Aumenta la deuda en pesos y en dólares a un ritmo infernal. La industria no detiene la expulsión de trabajadores calificados. La red de protección social se debilita licuando programas. Se reducen las prestaciones en el sistema de cobertura a jubilados. Los empleos que se crean son precarios, monotributistas y en escalas salariales de medias a bajas. La fuga de capitales tiene niveles de intensidad máxima según registros oficiales.

¿CUÁNDO EXPLOTA?

Por Alfredo Zaiat

Quienes pueden eludir el marketing de confusión de la inmensa red oficial de propaganda pública y privada, que en estos días ha presentado como el inicio de un fuerte crecimiento los últimos datos del Producto cuando, en realidad, es un leve rebote estadístico respecto a la recesión autoinfligida en 2016 y con la economía siguiendo por debajo del pico de 2015, tienen una pregunta que los desvela.

 

 

Por Alfredo Zaiat

Pagina 12/Economía

24 de septiembre de 2017

Aumenta la deuda en pesos y en dólares a un ritmo infernal. La industria no detiene la expulsión de trabajadores calificados. La red de protección social se debilita licuando programas. Se reducen las prestaciones en el sistema de cobertura a jubilados. Los empleos que se crean son precarios, monotributistas y en escalas salariales de medias a bajas. La fuga de capitales tiene niveles de intensidad máxima según registros oficiales. Se está ampliando la brecha de las cuentas externas con déficit creciente en el balance comercial y en la cuenta corriente de la balanza de pagos. El desequilibrio de las cuentas públicas se acentúa con la muy fuerte suba de la carga de intereses de la deuda, parcialmente compensado con reducción de subsidios, que es la contracara de los tarifazos. El ingreso disponible promedio de la población ha descendido y los anuncios de próximos aumentos en las tarifas de luz, gas, agua y transporte agudizarán esa tendencia. Por eso el consumo privado global sigue deprimido pese a las cifras que marca el Indec en registro del PIB y de explicaciones disparatadas de funcionarios y analistas afines al macrismo acerca de su comportamiento.

Quienes pueden eludir el marketing de confusión de la inmensa red oficial de propaganda pública y privada, que en estos días ha presentado como el inicio de un fuerte crecimiento los últimos datos del Producto cuando, en realidad, es un leve rebote estadístico respecto a la recesión autoinfligida en 2016 y con la economía siguiendo por debajo del pico de 2015, tienen una pregunta que los desvela. La situación económica descripta al comienzo los provoca a expresar la inmediata interpelación acerca de cuándo explota y se precipita una crisis.

Esa inquietud se adelanta a querer definir el final del ciclo y de ese modo debilita el análisis del proceso, el daño presente y las consecuencias a futuro, que es lo más relevante de esta renovada experiencia económica regresiva. El deseo de determinar cuándo será el punto final es provocado por el desvío conceptual acerca del papel del economista en la sociedad. La idea equivocada y dominante es que el economista sabe el futuro para precisar hasta con decimales la evolución de las principales variables. Si dice cuánto estará el dólar dentro de un año, cuál será la evolución del Producto y sentencia el porcentaje exacto de aumento de la tasa de inflación, cómo no va a poder precisar cuándo estallará la crisis de un proyecto político-económico donde en casi todos los frentes está acumulando tensiones.

Transitar el camino del pronosticador y de predecir el momento del estallido de una crisis es muy seductor para economistas, que de ese modo abusan de la ansiedad social y del desconocimiento general de las cuestiones básicas del funcionamiento de la economía, además de que le permite una facturación abultada por tirar cifras hipnotizadoras. Ese lugar de poder es muy tentador y es placentero para la mayoría de los economistas.

Para no tropezar con esa trampa, que poco colabora en la comprensión y sólo ayuda a distraer de aspectos fundamentales de lo que está sucediendo en el ciclo económico, es necesario concentrarse en la tendencia y consecuencias del modelo económico en curso.

