"Ahora no es tiempo de odiar, es tiempo de luchar". (Héctor Germán Oesterheld)

EL PERMANENTE RETORNO DE EL ETERNAUTA

Por Fernando Miguel Silvestre

Oesterheld pudo mostrar desde una dimensión propia de esta región del planeta, problemas que nos lleva a la actualidad de la metáfora de El Eternauta: la invasión del poder no está en los otros sino en nosotros, en tanto partícipes de una cultura del mal-estar que no respeta fronteras. Su universalidad -actualmente se denomina globalización- lleva a la miseria, el abandono, la discriminación, la exclusión y la muerte de millones de seres humanos..

Por Fernando Miguel Silvestre
Nac&Pop
25 mayo 2018

En el análisis de la obra se pueden observar tres momentos claramente diferenciados

.El primero comienza con la nevada mortífera donde el grupo humano está rodeado de muerte y la ley que impera es el “sálvese quién pueda”.

La única manera de sobrevivir es afianzando los lazos de solidaridad.

Las características de funcionamiento del grupo permiten dar cuenta que el yo es con los otros y la diferencia es por temperamento y capacidad.

El segundo momento se inicia cuando se encuentran con los soldados sobrevivientes y se organiza la resistencia contra el invasor.

La lucha contra el enemigo común posibilita unir a todos lo humanos.

Esta unión con el ejército, que inicialmente es vista con alegría, rápidamente troca en una permanente desconfianza por parte de Juan, al darse cuenta que los civiles son utilizados como vanguardia para ser los primeros aniquilados.

Aún más, el desastre final es debido a que el Mayor del ejército no tiene en cuenta las advertencia de Favalli -el intelectual- y conduce a los soldados a una trampa fatal donde los únicos que se salvan son algunos civiles.

En esta parte de la historieta se describen las características del invasor. Los Ellos son los amos representantes del “odio cósmico”, de la muerte y la esclavitud.

De esta manera se transforman en una metáfora del poder y encarnación de miedos profundos del hombre.

Los Ellos dominan a los Manos a través de la glándula del miedo.

Estos a su vez controlan con teledirectores a los Cascarudos, los Gurbos y los Hombres-robots.

Es así como se establece una brillante metáfora del sistema de dominación.

Luego de la aniquilación quedan como sobrevivientes un grupo paradigmático: Juan y su familia, Favalli el profesor, Mosca el historiador, Pablo un joven de 11 años y Franco el obrero, verdadero héroe de la historia.

Aquí comienza el tercer y último momento de la historieta donde el hombre se vuelve lobo del hombre.

Afianzar los lazos de solidaridad es una constante que lleva al grupo a sacrificarse para que se salve Juan y su familia.

El error de la máquina lo lleva a Juan a separarse de su familia y recorrer el espacio-tiempo en su búsqueda permanente.

En este recorrido se encuentra con un viejo filosofo Mano que expresa la ideología de la historieta:

“En el universo hay muchas especies inteligentes…algunas más, otras menos inteligentes que la especie humana.

Todas tienen algo en común: el espíritu.

Así como hay entre los hombres, por sobre los sentimientos de familia o patria un sentimiento de solidaridad hacia los demás seres humanos, descubrirás que existe entre todos los seres solidaridad, un apego a todo lo que sea espíritu, que une a los marcianos con los terrestres..”

“Esta concepción que denominaría de un humanismo universal plantea la solidaridad basada en una ética del respeto de las diferencias”.

Por ello -debería decir los Ellos- la circularidad de la obra plantea una búsqueda permanente -que llega hasta nuestra época- de una salida en el afianzamiento de los lazos de solidaridad; caso contrario nos invadirá la muerte, la soledad, el miedo que nos destruye, en suma el sometimiento.

De esta manera al analizar esta obra, querer reducirla a una lectura política de un período histórico -las décadas de los 60 y los 70-, sería minimizar la dimensión de un planteo más profundo.

La versión de 1969 -de la revista Gente- y la segunda parte se ajustan perfectamente a una versión antiimperialista que -a mi entender- degradan y simplifican el logro de Oesterheld.

En la primera parte pudo mostrar desde una dimensión propia de esta región del planeta, problemas que nos lleva a la actualidad de la metáfora de El Eternauta: la invasión del poder no está en los otros sino en nosotros, en tanto partícipes de una cultura del mal-estar que no respeta fronteras.

Su universalidad -actualmente se denomina globalización- lleva a la miseria, el abandono, la discriminación, la exclusión y la muerte de millones de seres humanos poniendo en peligro la habitabilidad del planeta.

El permanente retorno de El Eternauta -también en sucesivas ediciones que se agotan- nos invita a creer que es posible un futuro diferente.

Para lograrlo, nada mejor que recordar una frase de Juan Salvo en un momento de la historia: “Ahora no es tiempo de odiar, es tiempo de luchar”. (Héctor Germán Oesterheld)