Son un gobierno sin empatía, con un proyecto económico escindido, que jamás va a beneficiar a los débiles si eso significa sacarle un mínimo de beneficios a los que siempre ganan.

APRENDIMOS

Por Hernán Vanoli

Los que no naturalizamos que un gobierno que vino a traer paz y trabajo reviente lo que nos cobra de impuestos en la timba financiera mientras reprime a personas inocentes por la espalda aprendimos que no se puede esperar nada de Cambiemos. Que detrás de sus mentiras (“pobreza cero”, “unir a los argentinos”) hay una codicia infinita y un desprecio infinito por los que sufren.

Por Hernán Vanoli

 

Estuve a a la tarde y de nuevo a la noche en el Congreso. Y si bien la ley se votó, creo que son varios los aprendizajes que nos quedan a todos a los que no nos bancamos que las grandes empresas arreglen por atrás con la corporación política a través de lobbies para esquivar impuestos y que los jubilados paguen.

Los que no naturalizamos que un gobierno que vino a traer paz y trabajo reviente lo que nos cobra de impuestos en la timba financiera mientras reprime a personas inocentes por la espalda aprendimos que no se puede esperar nada de Cambiemos. Que detrás de sus mentiras (“pobreza cero”, “unir a los argentinos”) hay una codicia infinita y un desprecio infinito por los que sufren.

Que todas las mejoras urbanas y las buenas intenciones en términos de créditos hipotecarios quedan subsumidas siempre bajo la ortodoxia neoliberal del ala dura del gobierno, que por ejemplo bajó la ley de alquileres y jugó para las inmobiliarias, que siempre arma dos negocios por detrás de cada beneficio y nos hace viajar como ganado.

Son un gobierno sin empatía, con un proyecto económico escindido, que jamás va a beneficiar a los débiles si eso significa sacarle un mínimo de beneficios a los que siempre ganan.

Por eso no hay vacantes para los chicos en las escuelas, que están destruidas.

Y por eso no tuvieron problema en perjudicar a los jubilados. Se la agarran con los más débiles: los niños y los viejos.

Aprendimos que nos merecemos mucho más.

Aprendimos que Clarín, La Nación, Canal 13, Canal 11 y todo el sistema de medios consolidado no se pueden mirar más porque ni siquiera se ocupan en disimular que son empresas que, como las de bebidas azucaradas (tan perjudiciales como el tabaco), pactan con el gobierno a las espaldas de la población a cambio de apoyo político y peores condiciones de vida para todos.

Vimos como Daniel Scioli, el candidato a presidente de Cristina Kirchner, ni siquiera tuvo la dignidad de presentarse en el congreso a votar en contra del recorte a los abuelos.

Y aprendimos también que no se pude esperar nada de los políticos profesionales ni de sus soldados, porque no tienen nada que proponernos para el futuro.

Los que ayer salimos a protestar pacíficamente a favor de los abuelos sentimos también que muchos de los que estaban con nosotros tenían la sensación de que era el primer paso para la conformación de algo nuevo y vital.

No fue casualidad que el canto de las madres, padres, vecinos y abuelos fuera por la unidad de los trabajadores.

Claro que eso nuevo no tiene aún representación, pero se basa en muchísimos aprendizajes que tuvimos en los últimos quince años.

Sabemos que va a ser joven, y que no va a tener nada que ver con figuras que hayan ejercido cargos públicos en los últimos veinte años.

Porque en las calles aprendimos que somos mucho mejores que ellos.

 

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