¿Quién no desea un baño, con sales y espuma para relajarse después de una jornada agotadora?

PURA ESPUMA

Por Emilce Moler

Nos gusta bañarnos, no somos como los europeos que le escapan al agua. Esa limpieza que permitió acuñar a la oligarquía las estigmatizaciones de las “muchachas” que vienen a “ayudar”, que es buena, honesta y muy limpia. Eso es importante, limpita. Y…¿Qué sabe la señora donde se baña la muchacha? ¿Con qué garrafa calienta el agua, con qué balde se enjuaga el pelo?¿Cómo no vas a querer un baño de espuma?



Por Emilce Moler
NAC&POP
07/11/2017

Tiene glamour, es perfumada, suave, blanca.

De textura vaporosa, volátil, inasible.

Representa el placer, el descanso, la tranquilidad, el buen vivir.

¿Quién no desea un baño, con sales y espuma para relajarse después de una jornada agotadora?

Sumergirse en agua tibia, perfumada, reconfortante.

Mirar la ropa del día tirada en el suelo, símbolo de lo que quiero dejar atrás.

Estirar una pierna hasta dejar asomar la punta del pie, mientras chorrea la espuma reparadora.

Sentirse la protagonista de la propaganda de jabones, del shock de Susana Gimenez o de la modelo de turno. Silencio, quizás música; luz tenue.

Algún sahumerio para recordar todo lo que deberíamos hacer y no hicimos por nuestra salud: yoga, gimnasia anti stress, mascarillas faciales, streching, terapias florales, comidas saludable, muchas semillas y jugos de brebajes imposible de encontrar.

Recordar alguna clase de reiki tomada algún día y palpar los chakras.

Preguntarse por qué no sale a caminar o anda en bicicleta, con lo bueno que es eso…

Pero el agua empieza a enfriarse, y uno se niega a salir hasta que en un punto se empieza a tener frío y los dedos arrugados.

Se para, chorrea espuma que no sabe qué hacer.

Porque si queda en el cuerpo es grasienta, pegajosa, salvo las que se hacen con excelentes productos que son humectantes para la piel, pero esos uno nunca los llega a comprar.

Te tenés que duchar, con agua trasparente, común, pero que te limpia; o refregarte con una toalla, que siempre raspan porque los suavizantes baratos nunca suavizan y te entra en los ojos, te pica, te duele.

Salís del baño y te sentás a mirar la tele .

Te sigue doliendo la vista.

Escuchas noticias y se te empieza a arrugar el alma.

Otra vez el baño de espuma:

Macri te lo ofrece con sus políticas.

Te lo dice: va a dar un mundo glamoroso, sin conflictos, donde todo va a estar bien, donde vas a poder dejar la ropa sucia en el piso, todo va a ser tibio, blanco, suave.

Su discurso es inasible, se escabulle.

Un discurso sin palabras, sin explicitaciones, vaporoso.

Su no decir oculta su hacer: fuerte, contundente, implacable.

Quién no se tienta de ser una diva en un baño, aunque sea por un rato.

Uno lo cree.

Quiero humectarme con esa espuma.

No te dice de golpe las cosas, niegan con las palabras, le buscan eufemismos a los hechos.

No son los ´90 donde había explicitaciones claras, asibles, aunque a uno le dolieran.

Te lo decían: ley federal de educación, ley universitaria, incentivos, privatizaciones, importaciones y si no te gusta: ramal que para, ramal que cierra. Brutal, una ducha de agua fría.

Acá no, nadie afirma ni niega nada.

Juegan a desdecirse unos con otros; mientras hacen, y mucho: nos endeudan, nos estigmatizan, nos sacan poder adquisitivo, le dan mucho, mucho a los ricos.

Esos sí van a tener la espuma buena y toallas suaves.

Y vos te das cuenta que el único baño de espuma que vas a poder hacer, es dejando el jabón blanco o el de tocador, un poco más en la bañadera, si es que tenés una.

Pero salís limpita.

Porque nos gusta bañarnos, no somos como los europeos que le escapan al agua.

Esa limpieza que permitió acuñar a la oligarquía las estigmatizaciones de las “muchachas” que vienen a “ayudar”, que es buena, honesta y muy limpia.

Eso es importante, limpita.

Y…¿Qué sabe la señora donde se baña la muchacha?

¿Con qué garrafa calienta el agua, con qué balde se enjuaga el pelo?

¿Cómo no vas a querer un baño de espuma?

Y viene un cretino y te lo promete, te lo jura, te mira a los ojos y te dice que lo vas a tener.

Y al lado tiene una mujer, que la ves en la bañera con sales, masajeándose, mientras da vuelta su cara, mira a la cámara y te invita a tener un baño así.

¡Lo quiero, deme dos!

Pero ya se enfrió el agua de la bañadera y tenes frío.

Lo mirás y le decís: Macri, dejá de vender espuma.

Decí lo que vas a hacer.

Está bien, ya me dí cuenta que no voy a tener espuma, ya lo entendí, pero dame jabón.

Macri, yo me baño, soy limpita pero la señora me dijo que no vaya todos los días, no le alcanza.

Macri, no puedo calentar el agua, no me alcanza para la garrafa

Macri basura, vos sos pura espuma.

EM/

A %d blogueros les gusta esto: