El tercer totalitarismo es totalmente coherente con todas las perspectivas de su concepción política.

EL TERCER TOTALITARISMO (CRÍTICA DESDE LA CUARTA TEORÍA POLÍTICA)

En la ciencia política, el concepto de totalitarismo está implícito en las ideologías comunistas y fascistas que proclaman abiertamente la superioridad de la totalidad (la clase y la sociedad en el comunismo y el socialismo; el estado, en el fascismo; la raza en el nacional socialismo) sobre lo particular (individuo).

Por Alexander Dugin

NAC&POP

27/07/2018

Gentileza de Walter Moore (PM)

En la ciencia política, el concepto de totalitarismo está implícito en las ideologías comunistas y fascistas que proclaman abiertamente la superioridad de la totalidad (la clase y la sociedad en el comunismo y el socialismo; el estado, en el fascismo; la raza en el nacional socialismo) sobre lo particular (individuo).

Se oponen a la ideología liberal que sitúa, por el contrario, lo particular (el individuo) sobre el todo (como si esa totalidad no pudiera ser comprendida en cuanto tal).

El liberalismo combate por lo tanto el totalitarismo en general, incluyendo el del comunismo y el del fascismo.

Pero, al hacerlo, el propio término “totalitarismo” revela su conexión con la ideología liberal – y ni los comunistas ni los fascistas estarían de acuerdo con el término.

Por lo tanto, todos los que usan la palabra “totalitarismo” son liberales, independientemente de su conciencia al respecto.

A primera vista, la imagen es perfectamente clara y no deja lugar para la ambigüedad: el comunismo es el primer totalitarismo, el fascismo es el segundo.

Y el liberalismo es su antítesis en cuanto tal, negando la totalidad y situando lo privado por encima de ella.

Si nos detenemos aquí, reconoceremos que la era moderna ha desarrollado sólo dos ideologías totalitarias: el comunismo y el fascismo, con sus variaciones y matices.

Pero el liberalismo, como teoría política que aparece antes que las otras y las sobrevive, no podría ser llamado totalitarismo.

Por lo tanto, la expresión “tercer totalitarismo”, que sugiere una ampliación de la nomenclatura de las ideologías totalitarias, para incluir al liberalismo, no tiene sentido.

Pero el tema del “tercer totalitarismo” bien puede surgir en el contexto de la sociología clásica francesa (escuela de Durkheim) y de la filosofía postmoderna.

La sociología de Durkheim sostiene que los contenidos de la conciencia individual se forman en su totalidad sobre las bases de la conciencia colectiva.

En otras palabras, la naturaleza totalitaria de cualquier sociedad, incluyendo una sociedad individualista y liberal, no se puede cancelar.

Por lo tanto, el propio hecho de declarar al individuo como el valor más alto y la medida de todas las cosas (liberalismo) es en sí mismo una proyección de la sociedad, es decir, una forma de influencia totalitaria y de inducción ideológica.

El individuo es un concepto social – sin la sociedad, el ser humano mismo no sabe si es o no es un individuo, y si el individualismo es o no es el más alto valor.

El individuo aprende que él es un individuo, una persona particular, sólo en una sociedad en la que domina la ideología liberal, que realiza la función de medio ambiente en la operación.

Así que aquello que niega la realidad social y afirma la individual también posee en sí mismo una naturaleza social.

En consecuencia, el liberalismo es una ideología totalitaria que insiste, por métodos clásicos de propaganda totalitaria, en que el individuo es la instancia suprema.

Este es el comienzo de una crítica sociológica de la sociedad burguesa, no de una crítica social sino desde una perspectiva sociológica, aunque normalmente en Francia y en Occidente el socialismo y la sociología se han aproximado hasta casi el punto de una total identificación (por ejemplo, al modo de Pieere Bordeau).

En este sentido, el carácter totalitario del liberalismo se ha demostrado científicamente, y el término “tercer totalitarismo” adquiere lógica y coherencia, en lugar de ser una paradoja sorprendente.

