El herbicida sobre el cual la OMS ya advirtió que puede causar cáncer fue hallado esta vez en los sedimentos acumulados en la desembocadura de 23 arroyos y cursos de agua

LA CUENCA DEL RÍO PARANÁ ESTÁ CONTAMINADA CON GLIFOSATO

¿Qué otra evidencia necesitamos? otras investigaciones demostraron que incluso las frutas y verduras que compramos en supermercados y verdulerías están contaminados con uno o más químicos.
En 2015 este peligroso herbicida fue hallado en orina humana en Mar del Plata, en muestras de sangre y agua en Pergamino, y en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país.

Por Matilde Moyano

Revista El Federal

Foto: Juan Carlos Casas

“Altos niveles” de glifosato y su degradación fueron hallados en la cuenca del río Paraná, “en los cursos medio y bajo de los afluentes tributarios, de acuerdo con la agricultura intensiva que se desarrolla en la región”, revela un estudio realizado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) publicado por la la revista internacional “Enviromental Monitoring and Assessment”.

El herbicida de la multinacional Monsanto sobre el cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió en 2015 que puede causar cáncer, y su metabolito AMPA, se concentran mayormente en los sedimentos de los cursos de agua que alimentan al Paraná. El monitoreo mostró que la contaminación más alta de glifosato corresponde al río Luján. También los resultados fueron alarmantes en los tramos del Paraná que comprenden a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. No quedan dudas de que esto es consecuencia directa del tipo de agricultura que se realiza allí.

El glifosato se utiliza para eliminar las malezas de los cultivos, principalmente de la soja transgénica ‘RR’, y en nuestro país (tercer productor mundial de soja) un tercio de la población se encuentra afectada directa o indirectamente por este agroquímico, según demuestran los estudios de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

¿Qué otra evidencia necesitamos? La utilización de glifosato no solo afecta a la salud de los habitantes de los pueblos cercanos a los cultivos, sino también a la salud de todos los habitantes del país, porque ya anteriormente otras investigaciones demostraron que incluso las frutas y verduras que compramos en supermercados y verdulerías están contaminados con uno o más químicos.

En 2015 este peligroso herbicida fue hallado en orina humana en Mar del Plata, en muestras de sangre y agua en Pergamino, y en algodón, gasas y tampones comercializados en nuestro país. En el resto del mundo se encontró en vinos de California, en cervezas alemanas, y también en alimentos del desayuno en Estados Unidos.

Alicia Ronco y Damián Marino son dos de los investigadores argentinos autores de este nuevo estudio que revela la contaminación de la segunda cuenca más importante de Sudamérica después de la del Amazonas, mediante wwweos en 23 puntos específicos del Paraná, el Paraguay y sus afluentes. El trabajo comenzó en el río Pilcomayo. Los niveles medidos en muchos casos dieron más elevados que los obtenidos directamente en campos de soja.

Las muestras de los sedimentos del fondo del río presentaron la mayor concentración de esos componentes, pero las altas corrientes y la capacidad de disolución del curso principal del Paraná atenúan la entrada de los afluentes”, aunque el metabolito del herbicida fue detectado también “en el tramo bajo del río“.

El glifosato y el AMPA son contaminantes, y si bien se acumula mayoritariamente en los sedimentos del fondo, su presencia en los ríos significa que se está contaminando el río a través de las prácticas agrícolas que dependen del uso de herbicidas, como lo es el combo de la semilla transgénica de soja RR y el herbicida glifosato.

El estudio asegura que los resultados obtenidos proveen información relevante para los programas de desarrollo ambientales en el Paraná e indican la necesidad de prestar atención a las prácticas de la agricultura asociadas al control químico de malezas.

Para quienes quieran conocer más evidencias pueden leer la ‘Antología Toxicológica del Glifosato‘, la recopilación más completa de trabajos científicos nacionales e internacionales que da cuenta de los riesgos a la salud humana, ambiente y biodiversidad de este agroquímico, que hasta la fecha reúne 487 evidencias.

Si te interesa esta temática y querés informarte sobre el riesgo en que nos pone el modelo de agroproducción actual, podés mirar nuestro video ‘Cuando la producción de alimentos nos enferma‘.

ASEGURAN QUE EL PARANÁ ESTA CONTAMINADO CON GLIFOSATO

Infovera

febrero 7, 2018

No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública”. Esa frase repetía una y otra vez, cuando recorría el país, Andrés Carrasco, reconocido científico del Conicet fallecido hace tres años, quien confirmó los efectos devastadores del glifosato en la salud. El enunciado fue usado ayer al final de la exposición del doctor Damián Marino, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Es que las conclusiones de su presentación demandan la acción inmediata del Estado para frenar los efectos del modelo productivo sobre los recursos naturales. “Tenemos esa convicción de la universidad pública y es nuestro primer deber empoderar a las comunidades, sobre todo cuando se trata de salud pública”, enfatizó el investigador. Marino fue el primero de los disertantes, y durante más de media hora expuso los resultados de los estudios que revelaron la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en las aguas de los ríos Paraguay y Paraná.

