Nos abocamos a nuestra tarea con el convencimiento que mediante nuestro trabajo nos dignificamos y a su vez dignificamos al Estado Nacional. Pero no solo se trata de un simple trabajo como lo entienden muchos, se trata de una opción de vida.

MUJER RURAL

Por Marta Cristina Sanz

Venimos de distintas formaciones, están los compañeros de las comunidades indígenas, también los agrónomos, veterinarios, maestros, antropólogos, técnicos de terciarios, administrativos, etc. quienes estamos agradecidos por la oportunidad que nos brindó la vida de formar parte del Estado y llegar a los lugares más recónditos, conocer, aprender y compartir sueños con gente maravillosa, que por siglos estuvo invisibilizada.

 

 

Por Marta Cristina Sanz*

 

Hola compañerxs, soy Cristina Sanz , al igual que ustedes recibí el telegrama.

Desde el año 1989 vengo trabajando en lo que actualmente es el Minagri.

Primeramente coordinando el proyecto Mujer Rural en el cual conocí a muchas cumpas que están en este grupo.

Luego estuve al frente del PSA y la SAF hasta inicios de 2016.

Simplemente enviarles un fuerte abrazo con todo el cariño y la energía norteña.

También les comparto algo que escribí el 1 de mayo

 

En este 1 de mayo de 2018, nada para festejar y sin embargo… celebramos la siembra y la cosecha.

Transitamos días difíciles para todo el pueblo argentino que viene sufriendo una inflación que no deja de crecer, tarifazos salvajes, despidos masivos, quiebre de empresas, una democracia controlada y en terapia intensiva, con presos políticos y un grupo de jueces y fiscales que, en vez de impartir justicia, la violan sistemáticamente.

En la última semana, la máquina de destruir trabajo pasó por el Ministerio de Agroindustria, y al igual que en los otros casos de despido de trabajadores del Estado, esta tarea se realizó de manera perversa y arbitraria, sin fundamento alguno, salvo el de premiar los intereses insaciables de las clases opulentas del país.

Luego de momentos de dolor, a veces de impotencia, nuestra indignación fue creciendo ante las declaraciones del Ministro Etchevehere, quien afirmó que las cesantías eran “por las necesidades del sector privado, que paga los impuestos”, nos preguntamos a que necesidades se refiere, nos preguntamos si los deseos de este sector les da derecho a decidir las políticas públicas y a despedirnos, nos preguntamos si para el ministro los agricultores familiares no son parte del sector privado que produce y paga sus impuestos, nos preguntamos por los evasores que se cuentan entre los asociados a la Sociedad Rural, entidad que presidía el ministro y de la que recibió un bono para asumir la función pública, y también nos preguntamos si procederá de la misma forma con todos los nombramientos de funcionarios provenientes del sector privado realizados a partir de diciembre de 2015 que ocupan y dirigen diversas oficinas de su ministerio.

Pero no es mi intención centrarme en estas miserias ministeriales. Hoy quiero compartir otro tipo de sentimientos y decirles que nuestro dolor e indignación se fueron transformando progresivamente en fuerza colectiva que se suma a la de otras luchas para decir ¡basta!

Nos fortalece el sentirnos parte de un colectivo que desde hace casi tres décadas trabaja en lo que fue primeramente el Programa Social Agropecuario y luego en la Secretaría de Agricultura Familiar, con el objetivo de gestionar y ejecutar políticas públicas para los Agricultores Familiares, Campesinos y Pueblos Originarios desde su condición de sujetos de derecho.

Como trabajadores del Estado, aportamos durante estos años al diseño y ejecución de iniciativas para este sector, concibiéndolos como actores políticos, económicos y culturales, que están llamados a asumir un rol protagónico en la consecución de la soberanía alimentaria de nuestro país.

Estamos orgullosos entre otras cosas, por nuestra contribución al diseño y sanción de leyes fundamentales como la Ley Nacional 27.118 de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar y de la Ley Provincial 7.780 de Desarrollo para la Agricultura Familiar, denominada “Felipe Burgos”, las que por falta de voluntad política aún continúan sin reglamentarse y ejecutarse.

Gestionamos y ejecutamos recursos provenientes de distintas fuentes presupuestarias, tanto nacionales como internacionales, de manera transparente y eficiente, tal como consta en los cientos de informes de auditorías de la SIGEN, AGN, Banco Mundial y otros.

Nos abocamos a nuestra tarea con el convencimiento que mediante nuestro trabajo nos dignificamos y a su vez dignificamos al Estado Nacional.

Pero no solo se trata de un simple trabajo como lo entienden muchos, se trata de una opción de vida.

