Difundir: es del fotógrafo alemán Stefan Borghardt, perseguido, encarcelado, golpeado y robado por la Policía por intentar registrar el desastre ambiental en Vaca Muerta:

DESASTRE DE VACA MUERTA

Por Stefan Borghardt (FOTO)

El lunes, 7 de enero, por las 18 horas andaba por el lote 56 de la empresa Treater Neuquén S.A. cerca de Añelo, fotografiando los basureros petroleros a cielo abierto. Ahí me agarró un supervisor, me llevó a la entrada del predio en su camioneta y habló por teléfono con su jefe. Éste insistió que borrara las imágenes y yo aparenté que había sacado todas las fotos en rollo. Llamaron a la policía y me llevó a la comisaría 10 de Añelo.

Relato de mi odisea por Vaca Muerta:

Me llamo Stefan Borghardt, tengo 28 años, soy de Alemania y estudio fotoperiodismo. Desde fines del año pasado estaba trabajando en un proyecto personal sobre el Fracking, en las zonas de Vaca Muerta y el Alto Valle rionegrino.

El lunes, 7 de enero, por las 18 horas andaba por el lote 56 de la empresa Treater Neuquén S.A. cerca de Añelo, fotografiando los basureros petroleros a cielo abierto. Saqué varias fotos con las dos cámaras profesionales que llevaba encima y alcancé a sacar cuatro fotos con el celular.

Ahí me agarró un supervisor, me llevó a la entrada del predio en su camioneta y habló por teléfono con su jefe. Éste insistió que borrara las imágenes y yo aparenté que había sacado todas las fotos en rollo. Llamaron a la policía y me llevó a la comisaría 10 de Añelo.

Durante el trayecto, la oficial que estaba sentada a mi costado, se metió en mi celular reproduciendo mensajes de voz y leyendo otros mensajes personales enviados y recibidos en altavoz, sin mi autorización.

Después, en la comisaría, tampoco me permitieron usar mi teléfono.

Además, ya tenían evidencia de que yo era periodista por mi carné de prensa que se los había presentado. Me hicieron dejar todas mis cosas arriba de la barra de atención.

Me hicieron un montón de preguntas mientras la oficial labraba el acta de mis pertenencias. Cuando me apresuró para que lo firmara, insistí en leerlo con calma antes de poner mi firma abajo, para asegurarme que estaba todo documentado de forma correcta. Se enojó y me llevó a un calabozo, empujándome e insultándome.

A un testigo que habían llamado para firmar el acta por mí, no lo alcancé a ver. En el primer calabozo me pegaron, me patearon y un oficial que me maltrataba con una escoba desde lejos me dijo que odiaba a todos los alemanes.

Otro policía me insistió que me apurara a quitarme los cordones de las zapatillas, porque sino me ayudaría él, y sacó un navaja del bolsillo para asustarme. También me dijo que si me decían que firmara, tendría que firmar y que las cosas no funcionaban como yo me las imaginaba. Yo durante todo ese proceso actuaba de manera defensiva pidiéndoles que no me lastimaran.

Después de todo ese proceso me llevaron a otro calabozo, donde permanecí durante aproximadamente dos horas.

Cada rato me venían a visitar oficiales para hacerme más preguntas.

En ningún momento me dieron el agua que les había pedido.

Un policía incluso me preguntó por el valor de mis equipos fotográficos.

Me sacaron del calabozo por las 22:20 horas (aprox.) y me llevaron de nuevo a la barra de atención, donde firmé lo que creo que era la denuncia contra mi persona, la declaración de la hora de mi detención y de la liberación y además el acta, confirmando que me habían devuelto todas mis pertenencias.

Me informaron que habían secuestrado todo mi equipo fotográfico, pero yo firmé igual.

No pedí que me entregaran una confirmación del secuestro ni leí ninguno de los documentos.

Firmé para salir del lugar al instante y para no meterme en más problemas. Ya había aprendido la lección de que no era el ambiente para reclamar mis derechos.

Acá les comparto las fotos que logré sacar con el celular y difundir antes de que me agarrasen.

Teniendo en cuenta el importante trabajo de mis compañerxs, me parece que estas injusticias no deberían de ocurrir sin que se entere nadie.

Espero poder recuperar los equipos que son mis herramientas de trabajo como periodista.

Notifiqué tanto la embajada alemana como organizaciones internacionales sobre lo sucedido.

Estaría muy agradecido por cualquier ayuda difundiendo el caso para defender la libertad de la prensa.

REPORTERO GRÁFICO ALEMÁN DENUNCIÓ IRREGULARIDADES AL SER DETENIDO EN AÑELO

Tomaba fotografías de un basurero petrolero de la empresa Treater Neuquén S.A. Permaneció en un calabozo por dos horas, y no pudo recuperar su equipo, los rollos y el celular donde había tomado las fotos. Denunció que fue golpeado y maltratado por efectivos policiales.

Agencia Neuquén

09 Ene 2019

Uno de los piletones que retrató el fotógrafo que fue detenido. (Foto: Gentileza Stefan Borghardt)

La policía detuvo, en Añelo, el pasado lunes a un fotoperiodista alemán que retrataba un basurero petrolero en la empresa Treater Neuquén SA.

El profesional, identificado como Stefan Borghardt, permaneció detenido en el calabozo de la Comisaría 10 de la localidad de cabecera de Vaca Muerta durante dos horas y no pudo recuperar su equipo fotográfico, ni las unidades de almacenamiento y rollos de fotos donde había capturado las imágenes.