El aspecto principal de la reflexión económica no es acertar cuándo estallará la crisis que está incubando el gobierno de Cambiemos, aunque es obvio que a cualquier le gustaría saberlo pero que no es posible determinar, sino que la tarea relevante es precisar los daños económicos, laborales y sociales que está provocando la actual política económica. Costos que condicionarán la futura política de reparación, como así también serán una restricción adicional a los ya estrechos márgenes de autonomía de una economía periférica de desarrollo intermedio como la argentina.

Insustentable

El último informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz ofrece un panorama acerca del actual estado de la economía. Apunta que la política de endeudamiento externo es insustentable y que sólo permite patear hacia adelante la restricción externa sin solucionar o incluso agravando los problemas económicas que le dieron origen. Detalla que a la fuga de capitales, déficit energético e industrial, se le sumó un déficit comercial récord que se afianza como una característica estructural del modelo económico.

La “buena herencia” del  desendeudamiento kirchnerista permite seguir con el festival del bono por un par de años estiman en la city, informa el CESO cuyo director es Andrés Asiain. Para preguntar por qué una vez más se acumulan pesadas deudas en divisas sin saber cómo se pagarán mientras el déficit comercial se convierte en estructural. Sentencia que, más allá de que pueda haber un par de años más del actual ritmo de endeudamiento externo, es una política que lleva a un callejón sin salida.

Claudio Scaletta, periodista de este diario y editorialista en el suplemento económico Cash, acaba de publicar un libro que es un aporte magnífico para identificar y profundizar las características del proyecto de la Segunda Alianza. Sin caer en la tentación de establecer plazos, va orientando el análisis del actual ciclo económico para concluir que no es sustentable. En “La recaída neoliberal. La insustentabilidad de la economía macrista”, interpela también con la pregunta de por qué se reincide en una política económica que conduce a la insustentabilidad social y financiera, cuando tanto la teoría como la experiencias, local y global, “conoce” el resultado al final del camino. (Ver el texto abajo del adelanto del libro publicado en el suplemento Cash de esta edición: El shock macrista.)

Inevitable

En esa definición Scaletta no adelanta cuándo será la crisis, pero que ésta será inevitable por la propia lógica de la política económica que se está implementando. Aclara que proyectar el futuro es lo que los economistas no deberían hacer y que es lo que siempre hacen mal. Insiste con que si se quiere proyectar con decimales la evolución de variables particulares las posibilidades de error crecen exponencialmente. Sin embargo explica que la economía es una ciencia, que tiene leyes y que las relaciones causa-efecto existen y, por lo tanto, se puede estimar cuál puede ser el resultado. Luego ofrece una idea esclarecedora para utilizar cuando el objetivo es abordar con profundidad analítica la esencia de la economía política: “lo que en cambio es improbable fallar, si se dispone de buena teoría, es respecto a las tendencias de las variables fundamentales”. Y la tendencia con su respectivo desenlace de la economía macrista es muy evidente revisando la historia local.

Para Scaletta el único riesgo real de las predicciones generales es la ocurrencia de hechos extraordinarios que alteren las variables centrales. Por ejemplo la evolución de la tasa de interés internacional. Con la economía arrojada a un nuevo ciclo de endeudamiento desenfrenado, la eventual alza de la tasa que define la banca central estadounidense es clave. Al Ministerio de la Deuda a cargo de Luis Caputo se le complicaría las emisiones de deuda y debería pactar tasas aún más altas que las actuales. Como la deuda financia los desequilibrios de las cuentas externas e internas, no sólo sería más caro conseguir los fondos sino que podrían aparecer incertidumbres acerca de la capacidad de pago del país, lo que cerraría el grifo de dólares de la deuda y, en ese caso, como en 1989 y 2001, irrumpiría la crisis.