Luego fue el turno de la doctora en Química Alcira Trinelli, investigadora de la UBA y del Conicet, e integrante de un equipo que durante cinco años (2010-2015) documentó el estado del recurso hídrico en la zona de Pampa del Indio. Acompañó las presentaciones, además del diputado Trabalón, el referente de la Red de Salud Popular, Pablo Fernández Barrios. Y estuvieron presentes la defensora General del Poder Judicial del Chaco, Alicia Alcalá; la subsecretaria de Ambiente de la provincia, Claudia Terengui; la mujer destacada del año, María Angélica Kees; representantes de la Administración Provincial del Agua (APA) y alumnos de la ENS Nº 67 de Resistencia. Marino reveló detalles que verifican el impacto del “modelo agroproductivo” en la cuenca del río Paraná, un recurso hídrico fundamental para el país. Explicó que la cuenca, en su tramo superior, tiene “concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola”; mientras que desde la cuenca media hacia la baja existe “contaminación múltiple” con algunos metales y principalmente con glifosato. “Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”, resaltó. Si se contrastan los valores obtenidos por las investigaciones con los niveles guías (referencias aceptadas en el país y en el mundo), las muestras superaban a esos niveles en endosulfan, clorpirifos y cipermetrina. “La publicación científica validada a nivel internacional dice que todas las muestras de agua superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para toda la biota acuática. Y recomienda articular políticas inmediatas para el manejo de los plaguicidas en la cuenca”, repasó el catedrático.

Parte de la presentación del doctor en Química, Damián Marino, donde repasó efectos letales y subletales en sedimentos del río. Los estudios científicos en la cuenca del Paraná-Paraguay se plasmaron en tres publicaciones asociadas: la primera, en 2013, sobre efectos observados en sedimentos (el barro del fondo del río); la segunda en 2016 y la más reciente en enero de 2017, donde se comprobó la presencia de un conjunto de pesticidas en el agua y en el sedimento. Todas las investigaciones tuvieron como escenario el tramo argentino del Paraná. Para el trabajo científico, la UNLP logró la cooperación de Prefectura Naval Argentina, que aportó el buque “Dr. Leloir”. “Las muestras se tomaron en las desembocaduras de los arroyos o ríos que drenan desde el interior del país hacia el Paraná, con el objetivo de ver el goteo permanente sobre el gran río”, contó Marino. Precisó que el tramo en el que trabajaron desde el buque Leloir abarcó desde el río Pilcomayo hasta Rosario; mientras que desde Rosario hasta Luján las muestras fueron tomadas en cada desembocadura, pero llegando a los lugares vía terrestre. De las muestras obtenidas se analizaron los efectos letales (organismos muertos) y subletales (alteración del desarrollo y la reproducción). “Lo relevante que se obtuvo es que las concentraciones de metales no superaban los niveles guías”, reveló, y puntualizó que sólo el plomo hallado en casi todas las muestras de sedimentos, en cantidades inferiores a las aceptadas, comprobaba la incidencia de las actividades antrópicas de ciudades que recorre el Paraná en su cuenca. “Se ve que ríos como el San Lorenzo, Saladillo o el Pavón tienen sedimentos con concentraciones altas” que provocaban efectos letales en organismos. En tanto, implicancias subletales se notaron en la cuenca alta (provincia de Buenos Aires), con alteraciones en el crecimiento vinculadas a altos niveles de plaguicidas. “Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento.

A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho”, subrayó. Llevando la explicación a números y comparaciones, alertó que los niveles de glifosato más AMPA (metabolito en la degradación del glifosato) halladas en la cuenca del río “son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja”. Entonces concluyó: “El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”. Hay más: todas las muestras de agua, material en suspensión y sedimento de fondo tenían presencia de insecticidas diseñados para matar insectos. “Esto muestra que los insecticidas están distribuidos a lo largo de toda la cuenca”, indicó el investigador. En tanto, advirtió que tras la prohibición de uso del endosulfan (un insecticida), hubo otros sustitutos que fueron lanzados al mercado. Hoy, el más barato es el clorpirifós. “El ambiente estaba dando aviso a esa situación, al uso que se le da a los recursos”, indicó. Comparando, dijo que de la carga total de plaguicidas, el 90% es de glifosato y el 10% restante se reparte entre clirpirifós, cipermetrina y endosulfán. “Eso es un reflejo del mercado de fitosanitarios”, sostuvo. El contexto inicial en que Marino ubicó su presentación fue el informe de Planeta Vivo, una organización internacional que elabora un índice que mide la biodiversidad del planeta. Ese índice fue hecho sobre 10 mil especies de distinto tipo. “Se ve que entre 1970 y 2010, hubo un decaimiento del 52% de las poblaciones a nivel mundial. Pero en América Latina el valor es 80%. No es que hay menos especies, sino que los grupos poblacionales son más chicos”, graficó, y trasladando a la experiencia cotidiana explicó que la gente puede observar la presencia de menos cantidades de ranas o de peces. Como concepto emergente del informe, resaltó que en menos de dos generaciones humanas se destruyó la mitad de la población de especies que había en la Tierra durante toda su evolución.

