El presidente Macri y sus ministros fueron protagonistas del mayor escándalo periodístico mundial sobre evasión y lavado de dinero.

SURFEANDO SOBRE LOS PANAMA PAPERS

Por Aquiles Anderson

Resulta que esta filtración de documentación y comunicaciones internas de un paraíso fiscal mostraba obscenidades que involucraban a los principales protagonistas de la cruzada blanca por la pureza y, por el contrario, no involucraban a los ya eficazmente estigmatizados “corruptos del gobierno anterior”, lo que generaría un gran vacío en la legitimidad de los principales medios de comunicación del país y de sus socios mayoritarios, ahora también en el poder.

Por Aquiles Anderson *

Revista EL SUR

01/03/2019

El presidente Macri y sus ministros fueron protagonistas del mayor escándalo periodístico mundial sobre evasión y lavado de dinero. Pero salieron indemnes y se presentan ante la sociedad como paladines de la lucha contra la corrupción.

La prensa internacional recibió filtraciones de miles de correos electrónicos y comunicaciones privadas que “liberaron” un grupo de hackers con la vocación de “desnudar” el funcionamiento de la corrupción estructural en los grandes centros de poder. Se la entregaron a poderosos medios de comunicación gráficos que organizaron un consorcio internacional con los más prestigiosos investigadores en temas económicos y políticos de los países con altos funcionarios involucrados. En Argentina participaron periodistas de dos de los mayores medios del país y recibieron la información con mucho tiempo para trabajarla.

Finalmente el consorcio decide una fecha para hacer pública en red toda la información denunciando, entre otros, a diecisiete presidentes, tres de ellos en funciones. Ello presuponía un escándalo inédito en el mundo. Nunca antes al poder le habían ocurrido filtraciones de este tipo y mucho menos esas filtraciones habían llegado a la tapa de los diarios más importantes.

En Argentina los mayores medios del país se jugaron enteros a un cambio de rumbo en el Gobierno Nacional y con una certera estrategia de “periodismo de guerra” hirieron de muerte a una transición institucional más o menos democrática. Parte de ese periodismo de guerra consistió en construir la idea en la opinión pública de que había dos bandos opuestos, uno lleno de corruptos y otro lleno de almas nobles que vendrían, en una suerte de cruzada, a limpiar el país de la ignominia. Una vez lograda la primera gran victoria y usando el Estado a su favor, se multiplicó la potencia de este relato, llevándolo a niveles épicos.

Resulta que esta filtración de documentación y comunicaciones internas de un paraíso fiscal mostraba obscenidades que involucraban a los principales protagonistas de la cruzada blanca por la pureza y, por el contrario, no involucraban a los ya eficazmente estigmatizados “corruptos del gobierno anterior”, lo que generaría un gran vacío en la legitimidad de los principales medios de comunicación del país y de sus socios mayoritarios, ahora también en el poder.

Pero la fecha en que la red internacional haría la comunicación se aproximaba y no comunicarlo en el país podría dañar igual o peor esta reputación y legitimidad que podría exponer ante la opinión pública la connivencia entre el bando de la pureza y el bando de la comunicación libertaria, que tienen como requisito para su eficacia mostrarse separados.

Así inventan un modus operandi que inaugura una nueva era en la discusión del poder en el país: los servicios de inteligencia extranjeros operando con los servicios de inteligencia locales, fabricando escenas para que las fuerzas de seguridad actúen en coordinación con los medios de comunicación y un sector de la Justicia, para correr la realidad un poquito y hacer que la bomba de la fea noticia pase con el menor daño posible.

Cinco días antes de que el consorcio haga pública la noticia comienza una lluvia de tapas con fotos de fuerzas de seguridad altamente armadas que acompañan a peligrosos anónimos montados en la escena como los corruptos del siglo, suceden diez días de tapas iguales, una tras otra, encerrando monstruos de la “corrupción del gobierno anterior” que terminaban encarcelados antes de caratular sus causas, condenados en el prime time y las tapas de los medios de comunicación, que tenían el privilegio de acceder antes que la propia justicia a las mejores fotos, a la mejor información y a una fábrica de trescientas noticias diarias sobre el tema.

Cuatro tapas

El tema de la corrupción documentada en la información que se hizo semi pública con las filtraciones del paraíso fiscal apareció en Argentina en cuatro tapas y luego desapareció. Los involucrados directos de los delitos de evasión, fuga y lavado de activos, entre otra decena de delitos, fueron creados en la escena montada como piezas de un ajedrez del que eran víctimas, y con un par de pases mágicos, trasladaron la responsabilidad y el problema a un lugar de palabras difíciles y hombres muy serios de traje.

Mauricio Macri se transformó así en el único presidente de la historia mundial en sobrevivir a las filtraciones de información que dan cuenta de cómo evadió, fugó y lavó dinero, amasando parte de la fortuna familiar.

Hoy sigue representando, para un veinte por ciento de la sociedad de su país, a un paladín que lucha contra la corrupción y cuenta con la legitimidad de esa minoría intensa pero con poder de fuego para violar todas las normas y usar el Estado para dar un escarmiento a sus opositores, los “corruptos del gobierno anterior”.

A veces me pregunto qué parte de la educación falló y por qué nos cuesta tanto evolucionar como sociedad, repitiendo los mismos errores una y mil veces, permitiendo que estos genocidios culturales aniquilen la verdad, el periodismo, la justicia, el Estado, la política. ¿Desde dónde vamos a reconstruirnos sin todos esos ingredientes? Si seguimos así, los sectores financieros podrán seguir imponiendo su especulación sobre nuestro derecho a una vida digna.

 

*Agudo analista internacional. Periodista pochoclero, objetivo y antimacrista.