Con la misión de seducir al mundo de las finanzas internacionales, principal sostén de la presente política económica regresiva, Scaletta plantea que hay pocas dudas respecto a que el gobierno de Macri seguirá el viejo esquema de los programas de condicionalidades estilo FMI similares a los que ya se aplican en otros países de la región y el mundo. En la mira de los programas del Fondo se encuentran los derechos laborales, los sistemas previsionales, los salarios públicos, la privatización de todo lo que se pueda y cualquier rezago de los Estados benefactores. La intención política de impulsar esos proyectos no es un misterio puesto que ya fueron adelantados por los principales funcionarios del gobierno.

Este recorrido económico no surge de la posesión de la bola de cristal o de una mente esclarecida, indica Scaletta, sino que son las secuencias estandarizadas que ya se presentaron en el pasado, en Argentina y en el mundo, y de los que el presente parece apenas un calco. Ante el ansioso interrogante entonces de cuándo estalla la crisis, observa con lucidez que “quizá la pregunta, no debería ser si puede funcionar o no el neoliberalismo, sino por qué habría de funcionar lo que ya demostró que no funciona”.

alfredozaiat@gmail.com

 

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EL SHOCK MACRISTA

Por Claudio Scaletta

Adelanto del libro La recaída neoliberal

Página 12/ CASH

24 de septiembre de 2017

 

La llegada de la Alianza Cambiemos a la Casa Rosada no supuso una simple alternancia democrática, sino un verdadero cambio de régimen económico. En el libro La recaída neoliberal se plantea la pregunta ¿por qué, si sus efectos negativos son conocidos, Argentina cayó nuevamente en la trampa del neoliberalismo? La obra de Claudio Scaletta explica la inviabilidad del nuevo régimen porque, incluso si resulta “exitoso”, no genera empleo suficiente, a la vez que crea una dependencia externa explosiva.

El punto de partida de las páginas que siguen, además del deseo siempre presente de explicar procesos, es un estadio anterior. Son sensaciones fuertes que me acompañan desde diciembre de 2015: el malestar y el azoramiento frente a la reiteración, en los ámbitos de la sociedad civil y la política, de discursos fracasados en la historia económica local y mundial. Vuelven a escucharse discusiones completamente superadas por la experiencia histórica y teórica; cuestiones tan viejas y respondidas como el rol del Estado, el proteccionismo, los efectos de una devaluación, las causas de la inversión o la explicación de la inflación. La lista podría seguir hasta incluir a todos los agregados macroeconómicos. Pero el punto de partida, el verdadero problema es que, luego de la experiencia de 2003–2015, el país se encuentra nuevamente frente a una restauración neoliberal.

La nueva realidad post 2015, entonces, no constituye una mera alternancia dentro de un régimen democrático estable. Se trata de la expresión de un proceso de mayor complejidad cuyos resultados en términos de sustentabilidad social y política podrían ser inquietantes por dos razones fundamentales. La primera, porque aun en caso de que a la actual administración “le vaya bien” en sus propios términos, el modelo puesto en marcha se caracteriza por no crear empleo suficiente. Esto es así porque se concentra en el desarrollo de sectores con ventajas comparativas estáticas, como agro y energía, y sectores ya establecidos y altamente concentrados de la industria, los que en conjunto no son lo suficientemente demandantes de mano de obra, es decir que el modelo no es sustentable socialmente porque deja fuera a una parte de la población. La segunda remite a que el nuevo régimen basa su funcionamiento –otra vez en la historia económica local– en la entrada de capitales, principalmente bajo la forma de endeudamiento externo, una toma de deuda que además no se produce en paralelo al desarrollo de sectores generadores de divisas para el repago. En consecuencia el modelo tampoco es sustentable financieramente en su frente externo.

La pregunta del millón, que a su vez es la fuente del malestar y azoramiento inicial, remite a por qué se reincide en una política económica que conduce a la insustentabilidad social y financiera, cuando tanto la teoría como la experiencia histórica, local y global, “conocen” el resultado al final del camino.

