¿Qué anhela cada protagonista para alcanzar la felicidad?

FUTBOL: APUNTES SOBRE LA FELICIDAD POCAS HORAS ANTES DEL PARO GENERAL

Por Gabriel Fernandez

En el medio, el andar pausado del pensamiento atrae aquella polémica sobre “qué cree merecer cada opositor”, cuando planteé que un comerciante próspero, tras cerrar su creciente negocio, subía a su bello automotor, arribaba a su linda casa, encendía el aire acondicionado, descorchaba un buen vino y decía “en este país no se puede vivir” y desgranaba alternadamente quejas por algún corte de calle, los avisos de Fútbol para Todos, las exigencias de los empleados.


Por Gabriel Fernández

La Señal Medios

23/06/2018

Algunas reflexiones por fuera de las observaciones tácticas planteadas al aire. Voy a rozar ciertas equivalencias molestas. Pero el tema, aparece servido.

En el último tramo de la enfermedad de Fontanarrosa consulté sobre su raíz.

La respuesta fue bastante clara: psicológica.

Con todo lo difuso de la aseveración, se indicó que el brazo del gigante de la historieta y la narrativa fue canalizando un malestar originado en otra región de su cuerpo, quizás la mejor dotada: la mente.

Lo primero que se me ocurrió fue preguntarme qué necesita una persona para ser feliz.

Recuerdo el trayecto del rosarino: situarse en la casa que anheló; en una época pre internet logró dejar de lado la mudanza a Capital Federal y se las arregló para trabajar en Clarín desde su ciudad, con sus afectos, su boliche y su cancha en las cercanías.

Buen trato con su mujer y familia en general, las preocupaciones se encapsularon en determinados clásicos, en ciertas campañas.

Ahora bien: de nada sirve esta consideración, pues cada ser es un mundo inaprensible.

Evoco una charla reciente con un colega, café de por medio: “no me vas a decir que ganar un montón de dinero por jugar al fútbol, estar en la selección y ser considerado el mejor jugador del mundo le impide ser feliz”.

Es ostensible que el problema de la Selección Argentina pasa por la “cabeza” como titula Carlos Aira una reciente nota en la web de la Gráfica.

Pues desde antes del empate con Islandia y mucho antes de la espectacular caída ante Croacia el conjunto del grupo aparecía serio, “reconcentrado”; y muy particularmente Lionel Messi, “atribulado” hasta arribar a la ausencia.

Los ejemplos se enlazan intencionadamente aquí.

Cargar sólo sobre los deportistas sería demasiado sencillo y reduccionista.

En el medio, el andar pausado del pensamiento atrae aquella polémica sobre “qué cree merecer cada opositor”, cuando planteé que un comerciante próspero, tras cerrar su creciente negocio, subía a su bello automotor, arribaba a su linda casa, encendía el aire acondicionado, descorchaba un buen vino y decía “en este país no se puede vivir” y desgranaba alternadamente quejas por algún corte de calle, los avisos de Fútbol para Todos, las exigencias de los empleados.

Quizás la insatisfacción sea la única constante en el ser humano. Por encima del amor y el odio, de la espiritualidad, el saber, la avaricia, la búsqueda de reconocimiento, los bienes materiales y los éxitos personales o colectivos.

Recuerdo viejos asertos, desparramados aquí y allá. Esa idea de algunos mayores sobre la alegría como un hecho trivial –“ese es un boludo alegre”- y varias películas nacionales en las cuales el sufrimiento de los protagonistas resultaba intangible, cuasi metafísico.

También repaso a Roberto Arlt, porqué no.

Y a varios más: Quiroga, Lugones, Alfonsina Storni, con derivación dramática bien práctica.

El pensar arremolina otros perfiles: “no hay que ser conformista” –con aires de autosuperación-, “acá no te dejan crecer” –con tono paranoico-, “si yo tuviera…” –para construir utopías individuales-.

El diálogo directo y cotidiano me permite saber qué sienten aquellas personas que están perdiendo su trabajo y en consecuencia su todo ordenador, cómo se angustian aquellas que ya no llegan a cubrir los gastos esenciales aún contando con un empleo.

El nivel de preocupación, pero también de amargura y dolor, aunque resulte violento decirlo, es semejante entre estos protagonistas del devenir nacional con el de aquellos citados antes. Jugadores consagrados, empresarios adinerados, narradores reconocidos, literatos prestigiosos.

El conjunto brinda un cuadro complejo pero a la vez disparatado, sin lógicas ni varas de medición que alcancen equivalencia.

La depresión honda y evidente de Messi no calza con su situación en el mundo.

Entonces, sin descartar su interioridad conflictuada, se abre otra dimensión, centrada en la búsqueda de objetivos mediante procedimientos oblicuos.

Veamos: para quien sabe mirar, el primer tiempo del segundo cotejo mostró, en el medio juego, la importante superioridad técnica argentina (ni hablemos de la disparidad ante Islandia).

El segundo período evidenció un equipo sin ganas de jugar ni de ganar, usando freno de mano para no evolucionar en el terreno.

Y una estrella paralizada por decisión propia y sin lanzar disparos al arco.

El gol inicial, tan comentado, no era más que un accidente.

La Argentina tenía elementos, como en tantos otros partidos, para revertir la situación.

No quiso hacerlo, lo cual es bien distinto a no poder concretarlo.

La explicación que nos llega desde Rusia es que la pugna por el control del plantel, la formación y el diseño de juego llegó a un borde y, al no coincidir la mesa chica que lideran Mascherano y Messi con el técnico Sampaoli, los primeros resolvieron alzar el pie del acelerador.