Venimos de distintas formaciones, están los compañeros de las comunidades indígenas, también los agrónomos, veterinarios, maestros, antropólogos, técnicos de terciarios, administrativos, etc. quienes estamos agradecidos por la oportunidad que nos brindó la vida de formar parte del Estado y llegar a los lugares más recónditos, conocer, aprender y compartir sueños con gente maravillosa, que por siglos estuvo invisibilizada.

A lo largo de nuestra tarea, nos fuimos transformando, aprehendiendo, interpelando nuestros saberes y prácticas, tuvimos desaciertos, pero aprendimos de ellos. Lloramos ante las injusticias y la falta de respuestas que sufren los agricultores familiares, campesinos e indígenas, así como nos emocionamos y celebramos con alegría cada uno de los impactos logrados en las comunidades y en las fincas de los productores.

Aprendimos de cada uno de ellos, de sus saberes y sus prácticas, de sus estrategias de vida, nos fortalecimos a través de sus luchas y celebramos sus conquistas.

Aprendimos de esos hombres y mujeres que trabajan la tierra a ser sujetos perseverantes y resistentes ante la adversidad, también comprendimos que somos parte de un Todo, que somos parte de la naturaleza, a la que debemos respetar, retribuir, cuidar y proteger.

Nuestra tarea nunca fue sencilla, los presupuestos nunca fueron suficientes y además somos pocos, hacen falta muchos más trabajadores, políticas públicas acertadas y asignaciones presupuestarias adecuadas.

En los dos últimos años fue más difícil aún nuestra tarea, frente al virtual desmantelamiento de todas las áreas del ministerio destinadas al sector de la Agricultura Familiar.

Pero, no obstante, ante la clara política nacional que refuerza los intereses de los grupos más concentrados y la profunda injusticia de nuestros despidos, estamos de pie, fuertes y con nuestro corazón alegre, cosechando los frutos de nuestra siembra.

Constatamos de manera palpable que cuando se siembra con mucha energía, con honestidad y desde el corazón, se cosecha bonito.

Esa cosecha se manifiesta en los abrazos, la solidaridad y el apoyo de las organizaciones con las que trabajamos durante años, el apoyo de académicos y docentes, de los centros de estudiantes, de diversos gremios, organizaciones de derechos humanos, partidos políticos, legisladores, funcionarios provinciales y municipales, dirigentes barriales, compañeros de otros organismos del Estado con los que trabajamos de manera conjunta y coordinada, de amigos, vecinos, y la lista sigue…

Sentimos que no estamos solos, nuestro colectivo está muy sólido, de pie, movilizado en asamblea permanente, en la calle, de acampe, en los medios, en la legislatura, comunicando y visibilizando la injusticia, la violencia cometida contra los trabajadores y contra quienes representan a la Agricultura Familiar a lo largo y ancho de nuestro país.

Estamos explicando en todos los ámbitos posibles sobre el atropello que significan las políticas de ajuste de este gobierno neoliberal.

También estamos orgullosos de nuestros dirigentes gremiales, tanto de ATE, como de la CTA.

¡No negociamos nuestra dignidad!

La injusticia y la arbitrariedad cometida nos fortalecen en la lucha, pero aún más nos animan e impulsan los frutos obtenidos de nuestra siembra a lo largo de décadas trabajando junto a las organizaciones de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena.

¡Nuestra siembra no finaliza, se multiplica!

Una vez más, quisiéramos manifestar nuestro agradecimiento profundo a todos los que se solidarizan, nos transmiten su fuerza en cada abrazo.

Estamos entrelazándonos entre todos los que queremos poner un freno a este feroz ajuste.

Somos un hilo más de una trama que se está tejiendo con alegría y de corazón.

Más allá del dolor, estamos unidos para decir ¡basta!

Los tiempos se están acortando, ¡la sangría al pueblo se detendrá!

Finalmente, un mensaje para aquellos que están indiferentes y temerosos.

No lo duden, este gobierno también está yendo por ustedes, pero queremos decirles que cuando se den cuenta, cuando los toque el odio de los que quieren todo para sí, cuando sientan en carne propia la incertidumbre y el riesgo para sus familias, podrán contar con nuestro abrazo fraterno y solidario, porque más allá de cualquier diferencia en la forma de pensar o hacer, lo que nos une es ser trabajadores, dispuestos a dar lo mejor por una Argentina justa y solidaria.

 

*Marta Cristina Sanz

Ingeniera Agrónoma

Especialista en Economía del Sistema Agroalimentario

Doctora en Estudios Sociales Agrarios

Trabajadora del Estado