Un nuevo paradigma de conocimiento y manipulación de la sociedad emerge de la formidable concentración de datos y recursos que acumulan las redes informáticas.

TOTALITARISMO DOS PUNTO CERO

Por Claudio Fabián Guevara

América Latina es un territorio vulnerable. Países como Argentina, Brasil y Ecuador son laboratorios avanzados de la tendencia, donde bajo el ropaje formal de la democracia se va consolidando un nuevo modelo de gestión política. Aquí el algoritmo secuestró a la democracia. Aquí se impuso el Totalitarismo 2.0. ¿Cuáles son sus características, sus patrones más visibles?

Por Claudio Fabián Guevara

SPUTNIK

22.12.2018

CÓMO EL ALGORITMO SECUESTRÓ A LA DEMOCRACIA

El conocimiento íntimo de los individuos le abrió la puerta a una nueva forma de gerenciamiento político de las sociedades. Breve semblanza del Totalitarismo 2.0.

Un nuevo paradigma de conocimiento y manipulación de la sociedad emerge de la formidable concentración de datos y recursos que acumulan las redes informáticas. Las aplicaciones interactivas, plataformas de redes sociales, telefonía móvil e inteligencia artificial colectan cada día millones de datos personales y dominan cada vez más la vida de la gente. Cinco corporaciones planetarias que hunden sus raíces en el corazón del sistema financiero mundial lo saben todo sobre nosotros.

CC0 / PIXABAY

Hackear la mente, instaurar la dictadura mundial

El conocimiento íntimo de los individuos, el control en tiempo real de sus desplazamientos y consumos, pensamientos y emociones, le abre la puerta a una nueva forma de gerenciamiento político de las sociedades.

Totalitarismo 2.0 puede ser un nombre apropiado: el ciudadano depende de las redes de servicios para casi todas sus operaciones vitales, es sujeto de un espionaje cibernético permanente y crea su idea del mundo en la burbuja perceptual del sistema. El poder puede aspirar a un control total de su vida. Y —a través de la manipulación, el chantaje o el crimen contra personajes influyentes— de la entera sociedad.

Cómo Internet está matando la democracia

José María Espona en “Totalitarismo Tecnológico Versión 2.0: Por qué el avance tecnológico y la crisis financiera nos lleva inevitablemente al Totalitarismo” advierte que se está configurando una dictadura electrónica sin precedentes, un sistema controlado por una minoría capaz de manipular la mecánica de los partidos políticos, de los grandes medios de comunicación, cambiar la legislación y utilizar el propio aparato del Estado de Derecho. Espona denomina “tiranía bancaria” a este régimen disfrazado de “democracia”.

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El proyecto emergente llamado Dirt Protocol, destinado a luchar contra las falsas noticias, acaba de obtener tres millones de dólares de los inversores. El innovador sistema se basará en la tecnolo…

Jaime Bartlett, que estudia la relación entre nuevas tecnologías y democracia, en su libro “El pueblo versus la tecnología: cómo internet está matando la democracia”, pronostica que si la política no impone su autoridad sobre el mundo digital, la tecnología destruirá la democracia y el orden social tal como los conocemos.

CC0 / PIXABAY

Punto por punto: lo que Google sabe de ti sin que siquiera lo sospeches

Por el momento, mientras se demora un marco normativo que detenga su concentración en manos privadas, los poderes que dominan la tecnología están ganando muchas batallas políticas con aplastante superioridad. Sociedades enteras están siendo capturadas, teledirigidas, heterodeterminadas por una sofisticada coordinación de dispositivos. Un puñado de programadores está imponiendo una nueva forma de control social a escala planetaria.

América Latina es un territorio vulnerable. Países como Argentina, Brasil y Ecuador son laboratorios avanzados de la tendencia, donde bajo el ropaje formal de la democracia se va consolidando un nuevo modelo de gestión política. Aquí el algoritmo secuestró a la democracia. Aquí se impuso el Totalitarismo 2.0. ¿Cuáles son sus características, sus patrones más visibles?

