Como lo indicamos en el texto Vertical u horizontal la táctica del poder para dividir los sectores populares radica en fomentar la inferencia de contraste agudo entre quienes defienden con intensidad distinta los variados derechos cívicos y sociales.

EL QUIEBRE HORIZONTAL

Por Gabriel Fernández

El diseño está direccionado nítidamente para acusar a quien prioriza –en el marco de su visión política- una reivindicación sin desdeñar la otra, como si antagonizara. De ahí que la división sea efectiva: no se imputa a un violador sino a alguien sospechado de respaldarlo por no haber alzado la voz en su contra. Así, muchos estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata han sido llevados a acusar a Iciar Recalde de nazi.

Por Gabriel Fernández*

Como lo indicamos en el texto Vertical u horizontal la táctica del poder para dividir los sectores populares radica en fomentar la inferencia de contraste agudo entre quienes defienden con intensidad distinta los variados derechos cívicos y sociales. http://laseñalmedios.com.ar/2018/10/08/brasil-hacia-el-ballotage-vertical-u-horizontal/

El diseño está direccionado nítidamente para acusar a quien prioriza –en el marco de su visión política- una reivindicación sin desdeñar la otra, como si antagonizara. De ahí que la división sea efectiva: no se imputa a un violador sino a alguien sospechado de respaldarlo por no haber alzado la voz en su contra.

Así, muchos estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata han sido llevados a acusar a Iciar Recalde de nazi. La profunda trayectoria de la compañera, autora de algunos de los trabajos innovadores más atractivos en el seno del campo nacional popular, torna absurda la imputación. Pero fue lanzada; y circula.

Es interesante señalar que en los distintos espacios militantes las personas puestas en duda por la oleada verde han luchado intensamente por los derechos humanos, cívico y sociales. Sólo que en determinadas instancias decidieron priorizar los sociales generales sobre los otros. No para anularlos, sino para integrarlos.

El grueso de los perseguidos por la inquisición radicalizada son militantes nacional populares que, expresión más o menos, han considerado las observaciones de la dirigente gráfica cegetista Ilda Bustos como una premisa adecuada: “no hay feminismo sin justicia social”.

De ahí que en los tiempos recientes se hayan suscitado procesos extraños al interior del movimiento nacional. Compañeras que militaron largos años con algunos compañeros, “descubren” que los mismos eran misóginos y portadores de una discriminación ostensible.

Ejemplo concreto: En una organización política de fuerte raigambre social se llegó a desarticular la conducción por no pronunciarse sobre una acusación de “acoso” que no trascendió más allá del decir de alguien que supuso que el imputado era acosador. Ni causa judicial ni nada.

El resultado –esto ocurrió el año pasado- fue el desmembramiento de esa fuerza y la necesaria mudanza de ciudad del acusado, quien resultó vituperado sin que se conociera de qué “acoso” se lo estaba acusando y sin que la persona que lo denunció llevara su caso a una instancia investigativa.

A ver si nos entendemos: las acusaciones que van y vienen en el seno del campo nacional popular recaen sobre ¡aquellos que, al no conocer los detalles de una situación, no se pronuncian! Es como si se imputara a quienes no se solidarizan con las luchas de cada lugar de trabajo por desconocerlas, y de ese modo fueran cómplices de las empresas o el Estado.

Otro: hace pocos meses el escritor Julio Fernández Baraibar me dijo “yo estoy por la despenalización del aborto ¿pero por qué pretenden que me pelee con mis compañeros que están en contra? ¡Si los necesitamos a todos para vencer al macrismo! ¡si estamos de acuerdo en tantas otras cosas!”

Iciar, entre tantos, vertió su opinión, asentada en sus creencias, en contra de la despenalización del aborto. Esa opinión compartida con una parte de la población derivó en la acusación señalada. Como si hubiera dicho que había que reprimir a quienes disentían con ella o algo así.

LOS “ATAQUES”.

Este tono lo vivimos varias veces. Cuando a la clase media le insertan los “ataques” de furia, las líneas divisorias parecen determinantes. Sucedió con la cuestión ecológica hace algún tiempo: quienes no se pronunciaban en contra de las fábricas de pasta de papel instaladas por Uruguay, pasaban a ser enemigos del pueblo.

