Ambos filtraron noticias sobre el abuso de poder que perpetra Estados Unidos sin que los medios de comunicación convencionales informen al respecto.

SNOWDEN Y ASSANGE HÉROES MODERNOS

La impunidad con la cual Estados Unidos está decidido a sacar a Maduro de la presidencia venezolana se sustenta en esa versión de “la verdad” que los escribas del poder real se esmeran en instalar en las páginas de los más influyentes medios de comunicación.
El objetivo es manipular a la opinión pública para que ésta vea en Maduro al dictador despiadado

Primero fue Edward Snowden y más tarde Julián Assange.

Ambos filtraron noticias sobre el abuso de poder que perpetra Estados Unidos sin que los medios de comunicación convencionales informen al respecto.

Las irrefutables pruebas que tanto Snowden como Assange visibilizaron a los ojos del mundo, describen las atrocidades cometidas por la hostil Norteamérica en aquellos territorios foráneos en los que los abanderados de la democracia ejercen su “brutalidad patriótica” violando sistemáticamente cualquier derecho humano.

La impunidad con la cual Estados Unidos está decidido a sacar a Maduro de la presidencia venezolana se sustenta en esa versión de “la verdad” que los escribas del poder real se esmeran en instalar en las páginas de los más influyentes medios de comunicación.

El objetivo es manipular a la opinión pública para que ésta vea en Maduro al dictador despiadado y al mismo tiempo suponga a Juan Guaidó (una suerte de gerente de Trump) como al mesías que pretende rescatar a Venezuela de las garras del tirano.

Pero si fuera por intervenir en los países en los que la democracia está en peligro, hace tiempo que debería haberse puesto en tela de juicio la metodología a través de la cual Estados Unidos ha degradado su propio sistema democrático, mediante prácticas que bien ameritarían una injerencia, una urgente invasión.

Con la anuencia de Trump, en la “América democrática” cerca de 100 mil niños están siendo explotados en el sector agrícola, la mayoría de ellos son latinos que suelen trabajar diez o más horas al día, arriesgándose constantemente a la intoxicación por plaguicidas, a los golpes de calor, las lesiones, las discapacidades permanentes y la muerte.

De los menores de 16 años que perdieron la vida en el trabajo en un solo año, el 75% trabajaban en el campo.