La política es el instrumento de la construcción del bien común, su destrucción y estigmatización, es funcional al neoliberalismo.

LA POLITICA ES UNA ACTIVIDAD LICITA Y NOBLE QUE TRABAJA POR EL BIEN COMUN

Por Jorge Rachid

La utilización de la corrupción como eje de de caracterización de la política, en la construcción de la lógica amigo – enemigo, es sólo una muestra mediática de un proceso mucho más profundo, que implica la denigración sistemática de cualquier construcción política, tanto del pensamiento como de la organización, que es un fin en si mismo para el neoliberalismo gobernante.


Por Jorge Rachid
SIN MORDAZA
25/9/17

La utilización de la corrupción como eje de de caracterización de la política, en la construcción de la lógica amigo – enemigo, es sólo una muestra mediática de un proceso mucho más profundo, que implica que la denigración sistemática de cualquier construcción política, tanto del pensamiento como de la organización, es un fin en si mismo del neoliberalismo gobernante.

Es así como detrás de la frivolización y denigración de “la militancia”, como caracterización de conductas contrarias a las nuevas formas de presentar las gestiones del poder, como desprovistas de componentes que reverencien políticos, sino “buenas personas”, “esforzados”, “creativos”, “alegres”, “simples”, que esconden verdaderas políticas de construcción de un nuevo paradigma en el imaginario social, donde los “lindos, blancos y exitosos”, son la referencia necesaria del poder.

“Como van a robar, si son ricos”, es una epifanía instalada como una verdad revelada, que repiten sin pausa los habituales empleados periodísticos del poder, cuando en realidad, si la historia fuese contada como película y no como foto, esa supuesta riqueza siempre fue producto, en el caso de los empresarios nacionales como los que hoy gobiernan nuestro país, obtenidas a expensas del saqueo del patrimonio de todos los argentinos, en especial en las dictaduras militares y luego extorsionando los gobiernos democráticos.

En ese mismo sentido, la dilución por parte del poder, del desaparecido forzado por las fuerzas de la represión, se esconde detrás de su estigmatización, hacer de la víctima el victimario, no nombrarlo por su nombre sino por su actividad, propensa a defender los DDHH, a acompañar los reclamos de los pueblos originarios, denominarlo como “tatuador”, “hippie”, “transhumante”, como forma de despersonalizar y caracterizarlo como “raro”, “peligroso”, “karateca”, en definitiva un militante anarquista que fue al Sur a hacer lío. Para esa construcción falaz, “su destino estaba marcado”, por sus actividades.

Ese desaparecido, hoy bandera unívoca que atraviesa a todos los sectores sociales y políticos que establecieron que el límite son los Derechos Humanos, su defensa, sus organizaciones que como las Madres y Abuelas, que se han puesto nuevamente a la cabeza de la lucha, renovando un compromiso que lo han hecho a nivel mundial transformadas en un ícono en la lucha por los DDHH, colocando a la Argentina en primer lugar, con su consigna Memoria, Verdad y Justicia, que hoy se repite universalmente.

La caracterización de cualquier lucha social, con la denominación kirchnerista, peronista, militante, desestabilizadora, destituyente, molesta para “quienes quieren trabajar”, intolerantes, antidemocráticos, son algunos de los latiguillos que empleados a diario por el neoliberalismo de libreto, repetido como loros por algunos alumnos y discípulos de los cientistas sociales, que son los creadores del miedo como herramienta del control social.

La represión es la expresión última, de la teoría del Shock, desarrollada por estos gurúes, que actúan al amparo del poder, al cual tributan obediencia los supuestos líderes gobernantes.

Todos los instrumentos son aptos para desarrollar el control social, profundizando la brecha amigo – enemigo, en el campo de la democracia, diluyendo las responsabilidades del poder, en la realidad cotidiana de los argentinos.

En una conjunción de los servicios de informaciones, una Justicia cooptada, amenazada, controlada y guionada, se puede transformar un suicidio en un asesinato, se puede cambiar un desaparecido por una huída, un saqueo a las arcas del estado en una cuestión de “transparencia”, una imposición brutal pero teñida de diálogo, por supuesto sin interlocución.

Estos mecanismos de dilución de responsabilidades, es funcional a la denigración de la política.

Si la conjunción del espacio símbólico de la demonización de la política, con la persecución represiva al militante de cualquier tipo, sea sindical, social, partidario, estudiantil, se derrama sobre la comunidad, es como la expresión del miedo, intentando paralizar y condicionar conductas sociales a futuro, entonces la protesta social se vería limitada.

Sin embargo eso no sucede, las movilizaciones masivas por los temas sensibles al pueblo, han trascendido los esfuerzos mediáticos por esconder la realidad, mentir las informaciones y atacar líderes sociales y políticos.

La recuperación de la democracia tuvo episodios a vencer, que los fue enfrentando uno a uno, ya que la democracia limitada expresada por el Consenso de Washington imponía al Mercado como eje de la construcción de la política de sumisión de los pueblos latinoamericanos al FMI, es decir el coloniaje político, económico y cultural que impusieron con presiones, induciendo a los gobernantes a cambiar ministros, rendirse ante las demandas privatizadoras, claudicar en la soberanía nacional.

Todos fueron frenados en primera instancia con el No al ALCA en el 2005, que cambió la ecuación y originó los mayores daños económicos al poder imperial. De ahí su reacción que hoy se expresa brutalmente, en toda Latinoamérica.

Por eso quienes plantean que el neoliberalismo expresa “el estado ausente” se equivocan, es otro estado, que es colocado al servicio de los intereses empresarios, con metas excluyentes en lo económico, donde el hombre, sus necesidades, sus trabajos, su ilusión de movilidad social ascendente son enterrados en una lógica, donde la política anterior, es decir “la política”, es la culpable de sus males actuales, donde el dolor social actual es por la corrupción anterior, lo cual demuestra que todos los políticos son corruptos, que los exitosos empresarios están en condiciones de gobernar, que la gestión es más importante que los objetivos, que las empresas deben ganar, que los pueblos deben garantizar esas ganancias, que antes supuestamente, se llevaba la corrupción.

Todas estas falacias construyen un escenario, donde parece que la sociedad está anestesiada, pero sin embargo el movimiento nacional está vivo, el pueblo está en la calle, “el subsuelo de la Patria sublevada” está en movimiento, no han podido enterrarlo y de ahí la primera gran derrota del neoliberalismo: hemos resistido, estamos vivos y dando lucha por la Patria y el Pueblo.

Jorge Rachid

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