Cineasta que se llevó la dictadura: En Enrique Juárez (FOTO) no se pueden disociar el cine y la política” dice David Blaustein sobre el estreno de su nueva película: Fragmentos Rebelados

ENRIQUE JOSÉ “QUIQUE” JUÁREZ: COMPROMISO FRENTE A LA INJUSTICIA

Por Oscar Ranzani

David Blaustein, director de Botín de guerra aborda la figura del cineasta y militante desaparecido por la última dictadura. Lo hace a través de testimonios de familiares, de imágenes y voces de archivo del propio Juárez y de secuencias de su obra.

 

 

Por Oscar Ranzani

Página12/ Cultura y Espectáculos

10 de abril de 2018

Blaustein enfocó sobre distintas aristas de Juárez: la familiar, la cinematográfica, la política y la sindical.

Imagen: Leandro Teysseire

El cineasta Enrique José “Quique” Juárez fue miembro de la conducción de Luz y Fuerza, fundador de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y jefe de la “columna norte” de Montoneros. Lo secuestró un grupo de tareas el 10 de diciembre de 1976 junto a otros compañeros en la localidad bonaerense de Florida. Su cuerpo sin vida fue visto en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), según el relato de algunos sobrevivientes. Le decían “Quique” y “Cacho”. Enrique Juárez era, además, dirigente sindical de los trabajadores de Gas del Estado. Su hermano Nemesio, también cineasta, estuvo con él el día de su desaparición y lo cuenta en el nuevo film de David Blaustein, Fragmentos rebelados, de una manera que estremece y que le otorga al nuevo largometraje del ex director del Museo del Cine de la Ciudad un valor no sólo histórico y testimonial sino también altos picos emocionales. Fragmentos… se estrenará pasado mañana en el Espacio Incaa Gaumont y a partir del viernes podrá verse también en la plataforma Cine.ar.

No es la primera vez que Blaustein realiza un cruce entre cine y política. Basta mencionar sus dos documentales más emblemáticos: en 1996, en pleno gobierno menemista, cuando la Argentina sufría los embates de un feroz neoliberalismo, se estrenó Cazadores de utopías, una película fundamental para entender la militancia política de los 70 y la lucha armada. Allí Blaustein reconstruyó los acontecimientos histórico-políticos que marcaron al país entre 1955 y 1982, a través de entrevistas a 34 militantes, ex miembros de la agrupación Montoneros, casi en su totalidad. Tres años más tarde, el cineasta filmó el documental Botín de guerra, que reflejó la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo de una manera prácticamente inédita para aquella época, donde testimoniaron algunos nietos que recuperaron su identidad.

Ahora, Blaustein estrena Fragmentos rebelados, donde el cine y la política están entrelazados ya no en una película sino en la vida de una misma persona. Es que al poner el foco en la figura del cineasta desaparecido Enrique Juárez, también lo hace en la experiencia de una generación para la cual el cine y la política estrecharon sus manos por aquella época. El film aborda la vida de Juárez desde tres aspectos: el familiar, el cinematográfico y el político. Fragmentos rebelados muestra imágenes de los tres hijos de Juárez abriendo viejas latas de películas, que el tiempo selló con herrumbre  –guardadas por los familiares tras su desaparición– y que hoy reúne a los jóvenes en su deseo de acercarse al pasado de su padre. Tanto ellos como sus primos, hijos de Nemesio Juárez, cuentan los recuerdos que de él guardan, junto a los del propio Nemesio, algunos compañeros de militancia de Enrique y directores y técnicos que lo conocieron. Todos esos testimonios se intercalan con la voz y las imágenes del cineasta, además de secuencias de su obra, compuesta de cortos, documentales e imágenes inéditas de fragmentos recuperados de films de ficción, y de registros de rodajes clandestinos, que permiten conocer su pensamiento.