En tanto, utilizando el concepto de Huella Ecológica, que se mide en varios países, dijo que “Argentina tiene esencialmente una huella basada en los sistemas agroproductivos”. Luego, apuntó otro dato gráfico: tomando la biocapacidad, es decir cuánto puede ofrecer el planeta respecto de lo que se está usando, y cruzando con información de la evolución poblacional, puede verse que el 8 de agosto de 2016 la humanidad consumió todos los recursos naturales de ese año. “A partir de ahí consumimos recursos a crédito, se los estamos sacando a las generaciones futuras. La última vez que salimos hechos fue en diciembre 1970. Hoy estamos consumiendo por año un planeta y medio. Algo no está andando”, alertó. Al respecto, resaltó que los plaguicidas “son una huella que vamos dejando a los sistemas ecológicos”. “Tienen asociado un concepto de dinámica. Desde el momento de la aplicación, ocurrirán procesos en la atmósfera, en el suelo, y otros que vincularán el suelo con el agua. Se dan todos en forma simultánea”, expuso. Al iniciar su presentación, el doctor Marino resaltó que todos los trabajos presentados son fruto de un equipo de investigación dirigido hasta el año pasado por la investigadora del Conicet Alicia Ronco, fundadora de la carrera de Ambiente de la UNLP Antes, resaltó que todos los resultados obtenidos en las investigaciones fueron costeados por fondos públicos, y de ahí la importancia de que “vuelvan a la población” en forma de estudios que ayuden a advertir algunas situaciones que requieren de políticas públicas diseñadas y aplicadas sin más postergaciones. Luego de hallar glifosato en el agua usada para consumo en Pampa del Indio, en el año 2012, la medida cautelar interpuesta tuvo efectos y las pulverizaciones dejaron de hacerse en superficies cercanas a poblaciones. Así lo resumió la doctora en Química de la UBA y científica del Conicet, Alcira Trinelli, quien durante cinco años estudió el agua para consumo y riego en esa localidad chaqueña y en parajes de la zona donde predomina la población aborigen y con alto nivel de vulnerabilidad social. “Sabíamos que en ese momento, en 2012, había aviones fumigando sin restricciones sobre la lejanía de las zonas pobladas.

Encontramos niveles elevados, como las 500 partes por billón en la entrada de la planta de tratamiento de agua”, contó Alcira Trinelli (UBA-Conicet) Trinelli explicó que las muestras se tomaron en la planta potabilizadora, aljibes de escuelas, aguas de napas, Pampa Chica, Lote 4, Campo Medina y Campo Nuevo; el río Bermejo y la red de agua de Presidencia Roca. Hubo campañas de muestreo en 2012, 2013 y 2014. Al margen de la contaminación del agua con bacterias, con valores que exceden los parámetros legislados, en la primera campaña fue hallado glifosato. “Sabíamos que en ese momento, en 2012, había aviones fumigando sin restricciones sobre la lejanía de las zonas pobladas.

Encontramos niveles elevados, como las 500 partes por billón en la entrada de la planta de tratamiento de agua”, contó. “Gracias a la medida cautelar que se interpuso poco después de esos muestreos donde se halló glifosato, a partir de 2013 en las muestras no fue detectado nuevamente”, ponderó. Lo más preocupante, recordó, fue el agua analizada en la zona de Campo Medida, que mezclaba múltiples contaminantes. “En todos los parajes encontramos algún tipo de tóxico, excepto en el río Bermejo y en Presidencia Roca”, expuso. Alcira Trinelli es parte del equipo conformado por investigadores y estudiantes de las facultades de Ciencias Exactas y de Medicina de la UBA. El trabajo en Pampa del Indio, que abarcó cinco años, fue financiado con recursos de un voluntariado, subsidios de la Subsecretaria de Políticas Universitarias y de la propia universidad. La iniciativa surgió por un pedido expreso de la comunidad qom de Pampa del Indio, ante la falta de acceso al agua de calidad. Hubo varias organizaciones que actuaron como contraparte. El objetivo fue analizar la calidad del agua para consumo y riego, para generar una herramienta científica que sirviera para sustentar reclamos de acceso al agua.

“EL FONDO DE UN RÍO QUE DESEMBOCA EN EL PARANÁ TIENE MÁS GLIFOSATO QUE UN CAMPO DE SOJA”

15 FEBRERO, 2018

COMPROMISO AMBIENTAL

Un estudio reciente del Conicet detectó la presencia alarmante de agroquímicos y metales pesados en la cuenca de uno de los principales ríos del país

“No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública” decía el investigador Andrés Carrasco (1946-2014), el célebre científico argentino que desafió al establishment político –y a sus pares– al denunciar los efectos nocivos del uso de glifosato en cultivos transgénicos cuando nadie lo hacía.

Esa misma frase recordó el doctor Damián Marino, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), durante una charla en el Chaco, en la que expuso los resultados de estudios que comprobaron la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en las aguas del Río Paraná.

En cuanto a los detalles, el biólogo reveló que en el tramo superior de la cuenca “hay concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola”, mientras que desde la media hacia la baja “existe una contaminación múltiple” con algunos metales y principalmente con glifosato.

“Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”, resaltó Marino.

