“El policía lo corrió hasta matarlo”

OTRO MUERTO POR LA ESPALDA POR LA POLICIA

Por Ulises Rodríguez

El caso de Fabián Exequiel Enrique forma parte de una escalada de violencia institucional que se intensificó luego de que el policía Luis Chocobar fuera recibido como un héroe por el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada “porque siguió todos los protocolos de la nueva doctrina que hemos elaborado”.Fabián Ezequiel Enrique tenía 17 años y fue asesinado por la espalda en Quilmes por un agente de elite de la policía bonaerense.

Por Ulises Rodríguez
Nuestras Voces
11 de febrero de 2018

Fabián Exequiel Enrique tenía 17 años y fue asesinado por la espalda en Quilmes por un agente de elite de la policía bonaerense.

La versión del oficial es que se defendió en un intento de robo.

El cuerpo de Fabián apareció con dos balazos en la espalda y uno en la pierna.

“Si mi hijo hubiera robado tendría que haber ido preso”, dijo el padre del joven y agregó: “El policía que lo mató lo tenía marcado”.

Crónica de un caso que forma parte de la escalada de violencia policial promovida desde el propio gobierno.

Mónica Torres estaba en el patio lavando sábanas a mano en un fuentón de plástico cuando oyó “pum, pum”.

Frunció las cejas y otra vez “pum, pum, pum”. Inmediatamente pensó en Fabián y se le heló la sangre.

Salió a la vereda y vio que en la esquina del barrio había un montón de gente.

Con las manos mojadas y enjabonadas que le temblaban respiró hondo y enfiló hacia el tumulto.

A mitad de camino se cruzó con uno de los pibes del barrio: “Lo mataron al Fabi, lo mataron al Fabi”, le dijo con la voz entrecortada.

“Cuando llegué estaba tirado en una zanja.

No sabía qué hacer.

Vine a despertarlo al Emi, que era el más compañero de Fabián.

Como no tenía crédito en el celular tuve que pedirle a mi hermana que me prestara el de ella para llamarlo a mi esposo que estaba trabajando”, cuenta la madre del joven a Nuestras Voces.

Eran las 7.15 de la mañana del martes 6 de febrero de 2018.

El Servicio Meteorológico Nacional anunciaba 37 grados de máxima.

Esa madrugada, como casi todas las madrugadas, Fabián Ezequiel Enrique, con 17 años, estaba en la esquina de avenida La Plata y Jujuy donde paraba con otros pibes del barrio Los Eucaliptus, de Quilmes Oeste.

A los 13 años Fabián empezó con la pasta base: una droga que en Los Eucaliptus se consigue más fácil que una botella de agua mineral.

Los que la consumen son pibes que tienen entre 11 y 17 años.

El año pasado Fabián estuvo internado en un centro de rehabilitación.

Había mejorado, le habían vuelto las ganas de jugar al fútbol y de volver a entrenar.

En junio su padre se quedó sin trabajo, sin obra social y no pudo pagar más la rehabilitación para dejar las drogas.

Sin terminar el tratamiento volvió a la casa, al barrio, a los pibes y a la esquina.

“Yo no sé si Fabián le quiso robar o no a este policía pero ¿él quién es? ¿es Dios para decidir por la vida de un ser humano?

Le pegó dos tiros por la espalda y otro más en la pierna.

Los que lo vieron dicen que lo corrió hasta matarlo y después lo dejó tirado en una zanja como si fuera un perro y escapó”, dice Mónica a Nuestras Voces con los ojos hinchados de tanto llorar.

Fabián era hincha de Boca y su ídolo era Messi.

Estaba contento por el regreso de Carlitos Tévez.

Andaba siempre con su gorra blanca.

 

El cuerpo de Fabián Enrique estuvo cinco horas en la zanja donde cayó abatido hasta que trabajaron los peritos junto a la fiscal y la policía científica.

No estaba armado.

Lo único que encontraron fue una pipa con un resto de pasta base en un bolsillo del short.

Los hechos según el policía

Hasta ahora la única versión que se conoce es la del agente del Grupo Halcón que, repitiendo la modalidad que empezó con Rafael Nahuel en Bariloche y continuó con Pablo Kukoc a manos de Luis Chocobar en La Boca, de dar muerte por la espalda.

El miembro del cuerpo de elite de la policía bonaerense –del que aún no se conoce el nombre– dio su testimonio en la comisaría 3era de Quilmes acompañado de un superior.

En su declaración sostuvo que iba con su uniforme a hacer horas extras y en el momento que estaba parado en un semáforo dos jóvenes se le acercaron e intentaron sacarle el celular.

