Desde el Penal de Marcos Paz,  Luchando por su libertad.

LOS ARISTOGATOS

Por Fernando Esteche

Una nota de opinión de Fernando Esteche, Profesor Universitario y Doctor en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata preso político sin condena, a la espera de un juicio, secuestrado por el régimen macrista.

Por Fernando Esteche
NAC&POP
06/06/2018

Huellas regias del régimen macrista.

A un gobierno cuyo gabinete está integrado mayoritariamente por gerentes empresarios (ahora se los llama CEO), que ha parcelado el Estado [1] entre holdings o empresas que representan estos gerentes/ministros, los cronistas críticos se apuraron a categorizarlo como “CEOCRACIA”: un gobierno de ricos que gobierna para los ricos a través de sus gerentes.

Si pudiéramos ser más precisos, despojados de cualquier pretensión de originalidad, con clasicismo deberíamos nominar al actual Régimen [2] como “aristocracia”.

Pero encontramos a dicha categoría demasiado complaciente y vacía, por lo cual para habitar la misma con sentido popular y ajustarla a su propia ontología, vamos a caracterizarlo como “aristogatos”: el gobierno de unos pocos, de los poderosos, y que con una sordina que crece, los argentinos hemos definido como gatos [3].

La fuente de legitimidad de este Régimen de aristogatos se basa en el consenso electoral reñidísimo [4] alcanzado.

Pero estas condiciones resultan lábiles si consideramos por lo menos dos elementos que atraviesan y condicionan las formas de producción política del gobierno.

Primero, establecer que se opusieron dos modelos de país y casi la mitad del electorado impugnó el modelo de los aristogatos, que además estaba camuflado en mentiras lo cual permitió engañar a un número indeterminable (imposible de calcular) de incautos.

Segundo, la defraudación de los compromisos electorales.

Entonces, con la mitad del electorado impugnando y con una incalculable porción de consenso propio engañado y defraudado, la legitimidad termina corroída al punto de cuestionar incluso la legalidad del actual régimen.

Pero como no se trata de disquisiciones de filosofía política sino de poder, estos siguen acometiendo sus felonías.

La traición de la semiótica oligarca

Cuando la gente decente [5] pierde los estribos y convierte en verbo su ira, intenta hacerlo con su marca de clase.

Hay palabras que para Ellos resultan procaces y las reservan para la plebe.

Cuando Ellos, entonces, se martillan un dedo, se golpean una rodilla con algún mueble, van en medio del tránsito alocado, o cuando uno de sus empleados comete la insolencia de reclamarle aumento salarial; entonces Ellos espetan “la república que los parió”, para no decir “la re-puta”.

Se trataría de un epíteto deformado y edulcorado sino fuera que uno sabe del desprecio congénito y profundo que esta gente decente tiene por la república.

¡Es la gran traición de la semiótica oligarca!

Carlos Saura eternizará en una metáfora cinematográfica de antología esta cuestión cuando un soldado fascista se levanta de la butaca de espectador, aturdido, furioso, y fusila a “La República” (al grito de “puta”) que estaba en el escenario representada por una actriz en la película “Ay Carmela”.

En la mínima mueca estética exponen su ética.

Como sostiene Roque Dalton en “estética, ética est”.

Ahí evidencian todo su desprecio por lo republicano, porque como todo digno exponente de su clase (los patrones de estancia y los dueños de empresas), sólo comprenden que su voluntad y sus intereses son la voluntad e intereses de todos, o deberían serlo.

Resultarán inexplicables las ofertas universitarias en los sectores populares, les parecerán sueños (para ellos pesadillas) eso de que los trabajadores tengan aire acondicionado o teléfonos celulares, peor que piensen en vacacionar.

El Estado al servicio de los intereses populares lo explican cómo “populismo”.

El Estado con independencia de poderes es una reivindicación en tanto no sean ellos los que detenten el poder del Estado, sino es una incomodidad heredada de algún sórdido carnaval plebeyo.

El Estado soy yo

Se cuenta que Luis XIV en su reunión anual en el lit de justice ante el Parlamento de París (1655) sentenciaba “El Estado soy yo”, y de esa manera negaba cualquier peregrina ilusión de poner en discusión alguna de las decisiones del Rey Sol. Incluso evidenciaba que cualquier cuestión referida a la cosa pública era prerrogativa suya.

Al rey Luis XIV lo había preparado para el poder, con su sello personal, su madre Ana de Austria con quien mantenía una compleja relación que hubiera sido festín de los freudianos.

La Argentina del régimen macrista encontrará, curiosamente, más soportes referenciales y teóricos en el absolutismo que en la teoría política moderna en la cual la noción de Estado como independencia de poderes contradice de plano aquella sentencia del Rey Sol y que tranquilamente uno pudiera poner en boca del presidente Macri.