También explicó que si se toman en cuenta los parámetros internacionales, las muestras superaban por amplio margen los niveles de presencia tolerables con respecto al insecticida endosulfán (prohibido en el país en 2013), y sus posteriores reemplazantes: clirpirifós y cipermetrina.

“La publicación científica validada a nivel mundial dice que todas las muestras de agua superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para toda la biota acuática y recomienda articular políticas inmediatas. Hoy, en el mercado mundial, el 90 por ciento de los plaguicidas es glifosato y el 10% restante se reparte entre clirpirifós, cipermetrina y endosulfán”, sostuvo y mencionó que se obtuvieron resultados similares en el Río Paraguay, que también se incluyó en el trabajo.

Los monitores ambientales sobre las cuencas del Paraná se plasmaron en tres etapas: la primera fue en 2013, la segunda en 2016 y la más reciente en Enero de 2017, con las que se ratificó la presencia de agroquímicos tanto en el agua como en los sedimentos (barro del fondo).

“Las muestras se tomaron en las desembocaduras de los arroyos o ríos que drenan desde el interior del país hacia el Paraná, con el objetivo de ver el goteo permanente sobre el gran río”, contó Marino, que durante cinco años (2010-2015) llevó adelante un trabajo de investigación sobre el estado del recurso hídrico en la zona de Pampa del Indio, junto a la doctora Alcira Trinelli, especialista química de la UBA y el Conicet.

El especialista manifestó que de las muestras obtenidas se analizaron los efectos letales (organismos muertos) y subletales (alteración del desarrollo y la reproducción). “Lo relevante que se obtuvo es que las concentraciones de metales no superaban los niveles guías”, reveló, y puntualizó que sólo el plomo hallado en casi todas las muestras de sedimentos, en cantidades inferiores a las aceptadas, comprobaba la incidencia de las actividades antrópicas de ciudades que recorre el Paraná en su cuenca.

Como ejemplo, mencionó que las aguas de los ríos San Lorenzo, Saladillo y Pavón tienen sedimentos con concentraciones superiores que provocaban efectos letales en organismos. En tanto, implicancias subletales se notaron en la cuenca alta (provincia de Buenos Aires), con alteraciones en el crecimiento vinculadas a altos niveles de plaguicidas.

“Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento. A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho”, subrayó.

Llevando la explicación a números y comparaciones, alertó que los niveles de glifosato más AMPA (metabolito en la degradación del glifosato) halladas en la cuenca del río “son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja”. Entonces concluyó: “El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”.

Hay más: todas las muestras de agua, material en suspensión y sedimento de fondo tenían presencia de insecticidas diseñados para matar insectos. “Esto muestra que los insecticidas están distribuidos a lo largo de toda la cuenca”, indicó el investigador.

Biodiversidad en caída

El contexto inicial en que Marino ubicó su presentación fue el informe de Planeta Vivo, una organización internacional que elabora un índice que mide la biodiversidad del planeta. Ese índice fue hecho sobre 10 mil especies de distinto tipo. “Se ve que entre 1970 y 2010, hubo un decaimiento del 52% de las poblaciones a nivel mundial. Pero en América Latina el valor es 80%. No es que hay menos especies, sino que los grupos poblacionales son más chicos”, graficó, y trasladando a la experiencia cotidiana explicó que la gente puede observar la presencia de menos cantidades de ranas o de peces.

Como concepto emergente del informe, resaltó que en menos de dos generaciones humanas se destruyó la mitad de la población de especies que había en la Tierra durante toda su evolución. En tanto, utilizando el concepto de Huella Ecológica, que se mide en varios países, dijo que “Argentina tiene esencialmente una huella basada en los sistemas agroproductivos”.

Luego, apuntó otro dato gráfico: tomando la biocapacidad, es decir cuánto puede ofrecer el planeta respecto de lo que se está usando, y cruzando con información de la evolución poblacional, puede verse que el 8 de agosto de 2016 la humanidad consumió todos los recursos naturales de ese año. “A partir de ahí consumimos recursos a crédito, se los estamos sacando a las generaciones futuras. La última vez que salimos hechos fue en diciembre 1970. Hoy estamos consumiendo por año un planeta y medio. Algo no está andando”, alertó.

Al respecto, resaltó que los plaguicidas “son una huella que vamos dejando a los sistemas ecológicos” y expuso que tienen asociado un concepto de dinámica. Desde el momento de la aplicación, ocurrirán procesos en la atmósfera, en el suelo, y otros que vincularán el suelo con el agua. Se dan todos en forma simultánea”.

El caso de Pampa del Indio

Luego de hallar glifosato en el agua usada para consumo en Pampa del Indio en el año 2012, la medida cautelar interpuesta tuvo efectos y las pulverizaciones dejaron de hacerse en superficies cercanas a poblaciones. Así lo resumió la doctora química de la UBA y científica del Conicet, Alcira Trinelli, quien durante media década estudió el agua para consumo y riego en esa localidad chaqueña y en parajes de la zona donde predomina la población aborigen y con alto nivel de vulnerabilidad social.

