De raza negra y cuna humilde, adquirió una gran celebridad como payador.

GABINO EZEIZA, EL TROVADOR DE LA PAMPA

Por Alejandro Pandra

El 3 de febrero de 1858 nació en San Telmo el más grande payador de todos los tiempos, don Gabino Ezeiza.También fue autor de más de quinientas composiciones. Tanto Gardel como Razzano lo conocieron en los comités políticos de principios de siglo, como a casi todos los payadores de aquel tiempo, y ese conocimiento se hizo trato amigo en la rueda cotidiana del popular «Café de los Angelitos» de Rivadavia y Rincón

EL TROVADOR DE LA PAMPA

 Por Alejandro Pandra

AGENDA DE REFLEXION

El 3 de febrero de 1858 nació en San Telmo el más grande payador de todos los tiempos, don Gabino Ezeiza. Debutó en el oficio a los 14 años en la pulpería de don Pancho Luna –quien se dice que fue su maestro- de su barrio natal.

  Luego se casó con una descendiente del Chacho Peñaloza, con quien vivió siempre en la calle Azul 92, en Floresta, hasta su muerte ocurrida el 12 de octubre de 1916.

 En el lugar existe hoy una panadería que se llama «Don Gabino» y una placa de bronce que lo recuerda. De raza negra y cuna humilde, adquirió una gran celebridad como payador.

 También fue autor de más de quinientas composiciones, que él mismo interpretó.

 En esa lucha verbal del contrapunto que es la payada, Ezeiza se enfrentó con José Betinotti en 1902, en un circo que funcionaba en Venezuela y Maza, del barrio de Boedo.

La justa terminó convirtiendo a Betinotti, que se iniciaba entonces en el arte popular, en discípulo de Gabino.

 Con anterioridad, en 1891, había sostenido con Nemesio Trejo una payada también memorable, pues duró tres noches.

 Allá por 1900, llegó don Gabino a Dolores a dar un recital de canto y guitarra, ya que no existía contrincante.

Se le propuso que cuando empezara a improvisar, se proyectarían diversas imágenes en una pantalla de teatro con el nuevo sistema de proyecciones luminosas para que él, que las vería junto al público, las describiera cantando.

 Gabino, sin averiguar los motivos que les serían expuestos, aceptó y el éxito alcanzado fue de tal magnitud que su actuación, programada para dos horas, duró más de cuatro.

 Fue el trovador de la pampa.

 En aquellos tiempos de escasa población rural, mayoritariamente analfabeta, en que la Argentina vivía la vida del pueblo gaucho, fue el bardo errante y vagabundo que iba con su guitarra de rancho en rancho y de pulpería en pulpería, glosando los acontecimientos más notables, recordando las hazañas de los hombres ilustres, llevando a todas partes las palpitaciones del alma nacional.

Hijo del pueblo y entre el pueblo criado, se identificaba con el paisano, con el hombre pata al suelo, y en forma poética y solemne le cantaba sus cuitas y sus alegrías, sus esperanzas y sus anhelos.

 Escribe Sarmiento en el “Facundo”: «El cantor anda de pago en pago, de tapera en galpón, cantando sus héroes perseguidos por la justicia, los llantos de viuda a quienes los indios robaron sus hijos en un malón reciente, la derrota y la muerte del valiente Rauch, la catástrofe de Facundo Quiroga y la suerte que le cupo a Santos Pérez».

 Tal vez su contrapunto más famoso lo sostuvo en Paysandú (Uruguay, frente a la entrerriana Colón) con el mentado cantor oriental Juan de Nava, al que rodeaba una aureola de prestigio conquistada en muchos entreveros difíciles de los que supo salir airoso, el 23 de julio de 1884.

 En recuerdo de esa payada memorable, en Argentina se celebra el 23 de julio como Día del Payador.

 Ese encuentro fue presenciado por uno de los auditorios más numerosos que se recuerdan, y ante la adversidad del público uruguayo, improvisó allí la que sería la célebre canción «Heroico Paysandú», sobre la enorme epopeya oriental del blanco Leandro Gómez durante el sitio, más tarde grabada por el dúo Gardel – Razzano, y que tal vez sería oportuno y eficaz que escucharan hoy algunos activistas ambientalistas de Colón y de Gualeguaychú.

Heroico Paysandú yo te saludo

hermano de la patria en que nací

tus triunfos y tus glorias ofrecerte

te canto de mi patria como aquí

yo guardo este recuerdo de mi patria

pegado en una brisa tu canción

el hijo del temblor de tu saliente

tu más grande y sublime inspiración

hermanos en las luchas y en las glorias

la mina de quien amo y su candor

con ecos nacionales de la historia

queriendo proclamarme vencedor

Heroico Paysandú yo te saludo

la Troya y gloria americana por tener

saludo a este pueblo de valientes

y juro de los bravos treinta y tres

Heroico Paysandú yo te saludo

hermano de la patria en que nací

tus triunfos y tus glorias ofrecerte

te canto de mi patria como aquí.

Además de recorrer los pueblos del interior con su arte y su guitarra, lo hizo también con un circo de su propiedad llamado «Pabellón Argentino», que perdió en un incendio provocado por sus opositores políticos en el año 1893 en Santa Fe.

 Grabó discos, algunos con acompañamiento en piano de Manuel Campoamor, célebre compositor del tango «La cara de la luna».

Recopiló sus versos en el folleto «Cantos a la Patria».

 Tanto Gardel como Razzano lo conocieron en los comités políticos de principios de siglo, como a casi todos los payadores de aquel tiempo, y ese conocimiento se hizo trato amigo en la rueda cotidiana del popular «Café de los Angelitos» de Rivadavia y Rincón, a pocos metros de donde vivía el Ruiseñor.

 Gabino Ezeiza, como todos los juglares del pueblo, murió pobre, en su vieja casa de Floresta, allá por 1916, cuando orillaba los 59 años, el mismo día que asumía su primera presidencia su gran amigo y caudillo don Hipólito Yrigoyen.

 Hacía poco había improvisado durante la campaña en un comité radical: «Usted me propone un tema / que yo le cante a Yrigoyen. / Ese es mi tema querido / el que siempre a mí me oyen. / Yo que lo conozco tanto / digo que a su sentimiento / lo acompaña la honradez, / la probidad y el talento».

 AP/

 

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