Mauricio Macri, como aquel rey, fue preparado para el ejercicio del poder por su madre Alicia Blanco Villegas, hija arquetípica de la más rancia oligarquía criolla.

No son pocas las marcas regias que evidencian la verdadera concepción del poder y del Estado que detentan quienes gobiernan.

Treinta y nueve (39) decretos de necesidad y urgencia que directamente ignoran al Poder Legislativo, entre los que se encuentran la derogación de la ley de medios y la designación de dos jueces para integrar la Corte Suprema de Justicia.

Ocho (8) vetos que impugnarán las leyes dictadas entre los que están la suspensión de los despidos y el no aumento de las tarifas.

La designación de 50 jueces federales con otra cincuentena a la firma y la creación de tribunales orales propios (TOF 7,8 y 9) serán apenas una muestra de la colonización que el Ejecutivo ha hecho del Poder Judicial, removiendo jueces autónomos, “renunciándolos” o “jubilándolos”, y manejando discrecionalmente los sorteos que definen quien entenderá cada causa, llegando al paroxismo en la Cámara de Apelaciones donde solo hay habilitados 2 jueces (Irurzum y Bruglia) para atender todos los casos, y afines al gobierno.

Es difícil con este panorama que se siga hablando de república.

El Congreso burlado, el poder judicial colonizado; los gobernadores convertidos en sátrapas [6] a expensas de la extorsión que la presidencia hace con el manejo de la obra pública y de las partidas presupuestarias; la profundización de la persecución arrinconando a la oposición con presos políticos y el discurso único que impugnará y deslegitimará las posiciones críticas.

La profecía de Charly García

Charly García describirá con su poética rocanrolera las tribulaciones, los lamentos y el ocaso de un tonto rey en la canción homónima, y uno no puede evitar rebatirlo con lo que estamos viviendo.

La construcción de un discurso que desacreditará cualquier crítica y presentará a los opositores como insensatos, irresponsables y aún incluso despojados de un sistema de valores, serán las tribulaciones de aquel rey y del presidente Macri que describirán como “gente brutal” o “furiosas bestias” al pueblo reclamando pan y trabajo.

El presidente, incapaz de entender cómo es que no disfrutamos de su fiesta a la que se nos convoca tan solo como espectadores, insistirá en que “estamos bien y vamos mejor”.

Mientras los comercios no pueden sostenerse, las pymes naufragan, los salarios siguen estancados, los precios se disparan y, lo peor de todo, es que su necedad limita la posibilidad de la Política.

Si persiste en dinamitar el espacio de La Política burlando al Congreso, ignorando la protesta, las marchas y las concentraciones; si la respuesta sigue siendo la gesta mafiosa (Ndranguetha [7]) del apriete judicial y la cárcel; entonces está acorralando a nuestro pueblo.

Si no hay lugar para La Política, tarde o temprano estaremos sumergidos en una nueva tragedia que tiene un único padre y ese es el presidente Macri.

NOTAS:
1 Sobre la parcelación del Estado ver http://www.noticiaspia.org/2017/11/08/la-prefiguracion-de-la-argentina-mafiosa/
2 Desde la acepción yrigoyenista del término.
3 “Gato” es un término del lunfardo que, como todo concepto, se ha ido adaptando a su momento histórico. En la década del 20 y del 30 hacía referencia a los hombres que podían “gatillar”, es decir, tener dinero suficiente para invitar a salir a mujeres, vedettes particularmente. Sin embargo, en la década del noventa se resignifica: en el lenguaje carcelario, el término gato es sinónimo del “mulo”, sirviente del jefe del pabellón. El gato se cree superior pero su autoridad es impostada y prestada, y la impone sobre el resto a costa de su actitud servil. El gato no pretende revertir su condición de servilismo, sino llegar a tener sus propios sirvientes.
4 En el balotaje Cambiemos obtuvo el 51,34% (12.988.349 votos) contra el 48,66% del Frente para la Victoria (12.309.575 votos) siendo la diferencia de 678.774 votos.
5 Disponible en http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/05/08/argentina-carta-del-preso-politico-fernando-esteche/
6 Nombre que se les dio a los gobernadores de las provincias de los antiguos imperios Medo y Persa. El sátrapa se encargaba del cobro de los impuestos, controlaba a los oficiales locales y a las tribus y ciudades vasallas, y era el juez supremo de la provincia. Como metáfora política es utilizado para quienes gobiernan regiones con una impostura de autonomía pero que dependen de la voluntad del soberano absoluto.
7 Ver http://www.noticiaspia.org/2017/11/08/la-prefiguracion-de-la-argentina-mafiosa/

Carta Abierta de Fernando Esteche

Cárcel de Marcos Paz, mayo de 2018 Esta es una carta repetida. La he escrito una y otra vez en circunstancias similares. Vestidas aquellas otras cartas con distintas palabras y distintas anécdotas,