La génesis del proyecto surgió hace varios años: Blaustein fue director del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken entre 2000 y 2007. “En el 2001, sin prever lo que se venía o intuyendo lo que se venía se me ocurrió que una de las posibilidades del Museo fuera producir algún tipo de material sobre los cineastas desaparecidos”, cuenta  el director en diálogo con PáginaI12. En el museo había mucho material y a Blaustein le parecía lógico que el Museo del Cine Argentino hiciera audiovisuales sobre algunos de sus cineastas. “En aquella época, el proyecto podía ser Pablo Zsir, pero estaba más a la vuelta de la esquina Enrique Juárez. Yo estaba a mil y se me ocurrió que lo podían dirigir algunos colegas. En ese momento, me pareció que podía hacerlo Ricardo De Angelis, quien comenzó a rodar la película. Armamos un equipo en base a camiseta y pasión con la gente amiga de uno de aquella época”, relata Blaustein. De Angelis se encargó de todo el rodaje. Cuando se terminó de rodar la película, empezó a montarse y después entró en un impasse durante muchísimo tiempo. “Al extremo de que cuando yo renuncié al Museo –que fue cuando llegó Macri a la jefatura de Gobierno porteño–, la película ni siquiera estaba en etapa de montaje. En algún momento, por el 2005 o 2006, yo estaba por pedirle el material a De Angelis y fue él quien me llamó para dármelo. En el verano de 2009, me puse a compaginarla con Juan Carlos Macías. Pasó un tiempo y me llamó Nemesio Juárez para decirme que tenía más material, justo cuando nosotros pensábamos que la habíamos terminado. Incorporamos ese material en una de las escenas que a mí más me gusta: la de la moviola con Nemesio Juárez y Macías viendo la película. Incorporamos el tema de la ficción que originalmente no estaba previsto”, explica Blaustein.

“Algo de lo que me siento orgulloso es de la presencia latinoamericana en el cine. El orgullo de que ese cine político de los 60 y los 70 es un fenómeno latinoamericano. Hay una foto de cineastas latinoamericanos en Viña del Mar, Chile. El hecho de que todos esos grupos como Cine Liberación, Cine de la Base, y cineastas como Enrique, Pablo Zsir, etcétera, formaban parte de una experiencia latinoamericana de la que participaban el boliviano Jorge Sanjinés, el brasileño Glauber Rocha, el mexicano Paul Leduc, el cine cubano. Darle una perspectiva latinoamericana a ese colectivo de cine político me parece también muy reivindicable”, asegura Blaustein.

–¿La idea fue abordar la figura de Enrique Juárez desde diferentes aristas, como la familiar, la cinematográfica y la política?

–Exactamente. En el orden que le parezca. Si también me dijera en el orden de la militancia sindical, la familia y la política, le diría que es la que más me agrada. El otro día, un colega suyo de una radio muy importante me dijo: “Coco, yo conocía un Enrique Juárez militante de la Juventud Trabajadora peronista (JTP), pero no conocía un Enrique Juárez cineasta”. Le dije: “Te agradezco enormemente porque esta es la esencia de la película”. Ahí está Guillermo Greco diciendo: “A Enrique Juárez le gustaba disfrazarse de negro y ser el dirigente sindical”. Y los compañeros cineastas que no sabían de la militancia montonera de Enrique. O no querían saber.

–¿A través de la figura de Enrique Juárez la idea fue trazar un relato más amplio de la militancia política?

–Sí. Ahí apareció una cosa muy importante: era no hacerme el pelotudo en el tema de la militancia sindical, la Juventud Trabajadora Peronista y la pertenencia de la JTP a Montoneros. En ese sentido, me parece un salto cualitativo importante. Dije: “Si vamos a abordar la militancia sindical, la vamos a abordar en esta perspectiva y también la vamos a abordar en la perspectiva del tema del sacrificio”, que me parece muy importante. Me refiero al tema del mandato, de que “vamos con esto hasta el final”.

–En ese sentido, en cuanto a la mirada política, ¿puede decirse que si en Cazadores de utopías usted indagaba en la historia colectiva de los 60 y 70 ahora buscó investigar el enfrentamiento al interior del peronismo de aquella época?

–Me gusta esa interpretación. Me gusta y también me gusta el tema individual del Enrique Juárez militante de Luz y Fuerza, del Enrique Juárez militante de la Juventud Trabajadora Peronista, del Enrique Juárez que si la organización lo mandaba a Rosario iba a esa ciudad, y el tema del sacrificio. Recuerdo lo que dijo Humberto Ríos cuando se lo encontró en la esquina de Paraná y Corrientes, con la solapa del sobretodo levantado. Humberto le dijo que se tenía que rajar, pero por eso recalco el tema del mandato, del sacrificio, del decir: “Si nosotros dijimos que la muerte era el máximo sacrificio vamos a cumplir con eso”. Y a mí me parece que eso es muy importante, mezclado todo el tiempo con el tema cinematográfico. Enrique hizo cine hasta casi último momento, pero claramente la película avanza en el proceso individual de Enrique y del sacrificio en la misma medida que empezamos con el tema de la ficción.

