El neoliberalismo posee una dimensión escatológica, una especie de imán irresistible que llama desde el futuro a consumar la pulsión de muerte.

ESCATOLÓGICOS HORIZONTES NEOLIBERALES

Por Jorge Aleman

Las nuevas experiencias populares de soberanía deben aspirar a una nueva Internacional transversal al mundo de las corporaciones neoliberales y sus instituciones mundiales sometidas al Capital.


Por Jorge Aleman
NAC&POP
19/01/2018

El neoliberalismo posee una dimensión escatológica.

Su época es por fin la que introduce una certeza para el futuro.

Una especie de imán irresistible que llama desde el futuro a consumar la pulsión de muerte, esa por la que se interrogaba Freud en relación a su enigmático triunfo.

Más allá de los distintos timbres apocalípticos que sonaron a lo largo de la historia, ahora, a izquierda y derecha, ya se sabe que el mundo marcha hacia una catástrofe final y que las decisiones que habría que considerar para poner freno a este desenlace no lograrán su cometido.

Esto se podrá diferir, se podrá retrasar indefinidamente, hasta que finalmente se realice.

Es en este horizonte, en este plus de certeza alojado en un futuro sin escapatoria, que Jacques Lacan afirmó que el Discurso Capitalista marchaba hacia su “consunción”, palabra que intenta designar en castellano un determinado modo de consumirse desde adentro.

Este vector hacia el futuro que cifra el destino mortal de la humanidad se anticipa actualmente en un nuevo “modelo de acumulación primitiva” tan violento como el que describió Marx en el origen mítico del Capital.

En ese nuevo modo, la apropiación se consumará mas allá de la forma habitual Capital-Trabajo, se realizará como expolio y desposesión, como lo ha indicado de modo pertinente David Harvey en su tesis de “acumulación por desposesión”.

Para todo el mundo ya es posible imaginar un mundo regido por corporaciones que organizarán de un modo cada vez más ilimitado el saqueo general de las materias primas, los recursos naturales y la destrucción absoluta de las soberanías populares

En un horizonte semejante la apuesta por una lógica emancipatoria, la única contingencia que se puede introducir en aquello que se dirige al futuro, se encuentra con un desafío a tres bandas.

En primer lugar, organizarse colectivamente sin sofocar la dimensión singular de la experiencia de cada uno.

En segundo, vehiculizar a partir de la experiencia de lo político una transformación del sujeto en relación con lo real del sexo, la muerte y el lenguaje.

Y, por último, las nuevas experiencias populares de soberanía deben aspirar a una nueva Internacional transversal al mundo de las corporaciones neoliberales y sus instituciones mundiales sometidas al Capital.

Es evidente que la tarea es enorme, tal vez tan grande como lo fue la aparición de las grandes religiones, pero como ya no se trata de realizar una utopía futura sino de evitar la gran catástrofe, la apuesta merece deseos que la puedan sostener.