“Sabíamos que en ese momento había aviones fumigando sin restricciones sobre la lejanía de las zonas pobladas. Encontramos niveles elevados, como las 500 partes por billón en la entrada de la planta de tratamiento de agua”, contó Alcira Trinelli.

Trinelli explicó que las muestras se tomaron en la planta potabilizadora, aljibes de escuelas, aguas de napas, Pampa Chica, Lote 4, Campo Medina y Campo Nuevo; el río Bermejo y la red de agua de Presidencia Roca. Hubo campañas de muestreo en 2012, 2013 y 2014.

“Gracias a la medida cautelar que se interpuso poco después de esos muestreos donde se halló glifosato, a partir de 2013 en las muestras no fue detectado nuevamente”, ponderó. Lo más preocupante, recordó, fue el agua analizada en la zona de Campo Medida, que mezclaba múltiples contaminantes.

El estudio en Pampa del Indio surgió por un pedido expreso de la comunidad qom de la región, ante la falta de acceso al agua de calidad, y se financió con recursos de un voluntariado, subsidios de la Subsecretaria de Políticas Universitarias y de la propia universidad.

Tal como detalla Trinelli, el objetivo fue analizar la calidad del agua para consumo y riego, y así poder generar una herramienta científica que sirviera para sustentar los reclamos de acceso al agua. “En todos los parajes encontramos algún tipo de tóxico, excepto en el río Bermejo y en Presidencia Roca”, concluyó la especialista.

Fuente: Foro Ambiental / Diario Norte

Links a los documentos de la investigación (En inglés):
Occurrence and fate of pesticides in the Argentine stretch of the Paraguay-Paraná basin
Water quality of the main tributaries of the Paraná Basin: glyphosate and AMPA in surface water and bottom sediments

NO SÓLO GLIFOSATO: TODA LA CUENCA DEL PARANÁ ESTÁ CONTAMINADA CON INSECTICIDAS

Diario Junio Digital

09/02/2018

LAS CONCENTRACIONES DE ENDOSULFAN, CIPERMETRINA Y CLORPIRIFOS SON LAS MÁS RELEVANTES`

Un nuevo informe desarrollado por científicos del CONICET y publicado en el exterior alerta sobre altos niveles de toxicidad en el lecho y el agua del curso.  Según registró DIARIOJUNIO, el documento destaca que en la región relevada “la utilización de plaguicidas aumentó 900% en las dos últimas décadas por efecto de la introducción de cultivos biotecnológicos y la aplicación de técnicas de siembra directa”. Cipermetrina, endosulfan y clorpirifos encabezan con amplitud los indicadores de contaminación, sin embargo, en la zona también se ubicaron otros 20 plaguicidas aunque en concentraciones relativamente bajas respecto de los compuestos antes mencionados. “La nueva evidencia reaviva no sólo la discusión en lo que hace a la calidad del insumo básico, sino que ademàs vuelve a colocar en el epicentro de la polémica el modo en que se está llevando a cabo la producción agropecuaria en la Argentina y cómo, por efecto de las prácticas consagradas, la presión ambiental atenta contra la seguridad misma de los ecosistemas en general. Resta conocer si, como ocurrió el año pasado, el poder político volverá a hacer de cuenta que los argumentos científicos no valen la pena”.

En julio del año pasado el periodista, Patricio Eleiseguidio, advirtó que toda la cuenca del río Paraná, considerada la segunda más importante de Sudamérica detrás de la que comprende al Amazonas, está altamente contaminada con el herbicida glifosato o AMPA, su degradación. Ahora, una segunda entrega del material publicado por la revista internacional Environmental Monitoring and Assessment y a la que accedió el mismo periodista, eleva la vara a un nivel todavía más dramático: las aguas y el lecho del Paraguay y el Paraná presentan grandes concentraciones de insecticidas como el endosulfan -de uso prohibido en el país desde 2013-, la cipermetrina y el clorpirifos.

Como en la ocasión anterior, el monitoreo lleva la firma de, entre otros, Alicia Ronco -fallecida en noviembre del año pasado- y Damián Marino, ambos especialistas del CONICET, y afirma que el grado de contaminación detectado supera los límites establecidos para la protección de toda la vida acuática.

Según explicó Marino, los resultados provienen de muestras tomadas en 2010 y 2012 en 22 puntos diferentes de las cuencas mencionadas. El trabajo contó con la colaboración de Prefectura Nacional, que aportó su logística y el buque Luis Leloir para el traslado y desempeño de los científicos.

En sus conclusiones, el monitoreo señala que los altos niveles de plaguicidas constatados en agua y sedimentos tienen como causa la utilización de estos productos para la práctica agrícola en todos los territorios que atraviesa principalmente el Paraná. “La agricultura intensiva aporta cargas significativas a los afluentes en los tramos medio e inferior y estos luego llegan al curso de agua principal. A pesar de que hay diluciones y descargas, el nivel de concentración es tal que los productos se pueden detectar en la corriente de agua. Estos hallazgos exponen la necesidad urgente de regular la aplicación de pesticidas en la cuenca”, afirma el trabajo.

