a ser subordinado a su vez a otras metas, supuestamente más trascendentes. Las cruzadas, la consolidación del estado nacional o la conquista de América, fueron causas justificantes con las que cumplir el mandato divino de la realeza y su corte de bestialidades.

   
   La emancipación sudamericana, retoma la relación económica con la tierra concebida por la nueva tendencia revolucionaria norteamericana y francesa. Particularmente en el Río de la Plata, la emancipación adquiere una característica libertaria también en el plano individual, aboliendo primero la “mita” y el “yanacón asgo” y más tarde, a la esclavitud misma. Pero el modelo económico de relación con la propiedad de la tierra y la igualdad ante la ley de sus ciudadanos, no terminarían por si, de resolver el entendimiento de que un nuevo continente merecía un nuevo modelo de explotación, específico a sus particulares  condiciones geográficas y sociales.    Sencillamente, así como el modelo colonial se circunscribió inicialmente a la extracción de semillas, metales preciosos y joyas, y no fue sino hasta la consolidación de los nuevos estados emancipados, que el modelo mutó hacia la exportación de materias primas. El modelo con el que se disponen a ejercer dominio sobre nuestra región ahora, supone simplemente la transferencia de riqueza concreta, a cambio de monedas con respaldos abstractos.
 
    Cada uno de mis compatriotas argentinos, por ejemplo, alimenta inconscientemente, a más de diez personas fuera de sus fronteras por efecto del modelo agro exportador que el país sustenta. Si multiplicamos el peso bruto de su exportación de alimentos por la capacidad diaria de ingesta humana y aún sin estimar que la mayoría de los ingredientes se preparan con un proceso de hidratación, que multiplica por tres o más su efectivo peso, como ocurre con el arroz o el maíz, por ejemplo; el número de beneficiarios se triplicaría. Y si además interpretamos que se trata de un país en perfecta capacidad de autoabastecerse de casi todo recurso necesario de origen mineral, energético, hídrico y que ha podido, intermitentemente, abarcar su mercado interno con una industria manufacturera orientada al autoconsumo, no podremos entender cómo su economía financiera sufre la devastación que cíclicamente la alcanza. Cada argentino, en síntesis sienta a la mesa de su casa a una docena de invitados todos los días, en cuatro comidas al día, por dos si es casado, por cuatro si es parte de una familia tipo y lo extraño es que no puede con todo esto alcanzar al final de su vida siquiera una jubilación digna. Es evidente que lo que falla no es la gente.
 
  
    No sólo son los cuadros de la Iglesia “tercermundista”, o los gremialistas, ni los comandantes maoístas, ni los militares nacionalistas, los que perciben la falla numérica del sistema financiero mundial con relación a América Latina, como evidencia el citado ejemplo de la Argentina. También los propios asesores económicos de las empresas y familias más prominentes del orbe, son los que indican que algo no funciona correctamente en las cuentas financieras del civilizado occidente cristiano. Es entonces un misterioso motivo el que alienta a radicar tanto capital extranjero en inversiones tangibles en nuestra tierra.  Estancias, bodegas, silos, empresas financieras y recursos no renovables, comienzan a evidenciar un alto nivel de preferencia del mercado mundial de capitales, en una evidente búsqueda por dotar de elementos concretos a la generación de riqueza abstracta. Entre los sutiles y discretos cultores de esta clase de “comodities” sudamericanos, han aparecido muchos conservacionistas que pregonan una ecología sin seres humanos, cuyo discurso coincide curiosamente con el temperamento de los organismos internacionales y algunas organizaciones intermedias de alcance global, que se insertan en la opinión pública local con el propósito de convencernos a todos de que nuestra tierra, es patrimonio de la humanidad.  Un tremendo cuidado merece, el agua potable, la capa fértil, el uso sustentable de la energía, entre una infinidad de temas ambientales cuya resolución nos incumbe sólo a nosotros. Pero por trascendente que sea el tema, deberíamos acordar desde ahora no repetir también aquí el mismo error de considerar al modelo ajeno de transferencia de riqueza, la norma de aplicación y uso de nuestra más apreciable ventaja comparativa frente a la inexplicable economía del resto del orbe.    Durante la efervescente década del 70’, toda América Latina vivió un proceso histórico de reivindicación social. El modelo económico impuesto con posterioridad a la segunda guerra mundial, reafirmó las metas de un occidente colonial, encabezado por los Estados Unidos, que obstaculizaba toda forma de desarrollo compatible con la práctica socialista. Una creciente postergación de toda meta social, y sobre todo las de incorporación de los sectores más postergados, parecía justificarse en nuestra región al igual que esta primera potencia, sostenía en el seno mismo de su territorio un fuerte régimen racista en contra de la gente originaria, latina o de raza negra indistintamente. La guerra fría, obligó a la universalización de un conflicto en dos matices de socialismo de estado; el modelo soviético y el chino. Nuestra región, pugnaba por definir un modelo más adecuado a las demandas populares, mientras sobre toda una generación se cernía un modelo represor que acabaría con la vida de cerca de medio millón de activistas políticos y enviara a varios millones más, a la cárcel, el ostracismo o el exilio. El movimiento político coronado por el ideario revolucionario latinoamericano en todas sus variantes formas, comprendió múltiples interpretaciones también, con relación al modo de extracción de recursos naturales. Una de sus “ideas fuerza”, fue la reforma agraria. Pero la aplicación de un criterio jurídico sobre la propiedad privada, por si mismo, no aplica a la tierra ningún factor de transformación. Si en cambio, la discusión sobre que hacer después con ella, estaba necesariamente vinculada a la forma de explotación requerida en cada tiempo y lugar del que se trate. Así, el latifundio improductivo, pasó a ser la materia inerte sobre la que recayera la mirada de los reformistas y aún lo sigue siendo. Consecuentemente, el modelo reformista, pasó a ser de explotación intensiva y hasta no fueron pocas las voces que hablaron de revolución verde, al aludir al ingreso de mayor tecnología en el campo. Pero desafortunadamente, en nuestra región todos los modelos agropecuarios sucumben ante la urgencia de la misma meta, la de canjear sus resultados por divisas extranjeras. Es así como la sobre explotación de la capa fértil es un denominador común a todo modelo de generación de recursos rurales en nuestro suelo.     La sintética respuesta a toda esta compleja problemática, no habría de provenir ni de la universidad, ni de la empresa agropecuaria, ni del progresismo sudamericano.  Algunos destinos la suerte los reserva a esos sagrados personajes que la historia no termina de asimilar rápidamente. Esos emergentes sociales cuya autenticidad no se puede soslayar por pertenencia y trayectoria, y cuyo destino sencillamente, ha de cambiarlo  todo, por la simple comparación de sus triunfantes argumentos. Así nace el extractivismo sustentable, el modelo de Chico Mendes. Para este modelo conservacionista, las reservaciones naturales dejan de ser materia intangible, para convertirse en verdaderos centros productivos naturales. Propuesto inicialmente para la región amazónica, caracterizada por la espesa frondosidad de sus selvas, este nuevo criterio habría de basarse en la elemental asignación de cupos de aprovechamiento a todos los recursos naturales, sin que por ello se vea afectada la totalidad del sistema biológico. Así la madera, las plantas medicinales, la captura pesquera, la extracción de carnes y cueros, no habría de exceder su cupo al punto de impedir que al siguiente ciclo, el resultado sea equivalente al de la anterior campaña. Parece elemental, pero el descubrimiento de que explotar la selva de esta forma era más rentable que talarla y consagrar su yermo páramo a la agricultura intensiva, fue tarea del modesto dirigente gremial de los seringueiros, los aislados acopiadores de la sabia del caucho, quienes además de recolectar materia prima para la fabricación de la preciada goma, aprendieron a cubrir con la selva del amazonas todas sus necesidades básicas.  El modelo opuesto, sostenido por los hacendados consistía en la quema y deforestación para el efímero empleo de la tierra como fuente de pastura y siembra. En la actualidad, Brasil ha implementado una modalidad de concesión pública, que sin enajenar la propiedad de la tierra, autoriza su explotación por períodos que pueden alcanzar hasta los cuarenta años, y que suponen el mantenimiento del medioambiente en su estado original, con la obligatoriedad de certificar inspecciones cada tres años. Dichos contratos involucran un proceso licitatorio que evalúa cada propuesta, las que a su vez se clasifican convenientemente en extensión, de modo que ningún poblador, emprendedor o empresario, se quede al margen de la actividad extractiva. Nueces, frutos silvestres, cueros, cría de peces de acuario y reptiles, etc. Un sinnúmero de oportunidades nacen a partir del aprendizaje de, qué es lo que da la selva, y qué es lo que se puede hacer con ella de una forma sustentable. Y esta propuesta, al parecer ingenua, no sólo garantiza empleo y aprovechamiento irrestricto en el tiempo de los recursos naturales, sino que lo más extraño de todo, es que al parecer todos los sectores involucrados, están de acuerdo. Sintéticamente  podría definirse a una actividad económica en un medioambiente silvestre como de extractivismo sustentable, como a aquella que luego de ser efectuada no modifica el ciclo natural del que parte: la calidad del aire, la pureza del agua, el volumen de la capa fértil, el número y cantidad de otras presencias biológicas, y por sobre todo la calidad de vida de sus pobladores. Por este motivo es conceptualmente opuesta a la deforestación, la fumigación y el monocultivo, entre otras muchas actividades a las que podemos definir como ambientalmente degradantes.

 
   Recientemente, el protocolo de Kioto, ha implementado un concepto económico verdaderamente innovador, que es importante mencionar en este punto. Este acuerdo internacional, ha creado un fondo para financiar el desmantelamiento de las fuentes de producción de gases de efecto invernadero y la reposición de actividades saludables que restablezcan el carbono a su ciclo natural.  Así nació el Bono Verde, proveedor de una nueva perspectiva económica para todo modo de explotación cuyo saldo ambiental sea químicamente mensurable como conveniente.

  
   En consonancia con este valioso concepto, podríamos nosotros planificar políticas de aliento o de desaliento sobre actividades que reduzcan la capa fértil, invaliden el uso de agua dulce, deterioren la composición del aire o derrochen energía u otro recurso natural no renovable. Sin duda esta capacidad de mensurar la actividad humana por su resultado ambiental, será una nueva herramienta para el diseño de futuras políticas en nuestra región. Estimo que bajo la luz de esta apreciación, los granos, la carne, o la madera, dejan de ser productos llamados primarios por la economía clásica, para pasar a ser formas secundarias de envasar nutrientes, regímenes de lluvia y aire en buen estado, a cambio de dinero. Este podría ser un interesante comienzo para evaluar nuestra relación económica con el viejo mundo.

3. 6. La revolución hidráulica en Sudamérica

  
   Tres mil años atrás, una curiosa simultaneidad tuvo lugar cuando diversas culturas de los más distantes confines de la tierra comenzaron un proceso que genéricamente se denominó la domesticación del agua. El drenado de pantanos, la canalización de los cursos menores, la presencia de cisternas y represas, pasan a ser materia común en cuencas como las del Nilo, el Ganges y el Yang Tse. Pero curiosamente, y sin poderse precisar aún la razón formal de dicha simultaneidad,  las culturas americanas, principalmente las del altiplano andino en el sur, las mesoamericanas y las del sur de América del norte, también comenzaron con esta particular práctica. 

    Esta inconfundible metodología de trabajo agropecuaria, tenía como meta la regulación de los ciclos secos a favor de la obtención de mejores excedentes rurales. Esta verdadera revolución, produjo inmediatamente una reacción poblacional que se tradujo, hasta donde la historia interpreta, inicialmente en la aparición de las primeras grandes urbes, las que posteriormente conformarían el advenimiento de grandes civilizaciones.  Ur, Nínive, Menfis, Tung Huang, Teotihuacan, Copan, Cuzco, Machu Pichu, Nagasaky,  pronto pasaron a ser los puntales del sostenimiento de un nuevo modo de vida que cambiaría para siempre la relación del hombre con el planeta.
 
    En nuestro suelo, no son pocas las evidencias de su paso y aún en muchas formas, la continuidad de la traza de aquellos arcaicos canales, ha dado origen a sistemas de riego actualmente en funcionamiento. Argentina posee dos regiones caracterizadas por una agricultura ajena totalmente al régimen de lluvias, una en la región cuyana y otra en el alto valle del Río Negro. Estas regiones caracterizadas por la copiosa producción de plantas frutales y hortalizas, han basado su riqueza y poblamiento en la divulgación de esta práctica extensión del benéfico alcance del agua.

 
   Numerosas cuencas hídricas aguardan un programa de desarrollo de este valioso recurso, cuyo efecto social es plenamente apto para la incorporación de mano de obra e inversión, tanto como a la vez no representa en si impacto ambiental alguno.  Cuencas como la del Bermejo en el noroeste de nuestro país, o  como la del Salado en la Provincia de Buenos Aires, necesitan de una decisión centralizada para abordar un cauce coincidente con nuestras metas de desarrollo. Es de destacar que la infinita gratuidad del principal componente de esta forma de desarrollo, no alcanza por si misma para acometer el respaldo que un verdadero proceso de desarrollo civilizador merece. Hay que alcanzar socialmente primero, el grado de decisión que merecen semejantes tareas y esta clase de  objetivos, que sin lugar a dudas requieren del poder de decisión del estado, como punto de partida para mover las fuerzas sociales que han de componer tamaño esfuerzo.

  
   Aún en regiones usualmente consideradas generosas en rendimiento agropecuario, el simple riego obra milagros triplicando holgadamente las cosechas que sólo esperan que el régimen de lluvias acompañe la maduración de sus frutos.  De modo que no sólo el manejo racional del agua, alcanza a multiplicar la superficie cultivable, sino que potencia la variedad y el volumen del rendimiento efectivo de la superficie tratada.

3. 7. La autonomía energética del tercer milenio

 
   En cambio, un área que tradicionalmente ha permanecido en poder del estado nacional en nuestra región como es el sector energético, tiende por diversos motivos a transformarse en un apetecible segmento receptor de iniciativas privadas.
 
    Así como en un tiempo fuera el manejo del agua la causa del desarrollo poblacional y urbano, así también el apogeo de la civilización europea está indivisiblemente asociado al empleo de combustibles fósiles, y su aplicación como motor de su maquinaria de crecimiento.
 