De poco sirvió que nuestros geógrafos, como Néstor Gorojovsky, midieran el caudal de agua del río, ni que periodistas como quien esto escribe advirtieran que la República Argentina tenía ocho plantas de fabricación –mucho más antiguas tecnológicamente- . No: el que no se pronunciaba en contra del gobierno oriental estaba desfasado de la oleada ecologista.

Ahora, quien desconoce todos y cada uno de los casos de abuso y no se posiciona desde la imputación y la expulsión, pasa a ser cómplice de asesinos y criminales de distinta laya. Y el que señala que la unidad es importante para reunir las distintas franjas con el objetivo de vencer al gobierno oligárquico en las urnas, es sospechado de machismo o alguna tolerancia hacia el delito.

LOS BANDIDOS.

El poder de los bandidos con vastas tramas de difusión ha logrado instalar la persecución horizontal entre los mismos militantes. Acá no hay violadores perseguidos: esos casos van a la Justicia o, debido a la injusticia palpable en la sociedad argentina, quedan en la nada ante los temores y las amenazas contra las víctimas.

Acá se está imputando a quienes tienen una distinta vara de prioridades para la construcción política. El que rechaza el lenguaje inclusivo, el que señala que es preciso un corte horizontal en la sociedad para agrupar a los humildes para proponer una opción de justicia social, industria, trabajo y mercado interno. El que cree en algo, por fuera del ateísmo.

Que alguien considere que el campo nacional popular debe tener otras prioridades relacionadas con la justicia social y la producción, no implica que esté en contra de los derechos civiles ni de los derechos de las mujeres. Se ha inyectado esa idea para fomentar un contraste interno en el conjunto del movimiento.

¿Alguien cree realmente que Iciar o tantos otros están a favor de los abusos o consideran que una piba embarazada del Gran Buenos Aires debe ser penalizada?  ¿Alguien supone realmente, si es sincero, que priorizar la CUT y los reclamos del interior brasileño empobrecido implicaba dejar de lado las banderas civiles?

Lula encabezaba las encuestas hasta que Haddad tomó como ideograma la protesta justa pero sesgada de los espacios universitarios que condenaban a Bolsonaro. La inteligencia de los servicios brasileños logró, en complicidad con el Poder Judicial, extirpar la idea del líder sindicalista y situar el concepto de un candidato que se ocupa de “otros asuntos”.

Así, perdieron todos. Los que necesitaban justicia social y los que exigían derechos cívicos. He ahí la clave. Hay que ver la enjundia y el rencor que insertaron esos mismos operadores del poder en tantas zonas de la militancia popular argentina. Compañeros que en su vida agredieron a nadie se ven acorralados por priorizar determinadas causas en detrimento de otras, sin negarlas.

LOS DEBATES.

Pero es más. Esta oleada de acusaciones divisionistas horizontales ha generado, como es lógico pero lamentable, toda una masa acomodaticia que comprende lo que sucede pero se ubica en la situación, la barrena, la lleva y en vez de dar polémica útil para evitar los quiebres, se suma a las acusaciones y deja correr.

En el seno del pueblo hay una enorme variedad de conceptos, creencias, actitudes. El arte de la conducción política radica en unificar los puntos en común para llevar adelante causas justas que contengan a las grandes mayorías. La oleada presente aleja a los pibes de la política: ya son muchos los que, tras varios encontronazos, se dicen salgamos de aquí porque nunca damos la medida.

En vez de fomentar la diversidad se fomenta la unilateralidad. Ahora todos deben estar de acuerdo con un lineamiento determinado y participar de los escraches a otros compañeros. Si no lo hacen, forman parte de grupos que defienden femicidas o violadores. Acusación por omisión. En verdad, el esquema de poder, descubrió la pólvora. Y la usa bien, pues quienes gatillan son los mismos opositores.

Mientras tanto, en el debate cotidiano del activo político va quedando lejos el análisis sobre cómo articular para vencer. Ahora que el acercamiento entre distintas tendencias del movimiento obrero ha puesto pica en Flandes y emitido un mensaje sonoro hacia el espacio político, los militantes está enzarzados en acusarse de machistas y buscar cómplices de delitos varios.

Sin valentía y fundamentos a la hora de debatir no hay aproximación a la verdad.

 

*Director La Señal Medios