El documento destaca que en la región relevada “la utilización de plaguicidas aumentó 900% en las dos últimas décadas por efecto de la introducción de cultivos biotecnológicos y la aplicación de técnicas de siembra directa”: Cipermetrina, endosulfan y clorpirifos encabezan con amplitud los indicadores de contaminación. Sin embargo, reconoce la publicación, en la zona también se ubicaron otros 20 plaguicidas aunque en concentraciones relativamente bajas respecto de los compuestos antes mencionados.

“Las concentraciones de endosulfan, cipermetrina y clorpirifos son las cuantitativamente más relevantes. En cada caso, sus niveles de presencia son superiores a los recomendados para la seguridad de la vida acuática. Estos plaguicidas presentan una mayor afinidad por los sedimentos”, señala el trabajo.

Tóxicos detectados

La cipermetrina, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), es muy tóxica para peces y abejas, y se recomienda evitar su uso sobre cursos de agua. A nivel local, su desarrollo y comercialización corre por cuenta de Atanor, Bayer, Dow, DuPont, Monsanto y Nidera, entre otras firmas.

Este producto aparece como uno de los desarrollos que, en combinación con otros pesticidas, viene originando casos de polineuropatías tóxicas y trastornos en el sistema nervioso periférico como el denunciado por Fabián Tomasi, ex empleado de una compañía fumigadora de Basabilbaso, provincia de Entre Ríos.  Tomasi es un auténtico caso-símbolo de cómo los agroquímicos destruyen la salud al interactuar con el cuerpo.

En tanto, el clorpirifos es el insecticida más utilizado en la actividad agrícola local. Dow, su desarrolladora, fue multada en 1995 y 2003 por ocultar casi 250 casos de intoxicación con ese agroquímico sólo en los Estados Unidos y continuar publicitando al insecticida como producto “seguro”.

En la sumatoria de ambas sanciones, Dow culminó desembolsando a modo de pena más de 2,7 millones de dólares. Ya en 2011, un estudio concretado por la universidad norteamericana de Columbia vinculó al insecticida con numerosos casos de niños afectados con retrasos mentales y físicos en zonas cercanas a Nueva York.

Por último, el endosulfan es un insecticida catalogado como “muy peligroso” por el mismo SENASA, y su uso se encuentra vetado en más de 60 países -Unión Europea incluida- por generar desde cáncer hasta deformidades congénitas pasando por desórdenes hormonales, parálisis cerebral, epilepsia y problemas en la piel, los ojos y las vías respiratorias, entre otros males. En la Argentina, su utilización está prohibida desde mediados de 2013.

Detalles del estudio

Contactado por este periodista, Marino explicó que los resultados de las muestras obtenidas sobre todo en el curso del Paraná recién se dan a conocer ahora “por demoras derivadas de la discusión científica en torno a la experiencia”. La publicación de monitoreos de estas características implica la interpretación de resultados de manera integral y, necesariamente, una rigurosa evaluación de pruebas por parte de especialistas internacionales.

Según el científico, la experiencia arrojó que, si bien toda la cuenca muestra niveles elevados de toxicidad a lo largo de su extensión, la mayor concentración de insecticidas se da principalmente en las zonas aledañas a las localidades santafesinas de Coronda, Carcarañá y San Lorenzo.

“También se detectó contaminación en el Bermejo y el Pilcomayo. Esto podría deberse a la producción agrícola que se hace aguas arriba en Paraguay. Su modelo atado al uso de agroquímicos es similar al de Argentina. Los sedimentos son los que más demuestran la presencia de los insecticidas. El agua es el vector que, sobre todo a través de las lluvias y efectos de escorrentía, moviliza los pesticidas desde las zonas de producción hasta el caudal de estos ríos”, dijo a quien aquí escribe.

Para luego añadir: “Que hayamos encontrado pesticidas también en el agua muestra que hay contaminación más reciente. El sedimento representa una matriz ambiental que provee información más en el tiempo y la historia, y posiblemente hable de los procesos de acumulación de insecticidas al actuar como un sumidero. Las concentraciones detectadas en la columna de agua, hay que remarcarlo, superan los niveles recomendados para la supervivencia de la vida acuática”.

Conclusiones

Marino definió las conclusiones del trabajo como una “luz naranja, prácticamente roja, encendida”. Y exigió la implementación urgente de un programa de monitoreos de alcance nacional que, en concreto, permita conocer al detalle la situación ambiental de los principales cuerpos de agua de la Argentina. Según el especialista, la última experiencia en ese aspecto corresponde precisamente al muestreo expuesto en este artículo.

“Los últimos muestreos fueron realizados con un gran esfuerzo de la Prefectura Nacional y un subsidio de la Universidad Nacional de La Plata, pero no ha habido una decisión política gubernamental de sostener este tipo de monitoreos. Hay que retomar estos trabajos de manera urgente en tanto vivimos en un país agroproductivo en el que todos los años se vierten al ambiente millones de litros de plaguicidas. Y también hay que comenzar a promocionar seriamente políticas de producción sostenibles como la agroecología”, concluyó.

A mediados del año pasado, el equipo encabezado por Ronco y Marino reveló la presencia de concentraciones elevadas de glifosato en el mismo río Paraná. El informe resultó ignorado por las autoridades de los territorios que utilizan el caudal para brindar agua potable a infinidad de poblaciones. Aguas Santafesinas SA, por poner un caso, directamente negó los resultados del monitoreo del CONICET.

