Los bancos centrales de los países en desarrollo se han ido convirtiendo, a partir del consenso de Washington, en herramientas de dominación y control externo de sus economías.

BANCO CENTRAL, INDEPENDENCIA, Y SOBERANÍA

Por Amado Boudou

El gobierno de Macri es realmente desastroso. Pero siempre podemos aprender algo. Nadie ha alzado la voz para pedir por la independencia del BCRA mientras transcurre un gobierno que ha pisoteado con grosería y ha denigrado a sus presidentes (tres en tres años como otro indicador del fracaso de Macri y su equipo). No hay ningún escándalo mediático al respecto. Este sí era un tema de preocupación institucional del coro durante el gobierno nacional y popular. Porque el verdadero problema no era el BCRA, sino el sentido de toda su política.

Por  Amado Boudou

Utopías y realidades del Movimiento Nacional

Ezeiza, 2 de marzo de 2019

Otra mentira neoliberal

En la semana del 11 de febrero, el BCRA volvió a subir la tasa de interés de referencia del fracasado programa económico. Una clara señal de desconcierto y temor de la administración Macri, pero sobre todo de politiquería ramplona.

En clave electoral, el gobierno de Macri no vacila en seguir destruyendo el sistema productivo devastado y el consumo, poniendo incluso en peligro el funcionamiento del sistema financiero.

Tres años de gestión empeorando la inflación, los ingresos de los trabajadores y de los jubilados, el nivel de empleo, la evolución del PIB, el déficit del sector público e iniciando un recorrido de desindustrialización impiadoso.

Párrafo aparte para la siniestra performance de Macri es el aumento de la deuda, el nivel de devaluación y la fuga de capitales.

Pero más allá de todos estos datos indiscutibles que certifican al gobierno de Macri como el más inútil y nocivo de los últimos 200 años para el conjunto de los argentinos, este artículo pretende alertar sobre otra cuestión mucho más sutil y conceptual de la política monetaria: la sacrosanta independencia del BCRA, uno de los tópicos centrales de los programas “académicos” de Moneda y Teoría Monetaria. También uno de los conceptos más difundidos por el coro de comunicadores y opinadores del elenco permanente de difusión de las necesidades del establishment que cacarean con el cuidado de las instituciones republicanas.

Coro compuesto por académicos, periodistas, políticos y consultores. Coro, por cierto, monocorde y tedioso: “Una República requiere de un banco central independiente”; “La fortaleza institucional de un país necesita un banco central independiente”; “Un país maduro y racional se construye con un banco central independiente”; “Los países serios tienen bancos centrales independientes”. Bancos centrales… independientes.

El neoliberalismo se las arregla siempre para humanizar y encontrar adjetivos con connotaciones positivas a cosas y acciones contra la vida de la mayoría de los humanos. Así ha logrado construir un mundo con países con niveles de desigualdad que son a la vez insuperables e insustentables, salvo a través de la violencia que ejercen los aparatos dominantes en forma masiva y diversa.

Cabe la pregunta ¿independientes de qué?  ¿“Independientes” de políticas inescrupulosas y oportunistas? “Para combatir la inflación necesitamos políticas de Estado de largo plazo y, en cuestiones monetarias, sólo puede lograrse con un banco central independiente” responde con énfasis el coro.

¿Hablarán de Macri? Me permito dudarlo. Al principio de su administración, Macri puso un presidente del BCRA totalmente afín. Y lo mismo sucedió con los directores de la autoridad monetaria. Es más, podemos inferir que hasta cuando la realidad lo confrontó con resultados realmente lamentables y desastrosos persistió con los incondicionales.

Federico Sturzenegger era el mejor economista para Mauricio Macri. Recordemos que sobrevivió al primer Ministro de Economía del fallido mejor equipo de los últimos 50 años (una canchereada gratuita de un compadrito de baja estofa). O sea que no se esperaba mucha independencia (si realmente creyeran en la famosa independencia podría haberse dejado al presidente y directorio anterior del banco). Más aún, demostraron querer siempre un alineamiento automático.

Después del fracaso persistente y consistente del recurrentemente fracasado Sturzenegger (lo cual no sería problema nuestro, salvo que sus fracasos en los gobiernos de De la Rúa y Macri han costado mucho sufrimiento a todos lxs argentinxs en términos institucionales y de vida) Macri lo echó… avasallando la independencia del Banco Central.

Pero bueno… para respetar la sacrosanta independencia puso a… su Secretario de Finanzas. O sea, del Ejecutivo al BCRA sin escalas. La idea era fortalecer la injerencia del Poder Ejecutivo en el BCRA y lo lograron… con resultados tan desastrosos que el supuesto “Messi” de las finanzas duró un suspiro. Como lo patético en el gobierno de Macri no tiene límites, lograron que el BCRA perdiera un grado de libertad adicional. A Caputo lo echó el FMI con el presidente de los argentinos en Washington DC.

Y para cerrar desde lo simbólico la falsedad y la hipocresía de la “independencia”, el equipo residente del FMI que conduce la economía argentina tiene sus oficinas operativas centrales en… el edificio del Banco Central.

