Mientras los medios hegemónicos nos dicen que vivimos en Disneylandia, y el Ministerio de Salud ha dejado de existir.

DISNEYLANDIA TRÁGICA

Por Marcelo Barros

Hoy tomo conocimiento de la situación crítica en la que se encuentran 30.000 (para los entusiastas del gobierno seguramente son nada más que 8000) personas cuyos tratamientos de diálisis corren el riesgo de interrumpirse. Esa interrupción implica la muerte segura, y lo que la nota de hoy no dice es que esa muerte es, además, atroz.
La noticia me toca de cerca por haber trabajado durante tres años en un centro de hemodiálisis.

 

Por Marcelo Barros*

 

Mientras los medios hegemónicos nos dicen que vivimos en Disneylandia, y el Ministerio de Salud ha dejado de existir.

Hoy tomo conocimiento de la situación crítica en la que se encuentran 30.000 (para los entusiastas del gobierno seguramente son nada más que 8000) personas cuyos tratamientos de diálisis corren el riesgo de interrumpirse.

Esa interrupción implica la muerte segura, y lo que la nota de hoy no dice es que esa muerte es, además, atroz.

La noticia me toca de cerca por haber trabajado durante tres años en un centro de hemodiálisis.

He visto lo que significa para un paciente con insuficiencia renal el verse privado del tratamiento.

Fieles a su ideología y su proyecto de país, los integrantes del mejor equipo económico en los últimos cincuenta años han decidido que la salud y la educación sean variables de ajuste.

Eso es justamente lo último que uno recortaría en una familia que tenga que reducir sus gastos.

“No somos sádicos” dice el Sr. Dujovne. Y tiene razón.

Esta gente no merece entrar en el noble linaje del Marqués de Sade.

No son sádicos.

Son liberales, lo cual es algo peor.

 

*Psicoanalista