La nueva evidencia reaviva no sólo la discusión en lo que hace a la calidad del insumo básico: vuelve a colocar en el epicentro de la polémica el modo en que se está llevando a cabo la producción agropecuaria en la Argentina y cómo, por efecto de las prácticas consagradas, la presión ambiental atenta contra la seguridad misma de los ecosistemas en general. Resta conocer si, como ocurrió el año pasado, el poder político volverá a hacer de cuenta que los argumentos científicos no valen la pena.

INFORMES CONICET: DETECTAN MÁS GLIFOSATO EN EL FONDO DE UN AFLUENTE DEL PARANÁ QUE EN UN CAMPO DE SOJA

17 Febrero, 2018

IEL DISENSO Mariana Escalada & Agustin Ronconi

Un reciente estudio del Conicet sobre la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en el Paraná detectó que el fondo de un río que desemboca en la cuenca tiene más glifosato que un campo de soja.

El pasado 9 de febrero, desde El Disenso te contamos que la aparición de millares de peces muertos y crías moribundas en la cuenca del Paraná encendieron las alertas en varias provincias, y los lugareños adjudicaron la situación a los agrotóxicos arrastrados desde los campos por las lluvias e inundaciones. En ese momento, la respuesta inmediata por parte del gobierno fue negar que los decesos se estuviesen produciendo por envenenamiento y lo atribuyeron a “las altas temperaturas que desoxigenan el agua“. En la investigación “Genocidio ecológico: millares de ejemplares envenenados con agrotóxicos por las inundaciones” expusimos la opinión de los científicos del Conicet, que ya habían alertado respecto a la presencia de pesticidas en la cuenca, provenientes de los cultivos de la zona.

Esta semana, desde Foro Ambiental se dio a conocer un nuevo estudio del Conicet, donde se detectó la presencia alarmante de agroquímicos y metales pesados en la cuenca del Paraná. El biólogo Damián Marino, investigador y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP) reveló que en el tramo superior de la cuenca “hay concentraciones de distintos insecticidas de uso agrícola”, mientras que desde la media hacia la baja “existe una contaminación múltiple” con algunos metales y principalmente con glifosato, explicando  que si se toman en cuenta los parámetros internacionales, las muestras superaban por amplio margen los niveles de presencia tolerables con respecto al insecticida endosulfán, prohibido en argentina desde 2013, y sus posteriores reemplazantes: clirpirifós y cipermetrina.

La publicación científica validada a nivel mundial dice que todas las muestras de agua superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para toda la biota acuática y recomienda articular políticas inmediatas” explicó Marino. El monitoreo sobre la cuenca del Paraná se realizó en tres etapas: la primera fue en 2013, la segunda en 2016 y la más reciente en Enero de 2017, con las que se ratificó la presencia de agroquímicos tanto en el agua como en los sedimentos.

El estudio determinó que las aguas de los ríos San Lorenzo, Saladillo y Pavón tienen sedimentos con concentraciones superiores que provocan efectos letales en organismos, en tanto en la cuenca alta se detectaron implicancias subletales y alteraciones en el crecimiento vinculadas a altos niveles de plaguicidas.

Mirando los resultados, veíamos que el glifosato estaba pegado en partículas en suspensión o formando parte del sedimento. A partir de la cuenca media empezaba a aumentar la concentración. Y cuando llegaba a la altura de Luján, había aumentado mucho” explicó el investigador.

Los niveles de glifosato más AMPA, el metabolito en la degradación del glifosato, hallados en la cuenca del río “son unas cuatro veces las concentraciones que pueden encontrarse en un campo sembrado con soja”, concluyendo que “El fondo de un río que desemboca en el Paraná tiene más glifosato que un campo de soja”.

Todas las muestras de agua, material en suspensión y sedimento de fondo analizadas por los científicos evideciaron la presencia de insecticidas diseñados para matar insectos, demostrando que los insecticidas están distribuidos a lo largo de toda la cuenca.

Crédito Foto: INTA

GENOCIDIO ECOLÓGICO: MILLARES DE EJEMPLARES ENVENENADOS CON AGROTÓXICOS POR LAS INUNDACIONES

9 Febrero, 2018

EL DISENSO Mariana Escalada & Agustin Ronconi

La aparición de millares de peces muertos y crías moribundas en la cuenca del Paraná encendieron las alertas en varias provincias, y los lugareños adjudicaron la situación a los agrotóxicos arrastrados desde los campos por las lluvias e inundaciones. Desde el gobierno la respuesta inmediata fue negar que los decesos se estén produciendo por envenenamiento y lo atribuyeron a “las altas temperaturas que desoxigenan el agua”. Desde El Disenso te contamos que opinan los científicos del Conicet, que ya habían alertado respecto a la presencia de pesticidas en la cuenca, provenientes de los cultivos de la zona.