Desde entonces, aparece una serie de conceptos sociológicos, tales como “la muchedumbre solitaria” (la foule solitaire, David Riesman) y otros.

La sociedad liberal, oponiéndose a las sociedades de masas del socialismo y del fascismo, se convirtió en una sociedad masificada, estandarizada y estereotipada.

Cuanto más aspira el ser humano a ser extraordinario en el contexto del paradigma liberal, tanto más se vuelve similar a todos los demás.

Lo que el liberalismo trae consigo es precisamente la estereotipación y la uniformización del mundo, destruyendo la diversidad y la diferenciación.

Por otro lado, está la filosofía post-moderna.

En el espíritu de la búsqueda de la inmanencia radical – característica de la modernidad – los posmodernistas plantean la cuestión de la figura del individuo.

De acuerdo con su punto de vista, el individuo es un sinónimo del totalitarismo, pero transpuesto a nivel micro.

El individuo es un micrototalitarismo que proyecta un aparato de supresión sobre el cual el totalitarismo normal es construido en los niveles individualista y subindividualista.

En un espíritu freudiano, los posmodernistas, explicando la razón como herramienta de represión, desplazamiento y también proyección, la identifican con el estado totalitario, que reprime la libertad de los ciudadanos imponiendo sobre ellos su propia perspectiva.

El individuo es, pues, un concepto, una proyección de obliteración y violencia de una sociedad totalitaria en sus niveles más bajos.

Los deseos y el poder creativo del individuo son constante obliterados.

Por encima de todo, los posmodernos hacen la comparación con el totalitarismo social – el fascismo y el comunismo – a resultas de la estricta estructura jerárquica del individuo racional.

Por lo tanto, el concepto de totalitarismo liberal como un “tercer totalitarismo” adquiere pleno sentido y se sitúa sobre en una base legítima.

Por lo tanto, el liberalismo es una ideología totalitaria y violenta, un medio para la represión política directa e indirecta, para la presión educativa y la propaganda feroz, que se autoproclama como no totalitaria, ocultando su propia naturaleza.

Este es un hecho científico.

El tercer totalitarismo es totalmente coherente con todas las perspectivas de su concepción política.

La Cuarta Teoría Política (CTP) acepta completamente esta idea, una vez que la misma permite comprender la imagen completa que unifica las tres teorías políticas clásicas de la modernidad:

a) el liberalismo;

b) el comunismo, y

c) el nacionalismo (el fascismo).

Todos ellas son totalitarias, aunque de manera diferente.

Precisamente, en otro contexto, la CTP revela el carácter racista de las tres teorías: el racismo biológico de los nazis, el racismo de clase de Marx (el progresismo y el evolucionismo universales), y el racismo colonial y cultural-civilizacional de los liberales (que era explícito hasta mediados del siglo XX y después se volvió subliminal – ver “La concepción eurocéntrica de la política mundial” John Hobson).

La CTP rechaza todo tipo de totalitarismo – comunista, fascista y liberal.

El tercer totalitarismo hoy es el más peligroso, ya que es el dominante.

Luchar contra él es una tarea fundamental.

La CTP propone una nueva comprensión tanto del todo como de sus partes, aparte de las tres ideologías políticas de la modernidad.

Esta comprensión puede ser llamada un Mit-sein [Ser-con] existencial.

Pero en esta comprehensión existencial de la presencia (Dasein), no hay ningún átomo (partes, individuo), ni suma de individuos (totalitarismo).

En la CTP, “ser-con” significa existir, constituir una presencia – una presencia viva dando la cara a la muerte.

Estamos juntos sólo cuando nos enfrentamos con nuestra propia muerte.

La muerte es siempre profundamente personal y, simultáneamente, es algo en común, algo que afecta a cada uno de nosotros.

Por lo tanto, es necesario hablar no sobre el totalitarismo (una concepción mecánica conectando las partes y el todo), sino sobre un holismo existencial orgánico.

Y su nombre es Pueblo.

Dasein existiert völkisch [El Dasein existe a través del pueblo].

En clara oposición a un “tercer totalitarismo”.

Por un Ser-para-la-muerte.

