Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se piensa.

“EL NIÑO QUE FUE A MENOS” DE DOLINA CON VICTOR HUGO

por Alejandro Dolina

La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado. Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar. De pronto, la maestra lo mira.

Por Alejandro Dolina

NAC&POP

19/11/2017

https://youtu.be/dmVNs80XxkU

Version de Youtube con Alejandro Dolina y Victor Hugo Morales

La señorita Claudia le pregunta a Ferro:

— ¿Quién fundó la ciudad de Asunción?

Ferro lo ignora y lo confiesa.

La maestra intenta por otros rumbos.

— Tissot.

— No sé, señorita.

— Rossi.

Silencio.

El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseñó aquello el día anterior.

— Maldonado.

Nada.

Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales.

Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algún modo misterioso.

Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se piensa.

— Núñez. López. Dall’asta.

Tampoco.

Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano.

Cosa de manyaorejas, piensa.

La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado.

Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.

De pronto, la maestra lo mira.

— Frezza.

Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco y de la morocha y dice casi triunfal:

— No lo sé.

Si es que nadie lo sabe, estará bien no saberlo.

Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:

— ¡Juan de Salazar!

Pasaron los años.

La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.

Si alguien califica estas lecciones en alguna libreta celeste, Frezza tendrá un nueve.

Y si ni siquiera existe esa libreta, entonces tendrá un diez.

 

  • • Publicado el 4 de noviembre de 2008 por Martín Gaitán