Se exhibe en el Centro Cultural Fontanarrosa Hugo Pratt en Rosario, una muestra que hace las veces de antología y abre las puertas para conocer de cerca el fantástico universo del famoso historietista

ENTRE AVENTURAS, VIAJES Y POESÍA OESTERHELD LLEGÓ AL CENTRO CULTURAL FONTANARROSA

Hasta el 29 de octubre en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (CCRF) Av. San Martín 1080 en Rosario,, se expone a Hugo Pratt en una muestra antológica del polifacético dibujante, conocido en particular por ser el autor de Corto Maltés.

 

 

 

 

Por Lisy Smiles

La Capital

8 de Octubre de 2017

 

Entre aventuras, viajes y poesía

Se exhibe en el Centro Cultural Fontanarrosa Hugo Pratt en Rosario, una muestra que hace las veces de antología y abre las puertas para conocer de cerca el fantástico universo del famoso historietista

Dos hombres que rondan los 50 miran con fruición cada panel. Si alguien interrumpiera ese momento, se sobresaltarían. Están leyendo, mirando y navegando junto al Corto Maltés. Se alejan, se acercan y vuelven a alejarse, caminan unos pasos, y vuelven atrás. Repiten los movimientos. Cada uno a su tiempo, como si fueran parte de una coreografía. Hugo Pratt, el autor de la famosa historieta, los impulsó a navegar en un mar de recuerdos, aunque no lo sepan. Y sonríen, y de eso sí se dan cuenta como cuando eran pequeños y entre sus manos una historieta los llevaba a recorrer escenarios y personajes tan imaginarios como reales.

Hasta el 29 de octubre en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (CCRF) Av. San Martín 1080 en Rosario,, se expone a Hugo Pratt en una muestra antológica del polifacético dibujante, conocido en particular por ser el autor de Corto Maltés. Bueno, dibujante o historietista, como él prefería ser nombrado, aunque con el paso del tiempo y al observar su amplia producción, que incluye novelas gráficas, Pratt es sin dudas un narrador.

Allí están sus personajes, sus escritos, sus sueños, tristezas y alegrías, sus trazos que delimitan espacios y sus acuarelas que envuelven sus dibujos para hacerlos más plásticos. La muestra está montada como para poder leerla en distintos planos. Ordenada en forma cronológica, busca contar la historia de Pratt a la vez que lo hace de sus personajes. Pero también es una muestra sobre la obra de un artista visual.

Intercalados entre sus dibujos, hay textos que recuerdan su trabajo y sus cruces con otros artistas y creadores, como Héctor Oesterheld con quien ideó Sargento Kirk, un soldado desertor del ejército de EEUU que se une a los pieles rojas. La tira es una suerte de western que Oesterheld había imaginado protagonizado por un gaucho argentino pero que el editor decidió su adaptación al western. Se publicaron 56 capítulos, entre 1953 y 1961, en Misterix, SuperMisterix, Hora Cero y Frontera Extra. Los seguidores de Pratt aseguran que en reiteradas ocasiones viajó a la Patagonia, junto a Oesterheld, para visualizar los escenarios que podían hacer de locación de la historia.

¿Pero qué hacía Pratt, nacido en Rimini en 1927, en Argentina, a fin de la década del 40? Bueno, eso es casi una historia de película como toda su vida.

Pratt nació el 15 de junio de 1927 en Rimini, cerca de Venecia. El se consideraba veneciano. Desde niño amó la aventura y el dibujo, a los 10 años emigró al África oriental con su familia, donde los sorprendería la Segunda Guerra Mundial. Regresa a Italia junto a su madre Evelina Genero; el padre, Rolando, murió en cautiverio en África. A los 18 años, se suma al Grupo Venecia, que integraba su amigo Alberto Ongaro, y con otros jóvenes editan una revista de historietas donde aparece su primer personaje, el Asso di picche (As de pique), un periodista que por las noches enmascarado y enfundado en un ajustado traje amarillo buscaba justicia, junto a una liga de amigos.

Las consecuencias de la Segunda Guerra lo empujan a emigrar y así llega a Argentina. A fines de 1950, ya en Buenos Aires,y junto a su amigo y guionista Ongaro, produjeron Hombres de la Jungla, El Cacique Blanco y Legión Extranjera. Y a partir de 1952, junto a Héctor G. Oesterheld crean Ray Kitt, El Sargento Kirk, Ticonderoga Flint, Ernie Pike y Lobo Conrad, en la época dorada de la historieta argentina.

“Vivió, como casi todos lo saben, con leves intermitencias, casi quince años en la Argentina. Fueron los de formación o deformación profesional, digamos. Y no fue en cualquier momento sino entre 1949 y 1964, cuando después de algunos amagues, se volvió definitivamente a Italia. Es decir que estuvo acá de los veinte apenas pasados a los treinta maduros. De la primavera peronista a los golpes de los primeros sesenta, cuando los milicos se entrenaban para sus zarpazos definitivos de los años funestos terminados en seis. Es decir que Hugo se hizo dibujante grande acá”, cuenta Juan Sasturain, una de las voces que se suman a la muestra para “hablar” a Pratt.