Mit-sein.

Nosotros somos el pueblo.

AD/

 

Fuente: Geopolitica.ru

*Entrevista a Alexander Dugin: Rusia debe salvar a Europa de la élite liberal que la está destruyendo.

Europa y los Estados Unidos han devuelto a menudo el favor a Alexander Dugin.

Hace un año, el famoso científico ruso no fue autorizado a entrar en Grecia.
Llegado de Moscú con el Patriarca Kirill para la conferencia en el monte Athos, a Dugin se le retuvo en el aeropuerto de Tesalónica y se le dijo que tenía prohibido entrar en la UE.
El año anterior, el Departamento del Tesoro de EE.UU. incluyó a Dugin en la lista de ciudadanos rusos sujetos a sanciones en relación con la crisis en Ucrania.
Un mes más tarde, Canada impuso sanciones contra Dugin.
Se ha escrito de todo acerca de él, desde la revista Foreign Policy, que lo llamó el “cerebro de Putin”, al periódico Sole 24 Ore, que hace una semana lo describió como el “Rasputin de Putin”.
Hijo de un funcionario soviético, disidente en los años 80, enemigo de Yeltsin en los años 90, Dugin es un pensador ruso al que la revista australiana Quadrant llamó en un ensayo “el loco consciente moderno”.
Sólo que un loco con acceso a la gran política.
Su libro “Fundamentos de la geopolítica” se utiliza en las instituciones militares, Dugin es una presencia fija en la pantalla del canal de televisión “Tsargrad” (el canal patriótico del Kremlin, que es financiado por el multimillonario Konstantin Malafeev), y cuando Turquía derribó dos aviones rusos, Dugin utilizó sus conexiones en Ankara para ayudar a Putin a reparar las relaciones con Erdogan.
El filósofo también apoya las asociaciones políticas en Europa, por ejemplo, en Grecia, donde es amigo del ministro de Asuntos Exteriores, Nikos Kotzás.
Da la impresión de que también se relaciona con Steve Bannon, la mano derecha de Donald Trump en la Casa Blanca.
Dugin dio esta entrevista exclusiva a Foglio para explicar no sólo sus ideas, sino también la cosmovisión que gobierna la Rusia de Putin.
En la conferencia de seguridad en Munich, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, habló sobre un “orden mundial postoccidental”.
Esto es puro Dugin.
¿Cuánto de cerca está de Putin?
Es difícil de responder, no estoy tan cerca del Presidente como algunos creen, pero muchas ideas que he expresado en filosofía, en política han influido mucho en Putin, – dice Dugin -.
No hay necesidad de exagerar, aunque sea cierto que ha habido una auténtica influencia de mis ideas sobre el presidente.
Las ideas tienen su propio destino, y pueden influir la lógica de la política y de la historia.
Las ideas son entes vivientes y pueden encontrar un montón de maneras para llegar a la gente.
El problema con Occidente es justo este, que ya no cree en las ideas, hay un mundo espiritual donde viven las ideas, y Occidente ha dejado de reconocerlo.
Le preguntamos a Alexander Dugin dónde nace su aversión cultural por Europa, que tantoparece haber inspirado a Putin.
Hoy Europa Occidental cayó en la trampa de la modernidad y de la posmodernidad, el proyecto de la modernización liberal conduce hacia la liberación del individuo de todos los vínculos con la sociedad, con la tradición espiritual, con la familia, con el humanismo mismo.
Este liberalismo libera al individuo de todo vínculo.
Lo libera también de su género y algún día también de su naturaleza humana.
El sentido de la política es este proyecto de liberación.
Los dirigentes europeos no pueden detener este proceso, sólo pueden continuarlo: más inmigrantes, más feminismo, más sociedad abierta, más género, esta línea es incuestionable para la élite europea.
No pueden cambiar de rumbo, pero cuanto más tiempo pasa, más personas están en desacuerdo con esto.
La respuesta es la reacción que crece en Europa y que la élite quiere parar, demonizándola.
La realidad no corresponde ya con su proyecto. La élite europea está orientada ideológicamente hacia el liberalismo ideológico.
