¿Puede el intelecto actuar sin la materia?. ¡Vaya problema filosófico que plantea el veredicto de los camaristas Martín Irurzum y Leopoldo Bruglia, nada menos que el del dualismo filosófico?

EL INTELECTO Y LA REALIDAD

Por Rubén Dri

La Cámara Federal presidida por los dos jueces citados da una respuesta contundente, innovadora que revoluciona toda la filosofía:
Por ello, Nisman fue asesinado por los “actores intelectuales” sin necesidad del concurso de la “actores materiales”.

 

 

Por Rubén Dri

 

¿Puede el intelecto actuar sin la materia?

¡Vaya problema filosófico que plantea el veredicto de los camaristas Martín Irurzum y Leopoldo Bruglia, nada menos que el del dualismo filosófico?

¿Si la realidad está compuesta de espíritu y materia, puede el espíritu actuar sin la materia?

¿Será que efectivamente existen los ángeles?

¿Será que efectivamente Dios es espíritu puro?

La Cámara Federal presidida por los dos jueces citados da una respuesta contundente, innovadora que revoluciona toda la filosofía:

La realidad está compuesta de materia y espíritu, pero éste puede actuar sin el concurso de la materia.

Por ello, Nisman fue asesinado por los “actores intelectuales” sin necesidad del concurso de la “actores materiales”.

A nadie se le puede ocultar lo terriblemente peligrosa que es esta doctrina, porque de ahora en adelante ya no será necesaria la búsqueda de los actores materiales.

Una vez que se descubre a los actores intelectuales, y ello no es difícil,(a un juez como Bonadío ello no le llevaría ma´s que deiz segundo) el problema está resuelto.

Está claro.

El kirchnerismo asesinó a Nisman. Punto.

No busquemos más.

Con ello se puede encubrir, tapar, silenciar el endeudamiento, la inflación, la precarización laboral, la pérdida de capacidad de compra de los asalariados y de los jubilados, los tarifazos y demás males que deben sufrir los sectores populares.

Pero la materialidad  es rebelde, ya llena las calles, ocupa los espacios públicos, se mete por todas las rendijas de la sociedad.

La prepotencia de su presencia hace añicos la pretención de un accionar puramente espiritual.