La conciencia solidaria nos hará mejores y volverá a reconstruir la Patria

LA CULTURA DEL “NOSOTROS”

Por Jorge Rachid

Perón (FOTO) en el Primer Congreso Argentino de Filosofía hablando en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina) en 1947 . Describir el proceso de transculturización es una de las herramientas esenciales de la batalla cultural en curso, que aunque algunos no lo noten, se desarrolla en cada instante de nuestras vidas, en especial bajo el bombardeo informático de los medios de comunicación, que incitan en forma permanente al fortalecimiento del individualismo del “sálvese quien pueda, a cualquier costo”, eje cultural de la diáspora social de los años dictatoriales y de sumisión neoliberal.

Por Jorge Rachid

NAC&POP

28/09/2017

Desde el pensar cotidiano, marcado por décadas de individualismo neoliberal, como cultura dominante, comprender un mundo ajeno al propio círculo de su cotidianidad, es una distancia difícil de acortar en una batalla cultural, que suele llevar décadas y generaciones, en recuperar bajo un concepto que acepte al otro, como un par a ser tenido en cuenta, es decir una mirada que nos acerque a la solidaridad.

Sin pretender escribir un ensayo filosófico, que por supuesto me excede, si desde la construcción política, describir el proceso de transculturización es una de las herramientas esenciales de la batalla cultural en curso, que aunque algunos no lo noten, se desarrolla en cada instante de nuestras vidas, en especial bajo el bombardeo informático de los medios de comunicación, que incitan en forma permanente al fortalecimiento del individualismo del “sálvese quien pueda, a cualquier costo”, eje cultural de la diáspora social de los años dictatoriales y de sumisión neoliberal.

Esos mismos medios también nos permiten dar respuestas a esa ofensiva de permanencia cultural, que ante la derrota de la política y en parte de la estructura aún vigente del período neoliberal, se quiere hacer fuerte en una presencia protagónica, demoliendo las políticas, llamadas por “ellos” populistas a las cuales le adjudican las siete plagas de Egipto, intentando minimizar, “el nosotros” que impera en la construcción social, de los nuevos modelos solidarios de América Latina.

El pensar en nosotros, nos diferencia sustancialmente de las prácticas y las construcciones de quienes avalan la ideología liberal, de que la condición humana se vale de si, para tallar su destino y su futuro, que sólo hay que dejarlo fluir, bajo el único amparo del Mercado como ordenador social, implementado en los últimos 30 años, hasta el 2003, apuntaló el cambio de paradigma que se expresó en privilegiar la especulación financiera, por sobre la producción, que desde la irrupción de la Revolución Industrial había avanzado, hacia la ampliación de derechos sociales en el mundo, con el estado de bienestar en Europa de la mano de Bismark en Alemania y Berberige en Inglaterra, después de la primera y segunda Guerra Mundial, respectivamente, con la consiguiente manipulación de la concepción del trabajo, que pasó de ser el eje cultural de las sociedades a una simple herramienta de bajar costos y ventajas comparativas del capitalismo salvaje, que arrasó conductas personales y comunidades enteras.

De ahí que la concepción política de instalar “la Patria es el otro”, no responde al consignismo electoral como ariete, frente a la deshumanización de la política que proponen nuestros adversarios, anclados en sus concepciones neoliberales, críticos de los avances de derechos sociales y del hombre como eje estructural privilegiado del modelo político en marcha, sino que tiende a profundizar la batalla cultural a futuro, sin especulaciones de corto plazo, con una visión estratégica a trasmitir a las futuras generaciones, de pensar en colectivo en cada acto de las actividades cotidianas, ya que no se trata de promover sólo leyes que respalden los derechos conquistados, sino de la actitud que en el seno de la comunidad organizada discurra como el agua, en la necesidad de sentirse parte, para sentirse uno, fortalecerse desde el conjunto social de pertenencia, avanzar con todos, en vez de caminar el desierto de la soledad tratando de salvarse solo.

“Nadie se realiza en una sociedad, que no se realiza” nos enseñó el general Perón, que desarrolló en el Congreso de Filosofía de Mendoza de 1949 el concepto de Comunidad Organizada, verdadera herramienta de democratización del poder, basado no sólo en el hombre, sino bajo el necesario fortalecimiento del amor como elemento esencial de construcción humana, sin la cual sin dudas no puede pensarse en la solidaridad activa, ni mucho menos imaginar un futuro social de justicia para todos.

De ahí que mas allá de los procesos electorales, el cambio de paradigmas en la sociedad argentina está en marcha desde hace años, lo cual sin dudas crea conflictos, genera confrontaciones, pone en tensión modelos anteriores, implica cambios desde personales a comunitarios, modifica comportamientos y esos elementos combustibles llevados a la política, inundan el campo de disputa, en una grieta, como la llaman “ellos”, los individualistas que claman con el consenso, que fortalece lo anterior, intentando impedir los cambios sociales, que tarde o temprano llegarán a comprometer sus posiciones de poder tanto económico como de protagonismo social, ya que al instalarse una ideología del amor en una construcción “hombre-céntrica” , desplazando los modelos “económicos- céntricos”, que en especial fueron fortalecidos, en la primera etapa de la revolución industrial, por los pensadores “euro-céntricos” tanto marxistas como liberales, que desarrollaron filosofías esencial y primariamente macroeconómicas, basadas en la producción y distribución de las riquezas, que en el desarrollo humano y la preservación de la naturaleza, hoy bajo el eje medio ambiental por el cual hoy luchamos, desde el “nosotros”.

Esto es parte de la Revolución Peronista, quizás imperceptible hoy, bajo el bombardeo mediático coyuntural y electoralista, pero sin dudas es la necesaria integración a los nuevos actores a nivel mundial, que visto el fracaso de las ideologías neoliberales, encuentran en lo doctrinario y filosófico del peronismo, un eje de propuestas vigentes, demostrables, heterodoxas en lo económico, comprometida con la inclusión social y la movilidad social ascendente, en la defensa del trabajo como ordenador social desplazando de ese rol al Mercado, hasta ayer nomás, Dios y Patrón de la vida y las comunidades en un rol perverso, que llevó dolor y desesperación a los pueblos del mundo, que por suerte hoy tienen espejos donde mirase para defender su dignidad y su soberanía, en los procesos de América Latina y en la Encíclica papal Laudato, que acompaña esta concepción profunda, de recuperar al hombre y la solidaridad como protagonistas de la historia por escribir.

JORGE RACHID/

 

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