El núcleo

Avanzado 2017, dejó de ser una predicción que el gobierno surgido del balotaje del 23 de noviembre de 2015 no representó una mera alternancia democrática, sino un cambio de régimen instrumentado a través de un verdadero shock económico. Aunque la dirección de las transformaciones ocurridas era predecible, en los primeros meses sorprendió la velocidad de avance, el cambio de discurso y, en particular, la falta de resistencia, no ya del conjunto de la sociedad, sino de la mayoría de la dirigencia política que, con la excusa de no entorpecer la “gobernabilidad”, habilitó al nuevo gobierno a conducirse, no como una mayoría circunstancial surgida de las urnas, sino como el representante de un nuevo bloque histórico.

Vamos a destacar cuáles fueron las medidas que posibilitaron la salida del neoliberalismo luego de la crisis de 2001–2002. Recapitulando, las decisiones económicas núcleo fueron:

  1. 1. El establecimiento de aranceles al comercio exterior, los que protegieron el mercado interno, desdoblaron los tipos de cambio efectivos entre los distintos sectores económicos (dependiendo de la tasa de retenciones a las exportaciones), amortiguaron el impacto de la devaluación a través de la baja de los precios internos y permitieron al Estado participar por la vía fiscal tanto del ciclo alcista de los commodities como de los beneficios extraordinarios de la depreciación. Los aranceles, junto a otras medidas complementarias como las DJAI o las licencias no automáticas, también protegieron selectivamente de las importaciones al mercado interno.
  2. 2. La desdolarización de las tarifas de los servicios públicos, lo que significó la reducción de uno de los principales precios relativos de la economía, tanto para los consumidores, en tanto se liberaron recursos para el consumo, como para las empresas, para quienes significó una baja de los costos de producción.
  3. 3. El aumento de salarios. Primero fue la suba del salario mínimo, vital y móvil, luego los decretos de aumentos de suma fija. Finalmente, una vez recompuesto por la vía del crecimiento y el aumento del empleo el poder de negociación de los trabajadores, la motorización de las paritarias. Este último factor, junto con el aumento real del gasto del sector público por múltiples vías, fue la base de lo que llamamos “el crecimiento conducido por la demanda”.
  4. 4. El desendeudamiento. Tras el default inicial, se produjo la reestructuración de la deuda pública externa a partir de 2005, con el pago al FMI y la liberación de su tutela, y luego el lento pero persistente desendeudamiento, proceso que corrió en paralelo con una política exterior pragmática centrada en los alineamientos intrarregionales y la revinculación con los principales socios comerciales extra región.

De los cuatro factores señalados, los dos primeros correspondieron a decisiones tomadas durante el gobierno de transición 2002–2003 como producto del estallido del régimen anterior y la imposibilidad de seguir manteniendo la convertibilidad cambiaria fija. Como ya se dijo, ello no niega la voluntad política de la decisión en tanto podría haberse optado por una serie de políticas menos virtuosas. Los dos segundos factores fueron instrumentados a partir de mayo de 2003 ya como parte integrante de la nueva concepción del crecimiento conducido por la demanda y en el marco de la búsqueda de mayores grados de libertad y autonomía de la política económica.

Si estos cuatro factores significaron las medidas núcleo de salida del neoliberalismo, su regreso se plasmó en su reversión especular, reversión que fue el núcleo de la política de shock aplicada por el nuevo gobierno.

La regresión

Devaluación: El shock económico provocado por Cambiemos a partir de diciembre de 2015 comenzó por el levantamiento de los controles cambiarios aceptando como dado el nivel del tipo de cambio del mercado negro, la cotización del eufemísticamente llamado “dólar blue”. El nuevo precio de la divisa no fue obra de presuntos equilibrios del mercado de cambios, sino una decisión política, como siempre lo es –mientras se tenga el control de las variables- la fijación del nivel del tipo de cambio. El dato notable fue que la potente devaluación de la moneda local en un 40 por ciento se transmitió al conjunto de la sociedad como una presunta “liberación”, como el añorado “levantamiento del cepo” al que además los medios de comunicación se apresuraron a calificar como “exitoso”.

