Desde ayer sobra una menos. Murió Ana Paula, de 32 años, en Mar del Plata. Dormía en un descampado pegado a un circo, en un colchón, junto a Mario, su marido. Hizo 2 grados anoche.

UNA MENOS

Por Pablo Isi

El hombre se dio cuenta al despertarse que su mujer estaba muerta. “No valemos nada, no hacen nada. Saben que estamos acá, así, y nunca hicieron nada” declaró. En Buenos Aires hay cientos de personas durmiendo en las calles. El Gobierno de Rodríguez Larreta mandó poner dos o tres apoyabrazos en los bancos de las plazas para que nadie pueda dormir ahí. La gente duerme debajo de los bancos ahora, ya no pueden usarlos de cama.

 

Por Pablo Isi

 

Desde ayer sobra una menos

Murió Ana Paula, de 32 años, en Mar del Plata. Dormía en un descampado pegado a un circo, en un colchón, junto a Mario, su marido. Hizo 2 grados anoche.

El hombre se dio cuenta al despertarse que su mujer estaba muerta. “No valemos nada, no hacen nada. Saben que estamos acá, así, y nunca hicieron nada” declaró.

En Buenos Aires hay cientos de personas durmiendo en las calles. El Gobierno de Rodríguez Larreta mandó poner dos o tres apoyabrazos en los bancos de las plazas para que nadie pueda dormir ahí. La gente duerme debajo de los bancos ahora, ya no pueden usarlos de cama.

La Argentina del FONDO MONETARIO, del Gobierno Neoliberal corrupto y saqueador de Macri, Michetti, Vidal y el resto de la banda de lavadores de dinero dicen que todo está bien, hablan de crear cientos de miles de puestos de trabajo, de la herencia que les dejó el Gobierno Populista de Cristina, y cuentan que trabajan para alcanzar la meta de Pobreza Cero.

Hacen planes de acá a dos, tres, cuatro años.

Ana Paula ya no va a estar.

Tenía 32 años.

La meritocracia le pasó por arriba, el Estado no la vio, no le puso su nombre a ninguno de los números de sus estadísticas.

Hay otras miles de Ana Paulas y otros miles de Marios que el Estado no ve. No los ve aunque están a la vista, no los ve porque los ojos del Estado están puestos en otro lado. Hacen cuentas de lo que falta ajustar, de los despidos que faltan para que las cuentas cierren. Ana Paula está dentro de sus cuentas. No con nombre y apellido, pero está. Está dentro de lo que está de más, de lo que sobra, de lo que hay que descartar.

Alrededor de Ana Paula hay miles. Miles que no duermen en una cama, y ahora tampoco sobre un banco de plaza, miles de familias que ya no tienen ingreso, miles de pibes que, si tienen suerte, comen en comedores populares: reacciones solidarias de un pueblo que no es indiferente al dolor del otro.

Lagarde cena con Macri, Juliana Awada y Marcos Peña. Se los ve felices, cómodos, tranquilos. No parecen tener frío.

Hablan de torcer más una balanza que de tan inclinada ya asquea a su propia tropa. Pero no importa, hay que hacer que las cuentas cierren, hay que pagarle al Fondo y no se puede ponerle retenciones al Agro.

Ellos saben que después de la cena los espera una cama.

No hablan de Ana Paula, de 32 años, que apenas un rato después que ellos terminen la cena se tira en un colchón húmedo sin saber que no va a despertar. Treinta y dos años. ¡Treinta y dos años, manga de hijos de puta!

Quizás Ana Paula figure en el listado de aportantes con el que lavaron dinero de campaña Macri, Vidal, Ocaña. Quizás no.

Este es el país que votó el 51 por ciento.

El que dejó morir a Ana Paula a sus 32 años en un colchón tendido sobre el pasto húmedo, a metros de un Circo.

O no, quizás dentro el circo real era otro, más grande, en el que como hace dos mil años, las fieras devoran a los hombres y las mujeres que quedan fuera del sistema.

Nadie será culpable de la muerte de Ana Paula.

El sistema garantiza la impunidad de los que deciden estas políticas en las que el hombre y la mujer son números que sobran.

 

FESTEJEN, HIENAS INMUNDAS, DESDE AYER SOBRA UNA MENOS.