En su lucha por radicalizar a sus moderados del Corea del Centro, el periodismo macrista no sólo salió a cubrir a los Leuco -que tuvieron que admitir, con el paso de las horas, que Alfredo no había recibido ningún insulto antisemita en la gala de los Martín Fierro

DIGAMOS TODO: CUANDO EL ESTADO SE HIZO CARGO DE LOS SUELDOS DE RADIO MITRE

Por Sergio Villone

La propuesta de que el Estado argentino intervenga con instrumentos que preserven los puestos de trabajo fue rechazada de cuajo por las principales figuras de un periodismo oficialista cada vez más traumatizado por las hilachas que aún sus audiencias cautivas pueden observar a la hora de rescatar aquel viejo discurso de la objetividad y la independencia, caballito de batalla durante el gobierno K, desierto de críticas e investigaciones comprometedoras durante Cambiemos.

 

 

 

Por Sergio Villone

Indiepolitik

14 de noviembre de 2017

 

 

En su lucha por radicalizar a sus moderados del Corea del Centro, el periodismo macrista no sólo salió a cubrir a los Leuco -que tuvieron que admitir, con el paso de las horas, que Alfredo no había recibido ningún insulto antisemita en la gala de los Martín Fierro a las radios porteñas- sino también a rechazar cualquier intento de solidaridad con los trabajadores que están siendo despedidos en varios medios de comunicación, que ya suman más de 2 mil.
La propuesta de que el Estado argentino intervenga con instrumentos que preserven los puestos de trabajo fue rechazada de cuajo por las principales figuras de un periodismo oficialista cada vez más traumatizado por las hilachas que aún sus audiencias cautivas pueden observar a la hora de rescatar aquel viejo discurso de la objetividad y la independencia, caballito de batalla durante el gobierno K, desierto de críticas e investigaciones comprometedoras durante Cambiemos.

 

 

Sin embargo, justamente radio Mitre, la emisora estrella del Grupo Clarín, fue ayudado por el kirchnerismo con el pago de sueldos en 2009.
En noviembre de ese año, el periodista Pablo Sirvén contaba en La Nación: “Las que ya están percibiendo una poderosa inyección de dinero público son, asombrosamente, las emisoras porteñas más importantes de la Capital: Radio 10 y Radio Mitre. La primera se ufana de ser la emisora más oída del país; la otra forma parte del Grupo Clarín, que el Gobierno hostiga casi a diario. Hay una tercera, Radio Belgrano, del ex banquero Raúl Moneta, que también se acogió al beneficio. A Radio Rivadavia no se lo dieron, pero en cambio hay otros veinte pedidos otorgados a radios del interior.
El beneficio se llama Programa de Recuperación Productiva (Repro) y lo otorga el Ministerio de Trabajo de la Nación a aquellas empresas que se consideren en “situación de crisis”. “Este programa -aclara el instructivo que deben llenar las compañías que aspiran a recibirlo- brinda a los trabajadores de las empresas adheridas una suma fija mensual no remunerativa de hasta 600 pesos y por el plazo de 12 meses, destinada a completar el sueldo de su categoría laboral, mediante el pago directo por Anses.” Claro que para acceder a él “las empresas deben acreditar la situación de crisis por la que atraviesan, estipulando las acciones que piensan desarrollar para su recuperación y comprometerse a no despedir personal“.

 

 

Hasta agosto último, los subsidios transferidos al sector privado por parte del Estado se elevaban nada menos que a 32.643 millones de pesos. El Repro en particular reparte entre 1493 empresas (casi todas pymes) 197.382.250 pesos”.
En el diario Perfil explicaban: “La administración de Cristina Kirchner decidió ofrecer a las empresas radiales un auxilio económico frente a la posibilidad de que se produjera un incremento de despidos de personal. El temor principal del Gobierno era que esos recortes pudieran ser atribuidos a la aplicación de la nueva Ley de Medios y a la reestructuración del mapa del sector.
La señal de alerta se encendió ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo de recomposición salarial entre las empresas y los cuatro gremios que aglutinan a los trabajadores de las radios. Fue entonces cuando la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, se comunicó con la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas (ARPA) y les ofreció incluir a las radiofónicas en el programa de Recuperación Productiva (Repro), que auxilia a sectores económicos con graves problemas económicos. Le ofreció hacerse cargo de $ 600 del salario de los trabajadores de las empresas que lo solicitaran, durante un período de tres meses, extensible a seis. Según informó Héctor Parreira, director ejecutivo de ARPA, hasta el momento hay 24 radios que adhirieron al plan, con la justificación de que no pueden garantizar la estabilidad laboral de sus empleados”.

 

 

Alberto Veiga, secretario de ARPA, admitió en diálogo con el diario de Jorge Lanata, Crítica de la Argentina, que “el Repro surgió como una solución frente a un reclamo excesivo de la parte sindical” y alegó que “más allá de dos o tres radios líderes, el resto, tanto las del interior como muchas de Capital, están seriamente comprometidas” por situaciones de crisis. “Es una actividad sumamente deficitaria en la que 70% del costo corresponde a sueldos”, agregó el directivo en ese noviembre de 2009.
El domingo en Canal 13, y ayer en radio Mitre, Lanata rechazó la posibilidad que el gobierno de Mauricio Macri saliera al rescate de las empresas de comunicación que están en crisis, afirmando que el Estado argentino no puede solucionar los mal manejos que hicieron los empresarios, y centró -sin sorprender- sus ataques en Cristóbal López -de quien el gobierno y sus medios esperan que sea encarcelado en estos días-, Electroingeniería y Sergio Szpolski.
Sin embargo, con este último, Lanata hizo buenos negocios. Lo recordó el sábado el periodista Javier Calvo, en Perfil: “Tampoco Lanata parece memorioso con otro de sus productos que fueron comprados con dinero paraestatal, como lo que critica de Tinelli y Cristóbal. El periodista más popular del país le vendió su revista Veintitrés a Sergio Szpolski, quien además luego le adquirió por muy buena plata los derechos para publicar capítulos de sus libros en la misma publicación. Distinto a lo que pasa con Cristóbal y Garfunkel (ex socio en el tan pomposo como hueco Grupo Veintitrés), Szpolski no sólo goza de la omisión conveniente de Lanata, sino también de fiscales y jueces que deberían investigarlo. Igual, no todos se olvidan”.

 

 

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