Los pueblos encuentran los caminos, que las instituciones y la política ignoran (JR)

LOS CAMINOS DEL AGUA

Por Jorge Rachid

El pueblo siempre quiere paz, quiere que se lo respete, exige dignidad y participación activa, con sus intereses demostrados en la práctica diaria de la política, con sus derechos respetados en las instituciones de la democracia. Cuando eso no sucede, siempre encuentra los caminos para reconstruirlos. Es que los pueblos nunca se resignan a ser testigos mudos de la historia, jamás abandonan su identidad y su cultura, que desde que la Patria es tal, siempre fueron representados sus intereses por el movimiento nacional y popular en cada etapa de la historia.

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

1/10/18

 

La historia lo demuestra y consolida la presencia del pueblo en las determinaciones de su destino. No hubiese existido el 25 de mayo de 1810 sin los chisperos del 22 y las fuerzas que representaban, que volvieron en 1811 con la revolución de los orilleros de Campana, por supuesto enterrada por la historia mitrista.

Fueron los pueblos los que acompañaron los esfuerzos liberadores de Artigas en la Redota oriental y nutrieron las tropas de San Martín cuando los oligarcas escondían a sus hijos y ofrecían a sus peones, para ingresar a las filas de Granaderos. Fueron el batallón de Morenos los esclavos libertos por el Libertador.

Los pueblos de las provincias se alinearon detrás de los caudillos que se levantaron para evitar la expropiación y la entrega de los contrabandistas del puerto de Buenos Aires, como hoy, dedicados al saqueo nacional. Mientras los pueblos luchaban por su destino, Larrea se entregaba a los ingleses, Posadas a los españoles y Rivadavia declaraba traidor a la Patria a San Martín y a Artigas.

Los federales de Rosas fueron presentados ante la historia como sanguinarios integrantes de la Mazorca, como hoy se pretende estigmatizar al kirchnerismo. Como se pretendió denigrar a los movimientos populares de Irigoyen y Perón, caracterizando a los mismos, como desde siempre: “la barbarie” de los criollos, originarios, mulatos, zambos, republicanos, en esa identidad compartida que nos movilizó como pueblo.

Quisieron las potencias enfrentar a los pueblos hermanos de latinoamericano, en la balcanización del siglo XlX. Lo lograron con la guerra de la Triple Infamia al Paraguay, cuando crearon el estado tapón de Uruguay, pero fracasaron cuando intentaron crear la República Mesopotámica con las flotas inglesas y francesas, que enfrentaron Rosas, Mansilla y los miles de patriotas que combatieron y los hicieron desistir. Siempre los pueblos.

Cuando la presión llevó a la ley Saenz Peña y el voto directo, no pudieron soportar la democracia y la golpearon en 1930, instalando el fraude patriótico y la década infame. No soportaron el peronismo pero aumentaron la apuesta asesinando cientos de personas, bombardeando, fusilando, encarcelando, proscribiendo. Quebraron por años la posibilidad del pueblo a expresarse democráticamente, pero la lucha por diferentes caminos, los terminó venciendo. Perón volvió.

El pueblo siempre quiere paz, quiere que se lo respete, exige dignidad y participación activa, con sus intereses demostrados en la práctica diaria de la política, con sus derechos respetados en las instituciones de la democracia. Cuando eso no sucede, siempre encuentra los caminos para reconstruirlos.

Es que los pueblos nunca se resignan a ser testigos mudos de la historia, jamás abandonan su identidad y su cultura, que desde que la Patria es tal, siempre fueron representados sus intereses por el movimiento nacional y popular en cada etapa de la historia. Desde el federalismo del siglo XlX al irigoyenismo y el peronismo del siglo XX y el kirchnerismo en el XXl. Los políticos que no ven la historia, dejan  de ser protagonistas y se convierten en testigos de los acontecimientos.

De esa actitud no se vuelve en la política, cuando no se reconoce que el pueblo es el único protagonista de la historia. Una historia que el enemigo intenta enterrar. Lo hizo desde siempre apelando a conspiraciones, a estrategias imperiales instrumentadas por los cipayos nativos, divisiones del campo popular, enfrentando iguales, desviando la atención, acusando sin fundamentos y creando nuevos liderazgos de papel, sólo fortalecidos por la impunidad. Eso es hoy la Argentina, pero con un pueblo en marcha.

Por esa razón los cipayos corren por las alfombras de los dueños del poder, buscando más apoyo, por eso repiten discursos del enemigo y alzan sus voces contra hermanos latinoamericanos, por eso hablan en el idioma del colonizador y cierran los oídos al clamor del pueblo argentino. Ese pueblo que quizás se replegó en un momento histórico determinado, pero que está escribiendo otra vez la historia, como con Alem y la revolución del Parque, con Perón cuando era Juan Domingo el 17 de octubre y con Néstor en su despedida masiva y con Cristina en su último día de mandato. Esos mensajes vuelven hoy, con la fuerza de escribir otra vez la historia.

Jorge Rachid