    Sin embargo,  la desventajosa escasez de este valioso recurso, expone a todo el sistema de desarrollo a repensar la forma de encontrar su gradual e inexorable reemplazo.   Así surge la necesidad de evaluar nuevos caminos en materia de energía y extraordinariamente pasan a ser relevantes como capital energético, fuentes de cuyo aprovechamiento la naturaleza se ha valido siempre de forma espontánea y que por ese motivo no ofrecen demasiados límites para su empleo. Nacen alternativas derivadas del viento, de la energía solar, de la disponibilidad hídrica y extraordinariamente también de la corteza fértil.
 
    Recientemente, los estudios sobre energías alternativas, tienden a coincidir en el aprovechamiento del hidrógeno como un combustible versátil para la generación de energía doméstica y el trasporte, que tiene por excedente no polucionante, nada menos que al oxígeno. Esta característica lo pondría por encima de toda otra alternativa energética a tener en cuenta en el futuro, dado que el venteo de oxígeno representa un enorme estímulo en la recuperación ambiental, sobre todo en el tratamiento de aguas servidas. Un factor a tener en cuenta dado que este sistema combinado con otras fuentes de generación de energía resultaría ambientalmente sustentable.
 
    Así es como por descomposición química del agua dulce, inducida por el elemental proceso de la electrólisis se obtiene gas de hidrógeno tan apto como combustible como cualquier derivado del petróleo y paralelamente, un milagroso excedente de oxígeno. El simple hecho de que el excedente no sea polucionante sino reconstituyente del medio ambiente, hace de esta forma de obtener energía una de las más aconsejadas para el empleo alternativo a futuro.
 
     Pero no solamente ocurre que existen energías que en lugar de polucionar, limpian. También sucede que la unificación de las antiguas fuentes de energía, dibujan en el tejido social, un tendido de dependencia a un poder central, cuyo efecto coadyuva a la sujeción del de la población a un determinado régimen económico, donde el cálculo de supervivencia personal, familiar o corporativo, depende de los suministros de energía provistos desde una fuente centralizada. Así ocurre con las fuentes hidroeléctricas, las plantas nucleares, y sobre todo en las que sean empleados combustibles fósiles.       Muchas de las energías llamadas alternativas, descentralizan la generación facultando al usuario a independizarse absolutamente de la red y por lo tanto de la incidencia económica de factores ajenos a su manejo. No está lejos en la perspectiva poblacional, un retorno a lo rural con las garantías de confort y esparcimiento que alcanzaron las ciudades durante el pasado siglo XX. Las pequeñas turbinas hidroeléctricas y eólicas, la energía solar y la generación de hidrógeno domiciliaria, son supuestos afines a esta idea. Cabe mencionar entre múltiples ensayos sobre la generación de energía que todas aquellas formas que consuman la capa fértil a favor de la obtención de sustitutos del combustible derivado del petróleo como los alcoholes o biodisel, representan una sintética expresión de a lo que puede llegar la indiferencia al hambre y al deterioro del medioambiente, dado que consumen material en perfecta circulación en la cadena alimentaria de la que depende también nuestra especie.

  
   Las tecnologías liberadoras como la generación eléctrica autónoma que facultan el sol, el viento y sin duda en un futuro cercano el hidrógeno, generarán un efecto independizador de toda red y por lo tanto de toda otra relación económica con el consumo y desarrollo facilitado por la energía. En los más remotos páramos agrestes, en el interior de los fundos rurales o en terrenos escarpados o aislados por los mares, el modo de vida no tendrá por que ser diferente a aquel que el siglo veinte propuso como exclusivamente alcanzable en el medio urbano. El viento, el sol, el río. Los mismos motores que mueven la vida moverán nuestra vida en un mismo sentido.

3.  8. Tecnología y cultura popular
 
    Básicamente un sistema represor funciona como vehículo de aplicación del sistema de creencias dominante, cuya impermeabilidad a la incorporación de nuevos criterios, se sustenta sencillamente por la elemental condición de sordera hacia lo distinto, lo remoto o lo no advertido. El derecho, ha sido el primer catalizador de la cultura y posteriormente, vehículo de trasporte hacia las formas civilizadas de vida. Tratar de ser parte de una civilización inducida no es desarrollo sino sometimiento.

 
    Bajo la luz del siglo XX, diversas formas de comunicación, superiores sólo en repercusión a la escritura y al habla, hicieron su aparición; pero aún cuando desde su primera aplicación han identificado su discurso totalmente al sistema del que parten, progresivamente un proceso paralelo al de la mera inducción, fue generando en el público expuesto, el criterio de análisis necesario para interactuar con ese discurso de una forma más libertaria. Ya no sólo la década del cuarenta encontró a la gente comentando las películas por teléfono, sino que la radio establecía con regularidad los ritmos de la familia tipo a todo el nuevo conjunto urbano y así sucesivamente, con la llegada de la televisión, o los medios actuales que resumen todas las formas de conexión multimediáticas, en recepción y emisión a través de la Web, a toda hora y desde cualquier parte.

  
   Así tejen sus códigos y lenguajes numerosas tribus urbanas constituidas principalmente por nosotros mismos, clasificados involuntariamente por nuestras propias preferencias, horarios, actitudes cotidianas  o esferas de interés personal. Este ordenamiento electrónico risiblemente, está induciendo un orden inconsulto sobre el tejido humano expuesto, así como velocidad de repercusión en los contenidos expresados, a la vez que homogeniza la dificultad geográfica bajo una misma lengua. Realmente el terreno más fértil imaginable para la prédica de un cambio.

 
   Sentados frente a nuestra problemática urbana, se nos ha hecho incomprensible el cambio de paradigma global. Tan pronto como integremos habitantes usualmente excluidos  a la aldea virtual en la que cotidianamente navegamos, comenzará a tallar la escala de un nuevo entendimiento. Todo proceso liberador requiere de un medio de comunicación horizontal y abierto. El resto, se impone  por si sólo, por el peso de la necesidad y la inexorable consecución de sus argumentos.  Numerosos cambios no pueden ser creídos a menos que se los experimente. Muy  pronto todos los cambios tecnológicos, rescribirán su trayecto con una nueva magnitud humana, donde el bienestar colectivo interprete la suprema perspectiva de desarrollo a alcanzar en un medio natural que se defina inalterablemente sustentable. 

  
     
Es indiscutible la comprobación de la virulencia, efervescencia y repentización que caracterizan a los movimientos sociales de principios de este incipiente siglo. No casualmente sus características coinciden con la nueva organización de las comunicaciones establecida por la revolución informática. Redes sin liderazgos definidos y con un enorme grado de multitudinaria erudición prosperan bajo el influjo de los megabitos y los kilohercios de la red de redes. Sin límites de tiempo y lugar las temáticas se clasifican a la par que proliferan los grupos más específicos. Una nueva pirámide social escenificada en los grandes portales de búsqueda nos encuentra a todos dispuestos a socializar de una forma jamás soñada antes. Como en las virtudes infusas de los ángeles, colectivos omniscientes dirigen su mirada sobre todo lo que toque sus intereses y reaccionan inmediatamente. Un milagro de integración que en su gradual extensión sobre poblaciones marginales, enriquecerá sin duda alguna nuestra cultura basada en la explicación del todo por la parte. Una fragmentación del discurso dominante diverso y pujante, al alcance del teclado y la pantalla. Pronto el salto tecnológico unificará todos los formatos culturales bajo especificaciones puramente digitales. Infinitas experiencias en el tiempo y espacio virtual compartido. Algo de cuyas consecuencias humildemente deberemos ofrecernos como simples testigos de un futuro que apenas comienza a tallar su surco sobre el terreno de la historia.

 

LA RECONQUISTA DE NUESTRA TIERRA PATRIA 

Del mismo modo que cada revolución geológica profunda
trae con sigo su fauna y su flora, cada gran transformación de la sociedad y del espíritu aporta en si misma sus figuras ideales.  

HIPOLITO TAINE


4.  1. Detrás de la conquista

  
   El poder del saber, es en el pasado histórico de la especie humana un tema esencial para el entendimiento de una cultura sea esta actual o remota. Si bien, en los grupos primitivos es simple comprender como su conocimiento los caracteriza.  Y en ese sentido, hablamos de cazadores recolectores, agricultores sedentarios o de constructores de pirámides. No es muy simple caracterizar al período histórico contemporáneo, fuera donde sea que su desarrollo tenga lugar. La multiplicidad de idiomas y culturas involucradas en la civilización moderna; la especialización funcional y territorial de sus individuos; así como también la enorme variedad de categorías de segmentación social surgidas por estos muchos motivos. Hacen de evidente dificultad la interpretación de la “ciudad moderna” en contraste con aquella de la que Foustel de Coulange alguna vez escribiera al describirnos  “la ciudad antigua”.

   
   Pero el entendimiento de este particular aspecto del poder, el del mismísimo saber. Nos faculta para entender la clave de adaptación de cada pueblo a su momento y lugar histórico. Allí guardados inexorablemente estarán los motivos de cada desarrollo y las causas de toda decadencia.
 
     Un delicado equilibrio atribuyen las civilizaciones antiguas a los fenómenos naturales. En aquellos politeísmos, donde las fuerzas naturales eran animadas por deidades mitológicas, la lucha por el equilibrio era la clave del relato ejemplar con que eran explicados los fenómenos ajenos a la capacidad de percepción e interpretación del hombre antiguo.    A cada deidad se la subordinó a su vez a un orden absoluto  director de todos los órdenes naturales. Los dioses eran concretos y todas sus acciones eran inteligentemente funcionales bajo la invocación de fuerzas rectoras de carácter universal. Tan universales quizás, como el alcance de la mirada de los demás pueblos, y también, porqué no, de sus mismísimos sucesores en tiempos en los que se conservaba ya la palabra escrita por sucesivas generaciones. Así un día Antígona le recuerda a su rey, que antes que las de la ciudad, el universo tenía sus leyes naturales. Y los griegos que estaban convencidos de querer ser bien vistos universalmente,  postergaron una “vendetta” pueblera a favor de un nuevo hombre con derechos universales.

     Para los grandes constructores de pirámides, hacedores de las más desarrolladas civilizaciones antiguas, la amalgama de individuos provenientes de distintos orígenes, supuso la integración en un único sistema de creencias que incluyera diferentes clases de cultos: primero familiares y luego tribales, conforme a los múltiples orígenes de los pueblos que asimilaban. De este proceso, ya trata “El antiguo testamento bíblico”, por ejemplo.    Pero la consolidación de un sistema de creencias que albergara una humanidad única, demandaría de una sutileza que aún ni “Amon Ra”, ni la “Pachamama” podían brindarle a los nuevos imperios históricos. Y la raza blanca aportaría el descubrimiento.     La diferencia entre una deidad menor indoeuropea con una función real y natural;  y un dios imperial sobrenatural y de atribuciones intangibles; pasaba entonces por la capacidad de abstraer un criterio de autoridad y transferirlo convenientemente a la casta gobernante. No se trataba para Atenas de un esotérico dilema teológico, el de dirimir que lugar le tocaba a cada semidiós que aparecía por el Mar Egeo. Sino más bien de una cuestión de estado. Así, coinciden las facultades divinas con competencias y jerarquías sospechosamente coincidentes con las funciones gubernamentales del estado imperial. Justicia, Salud, Guerra y Economía tenían las carteras ministeriales ocupadas, y todas con una conveniente sucursal en el “Monte Olimpo”.

   
   Esta relativa superioridad entre deidades, basada en la capacidad de jerarquizar a la de función más amplia y por tanto abstracta, que comenzó ordenando el politeísmo indo europeo, daría la clave para interpretar más tarde el absolutismo que produciría en la cultura mediterránea la aparición del monoteísmo. Con la consagración del monoteísmo cristiano, pasó a transferirse inmediatamente un derecho divino al Rey cristiano. En la Antigua Europa del Sacro Imperio Romano Germánico de Carlo Magno, se inauguró el derecho a cristianar todo el mundo conocido y consecuentemente a justificar su sojuzgamiento.

 
   El dios único, no deliberaba en combates ejemplares, ni registraba aprendizaje alguno con sus actividades existenciales. Con una capacidad inamovible distinguía el bien del mal de una manera espontánea. Era perfecto, lo que necesitaba un autócrata para dictaminar sin escuchar ni admitir diferencias.    Toda la oscuridad medieval transcurrió bajo estos principios rectores. Se definieron los reinos cristianos y los enemigos heréticos pasaron a ser objeto de justificado exterminio. Todo transcurría brutalmente recortado así por la ignorancia, hasta que la observación de los fenómenos naturales más simples, comenzó por poner en duda el conocimiento de quienes se suponía deberían tener la ciencia infusa y la infalibilidad debajo de la sotana.
 
    El iluminismo del siglo XV,  descubrió a este dios abstracto y lo reemplazó por la diosa razón, produciendo un meritorio cambio de una cosmovisión conocida como teocentrica, a otra que en adelante sería denominada como antropocéntrica. Un vuelco copernicano que no solamente puso al Sol, a la tierra y al hombre en otro lugar, sino que justamente es a partir de esa época en la que se atrevieron nuestros conquistadores a mirar más allá del Océano para encontrarse con América.

 
   Pero ambas posturas coincidían en un despiadado centralismo europeo, que pronto comenzaría a operar como primacía de la raza blanca. Aquí entre las tradiciones ancestrales del hombre de piel roja, podían encontrarse también politeísmos naturalistas contenidos por jerarquías piramidales coronadas por el padre sol y la madre tierra. Dadores del gran misterio de la vida que precede y continúa al individuo y que nadie tiene potestad de alterar. La deidad es sencillamente, la realidad ininteligible de la naturaleza y está presente en espíritu en cada forma que percibimos. Una cosmovisión intrínsecamente ambientalista, con la que jamás hubiera sido factible modificar la compleja continuidad de la vida en el planeta. Un sistema de creencias cuya piedra fundamental estaba coronada por un calendario cuya función aún hoy explica los ciclos de nuestros sistemas biológicos.

