En el mundo, el número de multimillonarios aumentó como nunca hasta ahora desde que existen registros: uno nuevo cada dos días.

EL 1% MÁS RICO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL ACAPARÓ EL 82% DE LA RIQUEZA GENERADA EN EL 2017.

En el marco de Foro Económico Mundial en Davos, que reúne de nuevo en Suiza a las élites políticas y empresariales, Oxfam –Oxfam Intermón en España- publica hoy el informe “Premiar el trabajo, no la riqueza”, en el que denuncia que el 82% de la riqueza mundial generada durante el pasado año fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre –3.700 millones de personas– no se benefició en lo más mínimo.

Pressenza

23.01.2018

Redacción Madrid

 

(Imagen de Oxfam)

En España, la recuperación económica tras la crisis ha favorecido cuatro veces más a los más ricos que a los más pobres.

En el mundo, el número de multimillonarios aumentó como nunca hasta ahora desde que existen registros: uno nuevo cada dos días.

Oxfam Intermón pide al Gobierno español medidas para reducir la precariedad laboral, que afecta principalmente a las mujeres y a los jóvenes.

En España, las trabajadoras cobran de media un 20% menos que los trabajadores.

En el marco de Foro Económico Mundial en Davos, que reúne de nuevo en Suiza a las élites políticas y empresariales, Oxfam –Oxfam Intermón en España- publica hoy el informe “Premiar el trabajo, no la riqueza”, en el que denuncia que el 82% de la riqueza mundial generada durante el pasado año fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre –3.700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento.

En España, este reparto siguió la misma tendencia: el 1% más rico acaparó el 40% de la riqueza creada mientras que el 50% más pobre apenas consiguió repartirse un 7%.

Premiar el trabajo, no la riqueza muestra con detalle cómo la economía mundial posibilita que los más ricos sigan acumulando vastas fortunas, mientras que cientos de millones de personas deben luchar cada día para sobrevivir con salarios de pobreza mínimos alimentando la actual crisis de desigualdad global. 

Así, entre 2006 y 2015, la riqueza de esta élite económica ha crecido en un promedio del 13% al año; seis veces más rápido que los salarios de las personas trabajadoras que apenas han aumentado de media anual en un 2%.

Entre marzo de 2016 y marzo de 2017 se produjo el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, con un nuevo milmillonario cada dos días.

Dentro de nuestras fronteras, en el último año, 4 nuevos multimillonarios españoles entraron a formar parte de la lista creada por la revista Forbes. Hoy ya son 25.

La tendencia de esta concentración de la riqueza en pocas manos es similar en otros rincones del planeta.

En América Latina y el Caribe, en 2017 el 10% más rico de la población concentraba el 68% de la riqueza total, mientras que el 50% más pobre solo accedía al 3.5%.

“El boom de los milmillonarios no es signo de una economía próspera, sino un síntoma del fracaso del sistema económico.

Se explota a las personas que fabrican nuestras ropas, ensamblan nuestros teléfonos y cultivan los alimentos que consumimos para garantizar un suministro constante de productos baratos, así como para engrosar los beneficios de las grandes empresas y sus adinerados inversionistas”, lamenta el director general de Oxfam Intermón, José María Vera.

Cuatro veces más para los más ricos

La organización también pública un informe para España “¿Realidad o ficción? La recuperación económica, en manos de una minoría”.

De acuerdo con el mismo, la desigualdad hace que la recuperación económica no llegue a todas las personas por igual.

En términos de renta, la recuperación ha favorecido 4 veces más a los más ricos que a los más pobres.

Entre 2013 y 2015, 29 de cada 100 euros provenientes del crecimiento económico fueron a parar al 10% con rentas más altas, mientras que sólo 8 han terminado en manos del 10% más pobre.

El elemento fundamental de la persistencia de esta desigualdad tanto en el mundo como en España es el desigual reparto en las ganancias de la actividad económica que persisten en manos de los dueños de capital a costa de la precarización del mercado laboral, donde los salarios y las condiciones laborales cada vez son peores.