En Moscú, la victoria de Donald Trump ha sido acogida favorablemente, por usar un eufemismo.
Trump ha tomado el poder en los Estados Unidos cambiando un poco esta situación, y Europa se encuentra hoy aislada, – continúa Dugin -.
Rusia es hoy el enemigo número uno de Europa porque nuestro presidente no comparte esta ideología posmoderna liberal.
Estamos en la guerra ideológica, pero esta vez no es entre el comunismo y el capitalismo, sino entre la élite liberal políticamente correcta, la aristocracia globalista, contra los que no comparten esta ideología, como Rusia, pero también Trump.
Europa occidental es decadente, pierde toda su identidad, y esto no es consecuencia de procesos naturales, sino ideológicos.
Las élites liberales quieren que Europa pierda su propia identidad con la política de inmigración y la de género.
Europa pierde así poder, la posibilidad de autoafirmarse, su naturaleza interior.
Europa es muy débil, en el sentido del intelecto, es culturalmente débil.
Basta con ver cómo los periodistas y los círculos culturales discuten de los problemas de Europa.
Yo no reconozco a esta Europa.
El pensamiento está al nivel más bajo posible.
Europa era la patria del logos, del intelecto, del pensamiento, y hoy es una caricatura de sí misma.
Es imposible curarla, porque las élites políticas no permitirán hacerlo.
Europa será cada vez más contradictoria, cada vez más idiota. Los rusos deben salvar a Europa de la élite liberal que la está destruyendo.
“Irresuelta la cuestión de Ucrania”, ¿Rusia no debería aspirar a acercarse a Europa como pareció después del colapso del comunismo?
Rusia es una civilización en sí, cristiana ortodoxa. Existen aspectos similares entre Europa y Rusia.
Pero después del colapso del comunismo, cuando Rusia se acercó a Occidente, entendimos que Europa ya no era ella misma, que era una parodia de la libertad, que era decadente y posmoderna, que se hallaba en total descomposición.
Este Occidente no servía ya como ejemplo a seguir, por lo que buscamos una inspiración en la identidad rusa, y hemos encontrado que esta diferencia es entre el catolicismo y la ortodoxia, entre el protestantismo y la ortodoxia.
Nosotros, los rusos, somos herederos de la tradición romana, griega, bizantina, somos fieles al espíritu cristiano antiguo de Europa, que hoy ha perdido todos los lazos con esta tradición.
Rusia puede ser un punto de apoyo para la restauración europea, somos más europeos los rusos que estos europeos.
Somos cristianos, somos herederos de la filosofía griega.
En el centro de la filosofía de Dugin, junto con la lucha contra el liberalismo, está Eurasia, una justificación de las ambiciones de Moscú por retornar al antiguo territorio soviético, del Báltico al Mar Negro, de restaurar el dominio sobre otros pueblos no rusos, llegando a establecer por fin un protectorado sobre la Unión Europea.
Los países vecinos de Rusia eran construcciones artificiales después del colapso de la Unión Soviética y no existían antes del comunismo – dice Dugin a Foglio -.
Son el resultado del colapso comunista.
Fueron parte en cambio de una civilización eurasiática y del imperio ruso pre revolucionario.
No hay agresión de Putin, sino restauración de una civilización rusa que se disolvió.
Estas acusaciones son el resultado del temor a que Rusia se reafirme como un poder independiente y quiera defender su propia identidad.
Ucrania, Georgia, Crimea han cometido muchos errores contra Rusia y han agredido a la minoría rusa que vive en estos países.
Pero invadieron su territorio.
Rusia ha respondido con gran poder a las violaciones de los derechos de los georgianos, osetios, ucranianos, abjasios, crimeos.
Europa no puede entender el acto político por excelencia, la soberanía, porque ella misma ha perdido el control de su propia soberanía.
Trump ha comenzado a cambiar la situación en los Estados Unidos y ha recordado que la soberanía es un valor, y nosotros, los rusos, con Putin hemos recordado esto al mundo antes que Trump.