4. 2. Los verdaderos constructores de utopías

 
    Difícil ha de resultar la comprensión de un sistema político extinto, cuando desde el comienzo de la conquista, todos los textos reconocidos como historia americana, se describen dentro de un solo proceso social que para colmo, ni siquiera es el auténtico. Con anterioridad a los primeros contactos con el viejo mundo, en nuestro continente tenía lugar una forma política de sorprendente eficacia social, dueña de un enorme caudal de conocimiento y que hasta hoy resulta ajena al contenido educativo formal de nuestros pueblos. Parte de la dificultad de su comprensión, radica en que combinaba dos formas estructurales aparentemente antagónicas para la vieja Europa. Por un lado, concentraba toda la producción económica bajo el criterio de la comunidad de bienes. Y por el otro, sostenía una dinastía monárquica de carácter aristocrático. Suponer la coexistencia en un mismo dispositivo gubernamental de ambas corrientes, hubiera supuesto también la presencia de una civilización más compleja y evolucionada aún, que la que entonces se conocía en la misma Europa. Y sin duda esa percepción hubiera frustrado toda posibilidad de entender que ese “mal llamado descubrimiento”  fuera una forma de progreso para nosotros los americanos.

 
    Pero casualmente, esa inusual fórmula social, coincidía aproximadamente con los ideales de convivencia armónica de los textos bíblicos. En Particular con la estructura de los patriarcas antiguos, sus consejos de ancianos y su complemento femenino, una especie de gerenciamiento de la fertilidad que comprendía tierra, cosecha y rebaños en aprovechamiento colectivo. Así entonces nació en el seno del pensamiento occidental cristiano, una corriente que re imaginó una sociedad más justa a partir del conocimiento de cómo funcionaban nuestras instituciones originarias en América.       “La Europa del renacimiento fue conmovida por los tesoros artísticos que llegaban de la conquista de América y un verdadero cambio se produjo en el campo de las ideas. La tendencia humanista europea que trataba de superar su propia “cuestión social” tomó como modelo el socialismo incaico. Los tres utopistas renacentistas –Tomás Moro en su Utopía, Campanella en La Ciudad del Sol y Bacon en La nueva Atlántida- ubican sus ensayos imaginarios en zonas de América…” (Astesano, 46).
 
     Fue así como con posterioridad apareció en el seno mismo de la Iglesia católica, verdadera regente del nuevo mundo, una corriente que abogaba por integrar estos “buenos hábitos salvajes” en una forma de dominación menos cruel que la simple conquista. La orden Jesuita, pasó entonces a enarbolar en América, otra forma de relación con las culturas originarias. La enorme mortandad que diezmó las grandes ciudades aztecas e incaicas y el tajante desprestigio que rodeó a los españoles durante el descalabro de nuestras civilizaciones, aconsejaba explorar otros grupos étnicos aún no contactados. Así fue que durante el siglo XVIII comenzaron a surgir las primeras misiones jesuítico – guaraníes.      “El grueso de este nuevo socialismo misional que se organizó a la usanza del viejo socialismo incaico se desenvolvía alrededor de la “hacienda de Dios” o de la “propiedad de Dios” (el Tupambaé) a la cual pertenecía el campo cultivado por turno por todos los indios y cuyos productos eran para la comunidad…” (Astesano 82). “Todo eso era común, perteneciente a la comunidad y guardado en los almacenes del Tupambaé”. (Furlong 400).

 
     Pero, tan pronto como esta nueva civilización selvática cobró autonomía, el absolutismo europeo la reconoció como enemiga y lanzó sobre ella una nueva carrera de exterminio con la anuencia del jerarca romano. Transfirieron sus cardenales más tarde el patrimonio remanente a otra congregación que restauró la vil encomienda del nativo y las peores formas de explotación habidas con la mita y el yanacón. No sin antes maquillar al proceso con un discurso afable, similar al de las creencias naturalistas del nativo americano. Hermano sol, hermana luna, hermano lobo.

   
    Sin embargo, el “buen salvaje”, se las arregló para seguir siendo tema de la filosofía occidental en los textos de Rousseau e inspirador en Montesquieu de un modelo libertario, con que el pensamiento independentista europeo, planeaba también librarse del oscurantismo y volver a la carga, hacia finales del siglo XVIII. Pero el cambio no habría de tener lugar ya en la vieja Europa. Empleando en la partida nada menos que el mismo proceso de acumulación americano, la próspera cultura comercial del Atlántico, rompe el monopolio Español, bajo el indirecto apoyo de Francia, Portugal, Holanda e Inglaterra.
 
      Así pronto en un ajuar de revoluciones emancipatorias toda América queda comprometida. Las trece Colonias de América del Norte y las trece Provincias Unidas del Río de la Plata; pasan a conformar los dos únicos núcleos confederativos del mundo que sostienen los principios de este nuevo sistema conocido como “el estado de derecho”. Algo que no se alcanzó en ningún otro continente y tardíamente se lograría a medias en Europa. Así fue como se consolidaron aquí en América dos potencias democráticas modernas. Una en América del Sur y otra en América del Norte.    A partir de aquel instante el colonialismo se llamaría neo colonialismo. Un proceso que desde allí y hasta la primera mitad del siglo veinte se mediría en beligerancias mundiales, sólo tendientes a definir que flotas, cuales bancos, con que razas, desde que religiones y para que benefactores sería el atroz reparto de beneficios habidos en el resto del orbe. Un conflicto ya de dimensiones planetariastendiente a establecer a quien explotar y a quien enaltecer desde una legalidad tabulada para la exclusión y la apropiación irrestricta de los recursos susceptibles de valoración económica. Bajo dicha potestad, el privilegio militar y el resultado financiero, se fundaron las bases de la metrópolis moderna con su fenomenal excedente poblacional, el proletariado.
 
     Un desacierto que consagraría al creciente conflicto social a la categoría de emancipatorio con la consolidación de los nuevos estados socialistas de la Unión  Soviética y de China. Un retorno a la utopía colectivista emergido en el propio seno del positivismo científico y que profundizaría también nuestras contradicciones detrás de estas fronteras americanas.
 
    Nace el segundo conflicto del siglo XX. Una especie de orden mundial polarizado, llama primero segundo o tercero a cada porción del mundo según su nuevo criterio. Así entonces una guerra de baja intensidad socava toda posibilidad de estructurar política en nuestra región de una manera independiente. Más muerte, más expoliación y más miseria; de la que jamás se haya visto en la América Latina hacen estragos hacia mediados de la década del ’70 en toda la región. El enorme colorido intelectual que pudo haber cobrado Sudamérica en su diverso proceso de desarrollo, fue insidiosamente interrumpido por el autoritarismo militar, avalado por los mismos organismos internacionales y por las mismas potencias económicas que se decían triunfantes en la guerra contra el autoritarismo en Europa. Opresión, desinformación, persecución, retrazo, y toda clase de saqueo económico; aclararon pronto que aquel esfuerzo bélico no era inspirado por movimiento emancipatorio alguno, sino más bien por la mezquina consolidación de un nuevo poder multinacional ajeno a la voluntad de los pueblos libres. Eso motivó un patrón de resistencia popular que ya no fue liberal pero si libertario y que sin necesidad de ser ideológico, fuera en adelante la base de nuestros actuales movimientos de liberación nacional de Sudamérica. Indios, obreros, campesinos desterrados, inmigrantes marginados. Todo ese segmento ajeno a los centros de decisión que Scalabrini Ortiz llamó alguna vez “…el subsuelo de la Patria sublevado.” 

4. 3. El ocaso del paradigma

 
   Sueltos a su exclusivo arbitrio y con absoluta prescindencia de todo control, los grandes centros financieros del mundo se han erigido en los exclusivos rectores de una presunta economía globalizada. Un mundo concentrado también en superpoblados centros urbanos, cree que su subsistencia está exclusivamente vinculada a factores financieros y no biológicos. Para el capitalismo moderno, el temprano abandono de la moneda convertible en oro por otra de curso legal, fue más una ruptura de la economía con el medio ambiente, que un nuevo contrato social públicamente consensuado. Pronto una sinarquía* internacional acumulará también la estimación del factor multiplicador del dinero como propia. Con el hiper desarrollo, la infinita aceleración de la actividad económica, extrema este efecto a consecuencia también de las nuevas formas de comunicación instantánea.

  
   Como en el mito de “Terminator”, la inteligencia artificial escapa del control consciente del hombre. Un verdadero huracán monetario gira sin control sobre las cabezas de las metrópolis modernas. El efecto matemático de abundancia, contrasta irresponsablemente con la conciente escasez en la que la mayoría de la población mundial se debate.    Un preocupante escenario social que tiene en los más jóvenes a su más conspicuo “universo cautivo”, nos arroja a todos graciosamente a las manos de un dirigismo conductista al que ya no es posible contradecir ni objetar masivamente. Gira en los medios de masas una superestructura virtual en la que se cuecen nuestros instintos más loables como excusa para vendernos las más desadaptadas soluciones.
 
     Así es como están ahora abiertas las puertas de nuestros recursos al huracán monetario que todo se lo devora. Del puerto, partían las voces del “progreso” mientras la propaganda ofrecía prosperidades bancarias. Las flotas comerciales cargaban vacas y cosechas a cuenta de nuevos y cada vez más deteriorados instrumentos monetarios.    Del “progreso” prometido por el ferrocarril británico. A la furia del piquetero, que ve partir por la ruta camiones llenos, que luego retornan totalmente vacíos. Hemos visto repetidamente la misma secuencia de privaciones por despojos. Así con el caucho, el salitre, la fruta, el guano, el Cerro Rico de Potosí, la captura pesquera, etc., etc. Para encontrarnos un día con todos lo bancos vacíos y la gente hurgando entre los residuos urbanos por un poco de comida.

     Una forma de extracción de recursos naturales, analogable a una infección patógena, contamina ya toda la superficie del orbe. Desertificación, contaminación, calentamiento, deforestación, derretimiento de los hielos fósiles. La presencia humana, interfiere ya en la continuidad de todos los procesos biológicos, desbaratando su equilibrada continuidad. Un anunciado Apocalipsis provocado por una civilización de lo apropiable, que despreció al mundo real por salvaje, se cierne sobre nuestro futuro inmediato. Hemos heredado un fatuo individualismo cortesano, que nos ha envuelto en su trama sin ética ni respaldo. La educación, los medios masivos, el modelo ideológico, la religión, los partidos políticos, todos se han visto obligados a ser “civilizados” como los blancos del hemisferio norte. Y para ellos, la más grande de las responsabilidades por la situación del planeta.
 
4.  4. La ineludible continuidad de la cultura americana 

   
  
La percepción de los fenómenos naturales no ha podido escapar de los beneficios que este nuevo siglo está trayendo en el campo de la comunicación instantánea. El monitoreo satelital, la meteorología globalizada y el correo electrónico, entre otras muchas herramientas con las que hoy pueden ser observados los resultados de las diversas actividades del hombre moderno, arrojan una unánime conclusión. La civilización actual luce como una mancha patógena sobre la historia natural del planeta tierra. Por lo tanto, el redimensionamiento de la condición biológica de la especie humana a una nueva forma de fenómeno ambientalmente sustentable, representa una salida de una urgencia imperante.
 
     Calpully azteca, gens grecolatina o la punalúa polinesia; son todos sinónimos empleados para decir “unidad biológica de interacción entre lo humano y lo ambiental”. O en términos más simples, la familia sustentable. Desde la cotidianeidad de la tribu primigenia, es que se acuñaron las soluciones que conformaron por selección natural y asimilación cultural, el nacimiento de una humanidad solidamente adaptada. Allí dibujados por la dimensión colectiva, habitan nuestros arquetipos psicológicos, la talla de nuestro amor, la tenacidad con nuestros anhelos, la gravedad de nuestros conflictos. Dimensiones acuñadas por un proceso natural tan comprobable como aquel que alguna vez partiendo de un primate, estructuró la mano prensil. Un inobjetable sentido recobran las soluciones colectivas de las razas originarias. Pueblo tras pueblo, todas las culturas del orbe han aportado en experiencia y tradición, saberes entretejidos con la tierra. Un trayecto que atravesó la oscuridad de un pasado sin escritores, y que regresa con toda elocuencia a justificarse con nosotros mismos, como su más próspero resultado. No hay muchas y diversas maneras de sobrevivir en nuestra tierra. En adelante habrá que imaginar el pasado para que podamos interpretar de qué manera podremos salir adelante.

 
    Es curioso que la puja por la continuidad colonial, repita en sus actores, las posturas de los mismos personajes que emplazaron el conflicto de la conquista en nuestro “nuevo continente”. Los blancos, convencidos llenando barcos ajenos. Los criollos, mestizos y adaptables, haciendo todo lo posible por definir y sostener su intrépida posición. Y los indios, pacientes y sufridos espectadores de un anunciado desmadre terrenal, el “pachacuti”.  Tres personajes originarios de tres territorios profundamente diferentes y que se las arreglaron para construir en América los escenarios que mejor honraban sus creencias. La gran urbe, el modelo agropecuario, y la reservación silvestre, son dentro de este nuevo milenio, los sustratos ambientales desde los que deberemos reconstruir nuestro destino. No resultará entonces imposible anticipar que la evocación de un pasado social y ambientalmente armónico, comience a contraponerse al modelo desarrollista ya en franca decadencia.
 

  
   El patrón repetitivo de la armonía perdida, ha sido siempre un fértil inspirador de utopías. El poder convocante del progreso, resultará difícil de corroborar en el mediano plazo. Gestos de exclusión, muros y fronteras de hierro, concentración económica y cada vez más gente alejada de los beneficios mínimos e indispensables para llevar adelante una vida digna, giran en inverso sentido del que lleva el huracán de concentración monetario. Acción y reacción, de un esfuerzo de dos términos de indefectible antagonismo, indican que la búsqueda de la armonía se encamina hacia un nuevo modelo de actividad humano. Un ideal que por fin defina un modo de interacción natural donde la antropología reponga nuestro destino biológico junto con el de todas las demás presencias vitales con las que ha de continuar existiendo. Entonces sí los primeros condicionantes de todo lugar y tiempo, habrán de recobrar su determinante importancia. Una única experiencia colectiva, resumirá todas las formas de adaptación humanas, como el tesoro de sabiduría que jamás debimos abandonar.