–Es que se puede asegurar que el cine y la política eran indisociables en Enrique Juárez…

–Es así. Si yo disociara el cine y la política estaría mintiendo. Pero, por otra parte, lo que me parece muy importante reivindicar es que en toda esa generación de militantes políticos y cineastas, la herramienta de la ficción y la del documental eran exactamente igual de importantes. Esto sucedió con Jorge “Tigre” Cedrón, Raymundo Gleyzer, Pablo Zsir, y con Enrique. Y en ambos casos, en la ficción y en el documental, la calidad es sublime.

–¿El cine le permitía denunciar la falta de libertades políticas que había en las dictaduras?

–Supongo que sí. Sobre todo con períodos democráticos tan cortos.

–Carlos Atkins dice que Enrique Juárez quería hacer un cine peronista. ¿Llegó a indagar que significaría eso?

–Como mis películas siempre fueron insoportablemente largas, hubo cosas que me hubiera gustado tocarlas, pero que por la falta de tiempo no pude. Una de ellas es que todos ellos eran muy amigos entre sí. Humberto Ríos fue camarógrafo de Raymundo Gleyzer en México, la revolución congelada. También todos creemos que Raymundo estuvo en uno de los fotogramas de Enrique. Todos se conocían y trabajaron juntos en algún momento. El hecho de que cada uno tuviera identidades políticas distintas (me refiero a las posiciones de Solanas y Getino, a la de Pablo Zsir, Humberto Ríos y Enrique, a la de Raymundo por otro lado) permitió que todos abrazaran la causa del socialismo y la lucha armada con la misma pasión. Hoy por hoy, todas esas diferencias políticas, sobre todo con la tragedia actual que estamos viviendo, me parecen absolutamente menores. Con lo cual yo creo que lo del cine peronista era una definición típica de la época.

–Lo que sí queda claro es que Enrique Juárez entendía al cine como un compromiso ético…

–Absolutamente.

–¿Por qué Fragmentos rebelados con “b”?

–Ese fue un hallazgo de Gustavo Alonso (N. de la R: colaboró en el guion, en el desarrollo del proyecto y fue asistente de dirección). Cuando lo dijo, yo compré inmediatamente. No es la revelación fotoquímica sino los fragmentos de la rebeldía política.

–¿Al realizar esta película pudo redescubrir la obra cinematográfica de Enrique Juárez?

–Sí. Por ejemplo, buena parte de los cortos que ven Nemesio y Juan Carlos Macías no se conocían. Hay un corto con el que empieza, en el cual Nemesio es actor, y que está arriba de una carreta, que no se conocía. Eso me parece formidable.

–El relato del asesinato de Enrique Juárez que hace su hermano Nemesio resulta estremecedor y le otorga al film una gran intensidad desde el primer minuto. ¿Por qué lo pensó como el comienzo y no como el final del documental?

–Hay una cosa que pasa en Botín de Guerra, que pasa en Cazadores de utopías y que pasa en todos los abordajes de nuestras películas sobre la dictadura: la historia de un personaje que empieza de cierta manera, perteneciendo a la clase social x, se politiza, asume un compromiso fuera de lo común, la realidad política y social llega a un clímax, aparece la tragedia y al personaje lo matan. Este es un poco el planteo de Cazadores de utopías. Y hablando este tema con Alonso y con Macías nos parecía importante que se supiera desde el principio que el personaje está muerto, que íbamos a hablar de un tipo que ya estaba asesinado y desaparecido. Y el final de Pedro “Pichi” Juárez, cuando dice: “En esas latas está mi viejo”, resuelve el problema de la película porque en esas latas está la memoria, la historia. En esas latas está nuestra identidad. Está el papá de “Pichi”, pero en esas latas está también la tragedia colectiva de la nación argentina.

Fragmentos se estrenará este jueves en el Gaumont.

