Exhausta y con la boca cansada dijo que ninguna persona podría ser capaz de vaciar completamente a otra.

EL CUENTO ZEN DE LA GRAN BRUTA

Por Horacio Fontova (Nigger)

“Un cuento zen hablaba de la famosa Gran Bruta, que enseñaba su arte ancestral en una populosa aldea. Su reputación era tal que nadie podía competir con ella y todas las otras profesionales en el arte de la brutalidad ya se quedaban sin trabajo y sin discípulos.

Por Horacio Fontova*

NAC&POP

03/02/2018

Se cuenta que una hermosa joven, muy fornida, exuberante y de gran experiencia en esas artes, decidió establecerse para enseñar lo suyo en los alrededores y quiso desafiar a la gran maestra con el difícil propósito de terminar con su reinado.

Una mañana la joven se presentó en la Escuela de la Brutalidad, tocó la campana y al tiempo una pequeña anciana abrió la puerta y le preguntó que quería.

La morena musculosa explicó sin titubeos cuales eran sus intenciones, a lo que la anciana, contrariada, le respondió que esa idea era un suicidio, porque el arte de la Gran Bruta era inigualable.

Al instante la joven, para impresionar a la vieja, se sentó sobre la bicicleta en la que había llegado y comenzó a presionarla hacia abajo con su poderoso trasero hasta convertirla en un bollo de hierros aplastados.

La anciana, atónita, siguió escuchando los gritos e improperios de la enfurecida gigantesca muchacha que amenazaba con romper todo a su alrededor usando no sólo su trasero sino el resto de su prominente cuerpo.

La anciana le pidió que aguardara un instante y desapareció dentro de la casa.

Volvió junto a un robusto sonriente joven tomado de su mano y dijo que la Maestra tenía la costumbre de vaciar por completo, huesos incluidos, a un hombre.

Y que no podía tomar en cuenta el desafío si ella no hacía lo mismo.

En el acto la corpulenta morena comenzó a estampar su enorme boca por todo el cuerpo del joven sin poder succionar más que algunas gotas de sudor salado.

Exhausta y con la boca cansada dijo que ninguna persona podría ser capaz de vaciar completamente a otra.

La anciana respondió que la maestra sí podía.

Y que abandonara el proyecto hasta que no fuera capaz de hacer lo mismo.

Abrumada, la joven juró volver y superar la prueba.

Durante algunos años se entrenó absorbiendo frutas y pequeños animales.

Los músculos de su boca y su garganta cobraron fuerza sobrehumana y día tras día el esfuerzo rindió sus frutos.

Finalmente pudo vaciar algunos jovencitos.

Nuevamente se presentó en la puerta de la gran escuela y otra vez fue recibida por la pequeña anciana. Le pidió un ejemplar para efectuar la prueba.

Y enseguida la vieja entró y volvió a aparecer junto a otro robusto joven sonriente.

La muchacha se concentró unos instantes, y cuando ya estaba por estampar su boca sobre el pecho del joven la vieja la tomó muy fuerte del hombro y le dijo: “Olvidé decirle, jovencita, que la Gran Bruta los vacía sin tocarlos”, mientras iba arrimando al joven a un árbol cercano.

Sonriendo, clavándole la mirada y emitiendo un sonido agudísimo, una especie de sapukay de las alturas, la pequeña anciana comenzó a absorber el aire haciendo que una nube de pequeñas y muy brillantes luminiscencias empezara a introducirse en su boca, hasta que en un par de minutos del joven no quedó más que una bolsa de carne a los pies del árbol.

Fascinada por lo que acababa de presenciar, la corpulenta muchacha quedó varios minutos sin poder articular palabra.

Finalmente pidió perdón humildemente a la Gran Bruta por su comportamiento y rogó ser aceptada como su discípula”.

HF/

  • (Témpera Mental – Nigger – Ed. Sudamericana)
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