4.  5. Las conquistas modernas

  
   Pausadamente, las fuerzas sociales, llegaron a la actualidad habiendo depurado prácticas y metodologías reivindicatorias, con las que intervenir de una forma más justa sobre las frías reglas del mercado liberal. Las reivindicaciones obreras o las mejoras sociales, apenas han cosechado frutos para sus magras gratificaciones en nuestra región. La insistencia en la inclusión urbana de los segmentos más postergados de nuestro vasto interior continental, no está tan ligada como se cree a una adhesión al desarrollo industrial, sino que estuvo alentada desde el principio por las formas extensivas de explotación rural. De esta forma se alentaron las migraciones, estimuladas por el acceso al empleo y a la educación pública, ausentes en los espacios propios del sector campesino, como si un nuevo ciclo biológico hubiera hecho su aparición en el terreno urbano. Tras este loable motivo se entretejían las alianzas trasnacionales de nuestros puertos con las metrópolis por consolidar sus inventarios de alimentos con la consabida expoliación de nuestros recursos agropecuarios. Tan poderoso ha sido el eclipsamiento de las culturas regionales, por este proceso, que en lugar de servir para reparar el atraso de los segmentos más postergados ha potenciado su alejamiento, exportando también de nuestros centros urbanos a los intelectos con los que alguna vez soñamos todos contar para fomentar nuestro desarrollo, terminando de alejar la mirada de nuestros cuadros de los recursos biológicos.

 
   Pero la desproporcionada depreciación de los productos industriales, con relación a los recursos naturales,  repone el “status quo ante” a la aparición de la  revolución industrial. Actualmente, entre los países en desarrollo, los ciclos económicos son factores de un inestable aporte a la planificación centralizada, que se agrega a los avatares naturales que han existido desde siempre, tornando así la continuidad de la prosperidad civilizada de azarosa estimación. Pero si agregamos como en la actualidad el factor bélico, la posibilidad de salir indemne del sistema occidental de desarrollo, resulta arto dificultosa.
 
    El permanente abaratamiento de  los procesos industriales, con relación al costo de las materias primas, repone un terreno más parecido a las primeras economías nacionales previas a la revolución industrial, cuando los economistas fisiócratas  aseguraban la continuidad del estado desde sus riquezas minerales.     Pero esta recensión qua afecta a las economías más desarrolladas en rubros como combustible fósil, actualización industrial, o consolidación financiera, no se ha expresado aún en conductas de masas, sino en una mayor exclusión social o su expresión más alta, la guerra. Por raro que parezca, los últimos actores en perder esperanzas en el sistema, son los más empobrecidos. Se insiste en pedir mejoras, empleo y asistencia social, cuando ya la continuidad del desarrollo no pasa por los grandes centros urbanos, sino que es allí donde se estancan las vidas de cientos de miles de seres que esperan por un futuro digno para ellos y su descendencia. Curiosamente, los modelos industriales más exitosos, son aquellos que han especulado al máximo con la remuneración del obrero, donde la economía familiar se debatía entre la hambruna y la miseria como en los comienzos de China e India, o las actuales “maquéelas” del Caribe Centroamericano. Curiosamente también los países capaces de acceder al hiper desarrollo fueron justamente los mayores protagonistas del hiper genocidio bélico del siglo pasado.

  
    La dignidad de la palabra, la concordia y la elevación hacia la forma colectiva propuesta, emanada de una autoridad integrada regularmente por la adhesión de todo adulto en edad de proferir opinión; son todas metas abolidas por el anonimato urbano. Mientras que en ámbitos colectivos, amalgamados por el peso de la mirada recíproca, la vida como institución, funciona espontáneamente.

  
    La familia, la pertenencia cultural, el sano principio federativo, entre numerosos principios generales rectores de la vida en común, muchas veces denominados como sistema de valores, donde el esfuerzo, la apropiación y el mérito encuentran la adecuada proporción que merecen en cada medio del que se trate, sin que deba intervenir ninguna secta esclarecida previamente por nadie.       La reconquista es otra construcción, donde el potencial generador de las energías naturales, es por fin la tierra y su indetenible ciclo evolutivo. Pero cuáles son realmente los soportes de la vida. Que factores garantizan la continuidad evolutiva de este sutil fenómeno que inexplicadamente nos abarca y abandona cuando quiere. Sin duda, los elementos naturales combinados físicamente, pueden convivir de forma inanimada entre si de forma indefinida, como lo hacen en los demás astros del sistema solar que hoy tan detalladamente conocemos. Pero la presencia vital más que del agua, el aire, la tierra y la energía, depende de un ciclo continuo y constante de relaciones biológicas que comienzan y terminan formando parte del mismo sistema. Dos son los elementos, dentro de los que el ciclo biológico tiene lugar en nuestro planeta. Uno de ellos es la superficie marina, no toda el agua que contienen lo océanos, sino que escasamente aquella sobre la cual penetra la luz solar facultando así a los más elementales microorganismos a prosperar y servir a su vez de sustento a toda la vida marina. El otro gran elemento, es la capa fértil, este escaso corte de menos de un metro en promedio, que recubre algunas afortunadas planicies de la ya escasa tierra emergida del planeta, constituye el principio y el fin de casi toda la cadena alimenticia relacionada con el ser humano. Pues bien, el volumen total de este recurso es hoy menor de lo que fuera alguna vez el volumen total de todos los combustibles fósiles sumados, carbón, gas y petróleo. Y como podemos fácilmente entender, son recursos que se generan de una forma enormemente más lenta de la que se gastan dentro de un contexto civilizado. En un breve análisis matemático todos podemos darnos cuenta que desacelerar el tratamiento extenuante del humus y el plancton como recursos, equivale a prolongar la estadía humana sobre el planeta. De modo que es fácil advertir que la presunta invasión de transgénicos, agroquímicos y enormes maquinarias agrícolas, lejos de representar una solución, son esencialmente el síntoma no deseado de un destino oscuro que confirma su indeseable influencia en nuestro futuro, con cada vez mayor fuerza.

 
   Ya no sólo el tracto industrial, conforma la base deteriorante del medioambiente silvestre, sino que además, la mal llamada revolución verde, es también causa de pérdida de hábitat y biodiversidad en todo el orbe. El progresivo corrimiento de la frontera silvestre hasta su total desaparición marcará como un reloj de arena, el final de una era planetaria en que la vida fuera factible de forma naturalmente espontánea, sin que todavía la única especie racional, haya apenas encontrado el camino de convivencia armónica con sus propios congéneres para elaborar el modo de reconversión de este devastador proceso destructivo en el que hoy todos estamos inmersos. En vano sería esperar mejoras sin antes asumir la gravedad de la crisis a enfrentar.

    
    Un nuevo siglo comienza con un planteo antagónico que habrá que resolver antes de que sus consecuencias nos tomen por sorpresa. No es lo mismo progreso que evolución y aquí habrá que asumir que se rescribe más de un argumento darwiniano.  El hombre civilizado, ahora no es apto. Y no sólo no lo es, sino que sobre el resto de las especies vivientes actúa como una agresión patógena. En un sentido ineludible, la frivolidad de las afirmaciones progresistas carecen de la perspectiva necesaria para abordar soluciones únicas o personales a una problemática verdaderamente compleja. Y desde esta complejidad habrán de provenir los criterios con que las viejas instituciones humanas recobren sentido y armonía con el resto de las formas de vida y hasta con nosotros mismos.
 
     Simultáneamente con la extinción del ciclo biológico a escala global, una segunda amenaza fecha y firma sentencia sobre el inminente cambio de paradigma. Ni la industria, ni el extremado confort urbano, ni la deslumbrante maquinaria agroquímica que se cierne sobre el campo, pueden eludir por si solas el insoluble proceso de obsolescencia que las engloba. Todas las soluciones ficticias a un problema ficticio tienden a desvanecerse ante la realidad de los hechos expuestos. A este proceso se lo ha definido como “entropía”, la natural tendencia de todo bien antropógeno hacia su dispersión. Soluciones interactivas, silvestres y adaptativas son las que entretejen su destino con el concierto de involuntarios destinos biológicos.  Se estrechan los senderos del modelo progresista, renace el sendero de una nueva utopía.

4.  6. La reconquista

  
   El hombre como término medio ambiental del hombre, no es lamentablemente, materia de estudio ambiental sino de otro disperso cúmulo de ramas del saber. Parte de los criterios de estudio acerca de la conducta humana hacia sus propios congéneres, son compatibles con los signos que la biología usa desde el origen de las especies actuales. Así es como para el más inteligente aportante de significados, existe un acuse de recibo sobre una numerosa cantidad de significantes sueltos e imponderados, que tienen consistencia y actualidad suficientes, como para provocar por si mismos más circunstancias condicionantes que todas las alcanzadas por la civilización misma en pos del confort y el susodicho estándar de vida a lo largo de toda su historia. Así es como la nobleza europea un desayuno se encontró con la guillotina, y la civilización moderna, con la extinción masiva de las especies silvestres y el cambio climático. En el concierto de especies salvajes al igual que entre las naciones actuales, el soliloquio tiene un límite y como el autoritarismo, también un precio. El medio ambiente es el primer significante real para el sustento de la vida en todas sus formas.
 
     Aquí, con el modelo institucional ocurrió algo semejante. Sin embargo la virulencia de la reacción popular, no fue de una causalidad inmediata con los indignantes sucesos políticos (Bs. As. diciembre 2001), sino que estos actuaron como disparadores. El arrastre histórico de una dictadura militar (1976 – 1983), que dejó de respetar los más elementales derechos humanos luego de la instauración por decreto de un “estado de sitio”, provocó la inmediata evocación en la memoria popular que concluyó con la virulenta concentración frente a la sede del gobierno, y con la fuga del gabinete y la renuncia del primer mandatario. Ocurrió de similar forma en Ecuador, en Bolivia, en Venezuela y de una manera latente, sustenta hoy el crecimiento de una nueva generación política en toda la región aunque no se vea. No es la vieja teoría del paro general, pero funciona, dejándonos a todos la sensación de ser parte de una misma patria dispuesta a presentar batalla por su destino.

 
    Sin embargo el principal factor de postergación de nuestro desarrollo sudamericano, no está dado por un desacierto ideológico, o por un error de estimación en el manejo de las fuerzas productivas, económicas o sociales. La principal causa de desbaratamiento es la “para legalidad”. Este es un proceso que corrompe y seguirá corrompiendo todo proceso cultural en apócrifo, a cada proceso político en traidor y a cada ejercicio económico como cipayo, en tanto su filiación final sea asimilable al campo de este concepto, lo “para legal”.
 
   
    Tanta inducción importada y desadaptada, concluye produciendo un descreimiento sobre la autoridad y por lo tanto invalida todo otro proceso de consagración institucional de un nuevo orden más justo. En su reemplazo, aparece la influencia, el propio provecho, la desviación del funcionario público, que rehúsa cumplir con la tarea para la que fue consagrado y se entrega al modelo impuesto por todos los intereses ajenos a la voluntad de su pueblo. Este desdoblamiento similar a la transfiguración mística, pero de sentido inverso, explica la disociación del discurso político con la realidad, explica la proliferación de múltiples delitos sociales tolerados y hasta gerenciados por las fuerzas de seguridad, como también sustenta la especulación financiera, el lavado de dinero y los mercados paralelos. Tal ha sido el imperio de este sistema, que sus más encumbrados mentores, llegaron a planificar el reemplazo de un presidente latinoamericano, por el sólo empleo de una alianza “para legal” prolijamente expresada en los medios de masas. Así contienen hoy la opinión pública de millones de personas, a la vez que se pretende perpetuar en el poder a quienes más sordos son a los reclamos de sus pueblos. La expresión más acabada de la para legalidad está representada por el colonialismo en todas sus formas, y a esta fuente de distorsión deberá aludirse cada vez que se hurgue en el tema de la corrupción latinoamericana como la primera causa de fracaso de cualquier modelo institucional propuesto entre nuestras jóvenes naciones.

   
    Desde tiempos previos a la escritura la legalidad, ha sido resultado de la expresión colectiva del concepto de orden. Este valor es reflejo del curso que los sucesos toman dispuestos libremente en la naturaleza, bajo la mirada interpretativa de una colectividad humana. La caducidad, la perversión, la selectividad, el derecho a la continuidad de la vida. Numerosas formas complejas de estructura social crecieron bajo la sombra del respeto, el diálogo y el mutuo acuerdo. Estos valores pacientemente acuñados por los siglos en sistemas, conforman el ideal de vida consensuado por centurias. No tendremos descanso hasta consolidar el nuestro, tan digno, hermético e invulnerable como podamos; e invariablemente funcional al más feliz modo de vida que nos podamos imaginar. Sin ideal de nación, jamás encontraremos nuestras metas. Primero está la Patria.

   
    Si bien los remedios a la “para legalidad” son muchos, sin duda el mejor de todos es el principio federativo. Básicamente la representatividad es lo que afecta esta bacteria del poder moderno, por lo cual es posible suponer que en tanto los municipios arroguen más competencia, la posibilidad de controlar la corrupción irá creciendo y con ello tenderán a desaparecer muchos otros males adheridos por arrastre. La llamada coparticipación debe invertir su sentido. Todos los gravámenes deben ser municipales, o de recaudación local, mientras que los fondos provinciales deben componerse de delegaciones de cupos cuyo estricto seguimiento ha de estar auditado por un funcionario comunal, que como un accionista comercial, posee pleno derecho de inspección y control del curso de la gestión federativa. Ese sentido cohesionó en sus orígenes esta enorme parte de Sudamérica en la Confederación de Las Provincias Unidas del Río de la Plata. Hoy, la velocidad de lectura, la capacidad de memoria y la inmediatez en la conexión que poseen los sistemas electrónicos, nos facultan a concebir modelos políticos, económicos y sociales ya integrados con una equitativa fórmula de asignación de cargas y beneficios públicos. Lo inexorable será que con todo esto la gente comience a percibir la enorme cantidad e cosas que concede y lo enormemente pobre que resulta el beneficio de extraer sus recursos naturales a cambio de una cuenta electrónica. Así serán materia de análisis en el seno de la nueva polis sudamericana, los verdaderos contenidos de la cuestión social: la salud, la educación, el equitativo reparto del trabajo y la remuneración, el derecho a elegir un futuro mejor, por sólo citar los temas más amplios.