¿Entonces Rusia pondrá los ojos también sobre los países de la OTAN en sus fronteras, la cuestión de Kaliningrado, el antiguo Königsberg, la patria de Kant, el enclave entre Oriente y Occidente?
Geopolíticamente, los países bálticos no entran dentro de la esfera de intereses de los rusos, con Georgia estamos en un momento de estabilidad, el problema sigue siendo Ucrania, porque la situación no es pacífica, no hemos liberado el territorio donde la identidad pro rusa es dominante, donde es víctima de una mezcla de neonazis y neoliberales.
Ucrania seguirá siendo el problema número uno, pero con Trump existe la posibilidad de salir de la lógica de la guerra.
Europa y el Islam.
Putin se enorgullece de haber construido un acuerdo con el Islam en Rusia, mientras que Europa está bajo ataque islamista.
El problema no es con el Islam, pero las élites han hecho entrar a millones de musulmanes, sin integrarlos porque existe un vacío sin identidad – prosigue Dugin -.
En este liberalismo no hay más asimilación cultural, los europeos no pueden proponer a los inmigrantes un sistema de valores, sólo corrupción moral.
Esta política suicida europea no puede ser aceptada por los inmigrantes musulmanes.
Y Europa se empeña en colocar musulmanes, sobre todo fanáticos fundamentalistas, continuando la destrucción de Europa: islamistas por un lado destruyendo Europa y por el otro la élite liberal.
La ideología wahabita y del Estado islámico es el problema, no el islam tradicional, que es víctima del fanatismo islamista.
Sin esta política de inmigración, el islam que hay en su territorio no representaría un riesgo para Europa.
Durante tres años, Rusia ha construido la imagen de un país que adopta políticas opuestas a las de Europa.
El matrimonio homosexual y los LGBT son cuestiones políticas, no morales.
No es coincidencia que la ideología liberal quiera destruir la idea de hombre y de mujer.
Putin ha comprendido esto muy bien y ha comenzado a reaccionar contra esta visión que destruye la sociedad.
No se trata de un problema de elección personal e individual, no hay leyes contra la homosexualidad, sino leyes contra la propaganda de esta ideología gay que destruye la identidad colectiva, que destruye las familias, que destruye la soberanía del Estado, tratando de cambiar la sociedad civil.
No es una cuestión moral o psicológica, sino política.
Dugin es considerado un partidario de Putin, pero aquí nos revela sus límites.
La historia está siempre abierta, no podemos decir qué será de Rusia.
Para construir un futuro fuerte y saludable para Rusia debemos hacer grandes esfuerzos, nada está garantizado, hay muchos desafíos para Rusia y Putin ha logrado responder a muchos de ellos, venciendo.
El problema de nuestro país es nuestra fuerza y debilidad, Putin garantiza a Rusia la conservación de la soberanía y de la identidad, el regreso a la escena de la gran Rusia, pero también somos débiles, porque Putin es él mismo, no ha creado una herencia que pueda garantizar la supervivencia de esta idea de Rusia.
Mientras exista Putin, Rusia tiene la esperanza de ser fuerte, pero Putin es un problema porque no ha institucionalizado su línea de pensamiento.
Rusia hoy es Putin-céntrica.
Entonces, qué ve que le depara a Europa?
Soy seguidor de René Guénon, quien ha identificado la crisis de la sociedad occidental europea mucho antes del siglo XXI.
La forma de degradación espiritual de Europa comenzó con la modernidad, con la pérdida de la identidad cristiana, pero ha llegado a su culmen en los años 90, cuando todas las instituciones fueron moledadas por el liberalismo de derecha en la economía, y por el liberalismo de izquierda en la cultura.
La aprobación del matrimonio gay me ha hecho comprender hacia dónde caminaba Europa.
Pronto llegará al momento final, después será el caos, la guerra civil, la destrucción.
Quizás es demasiado tarde para revertir la situación.
(Entrevista de Giulio Meotti para Il Foglio, 02 de marzo de 2017).
Fuente: The Fourth Revolutionary War.