Tendencias del Totalitarismo 2.0

© REUTERS / DADO RUVIC

“No hay que ser paranoico, sino consciente de que compartimos muchos datos en la web”

El poder colonial se deslocaliza y se invisibiliza. Décadas atrás, las estrategias de dominación colonial eran manifiestas y visibles. El Imperialismo industrial, de violencia explícita, hería sentimientos nacionales y provocaba procesos de resistencia y acumulación de fuerzas populares. Ahora el Imperialismo financiero pone el énfasis en la invisibilidad y en la creación de una subordinación consentida. No se sabe a ciencia cierta dónde ni quién encarna el poder. La tecnología digital sobrepasa emodelo “democrático-nacional” y es no-geográfica y descentralizada. Las redes tecnológicas son poderes supra-nacionales sin domicilio fijo.

Describe Adolfo Moreno: “Este grupo de corporaciones domina el mundo como antes lo hicieron las potencias coloniales. Sin derramar sangre, logran capturar miles de millones de “almas” Su poder reside en el Algoritmo”.

Rosa Miriam Elizalde lo llama Colonialismo 2.0.

© REUTERS / STRINGER

‘Policía cibernética’: ¿por qué refuerza China el control de internet?

En esta etapa, los golpes de Estado y los magnicidios son reemplazados por revoluciones de colores, golpes suaves y asesinatos encubiertos y selectivos. Las invasiones militares con ejércitos de bandera dejan su lugar a ejércitos difusos y tropas mercenarias. La proscripción de partidos y los prisioneros políticos han sido reemplazados por el lawfare, el linchamiento mediático y el aislamiento de los líderes por la propaganda. Las metrópolis imperiales vuelven a someter a las antiguas colonias emancipadas, pero ahora merced a “la voluntad de las urnas”, “el clamor de los mercados” y el deseo de los usuarios.

Una simbiosis gobierno-justicia-medios impone su propia realidad virtualLa antigua división de poderes propia del Estado de Derecho se va convirtiendo en una gestión monolítica de un poder homogéneo y unificado. Las instituciones republicanas son cooptadas. Una extraordinaria coordinación de acciones e intereses mancomunados reemplaza las diferencias de criterio, las deliberaciones y los contrapesos entre los diferentes poderes. Los noticieros crean culpables para explicar el siempre creciente empeoramiento de las condiciones de vida. Mediante un retorcimiento de leyes y procedimientos, ciertos objetivos políticos son encarcelados en procesos judiciales aberrantes y exhibidos como delincuentes en las pantallas.

© AP PHOTO / VICTOR R. CAIVANO

La militarización de la seguridad nacional: una tendencia que va más allá de los signos políticos

Se profundiza la militarización y elEstado policial. A la par que el lenguaje cotidiano de los medios glorifica la guerra y la represión, se multiplican las leyes antiterroristas y los dispositivos represivos. Una nube negra de exabruptos en boca de presidentes y ministros advierte a los ciudadanos que las garantías constitucionales y la presunción de inocencia son casi cosa del pasado. Decretos y leyes especiales van configurando un estado de excepción, donde las ejecuciones sumarias y la justicia por mano propia son aplaudidas y alentadas.

No te lo pierdas: El ‘gatillo fácil’ vuelve a levantar polvareda en la opinión pública argentina

La TV vocifera consignas y señala culpables y enemigos. Se multiplican los muros y se eliminan derechos. Las negociaciones interclasistas son suprimidas y reemplazadas por un fascismo contractual, donde los más fuertes imponen sus criterios sin contrapesos.

Se avanza hacia el voto electrónico. En las sociedades subalternas se tiende a encerrar el voto dentro del espacio cibernético, pese a que cualquier tecnología electrónica que suplante al voto manual, controlable por cada partido, conlleva inseguridad, vulnerabilidad y posible distorsión de la voluntad ciudadana. Los programadores globales intentan cerrar el cerco. Con el control de los procesos electorales, la dictadura electrónica consagraría el control total del sistema político. Boaventura de Souza lo denomina Fraude 2.0.

El Totalitarismo 2.0 aplica una combinación de ciencia y tecnología, acompañada de una manipulación de las instituciones republicanas, para normalizar el pasaje hacia un régimen político de control centralizado, inadvertido por la población.

Es, como dice Boaventura, la muerte democrática de la democracia.