 

COMUNIDAD,  PATRIA  Y  TRABAJO  EN  LA  NUEVA  UTOPÍA

Con respecto a la auténtica cultura y a la hombría de bien, somos aún esencialmente  ignorantes porque no adoramos la verdad sino el reflejo de la verdad; porque

estamos pervertidos y limitados por una devoción exclusiva al negocio y

al comercio  y a las fábricas y a la agricultura y cosas semejantes,

 que son sólo medios y no fines.

Henry D. Thoreau

5.  1. La Nación continental

   Construir una naciente unidad regional en Latinoamérica, constituye para nosotros un sueño recurrente. Pero comprometer para este fin nuevamente una metodología europea, ha resultado otra vez un factor de retrazo. Entre nuestras naciones las relaciones comerciales no son factores de crucial importancia. Los convenios de integración comercial, si bien expresan ya un grado de buena voluntad, no resuelven las cuestiones que caracterizan los anhelos de verdadera concordia por los que espera nuestra población a cada lado de sus múltiples fronteras. Por otra parte, tampoco resultan límites reales a la libre circulación de personas y bienes, los pasos fronterizos o los límites naturales entre la mayoría de nuestras naciones. Lo que sucede, es que los acuerdos de integración y desarrollo, pasan a ser temas de superestructuras industriales, comerciales y financieras. El mismo efecto de concentración económica reinante, trasladado al plano político.

  

   El intercambio comercial es de crucial importancia en la política exterior de los países centrales. Aquí, por lo que evidencia nuestra historia, ha sido más bien un escollo. De hecho, el desempeño de la burguesía portuaria del Río de la Plata durante la guerra de independencia, ha dejado la impresión clara que por ese sendero más que naciones se definen las factorías del Atlántico. Y las factorías compiten entre ellas irremediablemente. Compiten los empresarios de una misma ciudad, que unidad podemos esperar que logren entre si diferentes intereses portuarios combinados.

   Así es como hoy, se definen en toda la región simpatías y adhesiones directamente vinculadas al ideario de la Patria Grande*, sin noticias de a cuáles rubros beneficiarán las nuevas condiciones de intercambio. Las reales prioridades entonces son las mismas que nos han unido siempre. Idioma, raza, cultura. Y por sobre todo, el profundo temor a ser nuevamente víctimas de saqueo y holocausto.

   Lo que a la gente le resulta urgente cuando vota,  es la canasta familiar, el desempleo y la posibilidad de soñar con un incremento justo en su calidad de vida. Y eso es lo que habrá que garantizar primero. Por eso la primera condición que hay que regionalizar, es la unificación de la carta de ciudadanía. La condición de ciudadano comunitario plenamente capaz y hábil de celebrar toda clase de acto jurídico bajo idénticas condiciones que un nativo y la posibilidad de ejercer plenamente derechos políticos hasta el nivel municipal sin restricciones por tiempo o lugar de previa residencia.

   En contraposición, por lo que debe velar el poder político es, que estén dadas todas las condiciones de supervivencia digna, mínima e indispensable para todo ser humano presente sobre su territorio. Y esto debe querer decir, que por la jornada completa de trabajo, un adulto debe encontrar resuelto al final del día, un ingreso que garantice el digno sustento de una familia tipo. Y esto ni el libre juego exportador ni las maravillas tecnológicas de la industria moderna lo van a conseguir nunca. Por lo que la respuesta ha de provenir del estado, ya desde su nivel básico. El comunal.

5.  2. La Comuna sudamericana 

   El municipio, resume para el hombre cotidiano, todas las formas del estado que le son necesarias para llevar una vida con honra. Por este motivo y a diferencia de las condiciones comunitarias de otros continentes, donde la unión está cimentada en la riqueza y concentración de sus cuerpos de decisión. Aquí, lo mejor será reencontrar la mística de sentirnos parte de una nación soberana, antes de emprender una tarea semejante.

   Ese reencuentro con la facultad de ser parte de un futuro mejor no puede volver a depender de un proceso abstracto. Los esquemas vanguardistas, carecen de practicidad en el plano social y más donde la mayoría de la gente no posee un antecedente abstracto de construcción colectiva.

   Una carta de derechos personales que garantice definitivamente la supervivencia digna de cada miembro de la especie humana en nuestro continente. Y que a la vez, establezca el terreno apto para construir una estructura social definitiva y sustentable.

   La carta orgánica municipal, de una futura nación continental, ha de conciliar un plano comunitario único, tanto como una única condición de ciudadano. Y desde ambas posiciones se construirán las reformas que cada tiempo y lugar, impongan como necesarias en grados federativos y confederativos de construcción colectiva.

   Este plano comunitario contemplará los derechos personales, sociales, económicos y políticos de todo individuo dentro de su territorio. El patrimonio comunitario será la garantía real de su cumplimiento. Todos los impuestos internos serán retenidos hasta el resarcimiento de toda falta de cumplimiento de los mínimos derechos personalísimos garantizados por este primer grado de obligación. Subsidiariamente la distribución directa de bienes demandados por la urgencia de una demanda accidental o extraordinaria, podrá ser cubierta por el sector privado a cuenta de deducciones de otras cargas económicas públicas. El estado entonces, garantizará la subsistencia digna de todo hombre, mujer, niño, anciano, extranjero o discapacitado por el sólo hecho de estar cobijado por el territorio comunitario.

   Para su desenvolvimiento, la comunidad deberá poseer tres escenarios diferentes:

  • Dentro del ejido urbano, inmuebles y bienes de dominio público y como en general ocurre con el municipio actual y así mismo, todo lo que requiera la prestación de los servicios públicos. Educación, salud, seguridad, espacios recreativos. Y nuevos núcleos poblacionales autónomos, respaldados por fuentes de energía ambientalmente sostenibles (Solar, eólica, hidroeléctrica, hidrógeno).

  • Un casco rural, dentro del territorio del partido. Este establecimiento, seleccionado por razones históricas sintetizará todas las actividades agropecuarias caracterizantes de la cultura de la zona. No solamente deberá tener un enclave geográfico privilegiado, sino que por la relevancia histórica de su fundación, deberá preservar los tesoros históricos de la zona. Se buscará la continuidad de las formas tradicionales de explotación y se incorporarán todas las formas posibles de mano de obra hasta lograr el pleno empleo en la comuna. El producido en alimentos y bienes de uso, se destinará exclusivamente al autoconsumo. Talleres culturales reestablecerán las formas de contacto con la tierra, la cría para repoblación de las especies nativas, la artesanía, el esparcimiento, la cultura, y por sobre todo la inclusión de los menos favorecidos. Las demás explotaciones rurales deberán respetar los límites de sanidad, polución y respeto por la diversidad que el resto de la comunidad entienda necesarios. 

  • Por fuera de ambos, los escenarios naturales de dominio público, como las áreas de reserva, ríos, el subsuelo, etc. Aquí la preservación de toda forma de vida y la reposición del medio originario son las metas. Las formas de explotación de recursos no renovables o de extracción controlada de cupos renovables, será siempre subordinada a este propósito de mantenimiento y aprovechamiento sustentables. Canteras, capturas, obrajes, zafras y toda forma de interacción humana con el medio silvestre, deberá prever la continuidad del sistema biológico que integra cada recurso, más allá de toda frontera política o económica a favor de la naturaleza como criterio supremo.

   El resto de la vida económica privada, deberá mantener sus niveles de ocupación, sin ser afectada. A excepción de la certificación ambiental e impositiva que toda actividad económica deberá obtener de la comuna de la que emerge. Sin embargo, es evidente que si los segmentos más bajos, dejan de estar acorralados por la necesidad, la empresa privada deberá incrementar los niveles salariales con los que tiente a la gente a un destino más próspero. Los niveles salariales tenderán a ser, por nivel de actividad, idénticos a los que poseen en los países destinatarios de los excedentes exportables producidos. Parece irracional seguir sosteniendo a favor de capitales privados, ventajas comparativas en razón de la baja remuneración habida en nuestras tierras. Es innegable que los establecimientos que hayan cimentado sus ventajas comparativas exclusivamente en el bajo nivel remunerativo, sufrirán más la reconversión. En cambio, los que dispongan mejores costos en materias primas e insumos energéticos soportarán mucho mejor, no solamente la presión de sus competidores naturales, sino que además podrán superar con confianza toda presión comparativa en costos, dada la enorme confianza que nuestro continente posee en estos rubros.

5.  3. La vida como norma institucional

   De alguna forma que nos supera a todos, la verdadera constitución humana sigue vigente sin jamás haber sido promulgada. La metódica eficiencia del ejercicio racional, ni ahora ni nunca ha tenido que intervenir en la espontánea secuencia de los fenómenos naturales para que estos se produzcan. El desarrollo no puede sino facilitar este proceso. Regar, sembrar, alimentar; en evidente contraposición a envenenar, desarraigar, deforestar, exterminar, bombardear.

   De igual forma, la vida de nuestra especie crece en función de su hábitat geográfico y social. Una ingenua percepción de cual es el sentido benéfico que la orientación social debe llevar como meta, asimila la actividad común a la fertilidad, a la continuidad y a la generosidad con que la propia secuencia biológica ha llegado hasta nosotros ilesa. Es posible que las metas alguna vez concebidas por la religiosidad o por vía de la copiosa imaginación de la ciencia, tengan, llegado el caso, una especial relevancia. Pero mientras los requisitos más primitivos para sustentar la vida no sean cubiertos, toda obligación moral, ha de recaer en la urgente resolución de estos principalísimos temas que ahora enfrentamos.

   Por que en rigor de verdad, es mucho más mágico y a la vez comprobable lo que testimonia nuestro trayecto evolutivo como la especie dominante del planeta, que la burlona lista de espera en la que las potencias mundiales nos colocan a los países "subdesarrollados". Un canaya despropósito que induce a creer que la desigualdad y la exclusión tienen alguna relación racial, brota recurrentemente por los textos del pensamiento europeo de todos los tiempos. Ahora el planeta se expresa mejor entre quienes entienden el sentido de su naturaleza, reponiendo así un sentido biológico en la conducta social del hombre moderno. Una nueva perspectiva histórica nos propone observar lo ocurrido en los pasados quinientos años, como parte de este aprendizaje. Sin agua limpia, sin fauna, sin suelos fértiles, ni captura ictícola; que chance de supervivencia nos aguarda.

   En el extremo contrario, la concentración urbana en los países desarrollados, se postula falsamente como modelo final y forma regular de vida para toda la especie humana, mientras que a la vez protagoniza todas las formas de deterioro concebibles. Toda aberrante manera de perversión que tenga lugar en el tiempo y lugar que fuera por el motivo que sea y que se presente como justificante del hiperdesarrollo, encuentra con ello, razón suficiente para ser repetida en la educación, en los medios masivos y hasta para integrarse como parte de la decadencia alcanzada por nuestra cultura en el relato histórico. Jamás asumen los agoreros del progreso, que lo que extienden es la pobreza, y que en la exclusión, la condición que prospera es el resentimiento. La conquista del "Far West", no es un genocidio como el del los nazis; la imposición del idioma ruso en todo el costado asiático de la Unión Soviética por el canaya de J. Stalin, no se parece a la imposición del español en América Latina; por comenzar a hablar de algunos pequeños ejemplos que tienen a nuestra región como parte de la modernidad y a la vez, objetivo de siniestro provecho.             

   Por otra parte, la progresiva restauración del equilibrio biológico, representará para el hombre del futuro, un permanente escenario de fértil experiencia y aprendizaje evolutivo. El verdadero crecimiento intelectual proviene de la lectura de las leyes con que la misma naturaleza regula sus ciclos biológicos y que por ende, lo hace también con nosotros mismos. Nuestra conducta social y la de todos nosotros con el resto de los seres vivientes en un único concierto de fenómenos ordenados por la sabia imposición de los ciclos naturales, deberá ser una meta institucional a perseguir, tan indispensable como la salud, la educación, o el trabajo. Por que de aquel único equilibrio, provienen todas las actividades ordenadas a un fin común a todas las formas de vida, y por lo tanto la continuidad de nuestra trayectoria como especie.

   Hasta tanto surjan ejemplos materiales de colectividades comprometidas con su suelo al punto de no enajenar sus cualidades ambientales, sino en pos de un autoconsumo sostenible, deberemos aguardar a que algún día, un cociente matemático pueda expresar en términos precisos la eficiencia de este equilibrio. Y desde indicadores apropiados, medir el estado de cada pueblo. Su acceso al esparcimiento, la integración de sus estratos sociales, la relación con sus enfermos, sus locos, sus mayores.

   De igual forma que el ambiente familiar es el único hábitat en que la personalidad infantil se desarrolla, no hay persona adulta que encuentre la plenitud, sin un ambiente afectivo favorable. El trabajo, el patrimonio, el prestigio y el afecto interpersonal están basados netamente en la forma en que cada uno interpreta la mejor manera de relacionarse con las múltiples formas que el entorno real nos ofrece.  Por lo expuesto la conclusión es simple, un ambiente artificial modificará el desarrollo social hacia carriles de imprevisibles consecuencias. Y a una propuesta social perversa, le seguirá una legión de perversos síntomas en consecuencia.

   Hace falta creer nuevamente en la magia del trabajo y en la dignidad de quienes con su esfuerzo nos conceden día a día el homenaje de vivir en una sociedad aún dispuesta a obrar y a soñar con un pasar más justo para todos nuestros hermanos.    

5.  4. La naturalidad como meta social

   Ocurre con frecuencia, cuando se abordan temas vinculados a la cuestión social, con personas ajenas a la cultura política de occidente, como por ejemplo los maestros del arte del yoga o los sacerdotes budistas, que se contrastan concepciones sorprendentemente distintas sobre idénticas cuestiones al punto tal, que frente a idénticos planteos, las soluciones aconsejadas, son completamente diferentes entre uno y otro grupo. Parte de estas concepciones, fundamentalmente orientadas a ser disciplinas individuales frente a la vida, poseen una originalidad común de cuya aplicación puede facilitarse el análisis que en estos apuntes se proponen.

   Al contrario de lo que sostienen las concepciones religiosas occidentales, donde el cuerpo físico es un causante de caos y la mente, la directriz de toda superación. Lo que las disciplinas orientales proponen, es lo contrario.

