Desconcentrados y subimos al subte. Fuimos de los primeros en irnos con Ale, ya que entendíamos que la plaza había que dejarla vacía cuanto antes para no darles la chance de cualquier opereta.

DESCONCENTRADOS

Por Mariano Brizuela

Pasó el maquinista, subió al primer vagón y puso en marcha la formación. Abrió el intercomunicador y dijo: ” acá estoy en estación Catedral, donde está Santiago Maldonado?”  La gente estalló en un aplauso cerrado y a continuación se escuchó el cántico “Santiago dónde está?, Santiago donde esta?”.

 

 

 

Por Mariano Brizuela

Desconcentrados y subimos al subte.

Fuimos de los primeros en irnos con Ale, ya que entendíamos que la plaza había que dejarla vacía cuanto antes para no darles la chance de cualquier opereta.

Pasó el maquinista, subió al primer vagón y puso en marcha la formación. Abrió el intercomunicador y dijo: ” acá estoy en estación Catedral, donde está Santiago Maldonado?”

La gente estalló en un aplauso cerrado y a continuación se escuchó el cántico “Santiago dónde está?, Santiago donde esta?”.

Hasta ahí todo era parte de lo que vivimos en la Plaza, lo que me sorprendió y me hizo estremecer el alma y hasta lagrimear, fue el silencio sepulcral durante más de diez segundos que vino después del cantico. Nadie en el vagón, ni en el andén emitió un solo sonido.

Fue un vacío, un momento de pensamiento y reflexión colectivo que nos invadió a todos. Fue saber que a Santiago, posiblemente, no lo vamos a encontrar con vida.

Fue saber que Santiago va a pasar a ser una remera, una bandera o un mural y no un compañero en un vagón de subte reclamando por un causa o por un derecho.

Ese momento fue de una inmensa tristeza, de una sensación de vacío y de dolor que no estamos acostumbrados. Nos habíamos olvidado.

En estos años de gloria que movilizamos siempre nos unió el amor, la felicidad y la conquista de derechos. Fueron esos mismos vagones de subtes que nos vieron gritando de alegría y llorando de emoción.

Hoy hay otra realidad.

Una realidad de injusticias, de atropellos y sobre todo de retrocesos. Es una realidad muy triste y que causa mucho dolor.

Pero también sé que nos une.

Porque no crean que solo en la buenas nos juntamos para festejar. Este pueblo, que esta de este lado de la grieta, sabe y mucho de juntarse en las malas.

Esos 10 segundos de dolor colectivo de hoy, hace un par de décadas estaban multiplicados por 30.000.

Y los que los generaron fueron exactamente los mismos que hoy nos gobiernan.

Los mismos nombres, las mismas familias, las mismas asociaciones y las mismas metodologías.

Pero a pesar de todo eso, esos diez segundo de conexión que viví hoy me generan mucha esperanza.

Quería compartir con ustedes esto que me paso hoy.

 

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