“La hipocresía en su máxima expresión, apuntala la mentira, llamada posverdad, desde el poder político” (JR)

HIPOCRITA

Por Jorge Rachid

El poder siempre intenta demostrar su fortaleza, en los momentos de su evidente debilidad, recurriendo para ello a una de las herramientas más despreciables del ser humano, como es la hipocresía, casi una falta de respeto a “los otros”, aquellos receptores del mensaje que supuestamente, en forma pasiva, van a recibir una catarata de mentiras, que intentan justificar lo injustificable.

Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
30 de enero de 2018

El poder siempre intenta demostrar su fortaleza, en los momentos de su evidente debilidad, recurriendo para ello a una de las herramientas más despreciables del ser humano, como es la hipocresía, casi una falta de respeto a “los otros”, aquellos receptores del mensaje que supuestamente, en forma pasiva, van a recibir una catarata de mentiras, que intentan justificar lo injustificable.

Cada vez en la historia que una situación conmovía la política, se alzaban las voces hipócritas del momento, como aquellas frases desdichadas sobre la muerte de Mariano Moreno: “se necesitaba tanta agua, para apagar tanto fuego”, una supuesta poesía justificadora del asesinato.

Otras que justifican la represión y el asesinato como “cortar la cabeza de la víbora”, frase elusiva de precisión, pero que adelanta acciones violentas como el fusilamiento de Dorrego o la represión en el Viborazo cordobés.

Entonces casi como conducta repetida, el poder hegemónico liberal recurre a esas herramientas, de la mano de sus asesores de imagen, que deben esconder la realidad, llevarla a escenarios ideales, simbolismos expresados en deseos y expectativas que en nada modifican la realidad, manejando expectativas siempre abiertas de un pueblo noble y ocultando el drama que se avecina ante la catarata de acciones, que determinan que el Mercado es el gran ordenador de la sociedad.

Cuando algún gobernante sincero recurrió a la verdad, fue eyectado del poder recordando hoy “ni vencedores ni vencidos” de Lonardi, o “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” de Pugliese, expresiones que demostraron la inviabilidad de poder vencer la hipocresía en el gobierno.

Sólo los gobiernos populares pueden expresar la verdad, al identificar al enemigo, plantear los caminos de lucha por la Soberanía Nacional, de manera tal que el conjunto del pueblo, sabe cual es el cuadro de situación real de la etapa.

Es ahí donde las fuerzas de la reacción comienzan a operar con la rampa misilística de los medios hegemónicos, intentando demoler con mentiras los caminos que van adoptando las políticas nacionales y populares cuando gobiernan, ya que la verdad es el principal enemigo de las políticas neoliberales, que basan su accionar, en un manejo que va desde la tergiversación de la historia, hasta la estigmatización de los procesos populares bajo varios rótulos como agitadores, revolucionarios, comunistas, peronistas en términos peyorativos, que van alfombrando su futuro.

Es que así como la hipocresía de la pos verdad, es decir la mentira, instalada en el conciente colectivo del pueblo, por fuerzas de la comunicación al servicio del poder, apuntala al neoliberalismo como cultura justificadora de la “meritocracia”, individualista, necesaria para desarmar los sistemas solidarios que asentados en la comunidad, blindan la posibilidad de los negocios del capitalismo salvaje, por lo cual constituyen un obstáculo a sus fines.

Entonces desarmar los sistemas solidarios a la par de perseguir a la oposición, ocultar la historia, hablar de “pesada herencia”, discurso ya agotado, hace necesario el recurso de la hipocresía creciente, en tiempos oscuros para el poder neoliberal y la concreción de los planes del gobierno global que en lo económico expresa el FMI, en los social el Banco Mundial y en lo militar y estratégico EEUU, dominando con mano dura, la región desarmando populismo, lesivos a sus intereses.

Es cuando el gobierno nacional debe aparecer como el “mejor alumno” al caracterizar a Venezuela en el exterior, como “dictadura” siguiendo el libreto armado en la Embajada, en una muestra hipócrita de nuestra propia realidad con presos políticos sin causas, ni imputaciones reales, acompañada esa situación con una represión creciente.

La misma hipocresía que plantear como éxito un fracaso internacional como era la expresión de deseos del acuerdo Mercosur-UE, caído por presión francesa, que defendiendo sus intereses nacionales, defiende sus puestos de trabajo y traba esa posibilidad.

Deberían entender los gobernantes que tienen escaso apego a los términos de Patria y Pueblo, que irritan a los dueños del poder neoliberal, que siente el nacionalismo como un escollo a remover de la agenda política, caracterizando las políticas regionales tipo UNASUR, como expresión del avance chino y ruso en Latinoamérica y del pueblo porque tienen una concepción de uso patronal del poder, al cual mandar y exigir, antes que servir y ofrendar.

Esa diferencia entre el humanismo de las políticas peronistas como cultura nacional, que expresa la conciencia siempre presente del pueblo como destino común y el neoliberalismo que justifica su demolición de derechos en aspectos abstractos econométricos, basados en sus propias percepciones de la vida de negocios, en éste caso en el manejo del poder.

Por eso la hipocresía y la mentira son sus únicas armas y ese encantamiento masivo finaliza cuando la realidad cotidiana, choca con el pensamiento instalado a fuerza de presión mediática, derrumbando el edificio construido para llegar al gobierno.

Ese instante provoca la explosión del conflicto social y la revalorización de las políticas nacionales inclusivas del pueblo.

 

JR/