   Para estos órdenes ancestrales, el camino de la superación, considera lo físico como el elemento más meritorio de dominar, y a la mente como la gran fuente de caos en la vida del hombre. Inversamente, la valoración del sendero superador tiene al dominio de la mente como un paso previo a los verdaderos desafíos propuestos por el dominio del mundo físico.  Pero, las diferencias entre oriente y occidente no se agotan allí. La percepción misma de la realidad humana es diferente. Para occidente, componen dos elementos la naturaleza del hombre: el cuerpo y el alma. En cambio para oriente son nada menos que tres nuestros elementos componentes: el cuerpo mental, el emocional y el físico.

   Es previsible interpretar todo en forma automáticamente antagónica, desde una concepción dualista. El bien y el mal, civilización o barbarie, izquierda o derecha, etc. Pero abriendo el plano de la percepción a tres coloridos componentes, sin duda la forma de concebir e interpretar, se verá modificada.  Pensar, adherir y gozar, son el objetivo a alcanzar desde cada uno de estos tres planos aludidos. Ahora bien; si a su vez invertimos el trayecto de superación referido en el párrafo anterior, el sentido de la acción personal humana se verá nuevamente trastocado en su orden. Será entonces: Primero pensar, después adherir y por último gozar. O hilvanado en una frase: "Entender que la concordia nos hará plenamente felices". O en orden a un plano colectivo abarcativo de toda la especie humana como presencia planetaria, podríamos elaborar la siguiente oración:

   La comprensión de que sólo desde la integración con nuestro medioambiente y valorando cada forma de vida como infaltable expresión natural, alcanzaremos el pleno ejercicio de "naturales" en esta biosfera. Ni sustentables, ni sostenibles, somos naturales del lugar en que venimos al mundo.

   Primero una regla, luego una ética y por último una estética desde la que sostener intuitivamente la lógica armonía que la vida tiene en su hábitat. 

   Si debiera arriesgarse una opinión política, alguna vez, en algún lugar, fundada en los criterios expuestos. Deberá decirse simplemente que tres son los elementos que componen la institucionalidad perfecta. La autoridad del Padre, el Consejo de Ancianos y el Principio Federativo. Y toda forma organizativa que funcione; emula, aplica o intenta ponderar cualquiera de estos tres elementos.

5.  5. La iniciativa individual con sentido colectivo

   Uno de los primeros resultados demográficos que dejó la enorme crisis de diciembre del 2001 en Argentina, fue el desesperante saldo de pobreza subsiguiente. Ante la atónita población de la próspera Buenos Aires, la falta de dinero y la ruptura de la cadena de pagos, arrojó a la hambruna a la mitad de la población urbana del área metropolitana. Por debajo de la línea de supervivencia, repentinamente millones de personas quedaron libradas a su propia capacidad de satisfacer sus necesidades más elementales. De pronto los instintos primarios recobraron valor y ante la certeza de no sobrevivir en caso de buscar una solución institucional, la relación popular hacia el poder político, cambió para siempre. 

   Es imposible abstraerse del pueril papel que desempeñaron las ideologías occidentales frente a un tsunami social de tal magnitud. Aquí quedaron expuestas millones de personas repentinamente a una supervivencia sin estructura ni institución válida. Un repentino proceso de readaptación al medio tuvo lugar sin naturaleza ni ley, que señaló pronto una nueva capacidad de maduración de las decisiones colectivas. Sin miramientos se arrebataron los alimentos de los supermercados, se integraron asambleas populares y se erigió un frente de agresión hacia el sistema bancario, todo de forma espontánea y a la vez coherente con las necesidades de todo el cuerpo social, aunando los roles más legítimos de un tejido social de tres segmentos socioeconómicos clásicos en una sola y simple estrategia adaptativa de supervivencia. El respeto de las metas de los tres procesos, garantizó la permanencia del sistema político, y no la legitimidad de su origen electoral. Una formidable expresión de democracia directa avaló el gradual reingreso de nuestro sistema económico a un nuevo orden, inicialmente fundado en la pseudo moneda (billetes con promesa de respaldo) y más tarde en la restauración del mismo sistema fracturado. Un innegable testimonio del instinto gregario con que todos nos aferramos al lugar al que pertenecemos. Una innegable reafirmación de nuestra voluntad de ser parte  de una misma nación, o lo que sea que se pueda reconstituir con el sentido de pertenencia colectivo remanente luego de tal impacto.

   Por otra parte, lo que aseguró que argentina no termine en un desastre social de magnitudes subsaharianas, fue sencillamente la enorme generosidad de sus recursos naturales. Porque ni la legitimidad de ejercicio, ni la presión sobre el sistema bancario, ni los saqueos, ni las asambleas populares resolvieron por si solos, la inevitable emergencia alimentaria sobreviviente. Por un hechizo de suerte y buena fe, la provisión de alimentos no se interrumpió nunca a la población, a pesar del descalabro cambiario. Sencillamente los grandes exportadores de alimentos pudieron sostener créditos generosos sobre el menor mercado interno, gracias a que este sector sostuvo sus cobranzas en otras monedas inmunes al descalabro local. Divisas frescas que compensaron la falta de respaldo de la puesta en circulación de obligaciones de pago (pseudo monedas) similares en valor y forma al Peso y que la gente rápidamente incorporó sin cuestionamientos ni sobresaltos. Quizás, sino hubiera sido de esta forma, la población hubiera espontáneamente acudido a la ocupación directa de la tierra productiva para garantizar su supervivencia. Pero a todo el mundo le quedaba claro que la agresión no partía de una burguesía nacional productiva y laboriosa, que desde el campo aseguraba la continuidad de la provisión en los centros urbanos, sino de un gobierno colonial gerenciado desde el exterior sin pudor ni vergüenza.   

    Toca a los investigadores más sutiles de los fenómenos sociales apreciar entonces a la solidaridad y al instinto gregario, como un ingrediente determinante en la supervivencia del grupo social realmente más apto. Diversas lecturas derivan de los episodios descriptos; el valor de la fe pública, la enorme ventaja de tener recursos aptos para satisfacer el consumo interno, entre muchos conceptos que apuntan en sentido contrario que el trayecto que indicaba la globalización de la economía. De hecho uno de los principales factores de aquella trágica fuga masiva de reservas de Argentina, no es otro que la entrada en circulación interbancaria del Euro, en cuyo acuerdo comunitario se especifica que se remitirán las remesas de moneda impresa de forma proporcional al nivel de reservas existente en cada institución bancaria comunitaria (encaje mínimo). En un día de operaciones quintuplicaron el poder económico de sus bancos, con el dinero que apresuradamente extrajeron de otras plazas ajenas al negocio. Es imposible concebir que tales operaciones partan de consensos populares, de modo que es inaplicable trasladar desde el afán de lucro personal, a magnitudes colectivas con las que los banqueros y sus socios, justifiquen sus actos. Así se hicieron ellos mismos tomadores de un excedente financiero, que alguna vez tomó rumbo hacia los países menos desarrollados, garantizando así el monopolio de sus monedas y la supervivencia de sus propios grupos empresarios, por sobre todo otro mercado emergente.      

   Tampoco es posible suponer al pueblo de los Estados Unidos, por ejemplo,  avocado a hacer detonar en las casas de los demás, semejante cantidad de artefactos explosivos como los que hasta el presente llevan detonados. Ni tan perversos a sus pobladores como para ser capaces de asesinar por algo que pueden cubrir con sus tarjetas de crédito.

   Qué bebemos entender entonces por iniciativa privada; lo que presentan los medios masivos de comunicación todos los días, o la realidad de un mundo rodeado de una inalterable orientación hacia el bien, la verdad y la armonía.  Algo parecido a la intuición, a la apreciación estética, a la proporción matemática, al claro poder del puro instinto, ha guiado la supervivencia de cada forma de vida hasta su mejor destino. Ni el instinto de conservación, ni de ningún modo el sentido evolutivo, amparan las intenciones de los gobiernos coloniales y sus grandes corporaciones como para proclamar ideologías con las que se avalen flotas y asesinos sueltos entre las ruinas de un mundo arto de ver tanta necedad y despilfarro.

   Todos los días millones de personas salen temprano de sus casas para hacer algo por los demás, luego de la tarea, en el interior de sus viviendas, tratan de ingeniar la forma de ahorrar recursos costosos. Un escasísimo porcentaje delinque y con ello una mano mágica llena todas las herramientas de comunicación dispuestas a identificarnos como grupo. Un verdadero concierto de insultos a la autoestima de un pueblo que coexiste en armonía y sabe defenderse cuando le hace falta. Así fue como un día una colectividad cautiva dijo basta y arrojó a sus ilegítimos representantes por las ventanas; artos de que los ladrones nos identificaran. Sin duda, desde esta nueva conciencia cada miembro de estas tierras del sur, incorpora valores y sentimientos propios de una región caracterizada tanto por su capacidad de resistir como por el sueño de alcanzar una vida más digna. Pero ningún teórico podrá dejar de admitir la continuidad de un nuevo contrato social que en contradicción a los ideologemas clásicos, se alzó por su país reproduciendo los roles de tres clases sociales bien diferentes, dispuestas a posponer todo antagonismo por el bien de su querida tierra patria. Y esta es la experiencia del default, el nacimiento de una nación sudamericana, que madura y tenazmente elabora un nuevo modelo de desarrollo armónico y se prepara para defenderlo.

5.  6. Tras los pasos de la comunidad perfecta

   El encubrimiento del saqueo con el estado de sitio reveló la posición antinacional de los ocupantes de la casa de gobierno en aquel fatídico diciembre del 2001 en Buenos Aires. La defensa o adhesión al agotado modelo, continuó siendo hasta el presente, el principal indicador de posición política de todo factor de poder o grupo de presión del que se trate. La efervescencia de la situación tomó tal magnitud, frente a toda una impávida generación de supuestos dirigentes políticos, que una sola voz fue cobrando fuerza en la calle. "Que se vayan todos", de ahí en adelante la oposición al modelo trasnacional impuesto, comenzó a ser la indiscutible resultante de tantos años de frustración y resistencia.   

   Sin remedio, la reapertura masiva de la temática política, repolitizaría otra generación que pronto gestaría sus propias corrientes de pensamiento. Un nuevo proceso pacífico de emancipación comenzó entonces a tomar consistencia y no se ha detenido hasta el presente. Después de las marchas y asambleas, terminados los enfrentamientos y las manifestaciones, un nuevo germen de emergentes populares comenzó a reactivar los temas políticos, sociales y económicos desde una legitimidad menos formal y más cotidiana. Las organizaciones no gubernamentales (ONG), codo a codo con la pobreza; la reorientación de la inversión privada hacia el sector del campo y la asignación del gasto público a la emergencia ocupacional, pronto cambiaron el panorama de una crisis que hubiera dado, bajo cualquier otra condición geográfica y ambiental, una hambruna como resultado. Pues bien, quedamos nosotros.

   Hoy, gran parte de la experiencia adquirida es formidablemente multiplicada por los medios de comunicación modernos. La conectividad de los militantes con los pensadores y especialistas sociales es de una magnitud jamás soñada. Cámaras, federaciones, gremios y colegios profesionales gozan de un exponencial nivel de participación, seguramente abonado por la conciencia de la gravedad del sobresalto pasado, pero a la vez, inmensamente fértil en aprendizajes americanos. 

   Un contexto de desorden mundial, refuerza la magnitud de nuestro actual momento económico, así como la enorme responsabilidad que posee nuestra región como garante del esfuerzo común en el sustento de una población mundial  en creciente desarrollo.  Un vasto horizonte nos compromete a compartir nuestro aprendizaje, entendiendo y valorando cada particular condición de tiempo y lugar donde la necesidad se presente. Nuestra recuperación, comienza a hablar de un modelo viable y compatible con todos los países criollos. Hay mucho por hacer, por decir, pero mucho más hay para escuchar. Un modelo nacional se está definiendo en todas sus múltiples formas y la lucha apenas comienza.   

ACCIONES  DE  CULTURA  AMBIENTAL

No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos

 en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás

el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio,

 los valores genuinos que la vida ofrece.

SIGMUND FREUD

El malestar en la cultura – 1929

6.  1. La agenda de la cultura ambiental

    Los problemas no son ecológicos, sino más bien son ecológicos los continuos síntomas de un antiguo desorden. Luego de desplazar al nativo sin aprender de él ni el verdadero nombre de la comarca. Luego de introducir especies exóticas y de extinguir las anteriores por "perjudiciales". Después de deforestar, rotular, fumigar y bancarizar el resultado del latrocinio en monedas con respaldos abstractos. Y luego de meter a la era industrial una generación de oficios y profesiones para después por vía de la mecanización, verterlas como efluentes sociales en el mar del desempleo; dos diversas corrientes sociales de excluidos emergen. Por un lado los desestimados por primitivos y por el otro los expulsados por obsoletos. Una profunda patología nos afecta a todos sin distinción en pos de una falaz meta de hiperdesarrollo, que repite crudamente dentro del tejido social, la matemática de aprovechamiento operada sobre los recursos inanimados. Por ello, tiene lugar, el movimiento más destructivo del registro histórico universal, que no sólo agotará las reservas de combustible fósil y agua potable, sino que compromete la mismísima supervivencia de esto que llamamos la especie humana.

    Como ya se ha dicho en el correr de este escrito la crisis es antes que nada moral y en atención a este concepto deberemos confeccionar un orden temático que oriente la autoridad de los dos grandes desafíos morales a resolver, enunciados en términos de dualidad antagónica como conviene a la mentalidad occidental con que fueran alguna vez acuñados: Un dejar hacer y dejar pasar estimulado por los beneficiarios de la concentración del poder económico y que ahora estimulan la sobrecarga de violencia con la que esperan erigir a sus poblaciones en opresoras de toda otra forma de cultura en todo el orbe. O un orden nuevamente inspirado en los procesos naturales donde cada potencialidad se despliega en el equilibrio de la convivencia con todas las otras formas de vida. En síntesis un autoritarismo civilizatorio, o un crecimiento hacia una adaptabilidad colectiva fundada en nuestros propios valores sociales.