Todo cierra, menos un dato demasiado relevante: el ostensible boicot a la orientación del DT tiene resultados integrales pues contiene el hundimiento del equipo en su conjunto, incluidos los líderes “opositores”.

Al asumir una actitud de esa naturaleza, estos jugadores se están limando la última posibilidad generacional de alcanzar un título mundial. Cuando Diego Armando Maradona en De la mano del Diez asevera que el rival de la Argentina es la Argentina misma, pone el dedo en la llaga; poco y nada les está costando a los otros candidatos, sacarse de encima la albiceleste para los tramos finales del torneo.

No hay dóping dudoso como en los Estados Unidos, ni fallos arbitrales especialmente cuestionables más allá de una jugada.

Como dice esa bandera, pero en sentido inverso, “Somos Nosotros” los que generamos una dificultad cuando las perspectivas están abiertas.

Vuelvo entonces, con ambas hipótesis, al comienzo: ¿Qué anhela cada protagonista para alcanzar la felicidad?

¿Es más importante correr a un técnico que salir campeón mundial?

A menos que la victoria ante Nigeria esté muy garantizada –es, en verdad probable- y los jugadores mencionados apuesten al borde confiando en su capacidad.

En ese razonar hipotético cabe entonces incluir momentos previos: quizás la goleada ante España había sido imaginada como el límite que facilitaría la expulsión del entrenador, y no fue suficiente.

Entonces empezaron a jugar con fuego en los mismos partidos del campeonato.

No vamos a dejar pasar la discusión táctica. A decir verdad, entre Gerardo Martino y Jorge Sampaoli, quienes anhelaban barcelonizar a la Argentina tenían muchos ejes sobre los cuales girar con firmeza.

¿Eso queda relegado por un debate sobre la inclusión de Pavón en el equipo?

Allí sólo queda como sensata la observación de Caruso Lombardi: “Si Messi quiere ser el técnico que haga el curso”.

Como se ve, es raro lo que sucede –bien raro, claro- porque cuando aparece una pista explicativa emerge al toque una objeción que la sitúa en el universo de la sinrazón.

No hay locura en el planteo original del Loco: un diseño 3-3-1-3, con tres defensas, dos laterales, un mediocentro defensivo, un generador, dos wines y un centro delantero.

Entiendo que el 4-3-3 y el 4-4-2 con sus variantes pueden ofrecer mayor solidez; pero ¿a qué viene esta pasión por cuestionar la tenencia, el toque y avanzar raudamente a favor del contraataque?

Jugar bien puede estimarse como la utilización óptima de los recursos disponibles en las circunstancias adecuadas.

Respaldo la idea de Pedro y el Lobo, como no, pero estoy muy lejos de considerarla única opción posible en el fútbol mundial.

Me gusta insertar una mención al artículo reciente de José Luis Ponsico en La Señal Medios.

Más que por los distintos aspectos de debate que involucra, por la gallardía de este colega: cuando se le ofrece en bandeja la posibilidad de cargar con enjundia sobre el esquema guardiolista, toma distancia de las críticas letales y “comprende” las vicisitudes de una selección que sufrió un par de situaciones imprevisibles.

Contra su credo, desempolva a Cesar Luis Menotti para acompañar el decir con aseveraciones de quien resulta adversario táctico.

Pero intenta reponer el sentido: no corresponde considerar Peor del Mundo a quien hace minutos se evaluaba como el Mejor.

Apunte: José Luis, como Carlos, son “felices” por ser periodistas; por hacer lo que hacen.

Ahora bien, el público futbolero y el periodismo en general tampoco han sido inocentes en todo este sinuoso camino.

Al evaluar como “fracaso” el arribo a finales en los tres torneos recientes, donde apenas se perdió por penales, en vez de valuar el asombroso desempeño del combinado, contribuyeron a la gestación del clima derrotista que acompaña cada paso del mismo.

Allí el “todo o nada” y el “sólo sirve ganar” se tropiezan con los datos objetivos y terminan negando campañas en las cuales el fútbol argentino superó a todos y no fue aplastado por nadie.

Esto lo explica bien Rafael Bielsa en el video que colocamos al comienzo del torneo en nuestras redes.

Hay una gran región de la población que se guía por aquello que los medios indican como “éxito” o “fracaso”.

Sólo para repasar nuestros últimos movimientos, digamos que hemos dedicado el reciente Especial radial al paro que este lunes sacudirá al país.

Esta protesta, como otras, se origina en la decisión de muchos conciudadanos de respaldar a quienes históricamente dañaron el bienestar colectivo.

Exagerando, podemos señalar que una sociedad en vías de bienestar resolvió desestructurar ese rumbo para ingresar en la depresión.

Dato curioso, al cual se puede incorporar el sentimiento de culpa del cual nos habla Dri Rubén.

Pues este país cuenta con recursos naturales, humanos, técnicos, lo bastante apreciables para tener un gran desempeño internacional.

Cómo hacen algunos para desdeñar esos factores que atraviesan sus vidas.

Pero claro: para ganar, hay que querer ganar.

Sin ese primer paso, todo es más difícil.

Alguna vez, en charla a solas, mate de por medio en un anterior departamento de La Boca, Martin Garcia me lo dijo en un tono aún más nítido: “La felicidad es una decisión”.

Un rato antes me había puesto a acomodar varios libros, entre los cuales destacaba el de Jorge Ricardo Masetti.

Con un título que quizás algunos recuerdan.

 

GF/

• Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.