Eliminación de retenciones: En el mismo diciembre también se anunció la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias con excepción de la soja, a la que solo se le aplicó una baja parcial de 5 puntos, aunque se anunció que su alícuota continuará bajando a partir de 2018. También se eliminaron las retenciones residuales que quedaban sobre algunos productos industriales y, con días de diferencia, se otorgó el mismo beneficio a las exportaciones mineras. Sin embargo, para parte del sector industrial, no todas fueron buenas noticias, pues al mismo tiempo comenzaron a destrabarse todas las importaciones frenadas por las DJAI. Se cumplía así con una de las principales promesas de campaña y a la vez una de las principales demandas del bloque histórico expresado por el nuevo gobierno.

El levantamiento de los controles cambiarios, primero parcial y luego total, y la eliminación de los aranceles al comercio exterior cumplió con dos de los principales requerimientos de las multinacionales que gobiernan de facto el capitalismo global: la libre circulación de capitales y de mercancías.

Redolarización de tarifas: A partir de marzo de 2016 comenzaron los ajustes tarifarios. Los aumentos fueron desde el 400 a más del 1000 por ciento, dependiendo del tipo de servicio y usuarios, proceso que al redactar estas líneas, avanzado 2017, todavía continúa. La desproporción de las subas significó un fuerte impacto en el ingreso disponible de los trabajadores, que desde entonces deben destinar una porción mucho mayor de su salario al pago de servicios, así como en los costos de las empresas. Para muchas pymes y pequeños comercios el shock tarifario llevó al límite sus ecuaciones de costos. Luego, al tratarse de uno de los principales precios relativos de la economía, los aumentos tarifarios fueron responsables de buena parte de la fuerte inflación registrada.

Baja de salarios: Puede parecer notable que gobiernos democráticos bajen salarios. También es notable que se consigan bajas salariales a pesar de la existencia de un movimiento obrero organizado y de trabajadores empoderados por años de crecimiento y de mejoras en sus ingresos. Sorprende también la velocidad con que esto sucedió. En pocos meses se pasó de reclamos de segunda generación, como claramente lo eran las demandas contra el Impuesto a las Ganancias que motivaron hasta paros generales contra el gobierno anterior, al temor de perder el empleo. De acuerdo a distintas fuentes en 2016 la pérdida del poder adquisitivo del salario fue de entre el 6 y el 10 por ciento, con piso en el sector privado y techo en el público.

Reendeudamiento y dependencia: La foto del balance de pagos 2016 indica en primer lugar que la devaluación, “la exitosa salida del cepo”, no cumplió la promesa mainstream de morigerar el déficit de la Cuenta Corriente, dato que según la buena teoría era esperable en tanto, como se explicó, la devaluación no aumenta las exportaciones. El déficit de la Cuenta Corriente se resolvió recurriendo a un endeudamiento desaforado, pero sin un plan que destine los fondos a la reducción futura del déficit externo, es decir al desarrollo. Este endeudamiento, más la política monetaria que fijó una elevada tasa de interés de referencia que sobreestimuló el carry trade, más conocido como “bicicleta financiera”, redundó en un ingreso de divisas que, tras la devaluación inicial, permitió mantener anclado el tipo de cambio, lo que dada la aceleración de la inflación significó iniciar un inmediato proceso de revaluación. El resultado fue la recreación de las condiciones para la dependencia permanente del ingreso de capitales. Dicho de manera sucinta: la recreación de la dependencia. Volvió a iniciarse un ciclo conocido y repetido de la economía local. Lo que se observa es un peso creciente de la deuda financiera sobre las cuentas públicas que demandará recursos presupuestarios también crecientes, los que se utilizarán como excusa para ajustes continuos. Como la nueva deuda es mayoritariamente en divisas y continuará el déficit de la Cuenta Corriente, se acentuarán los lazos de dependencia con el ingreso de dólares del exterior. Los planes de ajuste al estilo FMI están a la vuelta de la esquina. Otra vez la sombra de las renegociaciones de deuda con condicionalidades, avance sobre el patrimonio público y pérdida de grados de libertad de la política económica.

 

 

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