   En cierta forma la conclusión de un breve proceso de mestizaje de unos quinientos años, toma forma inexorablemente con la asimilación del cambio. Este proceso, la asimilación, viene definiendo metas regionales desde los primeros contactos. Entre las últimas manifestaciones de desadaptación a la convivencia social, en una tierra inmensamente más rica de la que se proviene, se encuentran sin duda los repetitivos hábitos de exclusión y cautiverio, acuñados en el viejo continente, carentes de sentido entre las grandes civilizaciones americanas actuales. Aún en el remoto pasado de nuestras concentraciones urbanas, los alimentos y el agua eran de uso colectivo, sin que nadie supusiera por ello que alguien pudiera hacer uso indebido de ellos. Es en tanto escaso un bien que su obtención se torna en beneficio y de esta forma la escasez, caracteriza las relaciones sociales entre habitantes de tierras empobrecidas o de bajo rendimiento en nutrientes. Así surge como inmediato de resolver el siguiente antagonismo interno.

EL PRIMER TRABAJO ES RESOLVER TODO ANTAGONISMO SOCIAL.

Hambruna                                                       EXCLUCIÓN como cautiverio

Desempleo 

Pandemia

Genocidio bélico

Cautiverio energético / bancario

Extinción masiva y cambio climático

LA COMUNICACIÓN COMO EL DIÁLOGO OBRAN SU MILAGRO SIN AUXILIO. 

Extracción sostenible                                     REINCERCIÓN como liberación

Cultura de la inclusión al trabajo                                             

Revolución tecnológica

Recambio energético / monetario

Restauración del entorno familiar y ambiental

Actualización educativa

LA GUERRA ES LA MAYOR DE TODAS LAS FORMAS DE EXCLUCIÓN.

    De esta forma quedan enunciados los lineamientos básicos, que componen una ética, que trata de diferenciar el caos, de la natural secuencia en que la vida se ordena. Básicamente los sistemas naturales tienden a preservarse solos, de modo que restablecer su estado silvestre es siempre, la forma más inteligente de administrarlos. Ahora bien, cuando en sentido contrario, la repetitiva agresión recíproca por carencias de muy diverso origen, van internalizando en la conducta colectiva hábitos de exclusión, de despojo y de superioridad impuesta, es entendible que se provoque un éxodo hacia tierras más prósperas. Lo inadmisible es que allende los mares se sostengan intactas las relaciones de sometimiento, cuando ya no hacen ninguna falta.

6.  2. El nuevo orden de prioridades

     En el sentido inverso en que el hombre moderno expresa sus prioridades, la primera causa de extinción de especies es sencillamente, la pérdida del hábitat natural. Solamente la apropiación de terreno silvestre y su reemplazo por espacios urbanos, rurales o simplemente modificados por obra de la mano del hombre, son el primer motivo de reducción poblacional de la fauna y flora silvestres. El más mínimo cambio de PH del suelo o de temperatura en el agua, representa un cambio ambiental de imprevisibles consecuencias entre la flora y fauna nativa.

    En segundo término, y aunque parezca poco relevante a la mirada de muchos simpatizantes de la naturaleza, la segunda razón por la que la vida silvestre se apaga, tanto en diversidad como en número, es la introducción de especies exóticas. La agricultura, la ganadería, las simpáticas mascotas, las especies de corral y hasta la gratuita invasión con especies foráneas para la práctica deportiva, son factores que desplazan la legítima presencia biológica que la geografía de cada lugar hubo de seleccionar en un esfuerzo multimillonario en tiempos y espacios silvestres, que merece nuestro respeto.

    Un párrafo especial merecen los presuntos "cuidados" que los beneficiarios de los procesos rurales tienen con sus planteles y siembras exóticas. El proceso es simple y su secuencia puede ser corroborada en el relato testimonial de los más viejos, como resume este relato:

      La desintegración:

     -"Alguien compra un campo remoto en el que supuestamente no hay nada. Corroboran esta circunstancia la presencia de pumas, y la imposibilidad de desplazarse a caballo por el terreno debido a su espesura. Se fijan molinos en las aguadas y se traza la red de alambrados; comienza la tala. El generoso excedente en madera, permite la fabricación de postes, la producción de leña, la venta de carbón y la fabricación de ladrillos por la simple cocción de la superficie fértil. El sol comienza a penetrar en el suelo y esto estimula la aparición de pasturas naturales. Entra el ganado vacuno, mientras desaparecen de la zona todas las especies propias del anterior hábitat. Algunos predadores y pobladores originarios prueban sin permiso la deliciosa carne vacuna y esto obliga a edificar un puesto, para que un poblador permanente recorra el campo. Si era un puma, se lo caza, si era un indio, se lo apresa. El nuevo habitante, para su provecho personal tiene autorizado "mariscar" y criar aves de corral. Esto termina de desplazar a las especies restantes y pone bajo la mira a los depredadores menores como zorros comadrejas y gatos monteses. Entonces ingresan los perros. Más tarde, cuando finalmente el terreno tiene horizonte, comienza la agricultura. Se rotula con maquinaria, se siembra, se fertiliza, se fumiga, se elimina toda otra presencia verde del cultivo, todo el efluente va al agua y llega al río. Soja, algodón, arroz. Comienza la desertificación, se termina la pesca. El factor nutricional del grano comienza a decrecer. Es la última etapa de la vida."-

     

     En tercer lugar, una serie de factores se combinan de una manera diferente según el tiempo y el espacio observado. Naturalmente el primer factor de alteración ambiental sigue siendo el clima. Este, es el primer determinante de cambios medioambientales en condiciones normales. Sequías, tempestades, inundaciones, etc. Los tiempos de floración, las eclosiones de insectos, la nidificación y parición; centenares de procesos son regulados estrictamente por el régimen climático, y su poderosa influencia se extiende a todos los demás procesos biológicos. La fluctuación poblacional de cada especie puede en condiciones normales, ser enorme sin que el hecho deba ser considerado alarmante. Oscilan las variables climáticas y las poblaciones silvestres se adaptan según sus aptitudes los favorezcan o no frente a cada cambio.

     De una forma equilibrada, todas las formas de vida conviven. Cada naturaleza ofrece excedentes viables como alimentos o fertilizantes a otras especies con las que interaccionan. Si cazar, pescar o recolectar frutos libremente, fuera nuestra actividad cotidiana, jamás se hubiera formado ante nosotros el oscuro horizonte que ahora contemplamos, porque simplemente esas son las actividades que definen las relaciones espontáneas de interacción entre todas las especies vivientes del orbe. La vida como una sola presencia, confronta el criterio de desarrollo. Expresa la torpeza, determina el cambio, impone su criterio, en la continuidad de su propio modelo de desarrollo continuo.

     El ser humano ha resultado fuertemente victimizado por su propia especulación acerca de lo que es la vida, y de esto dan testimonio en forma contrapuesta, ambas escuelas políticas hijas del positivismo europeo, el comunismo y el capitalismo moderno.

      -"La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya única meta es la riqueza, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos, y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior." Lewis H. Morgan "La sociedad primitiva" –

  

6.  3. La consolidación del modelo sostenible

     Es indetenible el hecho de que la naturaleza acabará imponiendo de una forma u otra, su propio modo evolutivo, sin perjuicio de que la especie racional entre o no  en regresión hasta su ocaso. A fin de ser fatalistas, podríamos decir que no hay motivos comprobables que nos hagan suponer, que en los procesos naturales exista una voluntad que simpatice con la especie humana. O que debamos suponer por algún otro motivo, que nuestra condición de dominio racional esté fundada en un suceso inalterable y constante de comprobación matemática.

     Al parecer, lo herrado es el enfoque, por que ninguna actividad necesariamente vinculada a la satisfacción de un instinto primario es opuesta a la sanidad del medioambiente silvestre donde se genera. Habitación, abrigo, nutrientes, relaciones interpersonales y hasta cultura y esparcimiento, no suenan incongruentes con el resto de los requisitos biológicos que las demás especies demandan de su entorno. Sin embargo toda otra familia de nuevas necesidades no vinculadas inmediatamente a las demandas citadas, pasan a representar una excesiva carga ambiental.  La catástrofe proclamada no está tan relacionada con la superpoblación como se cree, sino más bien con la súper alteración de los escenarios silvestres. Las poblaciones humanas de zonas rurales marginales, o de ambientes semisalvajes, como las que poblaron el sudeste asiático, el África subsahariana y el interior de Sudamérica, conocen de manera ancestral todos los recursos que completan su universo de necesidades básicas, y tienen plena conciencia sus habitantes aún de cómo vivir dentro de una economía basada en el autoconsumo sin que por ello deba extinguirse ninguna especie. Es la creación de una segunda economía, la economía monetaria, la que multiplica las necesidades básicas. Y es esta misma economía la que provoca injustas desigualdades a la vez que crea nuevas áreas de interés antes de resarcir el costo de desapropiación y deterioro que genera dentro del sistema ambiental donde instala sus alterados escenarios. Para los mentores del desarrollismo, así como en la post guerra, no calcularon el costo ambiental de su modelo, ahora tampoco calculan el deterioro humano consecuente al proceso de hiperdesarrollo que enfrentamos. Sencillamente nos han sumido a todos en un insostenible estado de población antinatural.

    La inexorable reincorporación conciente de la vida humana al ciclo natural del que alguna vez emergió, será el desafío de la siguiente etapa. Así como el recorrido evolutivo reciente en este particular aspecto de lo humano que es lo social, reconoce haber pasado por al menos tres etapas: El salvajismo, la barbarie y la civilización, como parte de una definición antropológica clásica; también cada ser humano posee clara representación de tres aspectos primarios de su composición sicológica como lo son: La persona individual, su pertenencia familiar, y la colectividad que integra. Conjugar entre sí dicha tríada ha representado una ardua tarea intelectual hasta el presente. Pues bien ahora habrá que trabajar aún más profundamente dado que como resultado de dicha compleja interacción, han fragmentado el escenario físico en tres consecuencias emergentes: El terreno urbano, el rural y el silvestre. Rever como se produce el tan aludido desequilibrio ambiental, el agotamiento de los recursos no renovables y el cambio climático, carecerá de mérito, hasta tanto las soluciones consigan un real emplazamiento en el verdadero terreno humano.

6.  4. Como comenzar de nuevo

   Para muchos autores clásicos, formadores del pensamiento occidental, como Hobbs, Smith, Locke, y en general todos sus seguidores modernos de los que derivan los sistemas políticos, sociales y económicos hiper desarrollados; el individualismo ofensivo y competitivo, no sólo no es un problema, sino que representa la base de sus modelos. Pero remitiéndonos al tiempo y lugar que le dieran origen a esta tendencia, podremos apreciar que la realidad era muy otra. El tejido social desde el que partía el improperio, suponía ya un nivel de supervivencia previo y generoso con la población disertante, como para facultar a las populares ciudades de las que trataban estas posturas a construir catedrales, palacios y la enorme obra artística que caracteriza el apogeo de la vieja Europa. Una piadosísima población, recoleta en sus hábitos familiares, digna poseedora de los más delicados hábitos de convivencia recíproca, que incluían la agremiación por oficio, la pertenencia gentilicia, la cofradía religiosa y la capacidad e castigo del pater familiae. De este espíritu gregario si es posible creer que nació el desarrollo y el culto por el liderazgo intelectual que caracteriza a las sociedades modernas.

   Aquellos viejos autores clásicos, sin duda tenían que inducir el respaldo poblacional, avocado a estimular a sus poblaciones a desarrollar puntuales aversiones que los facultasen a oprimir y asediar a otros grupos rivales o subsumidos por el poder de sus escuadras imperiales. De hecho las nobles conflagraciones entre casas reinantes vecinas en la antigua Europa feudal, no tenían el componente sangriento que caracteriza al ejército colonial. Las grandes matanzas no tuvieron lugar en Europa, sino hasta la aparición del ejército napoleónico. Usualmente, un diferendo dentro del período feudal, llevaba un proceso diplomático previo y en todo caso alguna retensión forzada de bienes. Lo normal entre caballeros renacentistas que presentaban batalla sobre el terreno, era el recuento de mercenarios y el pago de indemnizaciones sin derramamiento alguno de sangre. Aquellos hombres, no eran el lobo del hombre, ni los literatos que se postularon como sus ideólogos, respondían a sus intereses o al menos intentaban explicar  en lugar de ellos, el mérito alcanzado por sus culturas.

   Fácilmente podemos trazar analogías entre la comunicación de guerra actual y las oscuras motivaciones imperialistas del pasado remoto. Una colección de películas, series y demás instrumentos de inducción, acompañan el ejercicio de la potestad agresora de las nuevas metrópolis. En un ridículo afán de enrolar a sus benignas poblaciones, no vacilan en difundir materiales propagandísticos de la violencia, a fin de motivar a la gente normal ha desarrollar conceptos afines a la guerra.     

   La unidad económica familiar, la integridad psicológica colectiva, la pertenencia grupal, metas altísimas que exceden el pretencioso monopolio de la autoestima, pujan por abrirse paso en un mundo que educa inconscientemente con todos los elementos con los que comunica. La televisión, la red informática, la omnipresencia del consumo en la publicidad gráfica, por citar los ejemplos más comunes; repiten desde cada lugar, un modelo agotado y enfermizo que Maltus, Fukuyama y el darwinismo mal aconsejado permanentemente repiten. Esta clase de mensajes interfieren en la evolución de la conciencia humana tanto como cualquier derrame de petróleo lo hace en el océano.  

   Pero dentro de este contexto, no valdría la pena preguntarse entonces. ¿Qué debería suceder en Argentina para que recobrara definitivamente su esperable capacidad de desarrollo?

       

6.  5. La plataforma ambiental para el nuevo milenio

   Tan trascendente como el entendimiento de la preponderancia de los factores ambientales en la supervivencia de nuestra especie, aportada por los movimientos ecologistas y la teoría del caos. Y tan revolucionaria como la interpretación de las modalidades de extracción sustentable de recursos silvestres, aportada por los seringueiros de Chico Mendes. Resulta en la actualidad, la exitosa marcha del Plan de Inclusión Social implementada en la Provincia de San Luis, en Argentina, por la administración del actual gobernador Alberto Rodríguez Saa.