Todo eso constituye un grotesco a la enésima potencia: nuestro país tiene autoridades formales en funciones pero las decisiones se toman y ejecutan desde otras latitudes. Dicen que el FMI pretendía que los dólares que inyecta en la Argentina sean salvavidas para sus amigos y no podía malgastarlos Caputo sirviéndoselos a sus propios amigos (parece que no son los mismos). Delicias de la fuga de capitales que realiza una minoría financiada con endeudamiento que pagan y pagarán trabajadores y jubilados. Con lo que entregaron Macri y Dujovne en intereses el año pasado por instrucción de Madame Lagarde, el gobierno podría haberle dado $50.000 a cada jubilado… decisiones políticas que le dicen.

Final y velozmente llegó un nuevo presidente al BCRA. Parece que el mejor equipo es de alta rotación. Banco le sobró, lo que le faltan son resultados. Cabe recordar aquella sentencia que forma parte de nuestro acervo popular enunciada originalmente por uno de nuestros enormes técnicos de fútbol “equipo que gana no se toca” para entender por oposición la performance de la Administración Macri.

Perfil bajísimo! Veamos: política monetaria hiperrestrictiva, tasas de interés a la baja (no muy debajo del 50%). Resultados: control de la altísima inflación, NULO (el piso para este año ya es 35%), performance de la economía, PÉSIMO (caída del PIB, empleo, actividad industrial, bajísima utilización de la capacidad instalada, inversión cero) ¿y el dólar? Ésta es la única variable que interesa al presidente y a su equipo de campaña. Ya todas las mentiras de la campaña del 2015 consumadas (“la inflación no va a ser un problema en mi gobierno”, ”pobreza cero”, “lluvia de inversiones”, “brotes verdes”, “empleos de calidad”, etc., etc.) creen que conteniendo artificialmente el precio del dólar podrán dar alguna imagen de capacidad para gobernar, después de un 2018 donde nuestro peso fue por lejos la peor moneda del mundo: se devaluó el doble de la lira turca que es la que le seguía. Típico de políticas oportunistas a quiene solo les importa mantener el poder y sus sueldos.

Pero el dólar parece que empezó a desperezarse esta última semana. Entonces el Jefe de Gabinete y el Ministro de Economía ordenaron al presidente del BCRA (según los medios de prensa más afines al gobierno) que suba la tasa de interés, y el BCRA… la subió. Un ejemplo de independencia y profesionalismo del presidente del BCRA.

En un verdadero deja-vu de aquel diciembre en el cual funcionarios del Ejecutivo sentaron a Sturzenegger para ajusticiarlo en público como responsable de la inflación, pero, sin aquella teatralidad, el gobierno vuelve a mostrarnos lo que piensa y actúa respecto de la independencia del BCRA. ¿Y el coro? mutis por el foro. A diferencia de los años en que usaban el tema de la independencia del BCRA para agredir al gobierno nacional y popular, hoy nada se dice al respecto. Ningún integrante del coro se siente agraviado ni preocupado ante el atropello del gobierno sobre la institución monetaria y sus deshilachadas autoridades.

Dicho todo esto, ¿me preocupa la independencia del BCRA? en absoluto. O mejor dicho: según de quien. Si el BCRA es independiente de la política nacional y de la democracia, solamente sucede porque es dependiente de otros sectores: de los intereses transnacionales, las órdenes de los organismos multilaterales o las necesidades del poder económico y financiero concentrado.

Sí me preocupa que no seamos capaces de entender e interpretar estas operaciones de hegemonía institucional y cultural del neoliberalismo.

La independencia de los bancos centrales es solo una fábula para países periféricos y élites intelectuales que se dedican a propagar una ideología disfrazada de ciencia. La “salida” de la crisis global de 2008 puso en evidencia una situación permanente en los países centrales y sus bancos ídem: no son independientes.

Los bancos centrales de los países en desarrollo se han ido convirtiendo, a partir del consenso de Washington, en herramientas de dominación y control externo de sus economías. Son parte indispensable de una arquitectura financiera internacional que ha provocado y provoca cada vez peor distribución del ingreso entre los países y dentro de cada país.

El gobierno de Macri es realmente desastroso. Pero siempre podemos aprender algo. Nadie ha alzado la voz para pedir por la independencia del BCRA mientras transcurre un gobierno que ha pisoteado con grosería y ha denigrado a sus presidentes (tres en tres años como otro indicador del fracaso de Macri y su equipo). No hay ningún escándalo mediático al respecto. Este sí era un tema de preocupación institucional del coro durante el gobierno nacional y popular. Porque el verdadero problema no era el BCRA, sino el sentido de toda su política.

Es importante comprender estas cuestiones para los tiempos por venir. No es el respeto por las instituciones lo que mueve al neoliberalismo global y sus representantes locales. Es simplemente si las instituciones sirven o no a sus intereses. Dicen protegerlas cuando no están en el gobierno y las pisotean cuando gobiernan. Y el BCRA no es el único ejemplo de Macri atropellando instituciones. Creo que es central entender que los instrumentos son eso, instrumentos.

Sabemos que quienes defienden con gesto adusto y argumentos supuestamente científicos la independencia del BCRA, no tienen la misma actitud ni enjundia, cuando tienen que defender la independencia de nuestro país. Aquello que nosotros llamamos soberanía. Por eso, más que enfrascarnos en discusiones bizantinas sobre la independencia o no del BCRA, es urgente seguir pensando en transformaciones estructurales que garanticen la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria, verdaderos objetivos de cualquier diseño institucional.

 

 

Ezeiza, 2 de marzo de 2019