En el mes de junio pasado, un día domingo soleado y cálido, salimos a caminar, mi compañera y yo por los Campos Elíseos.

“EN PARÍS TAMBIÉN HAY VIEJAS DE MIERDA”

Por Julio Fernández Baraibar

-Bon soir, mesdames, atiné a decir, mientras en español le decía a Fran que viejas de mierda, teñidas de rubio, gorilas, despreciativas e hijas de puta hay en todos lados. Afortunadamente no son una exclusividad argentina. El recuerdo viene a cuento de estos comentarios que he leído estos días acerca de que en Argentina consideran que protestar y reivindicar derechos aún a costa de enfrentarse con la policía es considerado propio de incivilizados. Bueno, lamento informarles que en París también.

Por Julio Fernández Baraibar

NAC&POP

01/12/2018

En el mes de junio pasado, un día domingo soleado y cálido, salimos a caminar, mi compañera y yo por los Campos Elíseos.

Habíamos tomado el metro en Belleville, donde estábamos residiendo, para salir en la estación La Concorde.

Al salir a la superficie nos encontramos que sobre la ancha avenida que recuerda el lugar donde descansaban las almas virtuosas en las creencias griegas se había organizado un gran desfile denominado Carnaval Tropical, sí, en el mes de junio y en París.

Las más diversas asociaciones de inmigrantes de los paises cercanos a los trópicos, sobre todo sus jóvenes, hombres y mujeres,desfilaban con sus trajes típicos, sus músicas, sus instrumentos y sus danzas.

Asia, África, América Latina y hasta Oceanía marchaban en una colorida parada, mientras miles y miles de personas de origen afro, chino, vietnamita, maorí y vaya a saber que más contemplaban con entusiasmo el paso de los distintos grupos.

Era un Paris casi sin franceses, si por franceses uno considera solamente a gente como Maurice Chevalier o Brigitte Bardot.

Se vendían comidas y bebidas típicas y, aunque extraño por el lugar y la época del año, bien podía considerarse un tributo a Baco y sus embriagantes sacramentos.

Disfrutamos enormemente ese desfile.

Cuando comenzamos a aproximarnos al Arco del Triunfo, a la altura de la estación George V -todo muy Segunda Guerra Mundial- el desfile terminaba y vimos que cientos de operarios estaban poniendo reposeras, pero miles de reposeras en la avenida, mientras se levantaba una gigantesca pantalla led, sostenida por una grúa de unos cincuenta metros de altura.

Averiguamos de qué se trataba y nos informaron que a partir de las 19 horas habría una proyección gratuita, organizada por la prefectura de París, de una película francesa.

La actividad era muy intensa y no pudimos evitar recordar las actividades públicas organizadas en Buenos Aires durante los últimos años.

– Si se hiciera una cosa como esta, un domingo en la 9 de Julio, no faltarían los críticos que insultarían a la Yegua por darle cosas gratis a los choripaneros, recuerdo que le comenté a Fran.

No salíamos de nuestra sorpresa.

Les Champs Elysées nos habían recibido con un baño de Tercer Mundo.

Nos habíamos sumergido en una multitud de hombres y mujeres procedentes de todos esos países que nuestra miserable clase media porteña desprecia y terminaríamos la jornada con una proyección gratis de cine francés, recostados en comodísimas reposeras, bajo el cielo de Paris, frente al imponente Arco de Triunfo y saborearíamos unas golosinas y un refresco que había en cada uno de los lugares.

Estábamos comentando esto, alegres y entusiasmados, cuando se acercan dos señoras de cierta edad. Rubias y bien vestidas se dirigen a nosotros y una de ellas nos pregunta:

– ¿Hablan ustedes francés?

– Un poco, le respondo, acudiendo a los antiguos conocimientos adquiridos en el Colegio San José de Tandil.

Con el rostro un poco congestionado por la indignación la mujer me dice:
– ¿A usted le parece que esto son los Champs Elysées un día domingo?

¡Esto es un escándalo!

Esto ha dejado de ser los Champs Elysées que yo he conocido.

¿Quién es esta gente?

¿Por qué hacen esto?

-Bon soir, mesdames, atiné a decir, mientras en español le decía a Fran (¡que viejas de mierda, teñidas de rubio, gorilas, despreciativas e hijas de puta hay en todos lados!)

Afortunadamente no son una exclusividad argentina.

El recuerdo viene a cuento de estos comentarios que he leído estos días acerca de que en Argentina consideran que protestar y reivindicar derechos aún a costa de enfrentarse con la policía es considerado propio de incivilizados.

Bueno, lamento informarles que en París también.

JFB/