Pienso en Cristina en estos días. Porque la vemos poco, porque sabemos poco de ella, porque parece haber un consenso sobre que sería mejor que no se presente en el 2019.

LOS ERRORES DE CRISTINA

Por Carlos Barragán

Cristina es tan grande que con todos los errores que cometió, y con todos los defectos que tiene, y con todo lo que se equivocó, nos dio trabajo, dignidad, estabilidad, bienestar, prosperidad, tranquilidad, orgullo y alegría.
Nada más que eso.
Pero están sus errores, y hoy parece que es momento de hablar de sus errores.

 

Cristina Fernández de Kirchner y Pablo Iglesias en El Calafate. 28/03/2018

 

 

Por Carlos Barragán

 

Pienso en Cristina en estos días.

Porque la vemos poco, porque sabemos poco de ella, porque parece haber un consenso sobre que sería mejor que no se presente en el 2019.

Pienso en Cristina, y en los compañeros, compañeros que la respetan y que la apoyaron, y que hoy andan con un listado de “los errores de Cristina”.

Y que puede ser así, errores de Cristina.

Como si necesitáramos decirnos que Cristina al final no era perfecta.

Yo dije alguna vez que Cristina era perfecta, y eso fue para provocar a los gorilas.

Porque la perfección es una monstruosidad y Cristina no es un monstruo.

Cristina es tan grande que con todos los errores que cometió, y con todas los defectos que tiene, y con todo lo que se equivocó, nos dio trabajo, dignidad, estabilidad, bienestar, prosperidad, tranquilidad, orgullo y alegría.

Nada más que eso.

Pero están sus errores, y hoy parece que es momento de hablar de sus errores.

Yo no tengo problema en hablar de sus errores.

Con lo que sí tengo problema es con olvidarme de cómo fue cada uno de los putos días del gobierno de Cristina.

Cada paso era una andanada de ataques.

Cada medida eran operaciones violentas.

Cada política en favor de las mayorías era una tapa de mierda de La Nación, Clarín y de la Revista Noticias (Edi Zunino, te ví en la marcha del 24 de marzo, qué lindo sos) con Cristina loca, Cristina en bolas, Cristina vieja, Cristina puta, Cristina presa, Cristina muerta, Cristina gorda, Cristina descerebrada, Cristina cagada a piñas, Cristina nazi, Cristina viuda del chorro, los hijos de mierda de Cristina, y así.

Y así gobernó Cristina cada día, todos los días.

Acosada por el Poder y sus babeantes esbirros.

Con Néstor vivo y con Néstor muerto.

Con amigos que se volvían enemigos, con internas irracionales, y con enemigos que no dormían para atacarla.

Con intentos de golpes, con corridas cambiarias todas las semanas, con boicots brutales, con intervenciones desde afuera, y hasta un muerto que le tiraron al final.

Y esto no es exhaustivo, porque hubo más.

Por eso pienso en Cristina en estos días.

Porque me gustaría decirle que yo todavía recuerdo más o menos cómo fue gobernar este país.

Porque son días de cálculos políticos, y yo los hago.

Pero no soy estúpido ni desmemoriado.

Porque quiero decirle que sus errores es muy probable que los podamos arreglar.

Lo que no sé si podremos arreglar son sus aciertos que fueron muchos más, y son lo que estos fascistas están destruyendo.

Por eso pienso en Cristina en estos días.

Porque me preocupa que los compañeros se olviden cuánto hay que soportar para equivocarse como ella mientras se avanza.