 ENRIQUE JOSÉ  “QUIQUE” JUÁREZ

Enrique José “Quique” Juárez fue parte de la conducción de Luz y Fuerza, fundador de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y jefe de la “columna norte” de Montoneros. Fuerzas del “grupo de tareas” que tenía como base la ESMA lo mataron junto a otros de sus compañeros el 10 de diciembre de 1976, al parecer cuando se resistieron a su secuestro. En cualquier caso, hay testimonios de que a la ESMA llegó cadaver. En las dos últimas audiencias antes del receso por vacaciones de invierno dieron su testimonio en la megacausa su hermano Nemesio y su hijo Camilo.

Le decían “Quique” y “Cacho”, Enrique José Juárez era dirigente sindical de los trabajadores de Gas del Estado. El 10 de diciembre de 1976 al anochecer fue secuestrado en la localidad bonaerense de Florida  por el Grupo de Tareas 3.3.2. que tenía como base la ESMA, a dónde lo llevaron y dónde se perdió su rastro. Su hermano Nemesio Héctor dijo que estuvo con él aquel mismo día.

Nemesio

“Vino a mi casa a las cinco y media de la tarde en una camioneta Citröen que era de mis padres.  Tomamos unos mates y quedamos en juntarnos para su cumpleaños, que era dos días después, el 12. Quiso hablar por teléfono y le dije que mejor no, porque podía estar pinchado, ya que yo trabajaba en SEGBA, y la empresa estaba ocupada por los militares. Fue la última vez que lo vi co vida. Al día siguiente al mediodía llamó mi madre preguntando por él. Había pasado por su casa y le había dicho que iba a hablar por un teléfono público y no había regresado.  A la medianoche m padre, muy angustiado me dijon que había escuchado por Radio Colonia que el Ejército había matado a mi hermano en un enfrentamiento. Días después, Crónica y Clarín publicaron un artículo con el título ‘Abaten a siete cabecillas sediciosos’, donde figuraba mi hermano” entre los  muertos, dijo Nemesio, que aportó una copia de los artículos publicados el 14 de diciembre 1976.

“Mi hermano tuvo una segunda compañera, Estela Miguel, “Lala”, con quien tuvo un hijo llamado Pedro. Ella cayó baleada en Rosario (su cuerpo fue identificado recientemente). Antes tuvo otra compañera, Alicia Pais, con quien tuvo dos hijos, Camilo y Javier. Alicia estuvo presa en la cárcel de Devoto. Era asmática y por falta de atención médica murió de un ataque”, relató el hermano de Quique Juárez.

“Mi madre se ocupó de la crianza de los tres hijos, aclaro que por un tiempo se hizo cargo la hermana de Alicia, Olga, y se fue a vivir con ellos al departamento de la calle Brasil. Un día la secuestran, sigue desaparecida, y los chicos fueron dejados con unos vecinos”, declaró Nemesio Juárez.

“Mi hermano era militante de la JTP, escribía en las revistas El Descamisado y Causa Peronista, entre otras publicaciones. Cuando trabajó en SEGBA era delegado del sector Costanera, era un aficionado al cine y había realizado una película sobre el Cordobazo que circuló de forma marginal en las universidades. Era una forma de compromiso frente a la injusticia, acompañando todas las formas de lucha”, siguió dociendo el testigo en referencia a la película “Ya es tiempo de violencia”.
“Después de casi 40 años, renace la esperanza de que pueda haber justicia por la tragedia más grande de nuestra historia. Aunque no se cura el dolor, la justicia es reparadora”, remató.

Camilo

“Si pudiera elegir, elegiría ser de nuevo el hijo de Quique y Alicia”, sostuvo Camilo Juárez, hijo del desaparecido Enrique y de Alicia País que murió por falta de atención médica en la cárcel de Villa Devoto.

Con la sala llena, en la última audiencia antes del receso, declaro Camilo Juárez, que juró deir la verdad “por los 30.000 compañeros desaparecidos” y colocó sobre la mesa el pañuelo de H.I.J.O.S., agrupación en la que milita desde 1995.

