Lo que más me deprime es que se ufana de ser argentino. Además de un infantilismo exagerado de malcriado primogénito, no sabe atenerse a un mínimo protocolo

TARAMBANA MEDIOCRE

Por Katja Alemann

Nosotros, los más alfabetizados de América Latina, con una inmigración diversa y culta y una clase media dirigente. Por eso Buenos Aires es la ciudad que es, por eso existe el teatro Colón.
Ahora quedamos reducidos a este atletismo de la ignorancia.
A la impunidad del que no sabe y no le importa saber.

Por Katja Alemann

 

Lo que más me deprime es que se ufana de ser argentino.

Además de un infantilismo exagerado de malcriado primogénito, no sabe atenerse a un mínimo protocolo y aparece masticando al recibir a los invitados como si fuera el patio de su casa.

Menos mal que la primera dama siempre incólumne sostiene la etiqueta con elegancia natural, un alivio.

Al teatro no debe haber ido nunca y de pronto se emociona con la belleza de marketing; claro que acá hay oficio de espectáculo y las cosas se hacen bien hechas y de nivel internacional, resultado de décadas de trabajo independiente y algunas políticas culturales propicias.

Si por esta gestión fuera, esto nunca hubiera sido posible, con el desguace del presupuesto en educación y cultura.

Pero el tipo tiene el tupé de emocionarse como si tuviera alguna responsabilidad del talento argentino.

Lo siento. Me cae mal.

Pésimo.

Es un tarambana mediocre que no está a la altura de las circunstancias.

Y esa opinión tienen de él todos los que vinieron.

Se pudo ver en los pequeños gestos, más o menos soberbios, de los presidentes y ministros.

Trump, que es un maleducado, además de bruto, tiró el audífono y con un gesto de impaciencia, lo ninguneó en el saludo haciendo referencia a la desastrosa traducción que había intentado descifrar.

Ni eso sabés hacer bien, pelele, parecía querer decir.

Putin miraba con cierta zozobra indulgente, como de alguien con quien no se puede ni medir.

Macrón estaba en otra con los quilombos en su país.

Espléndida la primera dama, por cierto, qué figura.

Y el papelón con “los chinos que son todos iguales”, qué falta de capacidad política tiene esta gente que nos gobierna.

Quedamos como el país que quiere pero que no puede.

Se preguntarán cómo teniendo todo lo que tenemos, vamos de desastre en desastre.

Es una idiosincrasia a esta altura.

Como el partido de River- Boca que no podemos jugar.

Lo imagino, al benemérito mandatario de nuestro bendito país, con comentarios de esa índole, haciendo chistes estúpidos sobre futbol, toda la noche y con todos los presidentes, hasta con las mujeres.

Sin medio libro leído, ni una película buena vista, sin una cosmovisión de historia comparada, de filosofía, sin poder hablar de nada más que de futbol.

Qué triste haber llegado a esto.

Nosotros, los más alfabetizados de América Latina, con una inmigración diversa y culta y una clase media dirigente.

Por eso Buenos Aires es la ciudad que es, por eso existe el teatro Colón.

Ahora quedamos reducidos a este atletismo de la ignorancia.

A la impunidad del que no sabe y no le importa saber.

A los rostros casi discapacitados que esbozaban aturdidos los anfitriones de esta gala mundial.