Por ejemplo, incrementar la retribución media de los 2,5 millones de personas trabajadoras en la industria textil de Vietnam hasta alcanzar un sueldo digno supondría 2.200 millones de dólares.

Esta cifra equivaldría a un tercio de lo que se pagó en dividendos a los accionistas de las cinco mayores empresas del sector textil en 2016.

En España, los beneficios empresariales crecieron en 2016 un 200,7% respecto de 2015 y, con ellos, el reparto de dividendos mientras que el coste laboral por trabajador se mantiene estancado desde 2012.

“Muchas más horas por menos dinero”

Pero esa desigualdad también está presente entre las retribuciones de las personas trabajadoras y los directivos.

Los directores generales de cualquiera de las cinco principales marcas de moda del mundo ganan en tan solo cuatro días lo mismo que una trabajadora del sector textil de Bangladesh durante toda su vida.

En España, una persona trabajadora que cobre el Salaria Mínimo Interprofesional -SMI- debe trabajar 71 años para lograr el mismo sueldo que obtienen quienes se sitúan en el tramo más alto.

El mercado laboral se ha precarizado dentro de nuestras fronteras, como explica el estudio, principalmente por el desempleo y la reducción de la negociación colectiva, que ha permitido a los empresarios bajar unilateralmente los salarios.

Así, las retribuciones más bajas se han reducido un 15 %, mientras que los sueldos correspondientes al tramo con salarios más altos ha crecido un 15,18%, desde 2008 hasta 2016.

Asimismo, hay una tendencia de las compañías a externalizar servicios a través de las empresas multiservicios o subcontrataciones, una variable que amenaza con precarizar aún más el mercado de trabajo.

Una persona asalariada contratada por este tipo de compañías cobra, de media, un 31% menos de lo que recibe otro acogido a su convenio colectivo sectorial.

El conjunto de estas dinámicas ha provocado en todo el mundo que un porcentaje significativo de la población trabajadora no pueda llevar una vida digna.

En América Latina y el Caribe, el 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores por cuenta propia se encuentran en situación de pobreza.

En España, el 13,7% del total de población ocupada son trabajadoras pobres.

Como Dolores Espinosa, guardia de seguridad subcontratada por un ayuntamiento.

Hace seis meses que tanto ella como sus compañeros no reciben su sueldo pero no pueden acceder a ayudas públicas porque tienen nómina.

“Después de la reforma laboral de 2012 tuvimos un nuevo convenio de empresa.

De ganar con pluses unos 1.000 euros, se bajó el salario a unos 600, y de trabajar 162 horas al mes se pasaba a 185: muchas más horas por menos dinero.

Con 600 euros no puedes pagar la luz, el alquiler y mantener a tu familia.

Mi hijo ha tenido que faltar una semana al instituto porque no tenía para pagar el bono del tranvía”, explica Dolores.

Las mujeres y los jóvenes pagan especialmente la factura de la desigualdad 

Uno de los aspectos más alarmantes del informe es que denuncia que son las mujeres y jóvenes, quienes más sufren las consecuencias de esta desigualdad.

Las trabajadoras son quienes se encuentran en la base de esta pirámide económica: ellas ganan menos que los hombres y están sobrerrepresentadas en los empleos peor remunerados y más precarios.

La brecha salarial entre hombres y mujeres en el mundo es del 23%.

En España asciende al 20%.

Por contra, 9 de cada 10 milmillonarios en el mundo son hombres.

Pero, además, las mujeres son las principales afectadas por los contratos a tiempo parcial y temporales.

El mercado de trabajo español penaliza con fuerza a la mano de obra femenina: el 73,9% de la población trabajadora que recibe los sueldos más bajos son mujeres.

Sin embargo, dentro del grupo de las personas trabajadoras con retribuciones más altas, ellas sólo representan el 34,5%.

“Hemos hablado con mujeres de todo el mundo cuyas vidas están marcadas por la desigualdad.

Como, por ejemplo, las mujeres que trabajan en fábricas textiles vietnamitas, lejos de sus hogares y sin ver a sus hijos durante meses, a cambio de salarios de pobreza.