“Podría empezar con el secuestro de mi madre, anterior al de mi padre, porque está íntimamente ligado. Ella se llamaba Alicia Rosalía País, estaba separada de mi padre. Vivíamos con ella y mi hermano Javier en Brasil y Defensa, en el barrio de San Telmo. En 1976 fue detenida por la Policía Federal, y nosotros con ella”, contó Camilo, quien tenía 8 años de edad cuando fue llevado con su mamá y su hermano Javier, un año mayor que él, a la comisaría 14º de San Telmo.

“Allí nos interrogaron por el paradero de mi padre y, posteriormente, nos dejaron con nuestros abuelos paternos. Mi madre estuvo en esa comisaría y luego fue sacada de allí por una patota y llevada a algún centro clandestino, no sabemos a cuál, y luego blanqueada, y dejada a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la cárcel de Devoto. Nosotros con mi hermano fuimos a la casa de mis abuelos, adónde nos fue a buscar nuestro padre. Le dijimos que lo estaban buscando, que habían preguntado por él, él ya lo sabía y nos dijo que nos quedáramos tranquilos, nos dijo que íbamos a ir con él a Rosario, y en Rosario nos presentó a nuestro hermano, Pedro Luis, que había nacido en agosto del ´75, hijo de mi papá con Estela Miguel, quien era su compañera en aquel momento, a quien ya conocíamos”.

En cuanto a Alicia, que militaba en la agrupación Evita de la rama femenina del movimiento peronista, Camilo dijo que junto a su hermano Javier presentaron una querella ante el juez federal Daniel Rafecas para que se termine la impunidad de quienes la dejaron morir. “Nos negaron su cuerpo, que estuvo desaparecido mucho tiempo.  Finalmente, gracias a la investigación de la comisión de Legales de H.I.J.O.S., supimos que estuvo en el osario de Chacarita”, explicó.

“La persecución que sufría mi padre se debía a su militancia política. Él era fundador de la Juventud Trabajadora Peronista, la rama sindical de la ‘tendencia revolucionaria’ del peronismo, había realizado una película sobre el Cordobazo y algunos otros films y era parte del Grupo de Cine Liberación, que entre otras cosas proyectaba películas sobre lo que pasaba en los países latinoamericanos. La persecución por su militancia había empezado antes por su participación en la campaña electoral que llevó a la Presidencia a Héctor Cámpora, ya anmtes había sido delegado de Luz y Fuerza, del año ´65 al ´71”, relató Camilo.

“Traje recortes de diarios y revistas de la época, Noticias, El Descamisado, La causa peronista y Militancia, algunos escritos por él. Son discursos, un proyecto de ley que presentara en 1973 contra los despidos arbitrarios, un discurso que escribió él y fue pronunciado por Jorge Vázquez, el vicecanciller de Cámpora, ante la OEA. A él lo mataron por sus ideas y en estos recortes están sus ideas. Sus ideas no murieron”, dijo Camilo.

“En Rosario estuvimos de forma clandestina. En octubre del ´76 asesinaron a Estela. Tuvimos que levantar esa casa y pasar a otra de unos compañeros. En todo ese tiempo, mi padre trataba de cambiar un poco su aspecto, en un momento tuvo un documento de una persona mayor, se había teñido el pelo de canas. Nuestra familia sufrió mucho por todo esto”, agregó.

“Mucho antes de la desaparición de mi padre, a comienzos de los ’70, habían matado a un compañero suyo, José Sabino Navarro. Habían profanado su cuerpo, cortado sus manos y lo enterraron en un cementerio en una tumba de otra persona, fue un anticipo de lo que harían después. El cuerpo de Sabino Navarro fue recuperado en el ´73 y se le pudo dar sepultura en el cementerio de Olivos. Su familia era muy cercana a la mía, era como un tío para nosotros, su mujer sigue siendo hoy mi tía Pina, y sus hijos son mis primos, Ernesto y Walter”, siguió diciendo.

“Dos días después de la caída de Estela, el 16 de octubre de 1976, asesinaron a un joven que estaba con ella en lo que se conoció como La Masacre de los Surgentes, siempre en Rosario. En diciembre del año pasado recibimos un llamado del Equipo Argentino de Antropología Forense diciendo que habían identificado los restos de Estela, que habían sido enterrados en una tumba NN del cementerio de La Piedad”, relató Camilo.

