Este tema fue desarrollado en un artículo de mayor extensión, pero en mérito a la brevedad, en este se expone el meollo del mismo, referido al caso argentino.

DEMOCRACIA O TIRANÍA ENCUBIERTA

Por Carlos Andrés Ortiz

Democracia de muy baja intensidad es la que endeuda irracional pero intencionalmente al país, como posible prolegómeno de la disolución nacional; es la que concentra la riqueza en muy pocas manos, mientras extiende la miseria y el desempleo crónicos; la que desindustrializa adrede y “no entiende” que el Interés Nacional debe primar sobre otros intereses muchas veces mezquinos y sectoriales; es la que persigue a periodistas que no piden permiso ni letra previa para opinar (ni jugosas retribuciones,…)

Por Carlos Andrés Ortiz

NAC&POP

13 de diciembre

 

Este tema fue desarrollado en un artículo de mayor extensión, pero en mérito a la brevedad, en este se expone el meollo del mismo, referido al caso argentino.

Es muy claro que la actual democracia formal, cada vez más se asemeja al tristemente recordado “proceso” (1976-1983), como se constata en esta síntesis.

Democracia de muy baja intensidad es la que endeuda irracional pero intencionalmente al país, como posible prolegómeno de la disolución nacional.

Es la que concentra la riqueza en muy pocas manos, mientras extiende la miseria y el desempleo crónicos.

La que desindustrializa adrede y “no entiende” que el Interés Nacional debe primar sobre otros intereses muchas veces mezquinos y sectoriales.

Es la que persigue a periodistas que no piden permiso ni letra previa para opinar (ni jugosas retribuciones, como trascendió en ciertos casos).

Es la que utiliza a las Fuerzas de Seguridad para reprimir ferozmente al pueblo, como único modo de acallar las justas y crecientes protestas.

Es la que persigue a jueces que no se subordinan, mientras les dicta letra a jueces subordinados o que directamente parecerían mercenarios de los estrados, o peor aun, que parecerían oficiar de verdugos para encarcelar y destruir a opositores.

Es la que a fuerza de carpetazos o tal vez con otros métodos, vuelve dóciles a legisladores opositores.

Es la que con “la lapicera” presupuestaria doblega gobernadores.

Es la que pretende imponer al -como sea- el voto electrónico, que parecería la versión tecnológica del “fraude patriótico” de la muy oligárquica y antinacional década infame (1930-1943).

Es la que manda reprimir y matar, eximiendo de culpas judiciales a los perpetradores de asesinatos (al menos dos hasta ahora).

Es la que tiene un presidente que afirma “no entender de soberanía” y lo confirma con su accionar lesivo a la misma.

Es la que se desentiende y “ningunea” la pérdida del submarino, como si quisiera tapar el posible hundimiento por parte de la potencia usurpadora de Malvinas, mientras La Marina parece perdida en un mar de contradicciones y hechos no explicables.

Es la que quiere transformar en simples fuerzas policiales, o directamente instrumentos represivos, a las Fuerzas Armadas.

Es la que evidentemente “negoció” con sectores recalcitrantes “proceseros” sus apoyos a cambio de indultos, sin importarles a esos pseudo patriotas que la moneda de cambio es la entrega total de la soberanía.

Solo mentes muy tozudas o muy adocenadas pueden negarse a darse cuenta de la extrema y creciente gravedad del cuadro de situación general que nos lleva a paso acelerado hacia la disolución nacional.

 

*Mgtr. Carlos Andrés Ortiz es analista de Temas Económicos y Geopolíticos