El moralista repudia la violencia de un grupo minoritario de manifestantes y nada dice de la violencia represiva del estado.

EL MORALISTA

Por Facundo Herrera

El moralista odia la corrupción pero nada dice del blanqueo familiar y de las Off Shore, porque el moralista corrompe sin que se note, lo importante es parecer.
El moralista acusa de dictatoriales a los gobiernos populares pero nada dice de los desaparecidos y para él las Madres y Abuelas con unas viejas ladronas.

Por Facundo Herrera

 

El moralista repudia la violencia de un grupo minoritario de manifestantes y nada dice de la violencia represiva del estado.

El moralista se escandaliza porque los diputados opositores rompen las reglas en el recinto pero nada dice del asalto estatal a los jubilados.

El moralista odia la corrupción pero nada dice del blanqueo familiar y de las Off Shore, porque el moralista corrompe sin que se note, lo importante es parecer.

El moralista acusa de dictatoriales a los gobiernos populares pero nada dice de los desaparecidos y para él las Madres y Abuelas con unas viejas ladronas.

El moralista habla de democracia pero nada dice de los aprietes a los gobernadores por parte del multimedio.

El moralista dice que le gusta dialogar mientras no sea de política, cualquier charla con “buena onda” viene bien.

El moralista se fija en las formas más que en el contenido, asiste a la iglesia con cierta frecuencia, consume muchas novelas televisivas, se informa poco y opina mucho, está atento a las convocatorias solidarias y de caridad, aunque no le importa luchar contra la pobreza o por los jubilados.

El moralista no marcha, si el gobierno lo jode, se calla y sale a buscar trabajo.

El moralista siempre se salva solo.