Consolidar los derechos y democratizar el poder, son los desafíos de una nueva Constitución. (JR)

DEMOCRATIZAR PARA CONSOLIDAR

Por Jorge Rachid

En ese aspecto nos alertó Perón pocos días antes de morir en su testamento político del 1° de mayo de 1974: Modelo Argentino para un Proyecto Nacional: “en mundo será de los bloques continentales y la Argentina de los alimentos, el agua dulce y los recursos naturales, fósiles y minerales y el imperialismo vendrá por ellos, con nosotros o sin nosotros, dependiendo de la capacidad de los argentinos su defensa”. Un hoy, alertado por Perón, hace 44 años.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

2 de noviembre 2018 –

 

Sin dudas si la derrota electoral del 2015, provocó desconcierto, estupor y fue la reacción ante el avasallamiento, que en menos de dos años,  produjo la  avalancha neoliberal, de un gobierno dispuesto a borrar la memoria argentina de cualquier vestigio de modelos solidarios, nacionales, populares y soberanos.

Una reflexión sobre estos acontecimientos nos lleva a evaluar la necesidad que cuando se gobierna, se consoliden, estructuralmente los derechos conquistados, que sean herramientas del pueblo, en sus manos, organizado para poder tener la posibilidad constitucional de su defensa.

Estamos en una etapa de resistencia popular, en las calles, movilizando y haciendo visible, lo que el poder hegemónico comunicacional pretende tapar, que es ni más ni menos que la eliminación de aquellos instrumentos que hicieron de la Argentina, el país más avanzado de América Latina en Seguridad Social.

Ese dato no fue producto del arrastre del estado de bienestar, devenido de la revolución industrial y de dos pos guerras mundiales. En nuestro país el peronismo, construyó un modelo social solidario de Justicia Social, que lo consolidó en sus planes quinquenales en lo económico social, en la Constitución de 1949 en lo político institucional y en el Congreso de Filosofía de Mendoza planteando la Comunidad Organizada en lo ideológico-filosófico.

En ese aspecto nos alertó Perón pocos días antes de morir en su testamento político del 1° de mayo de 1974: Modelo Argentino para un Proyecto Nacional: “en mundo será de los bloques continentales y la Argentina de los alimentos, el agua dulce y los recursos naturales, fósiles y minerales y el imperialismo vendrá por ellos, con nosotros o sin nosotros, dependiendo de la capacidad de los argentinos su defensa”. Un hoy, alertado por Perón, hace 44 años.

Por eso surge la necesidad de que el movimiento nacional y popular comience a plantear en el seno del pueblo, para su discusión una Nueva Constitución, que se plantee el rol del estado como mandato constitucional, lo mismo que la propiedad de las empresas del estado y el control soberano de su economía, tanto externa como interna. Desde los puertos, espacio soberano del mar, junto a los espacios del aire y la tierra que constituyen las herramientas soberanas de un país, en la toma de decisiones.

Las constituciones nos son patrimonio de los abogados, son sin dudas herramientas del pueblo, en cada etapa histórica, que determina la consolidación de su poder (Aristóteles). En ese sentido el avasallamiento de los derechos, no puede ser borrado por mayorías circunstanciales, que surjan de una elección, sino que mayorías especiales, deben resguardar las políticas de estado consolidadas en la CN.

Políticas de estado que definen si el Modelo de construcción social y productivo es de eje biocéntrico, los seres humanos y la naturaleza o por el contrario, como sucede hoy en el desgobierno neoliberal, se asienta en la macro economía, despreciando en forma absoluta al pueblo, lo cual lo torna brutal e inhumano. Esta es la diferencia filosófica entre el peronismo como construcción del pensamiento, de las teoría en boga eurocéntricas anglosajonas.

Pero un gran desafío constitucional es la construcción del poder popular, es decir la democratización del poder en el marco de la Constitución Nacional que entregue al pueblo la capacidad de rectificar rumbos en paz y en democracia, sin necesidad de arribar a estallidos sociales dramáticos, a los cuales convoca el neoliberalismo, que mata, reprimiendo, despidiendo, endeudando con desprecio social.

Desde los DDHH a los derechos laborales, la democracia directa sin aquello de: “el pueblo no gobierna ni delibera…” como dice la actual CN de 1994 que fragmentó al país y consolidó el avance neoliberal estructural, difícil de desmontar en pocos años. Plantear una Nueva Constitución es un marco de expectativas a futuro, un aliento a la militancia, una herramienta al alcance del pueblo, promoviendo su organización en la Comunidad Organizada, necesaria sin dudas para recuperar el gobierno.

Jorge Rachid