O como las que trabajan en la industria avícola de los Estados Unidos, obligadas a llevar pañales porque no tienen descansos para ir al servicio.

Terminar con la desigualdad extrema no será posible si no se acaba con la desigualdad de género”, sentencia Vera.

Asimismo, el futuro de los jóvenes, según muestra el documento, es totalmente incierto.

Además de sufrir las consecuencias de empleos precarios, temporales, parciales y mal pagados, no cuentan con unas perspectivas a futuro que les permita ser positivos respecto a su vida laboral e igualdad de oportunidades.

El salario anual obtenido por un joven de 26 años que accede por primera vez a un empleo es hoy un 33% inferior al ganado en 2008, con mayor temporalidad y trabajo parcial.

El injusto sistema fiscal, aliado de la desigualdad

El informe también identifica como un claro aliado para alimentar la actual crisis de desigualdad es el injusto sistema fiscal, con una tendencia mundial a reducir la fiscalidad de las grandes compañías y de las grandes fortunas a costa de mantener las políticas públicas con las aportaciones de las familias y las personas asalariadas.

El 0,01% de los más ricos del mundo evaden 120.000 millones de dólares.

Sólo en España, se calcula que las grandes fortunas ocultan una riqueza equivalente al 12% del Producto Interior Bruto –PIB-  en paraísos fiscales.

En España, se recauda poco y de manera injusta, ya que los más pobres soportan un peso desproporcionado de los impuestos, sobre todo indirectos, y perciben muchas menos transferencias sociales.

De hecho, mientras que el 83% de la recaudación vino del IVA y del IRPF en España, es decir, de las familias, el impuesto de sociedades solo recaudó el 12%.  

Sin embargo, el 20,4% de las transferencias públicas fueron a parar al 10% más rico de la población mientras que el 10% más pobre sólo recibió el 4% del total de gasto.

“Es una cuestión de voluntad política que los gobiernos acaben con esta situación.

Deberían garantizar que los más ricos paguen los impuestos que les corresponden y lograr combatir la creciente evasión y elusión fiscal.

Deben utilizar la recaudación y el gasto para redistribuir la riqueza y disminuir los niveles inaceptables de desigualdad”, según Vera.

Plan de Reducción de la Desigualdad

“Ante este alarmante escenario pedimos a las élites políticas y económicas que estarán esta semana en Davos que desempeñen un papel fundamental en la creación de una economía más humana, ya que mientras nuestras economías prioricen la riqueza de una minoría en detrimento del trabajo decente para toda la ciudadanía, la crisis de desigualdad persistirá”, apunta el director de la organización.

Para poder llevar a cabo este cambio, Oxfam Intermón pide al Gobierno español y a los grupos parlamentarios que establezcan un Plan Nacional de reducción de Desigualdad que garantice, entre otras mejoras, un empleo y salarios dignos con la propuesta de incrementar el SMI en 1.000 euros mensuales en 2020.

Asimismo, para garantizar una mayor equidad retributiva, solicita establecer una escala de 1:20, entre el salario más alto y el mínimo dentro de una empresa y evitar la subcontración como una herramienta para reducir costes salarias.

Además, el Plan tiene que garantizar una fiscalidad progresiva.

Para conseguirlo, la organización pide una ley contra la evasión y la elusión fiscal.

“Sin Trato no hay Contrato”

Oxfam Intermón recuerda también el papel imprescindible que juega la ciudadanía en la lucha contra la desigualdad.

En este sentido, la organización ha puesto en marcha la campaña “Sin Trato no hay Contrato”.

Con ellapretende movilizar a la sociedad para exigir al Gobierno español que acabe con la precariedad laboral.

“Las personas están listas para un cambio.

Quieren que los trabajadores y trabajadoras reciban un salario digno, que las grandes empresas y los más ricos paguen más impuestos, que las mujeres trabajadoras disfruten de los mismos derechos que los hombres trabajadores, y que se impongan límites al poder y la riqueza en manos de unos pocos.

Quieren ver acciones”, concluye.

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