“Volvimos a Buenos Aires, a la casa de mis abuelos en Florida”, continuó. “Mi padre siguió militando activamente, intervino la columna norte de Montoneros, llegaba a casa muy tarde y se iba muy temprano. Esa casa era conocida por los servicios de inteligencia, esto desembocó en el que el 10 de diciembre de 1976, mi padre le pidió a mi abuelo una camioneta que tenía, una Citroën, y dijo que volvía en un rato… ya habíamos comprado el carbón para el asado, porque íbamos a festejar su cumpleaños, cumplía 32 años. Pero no volvió y mis abuelos estaban muy preocupados.”

“Al día siguiente -continuó- Radio Colonia dio la noticia de que había abatido en un enfrentamiento a subversivos y dieron su nombre y el de otras personas que habían caído con él. Clarín y otros diarios replicaron la noticia. Mi abuelo fue a sus redacciones a preguntar de dónde habían sacado la información y le dijeron que del Ministerio del Interior, de los militares. Mi abuelo y mi tío fueron entonces al ministerio, pero le negaron que la noticia hubiera salido de allí. Volviendo de nuevo a los medios, le dijeron claramente que ellos publicaban lo que les decían que publiacran. Todo el barrio lloró a mi viejo. Era una persona muy querida”.

La tía de Camilo y Javier, Olga País, se hizo cargo de ellos y se los llevó a vivr a San Telmo. “La represión se ensañó con nuestra familia y también se llevaron a mi tía, que era enfermera y no tenía militancia política. Estábamos presentes mi hermano y yo. Yo abrí la puerta cuando la vinieron a buscar. No supimos nada más de ella. No sabemos en qué centro clandestino estuvo, cuál fue su destino, nada”.

Después de esta tragedia, ambos niños volvieron a casa de sus abuelos. “Algunos medios afines al gobierno militar decían que mi papá estaba en el exilio dorado. Yo no sabía lo que quería decir eso y mi hermano me dijo que era una mentira, que eran los nombres con los que se decía una mentira”, dijo Camilo y mencionó a las revistas Somos y Gente, a los diarios Clarín y La Nación, y a la Editorial Atlántida.

“Ya recuperada la democracia, mi tío Nemesio nos juntó a mi hermano y a mí y nos contó que nuestro padre había llegado a la ESMA sin vida, que no se había dejado atrapar vivo. Uno ya conocía más o menos lo que pasaba ahí, por todos los relatos de los sobrevivientes, y saber que él pudo resistirse a esa detención y que no se dejó agarrar con vida fue un poco un alivio, ¿no? Murió peleando y de pie”, declaró Camilo.

“No sabemos qué hicieron con su cuerpo. Nos gustaría saberlo”, puntualizó.

“Lo que me más recuerdo de mi padre es que nos decía que siempre había que decir la verdad y hacer lo que es justo, qué había que ponerse en el lugar del otro y luchar contra cualquier injusticia que se cometiera en cualquier parte del mundo como si te pasara a vos”, subrayó.

Camilo mostró fotos con las caras de su madre, de su padre y de su última compañera Estela, “Lala”, y de su tía Olga, “de quien no supimos nada más”, dijo Camilo. La de Quique fue la última tomada antes de su desaparición.

Dijo que al dar testimonio uno sentía estar dando examen “cuando los que deben darlo son los jueces” y que “si pudiera elegir, elegiría ser de nuevo hijo de Quique y Alicia, y tener el orgullo de tener los hermanos que tengo”.

“Quiero dirigirme a los acusados, que siguen callando, se tapan la boca: ya se acabó el tiempo del silencio, además no les fue tan bien manteniendo este pacto de silencio. Ya es hora de hablar , de decir qué hicieron con nuestros desaparecidos”, señaló.

Y agregó: “El único miedo que tuve durante todos estos años fue el de olvidar esa sonrisa que tenía mi vieja, ese sentido del humor que tenía mi viejo”. No me provocaron nunca miedo…”

Por último agradeció a “mis compañeros de H.I.J.O.S. que me enseñaron que lo imposible sólo tarda un poco más y que nuestra única venganza es ser felices, lo quen incluye construir el país que nustros padres soñaron.

“Hasta que todo sea como lo soñamos, dijo un poeta, como en realidad pudo haber sido”, concluyó.

 

Fotograma de “Ya es tiermpo de violencia”, largometraje realizado por Enrique Juárez.