La salud de los pueblos no tiene tiempos electorales, sino demandas urgentes. (JR)

LA SALUD DEL PUEBLO

Por Jorge Rachid

El neoliberalismo lleva a la fragmentación nacional de los servicios públicos, la tercerización de los diferentes niveles de complejidad hospitalaria, la disgregación de las obras sociales sindicales con la desregulación del 2000 impuesta por el Banco Mundial, la apropiación privada de los riesgos del trabajo con las ART, la gerenciación externa del PAMI y la imposición de patentes medicinales y tecnologías, por sobre las necesidades prestacionales de la epidemiología nacional.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

28 de septiembre 2018

Decimos siempre que la demanda de salud es inelástica, lo cual significa que no tiene posibilidad de programarse, ni postergarse ante el evento grave que se produce, debe tener respuesta inmediata y sin condicionamientos, universal y accesible, porque es un derecho humano protegido constitucionalmente.

Sin embargo el Mercado ha convertido la salud en un servicio de lucro, de oferta y demanda, de consumidores y proveedores que luchan por imponer servicios, como en un gran supermercado, donde las puntas de las góndolas son ocupadas por las marcas líderes, en este caso las prepagas, la industria farmacéutica y las tecnologías, que ofrecen envases hermosos y marketing, antes que excelencia de prestaciones.

Desde hace más de 40 años el paradigma de la salud pasó a ser la atención de la enfermedad, apuntalada dicha concepción por la Constitución Nacional de 1994, que no sólo fragmentó el sistema sanitario nacional, destruyó la cultura social sobre los servicios solidarios de salud y transformó a los argentinos en consumidores de servicios, antes que individuos sanos, a los cuales el Estado debe proteger en esa situación.

Es que el paradigma carrillista de la salud es su fortalecimiento, la prevención como eje y las determinaciones sociales de calidad de vida, como apuntalamiento de los indicadores de salud, sumados si, a la atención primaria y a los controles sobre los enfermos crónicos de enfermedades no transmisibles, como conceptos centrales de un plan federal de salud, que recomponga la idea de país justo en lo social.

Pero el tema de las políticas sanitarias excede a la discusión de los servicios públicos hospitalarios, ya que los sistemas solidarios de salud, íntimamente ligados al trabajo y  a la producción, ya que devienen en su financiamiento de la pirámide virtuosa del único derrame que funciona socialmente, que es el trabajo como ordenador social. Entonces los sistemas solidarios integrados, constituyen el universo de las políticas sanitarias.

El neoliberalismo por lo contrario lleva a la fragmentación nacional de los servicios públicos, la tercerización de los diferentes niveles de complejidad hospitalaria, la disgregación de las obras sociales sindicales con la desregulación del 2000 impuesta por el Banco Mundial, la apropiación privada de los riesgos del trabajo con las ART, la gerenciación externa del PAMI y la imposición de patentes medicinales y tecnologías, por sobre las necesidades prestacionales de la epidemiología nacional.

En ese camino es que se producen los efectos devastadores que el pueblo argentino está sufriendo, desde el inicio de este proceso donde fue clausurado el concepto de atención primaria y prevención de la salud. O sea que desde entonces desapareció en Ministerio de Salud y que ahora han firmado su certificado de defunción. No era tampoco el Ministerio existente, el que creemos apto para una política nacional y popular, que debe reconstruirse en el marco de un gobierno nacional, con Justicia Social, al servicio del pueblo.

Por esta razón ignorar en este tiempo el dolor social profundo, el sangrado diario de un pueblo sufrido por los agravios políticos a los derechos sociales, que han sido conculcados, llevando dolor y muerte al pueblo, es estar fuera de la realidad. La madre que no recibe el medicamento del niño con enfermedad dramática desde hace tres meses, no entiende el 2019, sufre el hoy y piensa en mañana. Lo electoral está alejado del drama social y del conflicto emergente.

Los temas sanitarios de hoy deben ser resueltos lo antes posible, al menor costo social posible, ese es el arte de la política. Esta definición incluye afirmar el agotamiento de este proceso político, que se ha quedado sin margen de maniobra y sólo le queda la sumisión y la entrega colonial, como única opción. El cambio debe ser democrático y en paz, existiendo los mecanismos constitucionales para realizarlo.

Elecciones anticipadas, renuncia, juicio político, plebiscito vinculante son herramientas que evitarían el conflicto social que se avecina, con niveles crecientes de represión y tensión permanente. La salida puede dar respuesta a esa madre en un nuevo escenario y los dirigentes podrán hablar de elecciones al tiempo de dar respuestas de cómo salir de la crisis, generando en el pueblo esperanzas ciertas, desde un peronismo amplio pero doctrinario y profundo en sus contenidos revolucionarios, nacionales y latinoamericanos. Los diagnósticos están acabados, el pueblo exige tratamientos enérgicos, ante la situación terminal.

Jorge Rachid