Entonces bajó del auto y les disparó.

Los peritos hallaron cinco vainas de pistola calibre 9 milímetros donde yacía el cuerpo sin vida de Fabián Enrique.

Encontraron los casquillos en un montículo de basura en la calle, motivo por el cual los investigadores suponen que el policía persiguió a los tiros a los jóvenes.

El agente del Grupo Halcón fue apartado de la fuerza mientras se lleva adelante la investigación a cargo de la fiscal Karina Gallo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 4 de Quilmes.

Los muertos de la Bonaerense

Nacer y morir en el barrio

Cuando sonó el teléfono celular de Claudio Enrique eran las 7.32 de la mañana.

En ese momento estaba sacando unos chapones en los andenes de la estación Berazategui.

Era su cuarto día de trabajo después de estar más seis meses parado.

– “Lo mataron a Fabi. Lo mataron a Fabián”, le dijo Mónica en llanto del otro lado del teléfono.

A Claudio que trabajó toda su vida levantando paredes, haciendo pozos para Aysa y martillando durmientes en las vías se le aflojaron las piernas.

En un segundo se le aparecieron los rostros de sus hijos Javier, Emiliano, Iván, Isaías, Micaela, Priscila, Abigail, Maxi resonando con las palabras de Mónica.

Claudio se crió en el barrio Los Eucaliptos de Quilmes y levantó su casa, en la que tuvieron a sus nueve hijos, con sus propias manos.

En el último tiempo vivió de changas porque no había un laburo fijo.

Con este trabajo la cosa se empezaba a encaminar y serviría para menguar la tristeza de haber pasado las fiestas desocupado.

En pocos días cumplirá 48 años.

Con el pago de la primera quincena pensaba hacer un asado para festejar con sus hijos pero tuvo que salir a recolectar dinero entre vecinos, familiares y amigos para pagar el velatorio de Fabián.

“A Fabián lo llevó varias veces la policía por averiguación de antecedentes o porque estaba consumiendo paco o marihuana.

La policía le quitaba la droga y lo largaban porque el problema de él era que estaba enfermo.

Era un adicto”, se lamenta su padre.

Claudio recuerda que el año pasado la policía fue a su casa a buscar a Fabián.

“Él estaba durmiendo y lo llamé.

Eran tres policías lo acusaban de robar una cartera pero él no tenía nada encima.

Entonces uno de los policías lo amenazó: ‘a vos te doy un año y te corto las patas’.

El policía que mató a Fabián lo tenía marcado.

Ese tipo lo conocía a mi hijo y fue a buscarlo”, afirmó.

La familia de Fabián no tiene un abogado entonces piensan sacar un crédito para pagar uno.

“Como sea lo voy a pagar porque necesitamos que se haga justicia para tener un poco de paz.

Si mi hijo hubiera robado y tenía que ir preso que fuera preso pero no matarlo así por la espalda.

Él corría asustado, estaba desarmado.

Mi hijo no mató a nadie, el problema de él es que estaba enfermo”.

Cada tanto la policía entra a Los Eucaliptos y se lleva a los que consumen pero nunca a los que venden.

Hace un tiempo erradicaron a los que andaban en el menudeo menos a uno.

“A ese no lo tocan.

Nadie se anima a denunciarlo por miedo.

Miedo a la policía, no al transa”, dicen los vecinos.

Los Eucaliptos es uno de los barrios olvidados y sacudidos por la venta y consumo de drogas en Quilmes.

El gatillo fácil es una modalidad que se practica con frecuencia en el municipio comandado por Martiniano Molina.

Repasando: en agosto de 2017, cuatro efectivos de la Bonaerense mataron de un balazo en la cabeza a un chico de 14 años porque pensaron que estaba participando de un robo.

A mediados de 2016, Gabriel Godoy (15 años) de la Villa Itatí de Bernal, fue asesinado por tres balas policiales y el efectivo que le disparó intentó luego plantarle un arma.

Damián Orué fue baleado por la espalda por un suboficial en mayo de 2016 en Parque Calchaquí, Javier Alarcón y David Vivas murieron abatidos en la ribera de Quilmes.

Pero con el “cambio de doctrina” de la ministra Patricia Bullrich el caso de Fabián forma parte de una escalada de violencia institucional que se intensificó luego de que el policía Luis Chocobar fuera recibido como un héroe por el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada “porque siguió todos los protocolos de la nueva doctrina que hemos elaborado”.

La policía, ahora más que nunca, siente –y los hechos lo demuestran– que tiene carta blanca para matar.