Dada su gravitación -por lo menos hasta el día de hoy- del peronismo en la política nacional, conviene revisar cada tanto su historia, para entender no sólo lo que fue sino lo que es ahora.

EL PERONISMO Y EL SINDICALISMO

Por Roberto Retamoso

En los comienzos, fue un movimiento sostenido fundamentalmente en el sindicalismo. Perón promovió -sabiamente, debería agregarse- la organización sindical de la clase obrera porque sabía que con ello la estaba dotando de un instrumento importantísimo para su defensa y la obtención de derechos y mejoras sociales. Se trataba, claramente, de un sindicalismo oficialista, estatalista, que creció y se desarrolló con sus aciertos y errores.

 

 

 

Por Roberto Retamoso

 

Dada su gravitación -por lo menos hasta el día de hoy- del peronismo en la política nacional, conviene revisar cada tanto su historia, para entender no sólo lo que fue sino lo que es ahora.

En los comienzos, fue un movimiento sostenido fundamentalmente en el sindicalismo. Perón promovió -sabiamente, debería agregarse- la organización sindical de la clase obrera porque sabía que con ello la estaba dotando de un instrumento importantísimo para su defensa y la obtención de derechos y mejoras sociales. Se trataba, claramente, de un sindicalismo oficialista, estatalista, que creció y se desarrolló con sus aciertos y errores.

En el 55 ese mismo sindicalismo fue aislado de cualquier participación en el aparato estatal, y se vio obligado a pasar a la resistencia. Allí se hizo, por primera vez, confrontativo y combativo, dando duras batallas contra los gobiernos antipopulares de la época.

Esa épica se manifiestaría en acontecimientos memorables, como la toma del frigorífico Lisandro de la Torre en 1959, el Programa de Huerta Grande en 1962, o el surgimiento de la CGT de los Argentinos en 1968.

Por otra parte, ese nuevo sindicalismo, fogueado ahora en

la lucha y el combate, desarrolló una dimensión dialoguista y negociadora, porque era justamente un instrumento gremial y no un partido revolucionario. Pegar para negociar mejoras, fue una de sus máximas.

Por ello, buena parte de la dirigencia sindical llegó al extremo de traicionar a Perón, para consumar sus propósitos. “Peronismo sin Perón” era la consigna de Augusto Vandor.

Allí comenzó una de las tantas mutaciones del sindicalismo peronista, que habría de manifestarse en cada coyuntura histórica. El segundo momento de un gobierno peronista, el de Cámpora-Perón-Isabel, permitió apreciar el modo en que el sindicalismo se corría cada vez más hacia posiciones conservadoras y reaccionarias.

Tuvo que llegar la noche siniestra de la dictadura genocida para que el sindicalismo peronista retomase el camino de la lucha, que se condensó en la figura emblemática de Saúl Ubaldini enfrentándose con la dictadura y con el gobierno de Raúl Alfonsín.

Sin embargo, cuando por imperio de los vaivenes propios de nuestra historia política -de los “corsi e ricorsi” del avatar de nuestra condición nacional- aconteció el menemato, gran parte del sindicalismo se plegó al proyecto neo-liberal de Menem. La excepción fue, claramente, Hugo Moyano que supo enfrentarlo.

Finalmente, con la década de doce años de gobiernos kirchneristas, el sindicalismo reprodujo los desplazamientos que lo caracterizaron a lo largo de la historia (propia y del país). Fue oficialista con Néstor y anti-oficialista con Cristina.

¿Fue oficialista porque Néstor era peronista y Cristina no?…Sería una respuesta superficial y simplista. Cristina fue peronista en su praxis, ya que no en su discurso, o en todo caso más en los hechos que en las palabras.

Allí comenzó otra larga deriva del sindicalismo peronista, que haría de Moyano, por ejemplo, un dirigente en sintonía con el macrismo, borrando el perfil combativo de antaño.

La parábola del camionero,nos parece,representa -al personificarla- esa historia mutante del sindicalismo peronista: de lider enfrentado a las patronales a dirigente roscando con las patronales.

Y hoy, los herederos de Moyano -el triunvirato de la CGT, por ejemplo, antes que su hijo Pablo- retoman el camino del arreglo con los poderes reales. Han negociado con Triacca Jr una reforma laboral vergonzosa, que habrá que ver cómo transita por el parlamento, aunque hay razones de sobra para imaginar cómo será ese tránsito.

Pero los herederos de Moyano no son todo el sindicalismo peronista. Hay otros que no entran en ese juego servil, que están en la CTA, o en el  Movimiento Sindical Rosarino por poner otro ejemplo.

De todos modos, la balanza la vuelcan hoy por hoy los dirigentes cegetistas. Ello no significa que los otros no puedan contrarrestarlos, pero no será de la noche a la mañana, y hará falta para ello un proceso seguramente que extenso y complejo de disputa de la hegemonía sindical.

De manera que, cuando quienes se consideran los guardianes de la doctrina reprenden a los que no veneramos a esas estructuras vacías de contenido como la CGT, sería bueno revisar estas cosas. Para poder pensar que en el mundo de la política -institucional, territorial o sindical- no hay esencias, porque no hay entes ni cosas inmutables.

Y entender que los actores políticos son -somos- sujetos cambiantes, identidades que se construyen tanto como se destruyen, porque somos sociales, porque somos históricos. Y podemos decir, por esas razones, que la CGT, como tantas otras veces, se pasó de bando.

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