   El Plan de Inclusión Social actualmente en vigencia, redescubre el simple y sencillo mérito del trabajo como gran regulador social. Por sobre el mar de incertidumbres parcializadas con que son abordados los múltiples factores de conflicto por las actuales ciencias sociales, entre las que se pueden enumerar a la psiquiatría, la sociología, el derecho, la medicina, la economía, etc. Surge, a partir de esta medida, el inapelable criterio de revalorización del hombre por la dignidad de su trabajo cotidiano. A partir de su puesta en marcha en este distrito, medianamente pobre de la árida región cuyana, el programa acometió la responsabilidad de registrar y emplear a todos aquellos que desearan poseer un trabajo remunerado sin excepción. Se incorporaron inicialmente los desocupados, se sumaron progresivamente nuevos interesados, excluidos de la mediana chance de encontrar empleo que ofrecía la plaza, pública y privada; partieron de sus casas aquellos miembros inactivos de sus núcleos familiares, sostenidos solidariamente por sus parientes, también a reclamar por un lugar digno de trabajo. Poco a poco el plan comenzó a operar una notable reactivación comercial, como es de esperarse en estos procesos ya observados por la economía clásica.

   Quizás, hasta aquí, el mérito de una buena gestión política, no sea una novedad para nadie. Pero como ocurre en todo proceso donde lo social tiene su imprevisible protagonismo, el Plan de Inclusión, cobró una repentina relevancia al comprobar a su vez, otro efecto social que jamás antes de su implementación hubiera podido ser anticipado. Paulatinamente, el patronato de menores, la internación del alienado, el asilo de las personas con capacidades diferentes, la adopción, el régimen de libertad vigilada, y toda otra forma de institucionalización tutelar consagrada por el estado, comenzó a ceder al punto de alcanzar la obsolescencia completa. El programa, no sólo hizo decrecer el delito, sino que incorporó soluciones a sus causas estadísticas. No solamente reintegró a la minoridad en riesgo a un circuito saludable de esfuerzo y remuneración, sino que vació los institutos de menores. El programa ya no solamente coadyuvó en el presupuesto familiar, sino que formó nuevas familias o en su caso reintegró hogares dispersos por la pobreza; entre otros múltiples efectos sociales cuyo alcance convendrá divulgar a medida que cada testimonio, lo vaya ameritando.  

   Indudablemente, el sistema requirió monetizar tareas cuya gratuidad era anteriormente usual, o extender por encima de la demanda razonable, servicios ya prestados normalmente en la plaza. Pero sin lugar a dudas, será en un futuro próximo, el mismo programa el que se configure en el más fértil generador de modelos de trabajo y desarrollo para su propio desempeño. La gran obra pública, la infraestructura industrial, la reforma de los modelos rurales a largo plazo, el manejo planificado de los recursos hídricos y hasta la reconversión energética para el nuevo milenio, podrían ser sus temas, en un previsible corto plazo. La obra es el significante de mayor elocuencia en la vida de una persona.

   A diferencia de los planes de sustento social sin prestación de tareas, las específicas ventajas de la inclusión individual en un modelo de país creíble y activo, ha demostrado ser, por modesto que fuera el aporte resultante, el mejor enfoque alcanzado hasta el presente en el tratamiento de la pobreza. Valdría la pena planificar ahora nuevos campos de intervención de tal potencial ejecutivo, como para poner en marcha un modelo de país, que no sólo solucione emergencias, sino que acometa por fin un destino de prosperidad y bienestar para todos.

   Pero cuáles áreas merecen interés a la luz del nuevo enfoque ambiental propuesto, si imagináramos por un momento la extensión de este modelo de desarrollo en un país con la mitad de su población bajo la línea de pobreza.

   La planificación de la explotación sostenible de todo el litoral marítimo incluyendo captura, procesamiento, industrialización, trasporte y comercialización de los recursos marítimos y de zonas adyacentes al ecosistema marino. Actualmente sólo se venden licencias de captura de pesca de altura a compañías extranjeras, y se mantiene una pobre industria de pesca costera para el autoconsumo. Numerosas otras actividades pueden ser desempeñadas también en la costa marítima, algas, mariscos, guanos y hasta huevos y aprovechamiento y cría sustentable de grandes mamíferos, pueden ofrecer un mejor panorama de recursos a extraer de forma sustentable de este ámbito. 

   La traza de todos los corredores biológicos que mantienen la continuidad entre un ecosistema y otro, avalando la presencia de toda flora y fauna nativa y controlando toda otra presencia ajena al ecosistema autóctono. Desde este irremplazable patrimonio genético partirán todas las futuras explotaciones rurales, y se fomentara el esparcimiento al aire libre de nuestra población. La educación como premisa y la integración al medio silvestre como objetivo, orientarán los primeros pasos en la interpretación del enorme patrimonio que representan nuestros recursos biológicos.    

   La proyección de un sistema de distribución, riego y drenaje acorde con las necesidades de la creciente agroindustria, que no deteriore la calidad del agua cursante ni la sanidad de la población biológica residente en sus aguas. El simple riego triplica la producción agropecuaria de una misma parcela y multiplica la superficie cultivable de forma infinita. El cuidado de las vías fluviales, no sólo sustenta una eterna fuente de proteínas y agua bebible, sino que compone una red de trasporte prácticamente gratuita para el desarrollo de todas las regiones comprendidas por su paso. 

   La recuperación de espacios forestales originarios y el estudio del empleo sustentable de los recursos generados a partir del mismo ecosistema y en su caso la reinserción de especies benéficas. Las hierbas medicinales, las fibras naturales, las carnes y cueros silvestres, las mascotas, los frutos naturales, las zafras, la apicultura y piscicultura, etc., etc. Todas serán futuras fuentes de actividad para el autoconsumo y empleo permanente de nuestras nuevas fuerzas laborales. Un enorme tesoro de interesantes fenómenos, deben alentar la mente del aficionado a la exploración y a la observación de los fenómenos naturales para representar la base desde la que se proyecte la agricultura, el manejo de hacienda y el desarrollo de la prosperidad y del empleo zona por zona. Con la ayuda del ingenio popular y la cultura del trabajo, paso a paso se ira sumando valor agregado a cada bien transformado ya en producto. Textiles, cueros, alimentos, materiales para la construcción, medicinas, artesanías, una reincorporación de la tierra  a la cultura por obra del trabajo.        

   La extensión de los beneficios de la comunicación inalámbrica, radio, TV satelital, telefonía rural, correo electrónico, sistemas de posicionamiento global y de previsión del clima. Y sus consecuencias directas, la integración de numerosos sectores sociales postergados a la vida pública, su incorporación a nuestras formas de vida, así como también, el reconocimiento por nosotros mismos de sus diversas culturas como formas también adaptativas a un medio eminentemente diverso. La simplificación de la tecnología nos faculta a formar parte de un mundo cada vez más amplio, donde la exclusión social será raramente vista. Alcanzar todos los espacios conocidos por el hombre y asignarles un rol dentro del concierto de espacios naturales disponibles, será una inexorable consecuencia, junto con la estimación de rendimientos silvestres, la efectiva verificación del trabajo rural, la incorporación fehaciente de una economía planificada a todo recurso salvaje, serán metas del siglo en curso que la comunicación potenciará claramente.    

   Un enorme escenario de prosperidad es previsible anticipar en el uso y recuperación de materiales reciclables, así como en el reaprovechamiento de residuos biológicos como fertilizantes, o productores de combustible, entre cientos de espontáneas oportunidades que renacerán tan pronto como dejemos de agredir el planeta y a nosotros mismos como actualmente lo estamos haciendo. No sólo la polución urbano / industrial amenaza la continuidad de la armonía. El deterioro de la conducta humana por adecuación a situaciones forzosas, copta la mente y envenena la imaginación del hombre civilizado, induciendo en el modo de vida moderno, centenares de enfermedades endémicas propias de quienes no ríen, ni corren, ni aman, ni cantan, ni juegan, sino que son espectadores de risas, cantos, juegos y deportes protagonizados por otros. Así serán reemplazados el encierro y la retracción del consumo por la alegría del trabajo y la reinserción social a un contexto humano cuya propia condición impida la filtración de intereses mezquinos propios de los grupos auto considerados como privilegiados.       

   El empleo de energías sin red, facultará a las familias que deban o deseen vivir en lugares aislados, a gozar de los mismos elementos de confort que son frecuentes hoy en los grandes centros urbanos, como ya ocurre en los hospedajes turísticos especializados en la vida al aire libre.  Como a si mismo a procesar recursos semi silvestres o silvestres de extracción programada, como la fruta fina, las medicinales y a producir con ellos licores, jarabes, tinturas, esencias aromáticas y dulces artesanales, las conservas de frutos de mar, fiambres y quesos, etc. La energía eólica, la pequeña generación hidroeléctrica, la energía solar y sobre todo el empleo del hidrógeno como combustible, producirán en la actual centuria un cambio tan agudo como el que las comunicaciones comenzaron en el siglo pasado, las aglomeraciones urbanas no tendrán ya tanto sentido como hábitat humano y su apogeo irá suavemente declinando. Volver a ir al colegio a caballo pronto será un privilegio tan refinado como poder pescar en un arroyo los domingos.  

   Finalmente, toca mencionar el tremendo peso que la crisis mundial ejerce sobre nuestra región y que se traduce en la perpetua condición de deudora a la que han condenado a nuestras economías aparentemente culpables de un retraso irremisible de su condición económica. Deudas escriturales jamás giradas efectivamente hacia ningún beneficio social conocido y que han corroborado con demasía el grado de corrupción alcanzado por nuestra cúpula dirigente. A fin de compensar de una forma definitiva este estigma al libre ejercicio del poder en la región, debemos oponer un estricto control de la extracción y exportación de todos nuestros recursos y en particular de los no renovables. No sólo los hidrocarburos, sino que toda la actividad minera, deberá estar sujeta a un control pormenorizado de sus cupos, calidades y disponibilidades, a fin de no perder de vista la enorme riqueza que yace en nuestro suelo, y que según el sistema legal actual, carece de utilidad tanto para el superficiario, como para la población anexa al recurso. Este sector puede perfectamente, bien controlado, compensar toda dependencia con la banca extranjera, resolver la ominosa ingerencia  de todo organismo internacional y constituir la base económica de desarrollo de nuestra futura independencia monetaria, un escalón indispensable en la construcción de nuestro modelo continental de desarrollo.

   Pero difícilmente, la acumulación legítima de riqueza descansará en un lugar seguro hasta definir un sistema bancario subordinado al esfuerzo social común. Urge reconstruir un sector financiero integrado con las metas de crecimiento y desarrollo económico sostenidas por la masa de ahorristas. La reconstrucción de la banca cooperativa destruida durante la década del sesenta y el sucesivo desmantelamiento de la banca provincial en los ochenta, no pudieron ser fenómenos casuales. Hoy, en términos legos podría perfectamente equipararse la ganancia obtenida por la banca privada en argentina al total de dinero ingresado a nuestra economía en el rubro turismo. Unos cuatro mil millones de dólares aproximadamente.    

     

   Centenares de oportunidades aguardan ser alcanzadas por el interés legítimo y por nuestro esfuerzo colectivo, si podemos aceptar que habitar nuestra tierra es todo el privilegio que nos resta asimilar para alcanzar el único equilibrio posible de ser sostenido, el que incluya a todas las formas de vida de una misma forma. El ser humano no es diferente como animal a los demás ejemplares de la fauna silvestre. El resto de sus veleidosas facultades se pueden corregir con paciencia, del mismo modo en que a todos los misterios los derrota el conocimiento. Poseemos ahora en Sudamérica, lo que seguramente sea la última oportunidad de intentar un modo de desarrollo e interacción compatible con la vida en la naturaleza. Poseemos los terrenos fértiles, las cuencas hídricas, el mar aún en un aceptable estado de pureza, y un pueblo sensible a la injusticia, con un claro ejemplo de pacífica integración cultural y una innegable voluntad de poner nuevamente de pie el sueño de nuestra Confederación de las Provincias Unidas de Sudamérica. La Patria Grande de América Latina.

EPÍLOGO

   Así como una forma de vida desadaptada a su entorno, se agota y desaparece, así también las recurrentes tentativas por instaurar un régimen civilizatorio para los demás, recaen periódicamente en autoritarismos inviables. Mientras las grandes metrópolis se ocupaban, durante el apogeo del pensamiento científico, de descalificar por etnocéntrica a toda forma de cultura, sea donde y cuando fuera que esta tenga lugar. Y mientras, la realidad étnica y ambiental con la que encuentra sustento éste animal humano, acusaba cada vez un más profundo deterioro. La evidencia comenzó a rebelar, que tal proceso de desarrollo, lejos de fomentar el sentido de progreso proclamado; condenaba a todo el sistema, a un inexorable colapso.

  

   Porque lo que sencillamente ocurre, es que las experiencias complejas no son repetibles por la intervención exclusiva de la voluntad humana. El ser racional no es autor de su propia historia biológica; ni lo podrá ser hasta tanto no encuentre el hilo del relato principal en que está inmerso él mismo como parte accesoria. Podría trazarse aquí un paralelo con el descubrimiento del inconsciente en el plano individual, dado que lo que Sigmund Freud aporta como observación, no es otra cosa que la descripción de la imposibilidad de percibir la totalidad de la conducta individual a partir de la capacidad de percepción brindada por el estado individual de conciencia. De alguna forma este concepto, redescubre la naturaleza silvestre del cuerpo instintivo del animal humano, enraizada en lo profundo de la mente. Allí sumergidos por la represión civilizatoria, quedan intactos, los instintos de conservación, las relaciones de parentesco y los caminos hacia la satisfacción de todas las funciones primarias según como se ven, como huelen, a que saben, o que es lo que se siente cuando se las toca. Y bajo la potestad de estas herramientas si se teje un saber colectivo adecuado a la continuidad de la vida a través de centenares de miles de años. Este orden ha sido trastocado, y del camino de restauración de tal desacierto, habrán de tratar muchos de los siguientes debates con los que el criollo actual, resuelva su presencia sobre esta, su patria sudamericana; dado que para él, jamás habrá otro camino que el de encarnar el destino del emergente nativo, ni otra bandera que la de quien surge de la profunda legitimidad concedida desde el origen por la tierra de la que todos somos  habitantes.  

                                                                         Arturo Avellaneda

  

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