La dictadura cívico-militar fue el instrumento utilizado por las clases oligárquicas dominantes desde su triunfo en contra del proyecto popular en la segunda parte del siglo XIX, en una coyuntura en que dichas clases sintieron como nunca peligrar su hegemonía.

LA DICTADURA MILITAR GENOCIDA Y EL MACRISMO

Por Rubén Dri

¿Cuál es la diferencia entre el proyecto que Martínez de Hoz puso en práctica, custodiado por las Fuerzas Armadas, y el que ahora implementa un racimo de empresarios? El proyecto es el mismo: país dependiente, reducido nuevamente a colonia, agroexportador, pero los medios sufren cambios profundos.

 

 

 

Por Rubén Dri*

La Tecl@ Eñe

León Ferrari, por amor al arte

No puede afirmarse que el gobierno de Cambiemos es una dictadura en sentido clásico. Existe división en los poderes del Estado pero al tratar de penetrar en su funcionamiento, aparecen profundas grietas que dejan ver claramente un sistema que cada vez se parece más a una democracia de baja intensidad.

En principio parece una exageración propia de un dogmatismo incapaz de diferenciar los proyectos políticos y sus implicaciones de tipo social. ¿Hay algún punto de de conexión, de similitud, de cercanía, entre una dictadura cívico-militar genocida y una democracia con sus implicaciones en muchos aspectos  cercenadoras de derechos humanos?

Entre una dictadura militar y un gobierno que llega al poder mediante elecciones hay, de entrada, una diferencia esencial que de ninguna manera se puede minimizar. Pero apenas uno pone esa diferencia que separa ambos regímenes en dos gobiernos separados por una zanja infranqueable, aparece, en determinados rubros, una cercanía que preocupa.

Siempre que se presenta este problema, viene a la mente el régimen nazi que se instala en Alemania en 1933 y que colapsa en 1945, después de haber provocado una de las mayores tragedias de la que se tenga conocimiento. Se suele olvidar que Hitler no llegó al poder mediante un golpe militar o de otro tipo, sino por elecciones.

Podemos decir que Hitler llega al poder ocultando sus verdadero proyecto, mintiendo, pero eso no es diferente a muchas maneras de llegar que conocemos bien. El macrismo en ese rubro no tiene nada que envidiarle. No podía ser de otra manera, en la medida en que el ideólogo es Durán Barba, o sea, Goebbels. Cinismo, mentira sin límites, son características del durán-barbismo que todos los días presenciamos y sufrimos. A partir de allí las diferencias son abismales.

La dictadura cívico-militar fue el instrumento utilizado por las clases oligárquicas dominantes desde su triunfo en contra del proyecto popular en la segunda parte del siglo XIX, en una coyuntura en que dichas clases sintieron como nunca peligrar su hegemonía.

El proyecto que triunfa es el de un país chico, centrado en la pampa húmeda con salida a través del puerto de Buenos Aires. Un país agroexportador, dependiente del imperio británico y luego norteamericano. En ese sentido no se entiende que la UIA haya tardado en darse cuenta que en ese proyecto la  industria no tiene lugar o, en todo caso, un lugar totalmente secundario y rezagado.

Ese proyecto sólo se puede imponer con el sometimiento de las clases populares o, en otras palabras, con una gran represión. Así fue en sus inicios con la “guerra de policía”, como  llamó Mitre al exterminio de las montoneras federales.

Cuando los sectores populares, los que constituyen el pueblo, lograron romper el sometimiento y reflotaron el proyecto de Patria Grande Latinoamericana, suscitaron el odio visceral de la oligarquía que no trepidó en volver a la represión sangrienta.

Es así como se produce el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 con el objetivo de terminar con el avance de los sectores populares. La profundidad y ensañamiento de la represión militar respondió a la profundidad a la que había llegado la resistencia y el avance  popular frente la explotación capitalista. Toda una generación despareció en los campos de exterminio de la dictadura.

Desde sus entrañas el pueblo fue forjando la nueva resistencia. Como hongos después de una lluvia fueron surgiendo los organismos de derechos humanos, siendo las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo los más conocidos. Nuevamente el pueblo pasa de la sumisión a la resistencia y de ésta a la construcción de poder, a la recuperación de derechos. Un poco más de una década (2003-2015) de luchas, de conquistas de derechos, de celebraciones populares.

Los miembros de la oligarquía, señores del capital, logran nuevamente desalojar el pueblo del gobierno y comenzar una nueva etapa de dominación. Vuelve el país agroexportador dependiente, colonizado. Es un “revival” del proyecto liderado por Martínez de Hoz.

Son los mismos dominadores de siempre, es la misma oligarquía renovada, la misma pero diferente, o diferente, pero la misma, que se renueva periódicamente y que ahora vuelve resuelta a cumplir con el mismo mandato: todo el poder, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. ¿Y la República? “Te la debo”, dice el presidente que se sienta en el sillón presidencial en el que, para burlarse del pueblo al que mintió, sentó a su propio perro, luego de celebrar payasescamente su triunfo en el mismo balcón en el que Perón dialogaba con el pueblo.

¿Cuál es la diferencia entre el proyecto que Martínez de Hoz puso en práctica, custodiado por las Fuerzas Armadas, y el que ahora implementa un racimo de empresarios? El proyecto es el mismo: país dependiente, reducido nuevamente a colonia, agroexportador, pero los medios sufren cambios profundos.

No se puede decir que se trate de una dictadura en sentido clásico. Aparentemente funcionan todos los poderes del Estado, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero apenas uno trata de penetrar en su funcionamiento, aparecen no ya rendijas, sino profundas grietas que dejan ver claramente un sistema que cada vez se parece más a una dictadura que a una democracia.

No hay campos de concentración, centros clandestinos, pero hay presos políticos, no hay “desparecidos” pero ¡cuánto se le parece un caso como el de Santiago Maldonado! Hay libertad de expresión, pero si usted se atreve a ser opositor, no tiene espacio donde expresarse. Víctor Hugo, Navarro, y tantos otros.

Para ser suave digamos que se trata de una democracia “de baja intensidad”. Cada vez más baja. Todavía no lograron liberar a todos los genocidas condenados por los crímenes de lesa humanidad cometidos, pero están en camino. No les es fácil porque el trabajo en el tema de los derechos humanos caló hondo en la conciencia popular.

Nuevas luchas nos esperan con la consigna que nos dieron las Madres: La única lucha que se pierde es la que se abandona. No la abandonaremos.

 

Buenos Aires, 23 de marzo de 2018

 

*Filósofo y teólogo

 

 

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