“…Y perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores…”

USUREROS

Por Jorge Rachid

Si hay algo que es absolutamente contrario a la cultura del trabajo, es la cultura de la especulación financiera, que degrada socialmente, lleva a la diáspora y la fragmentación, entre quienes producen riquezas y quienes las acopian con esfuerzo ajeno.
Por algo un viejo ladrón decía: “si sabía de joven como eran los bancos. En vez de robarlos, los hubiese fundado”.

 

 

 

Por Jorge Rachid

SIN MORDAZA

14/5/18

Frase repetida por miles de millones de fieles de todo el mundo, tanto cristiano como de las demás religiones monoteístas, que con diferentes términos, rechazan con dureza la aplicación de intereses, sobre los préstamos de dinero.

A quienes realizaban estas prácticas se los segregaba socialmente, al principio de los tiempos, eran mal vistos como prestamistas, materialistas voraces, mafiosos, egoístas, tacaños, aprovechadores de desgracias ajenas.

Malas personas.

La modernidad, o como se la llame, fue blanqueando ésta actividad hasta transformarla en una herramienta económica de la revolución industrial, creando una casta de banqueros reputados en las élites sociales y repudiados en la base humilde, por las acciones apropiadoras de los pocos bienes conseguidos por esfuerzo del trabajo.

Si hay algo que es absolutamente contrario a la cultura del trabajo, es la cultura de la especulación financiera, que degrada socialmente, lleva a la diáspora y la fragmentación, entre quienes producen riquezas y quienes las acopian con esfuerzo ajeno.

Por algo un viejo ladrón decía: “si sabía de joven como eran los bancos. En vez de robarlos, los hubiese fundado”.

Sin embargo la cultura de la sumisión nos ha hecho acostumbrar al maltrato, la lista interminable de trámites y condiciones exigibles para obtener un préstamo, ya que según los cánones aceptados, el prestamista debe “protegerse en su inversión”, a partir de lo cual, el necesitado pasa a ser un deudor.

Ya no es una persona, una familia, un sentimiento, simplemente es un rehén, hasta que salda su deuda, como carga de vida.

Ese esquema es imitado por los gobiernos, aún con menos reparos en sus condiciones, ya que se trata de bienes ajenos que se colocan sobre la mesa de las discusiones de las tasas, las condiciones, los plazos, las políticas que garanticen su retorno en capital o en bienes, ya que los prestamistas ya sean organismos multilaterales de crédito o fondos de inversión o simplemente bancos, deben ser eficientes en el recupero.

Los países con gobiernos neoliberales transitan alegremente ese camino, que lleva indefectiblemente a crisis sociales por los condicionamientos políticos, a crisis económico- financiera por los intereses a pagar y a la pérdida de soberanía económica, al pasar a ser dependientes de los ajustes exigidos y las auditorías pactadas, que siguen el curso de la acumulación de riquezas, para saldar deuda.

Ese coloniaje del nuevo esquema de dominación mundial, a partir de la primacía de los fondos de inversión por sobre las soberanías de los países, intenta demoler las políticas populares que se levantaron en los últimos 20 años en Latinoamérica, llamándolas peyorativamente populistas, procediendo a denigrarlas y combatirlas como “ejes del mal”.

Sin embargo con todos esos antecedentes nuestro país se encamina hacia un nuevo abismo económico financiero, con depreciación de la moneda, entrega como respaldo de las tierras y reservas naturales argentinas, un ajuste más severo que el que se está viviendo y la desolación y el dolor sobre el conjunto del pueblo argentino.

Cuando las variables macro económicas hacen desaparecer a los seres humanos como eje de las necesidades políticas de un pueblo, un nuevo genocidio social se dispara, trágico en una ingeniería social de exterminio de derechos y garantías constitucionales.

Entonces la institucionalidad pasa a segundo plano, ya que la lucha es por la supervivencia de un pueblo sometido al maltrato, la humillación, que es saludada de afuera por el Imperio, pero combatida por el movimiento nacional y popular, que da batalla y más temprano que tarde.

Vencerá.

 

Jorge Rachid

 

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