Las excusas oficiales

Jacinto Speranza, Ministro de Medio Ambiente de la provincia de Santa Fe explicó que se trata de “un fenómeno natural” y descartó de lleno haya agrotóxicos involucrados: “Los biólogos nos dicen que son procesos naturales por las altas temperaturas; las lagunas y ríos que estuvieron muy bajo por mucho tiempo. Una vez que vino esta crecida, trajo estos peces” (sic). La explicación de Speranza no convenció.

De acuerdo a un informe elaborado en tiempo récord por el Gobierno de Santa Fe, el calor y la repentina crecida de la cuenca provocaron una disminución en los niveles de oxígeno. El documento asegura que la crecida provocada por las intensas lluvias, arrastró materia orgánica desde lagunas internas, que al descomponerse y estar sometida a altas temperaturas, disminuyó los niveles de oxígeno.

La supuesta “falta de oxígeno” no explica los yacarés que aparecieron muertos en la orilla, por eso para los lugareños la razón es otra: las recientes lluvias provocaron crecidas que arrastraron agrotóxicos utilizados en los campos, y al llegar al curso de agua envenenaron a la fauna.

Tanto el gobierno como los habitantes de la zona coinciden en remarcar que el consumo de estos peces es peligroso. “Que nadie compre pescado. Está envenenado, está contaminado y puede morir gente- Llovió muchísimo en la parte norte y en las chacras estaba todo regado con veneno y como llovió mucho, la chacra se llenó de agua y esa agua fue al río y está matando a todos los peces. Alerta máxima en la parte de Chaco, Santa Fe, Corrientes hasta el Sur” explicó desde un video uno de los denunciantes de la situación. El alerta fue apoyado por Eduardo Elizalde, director de la Agencia Santafesina de Seguridad Alimentaria – ASSAL quien explicó que el consumo de estos ejemplares podría ocasionar “un grave riesgo para la salud“.

Agrotóxicos en el agua

Durante 2017, un grupo de científicos del Conicet elaboró un trabajo titulado: “Aparición y destino de pesticidas en el tramo argentino de la cuenca Paraguay-Paraná“. El trabajo publicado en la revista especializada “Environmental Monitoring and Assessment” de la editorial Springer lleva la firma de Etchegoyen, Ronco, Almada, Abelanda y Marino. El informe indica que el tramo argentino de la cuenca del Plata atraviesa regiones dedicadas a la agricultura extensiva e intensiva, principalmente con control químico de plagas donde la utilización de pesticidas ha aumentado en un 900% en las últimas dos décadas, a raíz de la introducción de cultivos biotecnológicos y técnicas de siembra directa.

El objetivo de la investigación realizada por los científicos argentinos fue estudiar la aparición, concentración y destino de los plaguicidas en aguas superficiales y sedimentos del fondo de los principales afluentes y cursos de agua del río Paraguay-Paraná. Para eso, realizaron 22 muestreos en las posiciones distales de los principales afluentes y cursos de agua analizando 23 compuestos pesticidas por cromatografía de gases. Se encontraron endosulfanos, cipermetrina y clorpirifos entre otros.

Todas las concentraciones detectadas en el agua superaron las pautas recomendadas para la protección de la biota acuática.

Los resultados indicaron una distribución de pesticidas generalizada, pero variable en las concentraciones detectadas en toda la cuenca, señalando a la actividad agrícola como fuente de la contaminación, siendo los plaguicidas transportados por afluentes hasta el curso de agua principal, donde alteran la calidad del ecosistema acuático.

El glifosato contamina el río debido a las prácticas agrícolas

En una entrevista realizada por La Capital, el biólogo Damián Marino, el trabajo científico permitió demostrar dos cosas importantes: “Por un lado, la movilidad de los compuestos (el glifosato y su metabolito) a través de los cuerpos de agua de los arroyos pampeanos; y por otro, que el compuesto llega a la desembocadura de esos arroyos hacia el río Paraná“, aunque siempre adherido a los “sedimentos del fondo” porque “en el centro del río no se detecta“.  De acuerdo a los resultados obtenidos, los afluentes que aportan mayores concentraciones son los relacionados con zonas de mayor producción de agricultura.

Para el investigador, el glifosato encontrado en la cuenca del Paraná “tiene que ver con la historia de los suelos que, después de las lluvias, drenan hacia los arroyos, movilizando también materiales como ese herbicida utilizado en la práctica agrícola, “única fuente de aplicación del compuesto al ambiente“. Si bien el estudio realizado desde el Conicet no avanzó sobre el efecto del glifosato en la vida acuática, Marino explicó que hay muchas publicaciones sobre la relación entre niveles de plaguicidas y efectos biológicos que dieron cuenta de efectos crónicos, como cambios de talla o de ciclos reproductivos, o agudos, como mortalidad.

El estudio alertó respecto a la necesidad de prestar atención urgente a las prácticas de agricultura asociadas al control químico de pestes en la región: “Creo que los resultados son preocupantes y que habrá que tomar nota de ellos y diseñar algún tipo de política, o continuar con los estudios para ver si los niveles aumentan o bajan. El glifosato y su degradación, el AMPA, son contaminantes, lo que significa que se está contaminando el río debido a las prácticas agrícolas que dependen del uso de herbicidas” sentenció Marino.

La respuesta del gobierno fue categórica: redujeron el presupuesto del Conicet.