Un recuerdo de un pasado de grandes periodistas, buenas personas, un notable maestro y un amigo del alma

HABÍA UNA VEZ UNA AGENCIA DIARIOS Y NOTICIAS

Por Edgar Mainhard

Cierre de la agencia Diarios y Noticias (DyN), una necesidad de Papel Prensa, en su momento, de presentar batalla a los otros diarios nucleados en Noticias Argentinas. De todos modos, difícil para los privados competir con la estatal Telam, que puede perder dinero porque los contribuyentes enjugan el déficit.

 

 

Por Edgar Mainhard – Fundador y director de Urgente24.com/

Sábado 04 de noviembre de 2017

 

Máquina de escribir: No había computadora en 1982.

Recuerdo que, en la redacción del diario Clarín, fue Arnaldo Paganetti quien me contó que había un proyecto de agencia de noticias en la que yo podría trabajar.

Yo llevaba 1 año en la sección Mercados en Clarín, con Osvaldo Granados como jefe, y comenzaba a realizar algunas notas para Economía, y eso era un ascenso pero estaba bien abajo en la escala salarial. Recién casado, debía buscar dinero extra y así fue como le pedí una entrevista a Horacio Tato, quien estaba organizando esa agencia que se llamaría Diarios y Noticias.

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En verdad, no era un emprendimiento sólo periodístico sino que había un trasfondo político. El motivo de la apertura del emprendimiento era una pelea entre diarios: los socios de Papel Prensa y algunos aliados del interior, se habían marchado de Noticias Argentinas, liderada por El Día, de La Plata; Diario Popular; y El Tribuno, de Salta.

Papel Prensa defendía aranceles de importación más elevados para el papel de diario, y los que no estaban en Papel Prensa ni los dejaban participar de Papel del Tucumán, reclamaban aranceles más bajos.

Sin embargo, el director de Noticias Argentinas, Raúl García; y el de DyN, Tato, almorzaban juntos casi todos los días. Un dato de color que limitaba la contienda.

En la pelea surgió una fuente de empleo para muchos periodistas. Horacio Tato me recibió no sólo porque le habló Arnaldo sino también por Rubén Caccamo, quien cubría las noticias en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, y era otro entrañable compañero en Clarín.

A todo periodista interesado en ingresar, Horacio Tato le tomaba personalmente un examen: habría que sentarse a la máquina de escribir y redactar una noticia del día, lo más velozmente posible, en 2 hojas de papel color amarillo con 1 papel carbónico en el medio: una copia era para la Mesa de Redacción, otra quedaba de archivo. Era un hábito de la vieja exUnited Press International que Tato arrastraba.

Recuerdo que, cuando superé la prueba, quien me dio la bienvenida fue el jefe de Política, José Ignacio López; y con él trabajaba Claudio Polosecki, quien había sido compañero en Clarín hasta que lo despidieron en una disputa mitad por cuestiones de malestar sindical doméstico y mitad por cuestiones de la CGT (él se encargaba de esos temas antes que llegara Luis Sartori y muchísimo antes que llegara Ricardo Roa).

Tato me destinó al Ministerio de Economía, en días de Roberto Alemann ministro, Manuel Solanet en Hacienda -una fuente confiable y buena persona, además- y Jorge Bustamente en la Subsecretaría de Política Económica, tan promocionado por el diario La Nación y la revista Gente.

Mi problema de arranque consistió en que mi compañero de equipo era Hernando Kleimans, quien en el 1er. día de trabajo me comunicó que había decidido permanecer en Editorial Perfil, o sea que quedé solitario contra un equipo de Noticias Argentinas que era muy competitivo: Marcelo Bonelli y Fernando Del Corro.

DyN se estrenó el 15/03/1982. Pero la relación con los socios principales, Clarín y La Nación, era muy complicada. La 1ra. vez que La Nación publicó en tapa un cable de DyN fue días después de la invasión a las islas Malvinas, en abril, un despacho (así se llamaba a los contenidos) que redacté sobre costos económico-financieros de un eventual conflicto bélico. Tato me felicitó y por su historia para mi fue importante.

Por estar acreditado en Economía, iba poco a la Redacción, en el edificio de la Prensa Argentina, en la calle Chacabuco y Diagonal Sur. Sí hablaba mucho por teléfono con quien era el principal colaborador de Tato, Jorge Carlos Brinsek.

