Nuevo reacomodamiento inglés en el terreno internacional (primera parte)

NO LLORES POR MI INGLATERRA

Por Mario Casalla

Para conocer el porqué de tanto “amor” (ahora sí correspondido) es necesario detenernos un momento en la situación actual de Inglaterra, luego de su decisión de abandonar la Comunidad Europea (brexit).

 

 

Por Mario Casalla

Salta, 4 de junio de 2018

Especial para “Punto Uno”

 

SIGLO XX: APOGEO Y DECADENCIA DE UN IMPERIO

Cuando los parlantes de la cancha de Boca hacían lo humanamente posible para que el público vivara a la Selección Argentina de Futbol con algo parecido al “entusiasmo”, el primer cántico que bajó espontáneamente de las tribunas fue el clásico: “El que no salta es un inglés…”. Por cierto que a las “autoridades presentes” la cosa no les cayó nada bien, dado el empeño que ha puesto la Administración Macri –desde el primer mes de su gestión- por mejorar y fomentar las alicaídas relaciones de nuestro país con el Reino Unido de Gran Bretaña.

Primero fue su intento de bautizar como “diálogo”, el fugaz entrecruzamiento de pasillo –en una Asamblea de la ONU- con la hierática Primer Ministro inglesa Teresa May (seguramente camino al toilette).

De inmediato el Foreing Office puso las cosas en su lugar y a nuestra entonces Canciller (la Sra. Malcorra), no le quedó otra que plegarse a esa aclaración.

La última fue hace unos pocos días cuando envió a la Banda de Música de nuestra Fuerza Aérea a tocar en los festejos del cumpleaños de la Reina de Inglaterra, en la Embajada Británica en Buenos Aires.

Esta vez el Embajador inglés sí quedó muy conforme, tanto que pocos días después el titular del Foreing Office (Boris Johnson) se trasladó al cenotafio en la Plaza San Martín donde dejó una ofrenda floral bajo las placas de los argentinos muertos en el conflicto de Malvinas.

Fue la primera visita de un canciller británico en 22 años, quien llegó a la Argentina para participar de una reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G-20.

Acto realizado enfrente de la denominada “Torre de los Ingleses”, regalo de los residentes británicos a nuestro país con motivo del Primer Centenario de la Revolución de Mayo y (oh casualidad!) enclavada justo en el sitio donde España le concedió a los ingleses un “Asiento de Negros” para que pudiera realizarse en el Río de la Plata –recatadamente- la compra-venta de esclavos.

Tráfico que explotaban buques y comerciantes ingleses, dado que a los españoles y a los portugueses no les era posible por cuestiones de “cristiana piedad”.

Para conocer el porqué de tanto “amor” (ahora sí correspondido) es necesario detenernos un momento en la situación actual de Inglaterra, luego de su decisión de abandonar la Comunidad Europea (brexit).

A partir de ello, los restos organizados de su antiguo Imperio (la actual “Comunidad Británica de Naciones”, el Commonwealth) y sus otroras “colonias económicas de facto” (Argentina entre varias otras, a lo largo del mundo) cobran un renovado interés político, económico y militar. En tiempos de crisis todo suma.

APOGEO Y OCASO DEL IMPERIO BRITANICO

Inglaterra inició de manera floreciente el siglo XX, pero no lo terminó así.

Preparados como estaban -después de la Segunda Guerra Mundial- los Estados Unidos la relevaron sin piedad de esa suerte de “protectorado” continental que de hecho ejercían sobre buena parte del orbe.

Antes de los dos grandes conflictos mundiales, Inglaterra era la primera potencia en cuanto a superficie de territorios colonialesposeía dominios distribuidos en casi toda la superficie del planeta y había elegido muy bien los puntos clave para su poderosa marina.

Su armada reinaba en todos los mares y su flota mercante representaba la mitad del tonelaje mundial de los navíos comerciales; de aquí que era, a la vez, la reina de los fletes y de los seguros marítimos, un negocio verdaderamente redondo.

Por su pujanza comercial y financiera, la Rubia Albión era acreedora de casi todos los países y su moneda (la libra esterlina) constituía el medio de pago universalmente aceptado, como más tarde ocurrirá con el dólar estadounidense.

En su conjunto, el Imperio Británico cubría la cuarta parte de la superficie terrestre e incluíaaproximadamente, otro tanto de la producción mundial: Inglaterra era pionera y todavía vanguardia de la revolución industrial.

Su preocupación principal era preservar el equilibrio con el resto de las potencias del continente europeo, tratando de que ninguna de ellas fuera lo suficientemente fuerte como para atacar o competir con la Gran Bretaña: si las acciones de cualquier otro país amenazaban esos fines permanentes de su política exterior, ello suscitaría de inmediato su respuesta (económica, diplomática o militar, si esto último también hiciera falta).

Después de las dos Guerras Mundiales esa realidad su esfumó y el Imperio Británico inició su lenta pero inexorable decaída internacional.

Varios hechos clave trastocaron el poder inglés y los más importantes fueron: el ascenso definitivo de los Estados Unidos al rango de potencia rectora de Occidente; el ascenso al mismo rango, por parte de la URSS, en Oriente; el resurgimiento económico de Alemania y Japón, a pesar de sus tremendas derrotas militares; la revolución anticolonial mundial, con la aparición consecuente de nuevas nacionalidades y de organismos internacionales que reordenaron y matizaron el ejercicio mundial de la fuerza y, finalmente, problemas económicos, laborales y políticos dentro de la propia Gran Bretaña que dañaron directamente su imagen y su política de un poder coherente y suficientemente creíble (huelgas, guerras intestinas, desempleo, etc.).

Se inicia entonces la esclerosis y amputación del Imperio Británico, ya en los umbrales del siglo, con la rebelión de los Bóxers en China (1900) y la guerra de los Boers en África del Sur (1899), ambas serias advertencias para la salud del Imperio.

A su vez, en 1919 comienzan los problemas en la India que culminarían con la independencia y la retirada inglesa de 1947.

En ese mismo año, Gran Bretaña da por terminado su mandato en Palestina y traslada la cuestión a la ONU.

Poco después sobreviene el forzoso reconocimiento de la independencia de Ceilán, Malasia y Singapur (aunque inteligentemente retenidas en la “Comunidad Británica de Naciones”, el Commonwealth) y, a partir de los años 60, se desencadena el alud de pérdidas de posesiones coloniales inglesas en el África: en 1960 se independiza Ghana; en 1961 Sudáfricaproclama unilateralmente su independencia de la Comunidad; en 1964 Rhodesia, que adopta el nombre de República de Zambia; en 1966 Niasalandia, rebautizada como República de Malawi. Y así sucesivamente se desarrolla un proceso que incluye nombres y territorios que ya no quieren ni pueden ser retenidos por el Su Graciosa Majestad.