Rafael Ielpi, director del CCRF, relata su propio descubrimiento de Pratt. “Sería ya en mi juventud —recuerda— cuando dos publicaciones hoy legendarias, Hora Cero y Frontera, albergaron en sus páginas una serie de ficciones cuyos textos y dibujos las convertirían en un punto de inflexión en la historia del género en el país a la vez que en inolvidable recuerdo para quienes fuimos/fueron sus lectores a partir de 1957, cuando Héctor Oesterheld las creara. Fue desde ese año que Ernie Pike y Ticonderoga, dibujados por un italiano llamado Hugo Pratt, con guiones de Oesterheld, se instalaron en nuestra casa, convirtiéndonos en sus fieles seguidores”.

Ielpi recorre nombres clave de la historieta, una verdadera legión de talentosos, Breccia, Solano López, Ongaro, entre tantos, “pero de aquella constelación de grandes nombres Pratt sería, sin duda, único”, resalta.

Y da sus razones: “Por ser él mismo un personaje cuya vida bien podría constituir el argumento de una interminable historieta; por el proceso de síntesis que fue alcanzando con su dibujo hasta reducirlo a apenas unas líneas y sobre todo, por haber dado vida a Corto Maltese, tal vez la imagen que para sí mismo soñara el «Tano» Pratt, protagonizando verdaderas sagas de aventuras, en mares y tierras diferentes, enarbolando una ética peculiar, conviviendo con buenos y malvados, rufianes y curanderos con la misma naturalidad, seduciendo y dejándose seducir por mujeres inolvidables o mirando el lejano horizonte en búsqueda de un sueño imposible”.

El Corto

El universo Pratt tiene personajes realmente interesantes. El desarrollo de las historietas, a lo largo del tiempo, han creado en torno a ellos verdaderas biografías sobre sus vidas. Pero sin dudas, Corto Maltés es el que atrae las miradas.

Pratt luego de su primera estadía en Argentina, regresa a Italia en 1962, pero será recién en 1967 cuando Corto Maltés aparecerá por primera vez, en una saga por entregas, La balada del mar salado, donde el personaje no protagoniza la historia, pero comienza a crecer. Un marinero aventurero, que no tiene patria ni familia, y el único vínculo que tolera es la amistad.

Dibujado y guionado por el propio Pratt, en su historia esconde escritores preferidos por el autor, como Stevenson o Conrad, y también su pasión por los viajes. Encanto que para algunos encierra un dilema: Pratt crea a Corto Maltés para poder viajar o porque ha viajado logra crear el personaje.

Lo cierto es que con este personaje, que luego tendrá autonomía propia dentro del universo Pratt, el historietista logra su consagración.

“Pratt tenía predilección por los héroes secundarios, e hizo aparecer a Corto como un personaje más, a la deriva y atado a una balsa de maderos. Luego de esta obra maestra e hito relevante para el cómic mundial, traducida a muchos idiomas, Corto viviría 19 historias de 20 páginas cada una, y más tarde varias extensas aventuras en atractivos parajes como Siberia, Venecia, Samarkanda, el Buenos Aires de los años treinta, y una onírica búsqueda de la Atlántida”, detalla Aldo Pravia, cocurador de la muestra, cuando se expuso en Mendoza.

Cuando Pratt crea a Corto Maltés ya estaba más maduro. “Risueñamente explicaba que era más famoso que él mismo —indica Pravia— y que agradaba más a las mujeres aunque dependía de él para todo cuanto hacía”.

Corto buscaba tesoros en barcos hundidos, ciudades mitológicas o trenes blindados atravesando escenarios exóticos, “incorporando poesía y magia”.

Este personaje permite a Pratt la apelación a la literatura, lo torna un narrador, con recursos variados, que incluyen tonos poéticos.

“De la literatura lo que más me llega es la poesía, porque la poesía es sintética y procede por imágenes. Cuando leo, veo las imágenes, las percibo a flor de piel. Tras la poesía se esconde una profundidad que puedo sentir inmediatamente y, como en la poesía, el cómic es un mundo de imágenes, se ve uno obligado a combinar dos códigos y, en consecuencia, dos mundos. Un universo inmediato a través de la imagen y un mundo mediato a través de la palabra”, dijo Pratt alguna vez. Y algo de eso se puede sentir por estos días al transitar la muestra que una vez más trajo al historietista hacia este lado del mundo.

La muestra se exhibe en el marco de Crack Bang Boom, que se llevará a cabo en Rosario del 12 al 15 de este mes. Pratt en Rosario puede visitarse de lunes a viernes de 9 a 21 y los fines de semana de 10 a 20, en el Centro Cultural Fontanarrosa (San Martín 1080). Entrada gratis.

Pratt fue único, por el proceso de síntesis que fue alcanzando con su dibujo hasta reducirlo a apenas unas líneas, y sobre todo por haber dado vida a Corto Maltés.

 

 

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