Mi ciclo fue más bien breve en DyN porque un día mi jefe en Clarín, Alcadio Oña, me preguntó por qué una noticia la había difundido por la agencia en vez de guardarla para el diario. Le expliqué mi problema salarial que provocaba el doble empleo, y él habló con Marcos Cytrynblum, el Jefe de Redacción, quien negoció un aumento de salario a cambio de la exclusividad en Clarín.

Para mi, un alivio, porque batallar a diario con Bonelli-Del Corro era terrible, aunque poco tiempo después Bonelli ingresaría a Clarín. Un dato: si bien no existía aún el concepto de multimedios en Clarín, DyN era un producto que no se terminaba de entender en el diario.

Cuando renuncié, nunca más volví a DyN y sólo me enteraba de algunas cuestiones por Cáccamo. Pero para mi, DyN se terminó en 1985, cuando Tato se suicidó.

El asunto fue muy sórdido, una mancha horrible para la democracia de Raúl Alfonsín. Prefiero que lo cuente Brinsek, por entonces subdirector de DyN:

“(…) recibí una mañana de octubre una llamada telefónica en la cual Horacio Tato, con voz temblorosa, leía el contenido de un despacho noticioso que dos periodistas de DyN, sin autorización, y burlando los controles de edición, habían difundido pasada la medianoche por los circuitos de la agencia noticiosa consiguiendo que fuesen publicados –pese a lo avanzado de la hora– por los más importantes medios de difusión.

En él se daba cuenta de la detención de 12 civiles y militares a quienes se sindicaba como los responsables de un complot para derrocar a Alfonsín. Se los vinculaba además al tráfico de drogas y a la trata de blancas y otras gravísimas acusaciones.

La historia no estaba respaldada por fuentes sólidas, y se correspondía con una idea conspirativa que había sido instalada en la opinión pública, en los días previos, por el mismo periodista que ahora, 19 años después, volvió a montar la especie de la “desestabilización”.

Casi al mismo tiempo que por los circuitos de la agencia se difundía la noticia, desde la Casa de Gobierno se llamaba a los medios para decirles que el despacho de DyN era “confiable”.

Los diarios retrasaron la salida de sus ediciones, pero cuando ganaron la calle se preocuparon muy bien en dejar en claro que la historia del complot, las detenciones, la trata de blancas y el narcotráfico, reconocían su origen en el “despacho 157 de la Agencia Diarios y Noticias (DYN)”.

Al mediodía, ya implantado el Estado de Sitio, el entonces ministro del Interior, Antonio Troccoli, convalidó los arrestos –entre ellos el de varios periodistas– pero tomó sutilmente distancia de algunas imputaciones contenidas en el material difundido por DyN. (…)”.

Rosendo María Fraga fue uno de los detenidos arbitrariamente. José Ignacio López, ya por entonces vocero de Alfonsín; y Polosecki, quien de DyN se fue a trabajar para los radicales, podrían brindar más explicaciones de qué sucedió. En cuanto a Tato, él se consideró desautorizado, y el asunto se sumó a otros, concluyendo que ya no controlaba su propia agencia. Ingresó a un pozo depresivo del que no salió más.

Me cuentan que la agencia DyN cerrará en los próximos días. Conocer la noticia activó los recuerdos en mi. El escenario periodístico ha cambiado, Grupo Clarín, que es quien aporta la mayor parte del presupuesto, probablemente considerará que no amerita el gasto en tiempos tan complejos para la prensa gráfica. También es verdad que nadie puede ser obligado a perder dinero.

El periodismo se encuentra en transición, y las agencias de noticias privadas tienen que competir con Telam, la que financian todos los contribuyentes y por eso puede darse el lujo de operar con quebrantos permanentes.

En el mundo de las redes sociales, de la ruptura de toda geografía gracias a Internet, la supervivencia de las agencias de noticias privadas (tipo The Associated Press o Thomson Reuters o Bloomberg o Europa Press) requiere de especializaciones yo coberturas puntuales, o de una chequera que pueda justificar el dinero necesario.

Nada de todo eso puede ocultar el otro problema: el empleo que se cierra, en una profesión -la de periodista- en crisis desde hace tiempo, mientras el gremio se aferra a la defensa del famoso y vetusto Estatuto, escrito en días cuando no existía ni el mundo digital ni el desafío multimedia, y que no puede resolver ninguno de los problemas actuales.

En fin, horas decisivas para DyN, otra mala noticia para los comunicadores sociales.

 

 

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