Además denunció que recibió golpes y que su teléfono personal fue revisado por los una de las efectivos policiales durante el traslado hasta la comisaría.

El reportero gráfico se desempeña como free lance. Realizó la cobertura de la Cumbre del G20 y la frustrada final de la Copa Libertadores en el estadio Monumental. A principio de año llegó a Neuquén para iniciar un documental sobre la explotación no convencional de hidrocarburos en Vaca Muerta.

Cuando estaba en inmediaciones del predio de la empresa, retrató dos piletones de 50 metros que contenían restos de fluidos derivados de la extracción petrolera. Uno de ellos había derramado una parte. En ese momento un supervisor detectó su presencia y fue sacado por la fuerza, mientras contactaron a las autoridades.

Borghardt explicó en Radio Universidad CALF que “estaba sacando fotos en un derrame que encontré y me agarró un supervisor de la zona en una camioneta blanca, y me llevó a la entrada del predio. Ahí él habló con un jefe que llamó a la policía”.

Los uniformados detuvieron a Borghardt, y secuestraron su equipo fotográfico y su teléfono celular. “La policía que estaba sentado al lado mío tenía mi celular, y se metía en mis mensajes, reproducía los mensajes de voz y yo le preguntaba si tenía derecho a hacerlo, pero ella no me respondió”, explicó el fotógrafo.

Ingresó esposado en la comisaría de Añelo, y fue obligado a firmar un acta de detención. Luego fue interrogado. “También les mostré mi carnet de prensa. Sabían que era fotoperiodista”, explicó Borghardt.

Uno de los piletones que retrató el fotógrafo que fue detenido. (Gentileza Stefan Borghardt)

El testimonio en primera persona

Stefan Borghardt publicó su testimonio en donde relata el trayecto que realizó para tomar las fotografías, y lo que sucedió durante su traslado en la comisaría de Añelo:

“Cuándo ya se perfilaba que me iban a llevar a la comisaría, les mostré un escaneo de mi pasaporte en el celular. La mujer policía anotó los datos y después se quedó con mi celular. Arriba de la camioneta, yo estaba sentado atrás, en el medio, con la mujer policía a mi costado derecho, ella tiene que haber notado que me llegaban reacciones a la foto que había enviado al celular, porque empezó a meterse en mi whatsapp. Reprodujo varios mensajes de voz y leyó mensajes enviados y recibidos en altavoz. A la pregunta mía si tenía derecho a meterse en mi celular, no hubo respuesta alguna. Es más, poco antes de llegar a la comisaría de Añelo, le pregunté tres o cuatro veces si le podía hacer una consulta, esperando que pueda recuperar mi teléfono, pero ella no mostró ninguna reacción. Durante el trayecto, los cuatro oficiales me bombardearon con preguntas que se mezclaban con los mensajes personales que se reproducían en mi celular, por lo que se me hace difícil recordar todas las preguntas que me han hecho.

“Llegamos al primer lugar donde me iban a hacer una supuesta revisión médica. Cuando negué dejar mi mochila en el vehículo y bajarme sin mis pertenencias, reaccionaron muy molestos y me pusieron las esposas, tirándome para afuera del carro. La revisión médica consistía en pedirme que sacara la lengua y anotar otra vez mi nombre completo. Nos volvimos a subir a la camioneta, yo aún con las esposas puestas. Cuando llegamos a la comisaría, entramos por la entrada trasera, me llevaron hasta la barra de atención y me quitaron las esposas. Me hicieron dejar todas mis pertenencias arriba de la barra y revisaron mis bolsillos y la mochila. Todavía ahí me negaron usar mi teléfono. Mientras la mujer policía labraba el acta de mis pertenencias, escrita a mano en un cuaderno, un oficial que parecía ser un superior me hacía más preguntas y me decía, haciendo gestos con un destornillador eléctrico en la mano, que ya se iban a enterar de la verdad. Después la misma mujer policía me ordenó que firmara el acta, pero por las preguntas que me habían hecho mientras tanto, no sabía si realmente estaba todo documentado de forma correcta. Insistí en leerlo con calma antes de firmar. Me apresuró la policía diciéndome a mí que me apurara y que firmara ya, y al jefe (él se presentó como jefe de la comisaría) que yo no quería firmar. Yo le contesté que sí iba a firmar, pero que me tenía que dejarlo leer antes. De repente el jefe me empujó para atrás y ordenó a los demás oficiales que trajeran un testigo que firme el acta. La oficial me agarró de la manó y me puso el brazo en la espalda, empujándome e insultándome. Me llevó al pasillo de calabozos.

“Al testigo que firmó el acta no lo alcancé a ver. En el pasillo estaba parado otro oficial que me pateó al pasar. Llegamos al calabozo y yo me encontré rodeado por unos cinco a siete oficiales, no me acuerdo bien, fue todo muy turbio y atemorizante para mí. Varios (al menos tres) me pegaron, me patearon y me insultaron. Un policía que me maltrataba con una escoba desde lejos, me dijo que él odiaba a los alemanes, a todos los alemanes. Yo durante todo ese proceso tenía las manos levantadas y pedía que no me lastimaran. Me dijeron que si me decían que firmara, tenía que firmar, y que no funcionaban las cosas como yo me las imaginaba. Después tuve que quitarme los cordones de los zapatos y un policía me dijo que me apurara porque sino me ayudaba él, y sacó una navaja del bolsillo”.

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